Parte Única

Su encuentro con Hisoka fue a los dos años. No tiene un recuerdo de ese día, pero su padre le contó que pasó horas jugando con legos junto a él.
Tuvieron más encuentros. Pero fue en su fiesta de cumpleaños que lo comenzó todo.
Estaba cumpliendo cinco años y lo único en que podía pensar era encerrarse en su habitación y abrir los regalos. No quería sonar grosero, pero es un niño y cualquiera estaría emocionado por ver que le regalaron los invitados. Hablando de ellos, hay más adultos (amigos de su padre) que niños en la fiesta.
Los niños que asistieron a su fiesta los conoció en la guardería a la que asiste mientras su padre da sus clases por la mañana en la universidad. Había tres niños de cinco años y dos de seis años. Los mayores, Kurapika y Leorio, estaban en una discusión —rabieta— por conducir el Go Kart de pedales que su padrino Kite le regaló. Ponzu le explicaba con entusiasmo a Noko sobre el nuevo anime que se transmite los sábados. Noko sonreía tímida y asentía, aunque de vez en cuando lanzaba una mirada rápida hacia Gon y sus mejillas se sonrojaron. Su mejor amigo, Killua, se enamoró de la pequeña fuente de chocolate y no se ha apartado desde que la vio. Los dos estuvieron charlando hasta que el llamado de la vejiga hizo que Gon se fuera deprisa al baño y Killua sacó su Nintendo Switch.
Minutos después reapareció y se quedó de pie observando a nuevos invitados riendo con su padre y Kite. Ryosuke y Shalom Morow.
El señor Morow es un buen amigo de Ging Freecss. Estudiaron en la universidad, aunque en diferentes carreras. Se conocieron en una fiesta de la fraternidad de Ryosuke y tuvieron una conexión rápida. Parecían polos opuestos, pero compartían la pasión por la aventura. Acamparon en muchos bosques, escalaron montañas, esquiaron, hicieron rafting, exploraron zonas urbanas y fueron de caza.
Ging le dijo a su hijo que Ryosuke es su alma gemela de la aventura.
A Gon le agrada el matrimonio Morow. No los suele ver mucho por cuestiones de sus trabajos y el de su padre. Sin embargo, cuando van de visita a su mansión ambos son cariñosos y no tienen problema en jugar a cualquier juego que Gon desee.
Sus ojos se entornan y voltea hacia varias direcciones. Los Morow tienen un hijo que es ocho años mayor que él, y suspiró decepcionado al no verlo. Con demasiados adultos y sus amigos separados por grupos, le gustaría a una persona conocida y joven.
Se sobresalta al sentir una mano sobre su hombro.
—¿Por qué te ves tan miserable? —preguntó, arqueando una ceja roja—. Se supone que el cumpleañero esté feliz.
—¡Hisoka! —gritó con emoción—. ¡Viniste! —se abrazó a su cintura.
—Lamento el retraso, pero mi primo quería que me quedara más tiempo en su casa —explica, acariciando el cabello de Gon—. ¿Estás molesto conmigo?
—¡Para nada! —Niega con la cabeza luego de separarse—. Es que... no me estoy divirtiendo —susurra—. Killua está devorando chocolate y jugando en su switch, y el resto de mis amigos prefieren convivir entre sí que conmigo. —Baja la mirada.
—Creo que estás sobreanalizando la situación, Gon. Ven, juntemos a tus amigos y juguemos a Kagome Kagome. —Sonríe.
—¡Me gusta ese juego! —exclamó con estrellas en sus ojos.
Hisoka lo tomó de la mano y se dirigieron a los demás niños. Después de las presentaciones, eligieron a la persona que sería el Oni. Decidieron que el Oni sea el cumpleañero, así que Gon se sentó en el césped y con una corbata, que Kite les prestó, le vendaron los ojos. Los demás formaron un círculo alrededor de Gon y unieron sus manos. Comenzaron a caminar en círculo mientras cantaban la canción de juego.
Kagome, Kagome, el pájaro se encuentra en la jaula,
¿cuándo, cuándo la abandonará?
En la noche o el amanecer,
la grulla y la tortuga se deslizan
¿Quién se encuentra detrás de ti?
Gon tarda un momento en pensar quién está detrás de él.
—Kurapika.
—¡Error! Noko es la que está detrás de ti —dice Ponzu—. Te equivocaste, así que cortaremos una parte de tu cuerpo.
—¡¿Vamos a cortar a Gon?¡ —gritó con horrorizado Leorio.
—No seas idiota, Riorio. —Rodó los ojos Killua—. Nadie lo cortará. El juego original es así, pero no haremos eso. Simplemente Gon perdió y ahora está «muerto» —Killua dibuja unas comillas en el aire—, ¿entendiste?
