¿Quién Carajos Es Atlas? by Daren at Inkitt
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¿Quién Carajos Es Atlas?

Summary

Dee, un chico frío y serio. Odiado por ser el mejor en su clase y amado por su apariencia. El sarcasmo es su mejor arma para defenderse a las burlas de Atlas. Atlas, burlón y atrevido. Capaz de seducir a cualquier cosa que tenga vida y respire. Amado por todos y odiado por Dee. A pesar de ser diferentes en personalidad y estilo ambos comparten un gusto en común: «Lif». Estos dos chicos de dieciocho años intentarán enamorar a la chica mientras se destruyen uno a otro. Teniendo incluso que trabajar juntos en algunas ocasiones, esperando a que el mejor logre ganar el corazón de la Lif. ¿Será posible o ambos terminarán perdiendo? ⚠️ Advertencia ⚠️ • Lenguaje inadecuado. • Escenas para mayores de 18 años. • Temas delicados. Los personajes no me pertenecen, estos son parte de la serie: «Metal Family».

Genre
Humor/Romance
Author
Daren
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

—————————

Sí, ése es Atlas

—————————


Odio la escuela.


Cómo la gran mayoría de adolecentes no tengo un particular amor hacia mi instituto, menos con tantas presiones sobre a cuál universidad iríamos después de graduarnos.


Es decir, soy bueno en clases, muy bueno. «La salvación de esta generación» dicen algunos. Tengo un amplío conocimiento en diferentes temas, usualmente investigo mucho. Por ello, no me preocupan mis lecciones.


Aprendo rápido, siempre tengo una respuesta inteligente a las interrogantes de los maestros y una participación activa en clases. Un prodigio básicamente.


Sin embargo, eso solo afirma mi sentimiento de desinterés al tener que ir a un recinto educativo a aprender cosas que yo conozco muy bien. Tengo que ir, claramente. Necesito un título.


La universidad no es algo que me preocupe, tengo claro cuáles son mis aspiraciones y definitivamente no se quedan encerradas en este pequeño pueblucho insignificante.


Apenas tenga la oportunidad me iré de aquí. Mi padre ya lo sabe, y aunque no parecía muy a gusto con la noticia respetó mi decisión. Mi madre por otro lado...


Ella realmente hizo un escándalo, clásico de Victoria.


No me iría para siempre, al menos eso no está en mis planes. Pero respirar un poco de mi familia me haría bien, independizarme es algo que realmente deseo.


No tengo grandes razones para no irme de aquí, a la mayoría de mis compañeros de clases les doy igual y no tengo amigos cercanos, por no decir que ninguno.


Claro que, aún pienso en ella. Puede que esa sea una razón mediantemente fuerte para atarme a este lugar por un poco más de tiempo. Pero como siempre, me estoy adelantando. Aún falta un año y ocho meses para graduarme.


Ya tengo lista mi solicitud para una beca y investigue posibles lugares donde vivir, apartamentos baratos y cerca de la universidad. Tal vez algún día pueda comprar una casa.


Un trabajo de medio tiempo y buena paga sería lo más difícil de conseguir, pero para mí no sería tan imposible. Privilegios de ser más inteligente.


—Primer día de clases, es realmente una tortura.


El quejido molesto de Heavy me sacó de mis pensamientos, lo miré de forma discreta, captando su cara de tragedia, como si hubiera presenciado el peor de los escenarios.


—Deja de lloriquear, los primeros días no dan cosas importantes —dije, volviendo a mirar el camino que transitabamos.


—Es fácil para ti decirlo, señor-de-puros-diez. —Me miró con molestia.


—Podrías tener diez en tus calificaciones si tan solo te esforzaras un poco más.


Él me miró con indignación, tocando una fibra sensible.


—¿Crees que no me esfuerzo? —interrogó, queriendo confirmar mis palabras.


—Solo digo que podrías esforzarte mucho más. Tus calificaciones son importantes si quieres ser alguien en esta vida.


—¿Qué tal si te ocupas de tus asuntos y me dejas a mi en paz? —Miré a Heavy, sí, estaba enojado.


—Como quieras.


Heavy Shvagenbagen, mi hermano de tan solo quince años. Es un poco idiota, tonto, muy animado y algo escandaloso. Además de tener gran parecido con mamá de forma física, también lo tiene en cuanto a la personalidad. Son como dos gotas de agua, solo que él no presenta pequeños arranques de ira y busca de destruir todo.


