Tu eres mi problema

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Summary

Isabelle, una joven marcada por la pérdida de su madre, busca un nuevo comienzo en su décimo octavo cumpleaños En su primer día de universidad se topa con Ander un chico guapo y poco social que estudia y a Simón, su carismático y social hermano mayor. A medida que ella va conviviendo con los hermanos Phillips se verá envuelta en un mundo de secretos y rivalidades. Lo que ella no espera es que estos hermanos esconden un gran secreto y es: que son vampiros. Atrapada entre el chico bueno Ander, y su carismático cruel, y frío hermano mayor, Simón. Isabelle se enfrentará a emociones intensas; amor, deseo, y pasión, tendrá que descubrir muchos más secretos y pasarán cosas que cambiarán su vida ¿Con quién se quedará Isabelle?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1

ISABELLE

Esa noche, antes de mi décimo octavo cumpleaños, sentía que no había logrado nada en todos estos años. Parecía que seguía de luto por la muerte de mi madre. Cumpliría 18 años y seguia sumida en lágrimas era insoportable. A pesar de mis intentos por superar ese luto, siempre regresaba.


Antes quedarme profundamente dormida me prometí a mi misma una cosa


«Este año será diferente»


Al día siguiente, temprano, sentí el sol golpeando mi rostro. Con los ojos entrecerrados por la luz intensa, vi claramente la figura alta, delgada y curvilínea de mi hermana, con su cabello rubio, acercándose a mí con una gran sonrisa, esperando a que me despertara.


—A ver, despierta ya —dijo mientras se sentaba en la cama.


Me incorporé con la boca seca y somnolienta.


—¿Cuál es el alboroto? —pregunté con voz ronca.


—¡Alboroto! —exclamó con una expresión histérica y una sonrisa.


Al observarla detenidamente, noté que sostenía algo entre sus manos: una caja blanca con un lazo rosa. En ese momento recordé que era mi cumpleaños, pero antes de que pudiera decir algo, fui interrumpida.


—¡Hola! Estoy hablando con Isabelle


—Disculpa, la verdad es que no acordaba —respondí. Ella tomó una almohada y me golpeó amistosamente en la cara.


—¡Ya, ya! —dije riendo sin parar.


—Bueno, está bien. Feliz cumpleaños- dijo mientras me extendía la caja y la carta, y la abracé.


Abrí la caja de inmediato, desaté el lazo y la abrí. Me sorprendí al ver el collar que solía usar mi madre. Sentí un poco de nostalgia al ver esa hermosa cadena, La saqué de la caja: es una cadena dorada con una hermosa flor azul. Miré a mi hermana, quien me sonrió tranquilamente.


—No tenías que darme esto, Carla —dije sintiéndome mal por ella


—Te lo mereces Isabelle. Has hecho tanto por papá y por mí que esto es lo menos que puedo hacer -dijo mientras se levantaba de mi cama. —Además, mamá te lo habría dado a ti o a mí de todas formas, así que te lo puedes quedar. Es un regalo de tu hermana


Ella sonrió, y yo la miré, notando lo parecida que era a mi madre: su cabello rubio, sus ojos marrones, y lo esbelta y hermosa que era. En cambio, yo me parezco más a mi padre: cabello negro oscuro, ojos verdes claros. Lo único que tengo de mi madre es un lunar en la parte baja de mi cuello y su altura.


—¡Isabelle! — gritó, sacándome de mis pensamientos. -Y no se te olvide que hoy también es tu primer día en la universidad.


—Ya bajo, Carla —asintió y se dirigió hacia abajo.


Y sí, hoy era mi primer día en la universidad después de un largo verano. Ya era hora de regresar a los casilleros y a los incómodos asientos en una nueva universidad. Solo el pensar en conocer personas nuevas me erizaba la piel.


Me levanté con las piernas entumecidas y me dirigí al baño. En ese momento, sonó mi teléfono que estaba en mi mesa de noche. Solté un bufido y fui hacia la mesa, lo tomé y contesté.


—¿Hola?


—¡Feliz cumpleaños! —grito mi amiga al otro lado de la línea, haciéndome separar el teléfono por unos segundos.


—La verdad, te lo agradecería gritando también, pero no estoy de humor -me dirigí al baño nuevamente y ella soltó un suspiro.


—Lo sé, Isabelle. Sé cómo quisiera que hubiéramos quedado juntas en la universidad —apreté los labios tratando de no sentirme mal y quedarme en cama —Tomemos esto como un reto de amigas sobrevivientes —sonrió secamente.


—Te voy a echar de menos.