—Aah, sí. —Leorio asiente—. ¡Y mi nombre es Leorio! ¡Le-o-ri-o!
—Como digas, Oreo.
—¡Leorio!
—Dejen de pelear —dijo Hisoka, ayudando a Gon a levantarse y quitándole la corbata de la cabeza—. El que sobreviva al juego obtendrá una porción más grande del pastel, ¿de acuerdo?
—¡Sí!
Luego de un rato, el juego terminó y el ganador fue Killua. En ese momento, los niños fueron llamados para romper la piñata. Todos alentaron a Gon y al quinto intento consiguió romperla y los niños, excepto Hisoka, se abalanzaron por los dulces.
Empezaron a repartir el pastel y el helado. Gon se encaminó hacia sus amigos, pero Hisoka le cogió del brazo y los dirigió hacia la casa.
—¿A dónde vamos? Ya es la hora de comer pastel.
—Lo siento, el pastel debe esperar. Necesito que me acompañes al baño.
—¿Por qué? Tú conoces el camino.
—Gon, no discutas y acompáñame.
El niño hizo una mueca.
—Está bien.
Ingresan por la puerta de la cocina y se dirigen a la segunda planta. Gon se guarda el comentario de que pueden ir al baño del primer piso cuando se percata de la mirada afilada de Hisoka. Nunca lo ha visto molesto y un chute de inseguridad lo ataca por sorpresa. Repasa lo acontecido desde que llegó a la fiesta y no entiende por qué su actitud cambió abruptamente.
Una vez dentro del cuarto de baño, Hisoka coloca el pestillo y las manos de Gon tiemblan. Los ojos ámbar lo perforan y suelta un chillido cuando el pelirrojo levanta su camisa azul con el logo de Doraemon.
Hisoka chasquea la lengua.
—¿Hace cuanto que lo tienes? —pregunta, observando un moretón de un desagradable color púrpura que se sitúa debajo de sus costillas derecha.
Freecss se muerde el labio inferior y sus ojos brillan por las lágrimas que se acumulan. No imaginó que él descubriría su secreto. Bueno, no se considera del todo un secreto si sus amigos también lo saben. Ellos juraron callar, pero está seguro que Hisoka acudirá a su padre para contarle lo que está sucediendo.
Y eso hace que su corazón se estruja.
—Tranquilo —susurró, acariciando sus mejillas de la manera más dulce posible—. Sólo quiero saber lo que está ocurriendo para ayudarte, ¿vale?
—N-no le digas a mi papá —solloza—. No quiero que se preocupe.
—Cualquier padre se preocupará porque su hijo está siendo golpeado. —Insta a Gon en sentarse sobre la tapa del inodoro—. ¿Quién es? ¿Uno de los cuidadores o un niño?
—Es una niña —responde en voz baja—. Se llama Neferpitou.
Morow bufa.
—¿Quién carajos pensó que sería un buen nombre? Suena a nombre de mascota.
—Yo dije eso y se molestó. —Miró hacia la regadera, evadiendo la mirada de Hisoka—. No debí ser grosero. Otros niños la molestaron por eso. Creo que... herí sus sentimientos.
—¿Y eso qué? Eso no es excusa para golpearte, y esto ha estado ocurriendo desde hace un tiempo, ¿no? —Gon traga saliva—. Dime desde cuándo.
—Comenzó hace dos meses. —Juguetea con sus dedos mientras calma sus latidos. No quiere tener esta conversación. No en su baño, no en su cumpleaños y no con Hisoka. Pero no puede escapar y será mejor terminar rápido—. Estaba en la resbaladilla con los demás y Leorio habló de la niña que usa orejas de gato y tiene un nombre extraño. Ella es dos años mayor. Y ha sido blanco de epítetos y burlas por parte de los niños de la guardería. Yo dije que su nombre parecía el de una mascota y mis amigos se rieron.
Gon se calló y se enfrentó a la mirada atenta del pelirrojo.
—Neferpitou escuchó y se acercó furiosa hacia mí —continuó—. Me preguntó si yo pensaba que era un gato o un perro y no supe qué responder. Mi intención nunca fue burlarme de ella; dije eso sin meditar.
—Y por eso te agredió.
—Los niños que la molestan siempre, aparecieron y se rieron de ella. Le dijeron que no se acercara a los demás porque les pegaría las pulgas. Se enojó más y me jaló del brazo. —Se toca esa misma zona, recordando la presión de la mano de la niña—. Me tumbó al suelo y me pateó el estómago. Killua quiso defenderme, pero yo le pedí que no lo hiciera. Pensé que me lo merecía por referirme así de ella. Los niños no siguieron burlándose y ella se fue. —Suspira—. Hice que mis amigos me prometieran no contarle a los cuidadores.