Para ser sincero sí me preocupo por mi hermano, realmente lo hago. Sin embargo tener tacto es algo que nunca poseí dentro de mis cualidades. Carezco de tal cosa.


Así que es usual que tengamos este tipo de conversaciones. Y siempre termina con él molesto o un poco herido, aunque mi intensión no sea esa.


Realmente considero que papá debería ser un poco más estricto con Heavy en ese aspecto, ya que a mamá realmente no le importa. Solo dice que mientras no nos volvamos unos vagos todo está bien.


Pero, es realmente preocupante el promedio de él.


—¿Crees que hayan alumnos nuevos? —preguntó, al parecer un poco más relajado.


No lo miré, pensando en su interrogante. Realmente no tenía interés si habían o no personas nuevas en la escuela, no es como que me pueda beneficiar de ellos. A menos que tengan un bajo promedio, allí podría hacer mi negocio.


—Imagino que sí. —Me limité a decir.


—¿No te parece un poco emocionante?, la última vez ingresó una chica de Estados Unidos. —Sonrió, y instintivamente le seguí el juego.


—¿Te gusta esa chica?


—Es linda, pero casi no hablé con ella en el último año.


—Tal vez esté sea tu temporada de tener suerte. Habla más con ella —dije y lo miré—. ¿Y cómo es ella?, ¿gótica, metalera...?


—No, no es nada de eso —Me interrumpió mientras veía la calle, pensando como describir a la chica—. Su estilo es más, ¿retro? —Frunció levemente el ceño mientras alzaba una ceja, arrastrando sus palabras al dudar si eran las correctas.


—¿Se viste igual que el tío Chess?


—Parecido —Asintió al considerar el parecido—. Usa ropa algo holgada y colores neutrales como verde oscuro, gris, beige, blanco crema...


—¿Qué música escucha?


—La última vez la escuché hablando con una chica durante un proyecto de ciencias. Parece que escucha a Aurora y Melanie Martinez.


—No soy fanático de ese género pero no son malos sus gustos.


—Yo creo que ella debe escuchar aunque sea una canción de metal. La mayoría lo hace.


—Sí. Pero una cosa es que te guste una que otra canción, a qué te guste el género.


Heavy me miró y sonrió un poco.


—Eso no le quita lo linda y inteligente.


Resople una suave risa y seguimos caminando en silencio. Poco tardo para que llegáramos al instituto.


Habían personas hablando a los alrededores, en el parque, sentados en las escaleras. Todos poniéndose al día como si nunca se hubieran visto durante las vacaciones.


Unos chicos en patineta casi chocan con Heavy y conmigo, los cuales gritaron un: «¡Cuidado!» entre risas. Lo que llevo a mi hermano a parlotear sobre como ahora tenía la gran «necesidad» de apropiarse de una patineta, alegando que sería más fácil para él llegar a la escuela. Entramos a las instalaciones para dejar nuestras cosas en los casilleros.


Todo era un bullicio entre adolescentes de diferentes grados hablando entre ellos, riendo y unos pocos tomándose fotos juntos. Todos poniéndose al día sobre los viajes que hicieron durante las vacaciones. Nos mezclamos entre las personas hasta que llegamos a nuestros casilleros.


—Tienes que admitir que esto es genial.


—¿Estar rodeado de personas?, no lo creo. —Abrí mi casillero.


—Siempre estás rodeado de personas cuando vas a los conciertos que organizan.


—Y esas son las únicas personas que no me desagrada tener cerca o encima —dije y cerré la pequeña puerta de metal. Lo miré y le hice un ademan con la mano—. Debo ir a clases, te veo en el primer descanso.


No le di tiempo a Heavy para despedirse, caminé por el pasillo, evitando chocar con otras personas mientras escuchaba de forma vaga como hablaban de alguien.


Entré al salón, ya varios de mis compañeros estaban allí, reunidos en grupos mientras reían. Me senté en mi lugar y saqué un libro de mi mochila.


Mientras leía con atención las palabras que estaban impresas en aquellas hojas desgastadas escuché la conversación del pequeño grupo de chicas que estaba a unos cuantos metros de mí.


—Sí, él es muy lindo.


—Y sexy. —Todas rieron suavemente.


—¿Es estudiante de intercambio? —preguntó una de las chicas.


—No, según escuché es nuevo. Muchos dicen que viene del extranjero.