—Yo también


Colgué, me cepillé, me duché, salí y me puse unos vaqueros marrones, una camisa blanca y unos tenis blancos casuales. Quería llevar algo sencillo, no quería llamar la atención. La verdad es que no estaba de humor. Dejé mi cabello suelto al aire, tomé mi mochila que ya había preparado desde ayer y bajé.


Bajando las escaleras, vi a mi padre en la isla de la cocina leyendo el periódico como todas las mañanas antes de irse al trabajo. Alzó la mirada y me sonrió.


—Buenos días, papá —lo abracé y tomé asiento frente a él. Él tomó mi mano y la besó cariñosamente.


—Feliz cumpleaños, mi princesa. -sonrió feliz


—Gracias, papá.


—Te estoy preparando tus favoritas para este día -se levantó del asiento y pude oler el gratificante olor a canela y vainilla. Abrió el horno, sacó una bandeja de galletas y la arrojó en un recipiente. Tomó una taza, sirvió café y me la entregó. Luego tomó una taza y el recipiente y se sentó.


—Come con cuidado, están muy calientes —a mí no me importó y tomé una y la mordí.


—Isabelle, quiero que disfrutes hoy, ¿vale? Nada de estar aquí —coloqué la galleta en el recipiente de nuevo y me quedé masticando lentamente, pensando.


—Papá... no saldré, además voy a ayudarte con el restaurante —él negó con la cabeza y me tomó la mano.


—No, hija, hazlo por mí —solté una bocanada de aire, asentí y esbocé una pequeña sonrisa.


—Bueno, tengo que irme. Te quiero.


—¿Quieres que te lleve?


—No, papá, tomaré el autobús.


—Suerte.


Salí de mi casa y vi a mi hermana vestida con pantalones muy cortos y una camiseta ajustada, lavando su auto fuera del garaje, casi toda mojada, bailando.


—Hey! —le grité, pero no me escuchó por los audífonos que tenía puestos.


No me daba tiempo para ir a hablar con ella, así que me dirigí rápidamente a la parada y tomé el primer autobús que pasó. Al llegar, quedé estupefacta al ver la gran cantidad de personas que había. Al entrar, vi a muchas personas con cajas de mudanza y caminando por todos lados. Saqué el papelito con el número 366 del casillero.


Empecé a caminar por los pasillos y me encontré con una fila inmensa de casilleros. Puse los ojos en blanco y caminé, viendo a ver si lo encontraba. En un momento, no me di cuenta y choqué fuertemente con alguien. Me había golpeado la nariz y sentía un fuerte ardor. Me separé y vi al piso donde estaba un celular tirado.


—No estás viendo por dónde caminas o qué —dijo una voz grave y sonora. Di un paso atrás.


«No, idiota»


—La verdad, te pido una disculpa —me agaché, tomé el móvil y se lo di.


Al verlo bien, quedé con la boca abierta. Ese chico era una obra de arte. Su cabello revuelto le daba un toque rebelde y su cuerpo era muy fornido para ser de adolescente. Me fijé en su rostro, un poco pálido, y sus ojos de un azul grisáceo que me hizo abrir los ojos ante la belleza que eran esos.


—Aja... ¿Y? —me hizo volver del ensueño en el que estaba, y lo miré. Estaba de brazos cruzados, frunciendo el ceño.


—Te pedí disculpas —enarcó una ceja y soltó una risa seca.


—Las disculpas no serían suficientes para un celular dañado.


—Yo te lo pagaré, no te preocupes.


No dijo más y se dio la vuelta para empezar a caminar.


—Oye, si no es molestia, ¿me puedes ayudar a buscar mi casillero? -tenía pena, pero más pena me daba llegar tarde a una clase llena de estudiantes. Él se volteó y me puso los ojos en blanco.


—Dame el papelito —dijo con mala gana.


—Mira, no te conozco, pero si no quieres, solo dilo. Yo puedo resolverlo, no necesito de tu falta de entusiasmo —él me quitó el papelito de las manos y empezó a caminar.


Lo seguí mientras caminaba por todo el pasillo, se detuvo en uno y me miró.


—Yo tampoco te conozco, y tampoco necesito de tu torpeza —no me dejó decir más y se fue.


Me dirigí a mi clase corriendo por los pasillos. Había perdido mucho tiempo con ese chico y su mal humor. Al llegar, casi no había nadie. Tomé asiento y esperé, en eso llega el "señor mal humor" y toma asiento frente a mí.


Llegó el profesor, un hombre un poco obeso, calvo y con bigotes. Se sentó y nos echó una mirada a todos antes de levantarse.


