Prólogo
– desde este momento, eres la mujer de Ackerman
Hubiera querido oír mal, que aquel firme tono fuera una alucinación, no....no lo era, Erwin no decía bromas ni mucho menos terribles como estas, entonces todo colapsó de golpe en su cabeza, sintiendo como sangra esparciendose en todo su cuerpo.
Las lágrimas sin salir se oscurecen en sus ojos, cuales irritados levantan hacia los de el azules duros como la roca, sabiendo desde ahora, que no tenía otra opción.
Entonces asintió.
La mano que apretaba su muslo la convirtió en puño y la posó en su pecho izquierdo, en forma de acatar su orden, su condena