CAPITULO 1: LA CUENTA REGRESIVA.
La Manada Luna Azul siempre ha sido mi hogar. Crecí aquí, entrenando, aprendiendo, y viviendo entre los árboles y los lobos. Pero ahora, a solo días de partir hacia lo desconocido, siento una mezcla extraña de nerviosismo y emoción. Mi nombre es Indiana, y esta podría ser mi última semana entre las sombras familiares de mi manada.
Hoy, el bosque parece susurrarme despedidas. Los ecos de risas y carreras se ahogan bajo el peso de un destino que se acerca. En pocos días, dejaré todo esto atrás para emprender un viaje que decidirá no solo mi futuro sino quizás el de toda mi manada.
Mis pasos me llevan a nuestro lugar de encuentro habitual, una pequeña claridad rodeada de robles antiguos. Allí, mis amigos, los hermanos que nunca tuve por sangre pero siempre por elección, esperan. Alex, el bromista con ojos que reflejan la luna; Lucas, cuya seriedad solo es superada por su lealtad; y Marco, cuyo espíritu libre es tan contagioso como su sonrisa. A pesar de nuestras bromas y peleas, sé que puedo contar con ellos para cualquier cosa.
“¡Indiana! ¡Por fin!“, exclama Alex mientras se levanta para saludarme con un fuerte abrazo. Los demás asienten y sonríen, pero sus ojos no pueden ocultar la inquietud que comparten. “Vas a extrañar esto cuando estés rodeada de humanos aburridos.”
Lucas me mira con seriedad. “Es peligroso allá afuera, Indy. Los humanos no son como nosotros. Tienes que estar siempre alerta.”
“Así es, pero he tomado mi decisión”, respondo con firmeza. “Necesito hacer esto, no solo por curiosidad, sino también porque siento que hay algo más esperándome.”
Marco asiente, su habitual sonrisa ligeramente apagada. “Solo recuerda que aquí tienes una familia que te espera. No importa lo que encuentres, este siempre será tu hogar.”
El resto de la noche lo pasamos hablando sobre lo que espero encontrar en el mundo humano, mis miedos, y sus consejos para mantenerme segura. Aunque intentamos mantener el ambiente ligero, hay una tensión subyacente que ninguno de nosotros puede ignorar completamente. Estamos todos conscientes de que esta despedida es diferente.
Mis pasos me llevan a nuestra casa de la manada, un lugar lleno de recuerdos y la comodidad de lo conocido. Al llegar, me encuentro con Josh, el líder de la Manada Luna Azul, un hombre apuesto y valiente que siempre ha estado ahí para protegernos.
“Indiana”, me saluda Josh con una sonrisa cálida mientras se acerca. “He oído que te vas en pocos días.”
Asiento con determinación. “Sí, Josh. Necesito hacer esto. Siento que hay algo más allá de nuestro bosque, algo que necesito descubrir.”
Josh asiente, sus ojos azules fijos en los míos. “Entiendo tu deseo de explorar, Indy. Pero quiero que prometas algo antes de partir.”
Lo miro, esperando sus palabras.
“Prométeme que siempre volverás a casa, a tu manada. No importa lo que encuentres en el mundo humano, aquí tienes una familia que te espera y te ama”, dice Josh con una ternura que me hace sentir aún más decidida.
Le sonrío y asiento. “Te lo prometo, Josh. Siempre volveré a casa.”
La tensión que había sentido antes parece disiparse, reemplazada por una sensación de paz. Josh y yo compartimos un abrazo fuerte, sabiendo que esta despedida es un nuevo comienzo para mí, pero que la Manada Luna Azul siempre será mi refugio.,
Después de despedirme de Josh, me dirijo a mi pequeño apartamento en la casa de la manada. Ser la hija del delta tiene sus privilegios, y uno de ellos es tener un lugar privado donde puedo estar a solas con mis pensamientos.
Cuando abro la puerta, me encuentro con una sorpresa inesperada. Mi padre está sentado en una de las sillas, con una mirada seria en su rostro. Ha estado al tanto de mi decisión de partir, y aunque no está de acuerdo, ha respetado mi elección.
“Indiana”, dice mi padre mientras se levanta y se acerca a mí. Sus ojos reflejan una mezcla de orgullo y preocupación. “Te vas en unos días, ¿verdad?”
Asiento, sintiendo una punzada de emoción en mi pecho. “Sí, papá. Es algo que siento que debo hacer.”
Él coloca una mano en mi hombro y sonríe con cariño. “Entiendo eso, cariño. Pero quiero que recuerdes algo importante mientras estés fuera. La Manada Luna Azul siempre será tu hogar, y siempre estaremos aquí para ti, sin importar dónde te lleve este viaje.”
Sus palabras me reconfortan, y me abrazo a él con fuerza. “Gracias, papá. Significa mucho para mí que me apoyes, incluso si no estás de acuerdo.”
Él acaricia mi cabello con ternura. “Siempre estaré aquí para ti, Indiana. Y no importa cuánto tiempo pases lejos, esta siempre será tu manada.”
Pasamos el resto de la noche conversando, compartiendo historias y risas. A pesar de la tristeza de la despedida, sé que tengo el amor y el apoyo de mi familia, tanto de sangre como de manada. Mientras miro por la ventana hacia el bosque que ha sido mi hogar durante tanto tiempo, sé que estoy lista para enfrentar lo desconocido y descubrir lo que el mundo humano tiene reservado para mí.