—Buenos días y bienvenidos a la universidad Fordham, en este nuevo año espero que se sientan cómodos con todo lo que les espera habrá muchas clases que les gustará a muchos habrá natación fútbol y porristas entre muchas cosas más me presento soy Richar Campbell profesor de historia, biología y ciencias. Antes de comenzar quiero que den una corta presentación de ustedes


Pasaron varios segundos y nadie se levantaba para presentarse no quería ser la primera pero ni modo, me fui a levantar y en eso me interrumpen


—Buenos días mi nombre es Ander Phillips un gusto espero ser de su agrado —se sentó dejando a varias chicas viendolo embobadas, me levanté y tome aire


—Hola, me llamo Isabelle Carter soy nueva aquí espero no tener problemas y caerles bien —tome asiento y oi varias voces hablando en voz baja no les preste atención


Después de unos minutos de varias presentaciones el profesor dió unas hojas con preguntas personales sobre si nos mudaremos a la residencia o no y otras cosas fui una de las primeras en terminar y entregué mi hoja y me dirigí a los casilleros guarde mis cosas y al unos casilleros estaba una chica pelirroja viéndome cerré el casillero y me encaminé al patio


Al salir vi a varias personas me dirigí a una de las mesas, tome asiento me quedé viendo a todos era raro estar sola en una mesita pero nada de lo que no pudiera hacer, en eso tiran una mochila negra en la mesa y se sienta alguien en la mesa


—Hola, mucho gusto Joselyn aunque me puedes decir josy —me extendió la mano la chica peli roja del pasillo


—Hola, soy Is... -


—Sí, lo sé, Isabelle. Ya me dijeron tu nombre — sonrió y asentí. Era raro, pero ni modo —Oye, me encantan tus ojos -


—¡Ja, gracias —me incomodé por la forma en que me miraba.


—Vale, ¿estás incómoda? — menti y negué con la cabeza —¿De dónde eres?


—Bueno, nací aquí en Nueva York. ¿Por qué?


—Me das la impresión de venir de otro lado —esbozó una pequeña sonrisa.


—¡Josy! — gritó alguien. Al voltear, vi al chico del mal humor en la puerta del patio.


—Creo que te están esperando


—Nah, solo es para regañarme


—¿Lo conoces? —me miró y asintió. Se bajó de la mesa.


—Es mi mejor amigo —solté una carcajada —¿Qué te da risa, nena?


—Por lo malhumorado que es, pensé que no tenía amigos.


—Él... es así. Bueno, conmigo no tanto, pero es como mi hermanito. Bueno, cariño, te dejo - me besó en la mejilla y me guiñó el ojo antes de irse.


La verdad es que no me había ido tan mal hoy después de todo. Conocí a una amiga muy simpática, que la verdad no sabía cómo no había caído a los pies del chico tan bello y guapo que ahora recordaba se llamaba Ander, un nombre muy lindo y raro, pero le queda.


Me dirigí a la próxima clase en la que Ander tocó conmigo, pero esta vez no se sentó a mi lado ni al frente; se sentó en la otra esquina de la clase. La verdad es que me sentí extrañada, pero no me puse mucho a pensar. Pasaron las otras horas muy rápido y sonó el timbre. Me levanté y salí con mis cosas, entonces suena el teléfono.


—Estoy saliendo apenas de clases, Evelyn


—Bueno, quería asegurarme de que no te hayas ido con ningún chico de esos universitarios -soltó una carcajada.


—No, es mi primer día y no conocí a ningún chico universitario.


—Bueno, yo por otro lado te puedo decir que sí conocí a un chico.


—¿En serio?


—Después te cuento, estoy en tu casa.


—¡Ok! Ya llegó.


Esperé el autobús que no llegaba, seguro por tráfico. Me senté en la acera a esperar. Pasaron más de 15 minutos y no llegaba, así que me levanté y empecé a caminar. La universidad no quedaba muy lejos de casa. Entonces, detrás de mí, escuché una fuerte música. Al voltear, vi un carro rojo que se detuvo frente a mí.


—¿Quieres que te lleve? —Quedé un rato viendo a Joselyn y a su auto, muy hermoso.


—Vale, está bien —abrí la puerta de su auto y me senté en el asiento del copiloto, percibí un aroma raro, como a hierro y también a chicle.


—Y dime, ¿dónde vives?  —dijo poniendo en marcha el auto.


—Vivo cerca del centro comercial, en las calles Morten


—Oh, qué pueblerino —esbozó una sonrisa.


—Sí, un poco. ¿Y tú, dónde vives?


—A las afueras —dijo después de unos segundos. No le pregunté más; creo que no quería hablar de eso.


Después de unos minutos, llegamos a mi casa.


—Gracias por traerme —ella asintió con una sonrisa tranquila.Me baje del auto


—Nos vemos después Isabelle -me despedí de ella y me dirigí a el porche de la casa


—Entre a la casa y vi a Evelyn y Carla hablando cómodamente en la isla. Al verme, sonrieron.