»No obstante, alguien se lo contó a la directora de la guardería y se lo informó a su madre. Neferpitou estuvo ausente por dos semanas y lo primero que hizo al regresar fue empujarme contra la pared y amenazarme con romperme los huesos si volvía de chismoso con la directora. Ella piensa que fui yo quien la delató.
—Desde entonces no ha dejado de intimidarte. —Frunce el ceño—. ¿Por qué tus amigos no te ayudan? Vale, que se mantengan callados lo entiendo, pero ni siquiera te protegen.
—Porque ellos no saben que las agresiones continúan. Han sido testigos de que ella me insulta, pero me golpea cuando nadie nos está viendo.
—Gon —suaviza su voz—, te dejas agredir porque te sientes culpable y crees que mereces ese castigo.
Él aprieta los labios y asiente.
—Estás equivocado. Sé que no fue tu intención y no debes seguir permitiendo que abusé de ti. —Seca las lágrimas de Gon—. La próxima vez devuélvele el golpe, de esa manera ella entenderá que no puede meterse contigo de nuevo.
—Pero yo...
—No, Gon. Esto se tiene que acabar. Vas a defenderte y no permitirás que otros te agredan, ¿bien?
—...Bien. Aunque yo jamás he lastimado a otro.
—No te preocupes, yo te enseñaré.
—¿Ahora?
—No. Esperaremos a que termine la fiesta.
Hisoka agarra el pomo de la puerta y siente que Gon le jala la camisa.
—¿Le dirás a mi papá?
—No, no lo haré. —Gon suspira aliviado—. Siempre y cuando esa niña no vuelva a agredirte. Caso contrario, le contaré todo al señor Freecss. —Sonríe taimado—. Y créeme, tengo mis métodos para enterarme.
Al cabo de unas horas, los invitados se retiran. Ging, Kite y los señores Morow conversan en la sala común mientras que Hisoka y Gon suben los escalones para entrar a la habitación del niño. Ambos son conscientes que no se aprende a pelear de un momento a otro, así que Hisoka sólo le enseñará a lanzar puñetazos. Durante una hora, Gon se mantuvo golpeando el aire y Hisoka corregía su postura. Las manos de Morow se situaron en su cintura, luego en sus brazos y por último sus piernas.
Por alguna extraña razón, Gon se sintió... raro. Ha abrazado a Hisoka, pero es la primera vez que él lo toca de esa forma y sus mejillas se calientan y siente cosquilleo en el estómago. En un momento determinado, Hisoka negó con la cabeza y se posicionó detrás de él. El aroma a salvia y haba tonka del perfume lo relajó y una corriente recorrió su espalda al escuchar su voz cerca de su oído.
—¿Lo has entendido, Gon? —preguntó, todavía detrás y sosteniendo su cintura para que no se encorve.
—Sí, Hisoka... —bisbiseó, sintiendo que iba a derretirse como muñeco de nieve.
Al finalizar la sesión de entrenamiento, el rostro de Gon lucía como el color de la langosta. Salieron del dormitorio y bajaron las escaleras. Los señores Morow se despidieron y Hisoka le dio un último abrazo antes de partir junto a sus progenitores.
Esa noche, Gon soñó con un ring de lucha y mucha gente a su alrededor. Delante de él se presentó un hombre alto, pelirrojo y vestido de manera extraña. No podía visualizar su rostro, sin embargo, hay una familiaridad en él. De repente, el escenario cambia y ahora está en un bosque. Ese mismo hombre está vestido con chaqueta y pantalones oscuros. Se acerca y se pone de cuclillas frente a él.
—¿Seguirás amándome en la próxima vida, pequeña manzana?
¿Quién eres?
No tiene oportunidad de hablar porque el despertador suena y lo saca del sueño.
Sus latidos están agitados y tiene un fuerte deseo de ver a Hisoka.
Ging lo ama, de eso no hay duda. Sin embargo, su amor por explorar y la aventura terminarían por separarlos. Y ese día llegó cuando Kite le ofreció ser parte de una expedición en Egipto. No vería a su padre por un largo tiempo. Pero Gon no está desolado, él quiere que su padre vaya y haga lo que le apasiona. Por supuesto, aprovechó para pedirle que los Morow se encarguen de él y Ging estuvo de acuerdo. Él confía en los Morow; su hijo será bien cuidado por ellos.
El viaje en el auto se le hizo agotador. Aunque sólo fueron veinte minutos. Su rostro se iluminó por su sonrisa y movía sus piernas con emoción.