—¿Por qué la tardanza? —me preguntó mi hermana.


—No tardé tanto


Mi hermana me miró de reojo, sonriendo sospechosamente. Evelyn abrió su cartera y sacó tres tarjetas negras con letras doradas que decían VIP. Me miró sonriendo animadamente.


-¡Tenemos salida hoy! -


-¿En serio? -sonreí -¿De dónde las conseguiste?"


-Pues te dije que conocí a un chico hoy, ¿no?" -soltó una carcajada - Pues el chico es el DJ de la disco y me vendió estas entradas con un descuento súper bueno


-Vamos, Isabelle, y divirtamonos dijo mi hermana, enmascarando una sonrisa.


No sabía qué decir. Nunca había ido a una discoteca, y mucho menos había bebido alcohol. Era extraño para mí. Siempre he sido la chica buena que no sale y escribe poemas. Pero quería cambiar. Me lo prometí. No puedo estar aquí todo el tiempo. Una fiesta no me haría nada mal."


La dos estaban esperando a que diera mi respuesta, muy intrigadas. Lo pensé bien y asentí.


—¡Vamos a esa fiesta! —grité feliz.


Las dos empezaron a saltar y reír con emoción. Empezamos a planear todo lo que haríamos. Un rato después, Evelyn nos dijo que teníamos que estar listas a las 8, se fue y Carla me jaló a su habitación para sacar todos sus vestidos.


—Okey, comencemos a elegir.


Ella empezó a medirse más de 10 vestidos y ninguno le complacía.


—¿Qué te parece? —me preguntó mirándose al espejo.


—Ese está perfecto —dije, ya un poco agotada.


—No, no me parece.


—Por eso deberías hacerme caso —tomé el vestido de cuero blanco de mangas cortas de la cama y se lo mostré —Este te quedará precioso.


—¿Segura? —Tomó el vestido y lo miró con dudas.


—Sí, obvio —se levantó y tomó el vestido azul de manga larga con escote atrás y pedrería y me lo mostró.


—Entonces este es para ti


—No, yo me pondré otra cosa —se cruzó de brazos y enarcó una ceja.


—Noo, no te pondrás un saco ni una chaqueta mugrosa — tomo el vestido y me lo dió . —Te quiero ver bonita y radiante, y no solo yo, mamá también


Asentí un poco triste, ella se sentó a mi lado y me tomó las manos.


—Isabelle, eso no querría mamá para ti hoy. Hay que intentar avanzar por ella y por ti también — dijo y me tomó la mano. —Ponte linda, quita esa carita. Si yo pude intentar avanzar, tú también puedes. No niego que todavía me duele mucho y me cuesta entender que mamá murió lejos de aquí. Cuesta, pero ya es hora — dijo abrazándome, y no pude evitar llorar por todos los recuerdos que me vinieron a la cabeza y el dolor que sentía respecto a la muerte de mi madre. Me costaba superarlo ya que no estuve con ella en esos momentos.


—Vale, sin llorar. No queremos ir horribles a la disco —sonrió y me levantó la cara, empezando a limpiar mis lágrimas con sus dedos suaves. —Ve y vístete, Evelyn debe de estar por llegar


Asentí y me levanté, fui a mi cuarto y al entrar vi que todo estaba igual: mi cama perfectamente acomodada con mantas blancas, mi pequeño closet negro, mi mesita de noche, el baño, el tocador y mi pared de fotos y recuerdos al lado de mi ventanal, muy sencilla pero me encantaba. Coloqué el vestido en la cama y me dirigí a la mesita de noche donde estaba el sobre que contenía la carta. Lo tomé y vi el nombre de mi abuela Mary escrito con una letra muy fina. Abrí el sobre, saqué la carta y respiré profundo.


Hola mi niña hermosa. Primeramente, feliz cumpleaños, cariño, y que el ángel te guarde y siempre esté contigo... Espero que hoy tengas el mejor día de tu vida y que lo disfrutes a la manera de la Isabelle que yo conozco. Quiero que sepas que aunque no estemos ahí, tu madre y yo juntas te mandaremos un beso y un abrazo fuerte en dondequiera que estemos. Te extraño demasiado, te amo a ti y a Carla.


Att: Mary


Mi abuela nunca se olvida de mi cumpleaños ni el de mi hermana siempre, me envía una carta para navidad, cumpleaños, halloween, pascua y todas celebraciones del año extraño a mi abuela desde la muerte de mi madre no la he visto más creo que iré a visitarla pronto y comer pastel de calabaza como antes.Me acordé que se me estaba haciendo tardé y le metí de volada al la ducha


Al salir, me puse el vestido que me quedaba súper bien. Para el calzado, me decidí por unos tacos plateados que hacían juego con la pedrería del vestido. Me dejé el pelo suelto y no me maquillé, ya que mi piel estaba bien. Solo me puse un bálsamo en los labios y un poco de polvo. Bajando las escaleras, vi que mi padre llegaba del mercado y alzó la mirada sorprendido.


—Isabelle, estás hermosa —se encaminó a la isla, dejó las bolsas y me volvió a mirar.


—Gracias papá —me dirigí a él —Papá, voy a una discoteca no muy lejos de aquí, y voy con Carla para que estés tranquilo.


—Está bien, igual ya son mayores de edad —dijo sonriendo —Eso sí, nada de pasarse con el alcohol ni llegar tarde -empezó a organizar las cosas de las compras y me acerqué.


—Dejame ayudarte con eso -tomé una bolsa, él se acercó y me la quitó.


—No, hija, yo puedo, tranquila.


—Está bien, pero te lo suplico de nuevo, déjame ayudarte con el restaurante mañana —negó con la cabeza y se volteó hacia mí.


—Llevas años pidiéndome esto, déjame pensarlo, porque no quiero que faltes a la universidad ni mucho menos que dejes de hacer tus cosas.


—Papá, yo te ayudaré después de que salga de la universidad, así que no hay excusa. ¡Por favor! —Le supliqué. Quería trabajar, ayudarlo; desde muy pequeña me gustaba ir y comerme las galletas, los panqueques y saludar a las personas; quería vivir ese momento de nuevo.


En eso bajó mi hermana. Mi papá esbozó una sonrisa enorme y nos vio a Carla y a mí con nostalgia en sus ojos.


—Me sorprende lo rápido que crecen ustedes dos —nos abrazó y nos besó en la frente a ambas—. Las amo.


Carla sonrió y estaba a punto de derramar lágrimas en sus ojos.


—Dijiste sin llorar, Carla


—Sí, cierto —soltó una carcajada


—Carla, cuida a tu hermana


Solté un bufido, pero no me dio tiempo de protestar. Afuera, un auto tocaba bocina locamente. Mi hermana salió primero y yo después. Evelyn se bajó del auto negro.


—Vamos chicas, la fiesta nos espera —dijo emocionada abriendo la puerta trasera del coche. Al montarme, vi a un chico moreno que no pude ver muy bien y nos saludó.


Subió la música a todo volumen y empezó a conducir a toda velocidad. Llegamos a la autopista, donde bajó la velocidad por el tránsito.


—Oigan, la verdad es que no tuve tiempo de preguntar dónde queda esa discoteca, ¿me pueden decir? —el chico encendió la luz del coche, dejándose ver mejor; tiene unos ojos muy lindos.


—Bueno, esta discoteca es la mejor de todo Nueva York, te lo digo porque llevo trabajando en Diskbloody hace 2 meses.


—¿Diskbloody? —dije soltando una risa- ¿y eso qué significa?


—No sé, dime a qué te suena —a pesar de que sus ojos eran claros, se tornaron oscuros; se volteó a mirar a la carretera y avanzó. Quedé callada, ya que no sabía qué decirle. ¿Tan mala soy en los idiomas?


El chico aparcó delante de una discoteca de dos plantas, donde se escuchaba una fuerte música. Me bajé y me quedé sorprendida por lo bien que se veía, toda negra con luces tenues, y en la puerta estaban dos hombres súper grandes, uno moreno y el otro rubio, que nos bloquearon la entrada.


—¿Tarjetas? —dijo el rubio de la puerta.


—Aquí las tengo —Evelyn sacó las tres tarjetas VIP y se las entregó al hombre, quien las inspeccionó y asintió.


—¿Edad? —dijo el hombre rubio de nuevo.


—Hola Thomson, por favor déjalas entrar. Vienen conmigo -dijo el chico que nos trajo. El hombre asintió, dejándonos entrar.


Al entrar, era más sorprendente de lo que era afuera, quedé boquiabierta con todas las luces tenues, las tres barras inmensas de alcohol, personas bailando, la música y todo era genial.


—¡Isabelle! —gritó mi amiga, haciendo que fuera hacia ella, que estaba en una barra cerca del DJ.


—Esto es genial, Evelyn.


—Cierto, toma, bebe —me dio una copa con champán a mí y a mi hermana.


Bebí y arrugué el rostro por el fuerte sabor del champán. Tenía rato que no bebía alcohol desde mis quince primaveras, donde mamá y papá quisieron celebrar con un brindis y tomé champán por primera vez y última. Hasta hoy, después de tres años, tomando champán de nuevo.