Los señores Morow no estaban, así que Ging se despidió rápido de su hijo y dejó que los del servicio cogieran el equipaje. Después de que el auto de Ging arrancó y Gon entró a la mansión, le preguntó a una mujer donde se encontraba Hisoka. Ella le respondió que en su habitación, y que tiene compañía.
El niño Freecss frunció el ceño y se apresuró a llegar.
Lo primero que vio al entrar fue a un niño de cabello blanco y uno de cabello rosado abrazados sobre la cama. Al lado de ellos, un niño de cabello negro con un flequillo leía un manga. El niño de pelo rosa intentaba leer el manga, pero el de cabello blanco le impedía hacerlo.
Miró en otra dirección y su estómago se revolvió.
Sentado en un sillón, Hisoka tenía a otro niño de cabello rosa en su regazo. El niño se aferró a su cuello con sus brazos y el pelirrojo lucía enfurruñado, como si se hubiera rendido en quitarse de encima al niño.
Los ojos de Hisoka, por fin, observaron a Gon y le obsequió una sonrisa radiante.
—¡Gon, ya estás aquí!
Unos orbes carmesí lo miraron también. Pero a diferencia de la acogedora mirada de Hisoka, ese niño lo veía con reticencia y con el ceño fruncido.
Gon apretó los puños y tensó la mandíbula.
Claramente, ese niño es una amenaza entre Hisoka y él.
Él avanza hasta ellos y escucha cómo el niño gruñe. Una advertencia para que retroceda.
Pero él no se detendrá.
—¡Esto es un sueño! ¡Voy a dormir con Yuuji! —exclamó.
—¡Oye, rata albina, ¿quién te dio el permiso de dormir con mi hermano?!
—Esta es mi casa y puedo decidir con quien dormir. —Saca la lengua.
—¡No es tu casa!
—Mis tíos dicen que esta es mi segunda casa, así que es mi casa y si digo que Yuuji dormirá conmigo, dormirá conmigo.
Sukuna se prepara para saltar sobre Satoru, pero Hisoka le pega en la cabeza con una almohada.
—Cálmate, fiera. Ya es tarde y debemos dormir.
—¡Ya lo escuchaste! ¡Buenas noches~!
Satoru agarra la mano de Yuuji y se dirigen a la puerta.
—¡No te enojes, Suku-nii! ¡Buenas noches, Hiso-nii! ¡Buenas noches, Gon-kun y Suguru-kun!
Los dos niños se marchan de la habitación e Hisoka suspira agotado al mismo tiempo que sostiene a Sukuna por los brazos.
—Me iré a dormir —informa Suguru—. Buenas noches a todos.
—Buenas noches, Suguru.
Él se retiró y sólo quedaron tres.
—Hisoka —dijo Gon—, ¿puedo dormir contigo? Nunca antes he dormido fuera de casa y no quiero estar solo, al menos por esta noche.
Gon le da la expresión más triste y vulnerable que tiene. El pecho de Hisoka se llena de ternura y sonríe.
—Está bien, Gon. Puedes dormir conmigo.
—¡¿Qué?! —grita Sukuna—. ¡No puedes dormir con otras personas, eso es ser infiel!
Hay un brillo de advertencia en los ojos ámbares y Sukuna se estremece.
—Sukuna, ve a tu habitación y descansa —sentenció en tono frío—. Ahora.
El niño quiso seguir discutiendo, pero se mordió la lengua y salió del dormitorio. Mañana resolverá la situación con Hisoka y todo estará bien.
—¿En serio vas a casarte con él? —indagó Gon.
—Claro que no —responde—. Es un niño malcriado que se encaprichó conmigo. Dentro de unos años se olvidará de esto y conocerá a alguien que le guste.
—¡Estoy feliz de escuchar eso! —Hisoka lo mira sorprendido—. Eso significa que tengo oportunidad, ¡¿verdad?!
Hisoka quiere romper esa burbuja. Decirle que tampoco estará con él por las mismas razones que no puede estar con Sukuna. No obstante, algo dentro de él le impide hacerlo.
—Vámonos a dormir, estoy cansado. Cuidar de ustedes es como un entrenamiento militar.
Se acomodan en la cama e Hisoka apaga la luz desde el celular.
Gon se acurruca a su lado izquierdo.
—Buenas noches, Hisoka.
—Buenas noches, Gon.
Ellos sueñan con dos personas acurrucadas debajo de un enorme árbol, rodeados por mariposas. Los escuchan susurrar palabras de amor. Y se besan una y otra vez.
—¿Seguirás amándome en la próxima vida, pequeña manzana?
—Sí. Te seguiré amando, tonto mago.