—¿Isabelle? —mi hermana estaba al frente de mí, mirándome extrañada.


—Disculpa, estaba pensando —ella sonrió y me senté en uno de los asientos de la barra.


Entre más tiempo pasaba, más personas llegaban y nosotras solo estábamos viendo a chicos lindos que llegaban. En eso colocaron una música que a mí me encanta. Me levanté y mi hermana me sonrió. Ella sabía que esa música me fascina.


—Vamos a bailar, Evelyn —mi amiga se levantó contenta.


Nos dirigimos a la pista muy decididas a bailar y empezamos a bailar las tres como solteras locas. En eso llegaron unos chicos que nos sonrieron y empezaron a bailar también. Al cabo de un rato, después de 4 canciones seguidas bailando en la pista, quise ir al baño a ver cómo estaba mi maquillaje.


—¡Evelyn! —le grité a mi amiga, que estaba moviendo sus caderas con un chico. Me acerqué y ahí sí tuve su atención. —Voy al baño —ella asintió para seguir bailando.


Me dirigí a la barra, tomé mi bolso y me fui al baño. Me vi al espejo donde mi cabello estaba revuelto. Me pasé una mano por el cabello, acomodándolo, y saqué mi maquillaje para retocar. En eso escuché la puerta del baño. Al voltear, vi a dos chicas.


—Estoy bien, es que quiero que S me elija hoy. Quiero estar una noche con él —comentó una de las chicas emocionada.


—Él estará hoy en una de las barras. Tendrás oportunidad —dijo su amiga.


Yo recogí mis cosas y salí. Solo pensé que también es un prostíbulo o que no vi bien, y tropecé en la entrada del baño, cayendo. Pero caí y choqué con alguien. Levanté la vista y me sorprendió verlo.


—Nuestros encuentros siempre serán chocando —sonrió amargado y hostil.


—Disculpa, ¿me estás siguiendo o solo haces encuentros conmigo para comportarte así? —fruncí el ceño y me crucé de brazos.


—No, no te hagas la importante. No te sigo


—Entonces, ¿por qué me tratas así? O más bien, ¿por qué me miras así? — soltó un bufido molesto y esbozó una sonrisa amarga.


—No te miro así solo a ti. Esta es mi cara, y te estoy tratando así porque sí. Así trato a todo el mundo. No todos tenemos la misma simpatía y andamos con sonrisas de mentira en nuestra vida — se cruzó de brazos y me miró fijamente.


—Okey, vete a la mierda con tu trato así. Sabes, así las personas no ganan nada, solo el odio y las malas caras de otras personas —respondí, ya sacada de quicio con él. No entendía por qué era así.


—Vale, y a mí me importa una mierda también lo que digas o cómo me miren esas personas. ¿Si vivimos de eso, qué vida tendremos en un futuro, Isabelle? —lo miré fijamente y furiosa. Era la primera vez que me llamaba por mi nombre, y creo que también se estaba molestando. ¿Acaso esto era una discusión por un choque? Es una estupidez. Hoy era mi cumpleaños. No tenía por qué estar peleando con un imbécil de mal humor.


—Sabes qué, Ander —me acerqué a él, que estaba recostado en la pared mirándome con una ceja arqueada-. No me vas a joder la noche, y mucho menos vendrás a tratarme así. Así que vete a joderle la noche a otra persona -tensó su mandíbula y se separó de la pared, quedando cerca de mí y respirando en mi rostro.


—Okey, y tú vete a seguir jugando a la chica en la fiesta —se separó de mí y se marchó, dejándome con las ganas de matarlo.


Me dirigí a la barra del fondo sin ver a nadie. Me senté y llamé al bartender.


—Dame un vodka —dije decidida y todavía molesta. El chico asintió y se fue a prepararlo.


—Creo que eso es fuerte para ti, linda —habló una voz fuerte y varonil. Yo solo ignoré y al llegar el bartender con el trago, tomé el vaso y me lo eché al fondo, pero me quemó muy fuerte la garganta y arrugué mi rostro.


—Creo que sí.


—Te recomiendo mejor uno de los mejores vinos de aquí.


—Gracias —volteé a ver con quién estoy hablando y al verlo quedé boquiabierta. Es un chico un poco mayor que yo, ojos azules oscuros, cabello castaño oscuro, mandíbula marcada y cuerpo fornido.


—De nada —respondió, penetrándome con sus ojos.


—Bueno.


—Buena estás tú, linda —volteó sorpresivamente y él está con un brazo apoyado en la barra y con una sonrisa.


—Bueno, gracias de nuevo.


—¿Cuántos años tienes? —preguntó, viéndome de arriba a abajo.


—Dieciocho, y espero que no te saquen de aquí —él soltó una carcajada y me miró impresionado.


—¿Eres una niña mala? —dijo, pasando la lengua por los labios.


—No.


—¿Segura? —insistió entrecerrando los ojos.


—Emmm, estás hablando con la equivocada. No estoy en busca de una noche, si eso es lo que estás pensando —respondí indignada.


—¿Ah no? —hizo una pausa y se acomodó en su asiento —Entonces, ¿qué haces aquí?


—No, no tengo la noche libre estoy con esta dama así que te puedes ir —le dijo a la chica que me miró con mirada asesina, me sentí incomoda en ese momento


—¿Con ella? pero mírala S es una mongi gata, tú cómo dueño de todo esto te mereces algo mejor —el frunció el ceño y puso lo ojos yo me solté de su agarré y intenté mirar a otro lado no quería matarla ¿+que se cree esa? Y que quiso decir con que era dueño de todo esto


—Thami por favor no quiero y ya, ahora déjanos solos -ella asintió tragándose su ego al voltear arqueó una ceja y se marchó. Yo me crucé de brazos parada incomoda mente —Disculpa la es que es insoportable aveces no volverá a pasar —asenti todavía incomoda no se me sentía extraña y más si lo que estoy pensando es cierto


—Que quiso decir ella con que eres dueño de esto? —pregunte, el tomo un sorbo de su trago y me miró


—Pues que soy el dueño de esta Disco eso —me miró sonriendo


—ah —me quedé callada no se que contestarle apreté mis labios —Soy menor de edad y entre a tu Disco me sacarás?


—No, no te sacaré —enarque una ceja un poco confundida


—Y eso porque soy menor de edad ese es tu deber —el esbozo una sonrisa y me miró fijamente


—Si lo sé, pero no quiero hacer buena compañía


—Okey que quede claro que no soy compañía de noche


—Ya me quedo claro linda -sonrío y no se porque me veía de una manera extraña


Hablamos y bebimos hasta que volaron las horas, me preguntaba muchas cosas de mi nos reímos mucho era simpático conmigo y muy chistoso. El se levanta y me tiende su mano


—Bailamos linda?


—S...si -tataree me levanté y me tomo la mano tu tacto era frío y su mano muy bien cuidada y suave me llevo hacia la pista donde habían más personas


—Dime que quieres bailar y lo bailamos —me atrajo hacia él y me sujeto la cintura suavemente


—No se —dije un tanto nerviosa tenía mucho tiempo que no bailaba en público y menos con una persona desconocida, el esbozo una sonrisa pícara


—Te gustaría mover tus caderas para mí? —me volteo sorpresivamente rápido y choco mi cuerpo contra el suyo le hizo una seña al Dj y colocaron una música más rápida y con movimiento, me puse nerviosa y mi cuerpo estaba ardiendo ante su contacto


—Vale —respondí mordiendo me el interior del labio


Empezé a mover sin saber muy bien hasta que ya estaba agarrando el ritmo, el me tomo mis caderas y empezó a guiarme. Mientras yo movía mi trasero el me quito el cabello del cuello y se acercó a mi oreja


—Dime tu nombre —pregunto un poco ansioso y con voz melosa


—Dime el tuyo —dije aunque no creo que aiga escuchado por la fuerte música y toda la euforia de nuestro alrededor


—Me llamo Simón linda —respondió quedé sorprendida por su gran audición


Seguí bailando contra su cuerpo mientras el me susurraba a cada rato que le dijera mi nombre pero lo ignoraba me voltee de frente para verlo y sus ojos eran oscuros y sexys no sé si es el alcohol que está dejando que piense estás cosas pero ya se porque se acuestan con el le coloque una mano en el hombro y empecé a bajar al ritmo de la música hasta que llegue a su abdomen y mire hacia arriba y vi sus cejas levantadas con impresión apretó sus labios para después esbozar una sonrisa subí de nuevo y quedamos muy cerca


—Eres buena bailando —murmura cerca de mi boca


—Si? —pregunto juguetona


Juguetea con mi nariz para acercarse a mi boca mi besarla apasionadamente chupando mis labios y mordiendo los era impresionante como besaba su aliento y su aroma era tan divino subió sus manos hasta mi espalda baja colocando las manos justo en el escote de mi vestido y Vi como se tenso estaba buscando mi lengua pero en eso caí en cuenta y me separé de golpe de sus labios sintiendo como de nuevo se escuchaba la música y todo seguía. El me miró confundido con ojos lujuriosos todavía


—¿Que? —me pregunta mirándome fijamente


—Disculpa no puedo hacer esto


—Esta bien, entiendo linda —nos dirigimos otra vez al barrera y el pidió un Borbón está vez yo solo pedí agua ya no quería beber alcohol me estaba haciendo mal


Al llegar el bartender con el agua la tome y bebi tragando me toda mi vergüenza y nerviosismo en ese momento sentí que me había pasado de la raya hoy tomando alcohol se esa manera. Apreté mis ojos y los abro repentinamente por una mano que siento en mi brazo


—Estas bien?


—Si, si lo estoy —el me miró un poco preocupado y asintió


—Te pido una disculpa no debí hacer eso


—Vale no importa yo también estoy un poco ebria no te culpó —abri mi cartera y saque mi teléfono al prenderlo Vi que son las 4:06 de la mañana me levanté de mi asiento sorprendida y guarde mi celular —me tengo que ir disculpa ya es muy tarde —me miró un poco desilusionado y me tomo la mano


—Guarda mi número linda —asenti y saque mi teléfono y anote los números que me dictaba


—Tu nombre


—Simon Phillips


Alce la mirada rápidamente con impresión y acordándome de quien tiene ese apellido. Me acordé y no pude evitar preguntar


—Tu hermano es Ander Phillips?


—Si? —me miró asintiendo un poco impresionado -Lo conocés?


—Si, si lo conozco hablamos después me tengo que ir —le di la espalda marque el número de mi hermana mientras intentaba localizarla en la Disco repicaba su teléfono y me mandaba a buzón marque el número de Evelyn y también me manda a buzón de voz, maldije entre dientes y me dirige a los baños dónde no están ninguna de las dos sali del baño y me encontré con Simón


—De dónde conoces a Ander? —me quedé mirandolo un poco confusa


—Ahorita no estoy para esto vale —segui adelante y me tomo del brazo


—Quiero que me digas —me ordenó mirándome fijamente


Me arrebate de su agarré y salí corriendo hacia la puerta. Al salir no había nada ni un carro estaba la calle vacía y todo estaba en silencio. Empezé a caminar rápidamente por las calles vacías y pasaban algunos carros le sacaba la mano pero no me hacen caso Cruze varias calles y casi llegaba a la plaza


Me dolían mucho los pies con estos tacos empezé a caminar más lento y oigo un carro que viene con música detrás de mi volteo y saco mi mano para que me vea bajo la acera y tropiezo con mi otro pie y caigo golpeando mi cabeza con el asfalto y viendo cómo las luces del auto se acercan a toda velocidad


—Isabelle, Isabelle —me llama una voz que conozco perfectamente, tocando me mi rostro


—Mama? —entre abro mis ojos y la luz del día me queman los ojos de una manera suave mientras estoy en su regazo


—Hija te quedaste dormida —sonrió tan hermosa como siempre me acaricio el cabello para bajar su mano directo a mi collar


—Y esto de dónde lo sacaste? —dijo colocándose sería


—Me lo regalo, Carla —esboce una sonrisa , tomo el collar acariciando la pequeña flor pensando


—Si no fuera por esto viviría todavía, —Hizo una pausa —pero fuera vivido una vida engañada


—¿Que dices mamá? —pregunte confundida


—No te lo quites nunca, te queda hermoso —sono un poco tranquila pero a la vez angustiada —Te quiero Isabelle —Me beso la frente y cerré mis ojos


Me levanté agitada, me senté mareada y dolorida en mi habitación. No sabía cómo había llegado allí y estaba confundida. Hacía calor y mi pelo estaba pegado a mi frente por el sudor. Miré a ambos lados y no vi a nadie. La puerta estaba abierta. Intenté levantarme y sentí un fuerte dolor en la rodilla. Al verla, vi que tenía un vendaje. Miré mis pies y no llevaba tacones. Me incliné

para levantarme pero el dolor era fuerte, use todas mis fuerzas para levantarme y logre estar de pie aunque me dolía mucho, cojeando me quite la ropa y el vendaje y Vi que no era muy grave la herida era superficial.


Me metí al baño a bañarme y cepillarme ya que mi boca sabía aún a whisky y vino al salir me coloque un pantalón corto y una camiseta y me quedé sentada en mi cama pensando como me caí y quién me trajo en eso escucho un ruido de algo se mueve me levanto y me dirijo al pasillo, me asomo en el cuarto de mi hermana y su cama estaba perfectamente acomodada todavía me asomé por la escaleras y todo estaba oscuro y Vi que había algo sobre la isla al acercarme Vi que era una caja de vendajes y agua oxigenada quedé confundida y subí a mi habitación nuevamente al entrar estaba el ventanal abierto y olía a perfume de hombre fui cojeando rápidamente al ventanal y cuando me asomé no había nadie me estaba volviendo loca o que me recosté pero no pegue ni un ojo en toda la noche. Solamente pensando quien me trajo.