—Definitivamente esos rasgos no son de por aquí. —Sonrió la líder del grupo.


—Aún no puedo descifrar su acento.


—Me dijeron que él venía de Canadá.


—¿Canadá?, yo diría que de Francia.


Fruncí levemente el ceño y observe de forma discreta al grupo de chicas. Era obvio que hablaban de un chico nuevo, pero lo pintaban como si fuera un dios griego en la tierra.


—A todas estas, ¿cuál era su nombre? —inquirió la chica de cabello negro.


—Era algo con «A».


—¿Aiden, Alejandro, Amadeus, Archie? —Empezó a decir nombres al azar la líder.


—No, nada de eso. Era un nombre poco común, extraño.


Se quedaron en silencio por varios segundos, hasta que una de ellas inhaló profundamente con emoción. Sus ojos se abrieron al darse cuenta de algo.


—¡Recuerdo su apellido!


—¿Su apellido?


—Pff, ¿y eso de que nos sirve? —preguntó con fastidio la pelinegra.


—Es mejor eso a no tener nada, Morgan.


Morgan puso los ojos en blanco y resopló.


—Bien, ¿cómo se apellida?


—Stoker. —Sonrió.


—¿«Stoker»?, esperaba algo más atractivo. —dijo, desinteresada.


—Ahora mismo lo busco... —murmuró la líder mientras tecleaba rápidamente en su celular.


—¿Ya vas a empezar con tu acoso, Diana?


Ella puso los ojos en blanco mientras se desplazaba rápidamente por la pantalla del celular. Al poco tiempo una sonrisa burlona y orgullosa pintó sus labios.


—Atlas Stoker.


El grupo se quedó en silencio nuevamente, viendo a Diana con atención. Margo le arrebató el celular y miró la pantalla por sí misma. A juzgar por su expresión habían dado con la persona correcta.


—Esto es increíble —susurró mientras veía el celular.


—¿Y que dice la descripción?


—Según ésto es soltero, se mudó a este pueblo al comienzo de las vacaciones; no dice de dónde viene.


—¿No lo dice? —Margo negó con la cabeza.


—Pero ya sabemos exactamente como es —dijo Diana, sonriendo.


—¿Y en qué curso creen que está?


—Tiene nuestra misma edad, por lógica debería tomar clases con nosotros —dijo mientras le devolvía el celular a su dueña.


—Bien niñas, ya saben cómo funciona esto. —Guardó su celular y caminó fuera del aula, seguida por las demás chicas.


Mis dedos acariciaron levemente las hojas de mi libro. Atlas Stoker, por su nombre era obvio que el chico no era de por aquí. Y si lo que escuché de ese grupo es confiable, ya varias personas en este lugar han hablado del tema.


Usualmente no formarían gran alboroto por un alumno nuevo, sin importar si era extranjero o con rasgos distintivos. Pero de alguna forma esta persona había logrado que varios alumnos pusieran su nombre sobre sus lenguas chismosas.


No creo que el chico sea la gran cosa, pero admito que me da cierta curiosidad. Es muy difícil captar la atención de varios por aquí, pero aún más difícil, captar el interés de Diana.


Cerré mi libro y lo dejé a un lado, ya no tenía la concentración para seguir leyendo. Saqué mis auriculares y me los coloqué, reproduciendo música de forma aleatoria.


El hecho de que ese tal Atlas allá logrado causar sensación me hacía recordar el primer día que llegué aquí. Había sido a los trece años, a principios de otoño. Al parecer era un poco raro ver a un alumno con perforaciones y algo de maquillaje.


La voz corrió por los pasillos hasta los salones, tuve muchas formas de ser llamado: «emo, el metalero, deprimente, frío, el chico genial».


Nunca me importó lo que otros dijeran de mi, a pesar de que la mayoría de las habladurías no eran negativas. Eran solo comentarios neutrales que hablaban sobre lo diferente que me veía de lo demás.


Claro que todo esto captó la atención de esa chica de cabello rosa. La que al poco tiempo conocería por la típica clasificación estudiantil: «la popular».


No había algo en lo que ella no estuviera. Si un chisme se propaganda seguramente ella había creado el chisme. Tenía influencia en los estudiantes y algunos profesores. Manipuladora, bonita, sabía cómo dirigirse a las personas.


Ciertamente ésto no era un cliché de Netflix o HBO, ella jamás llamó mi atención. Desde la vestimenta hasta la personalidad me llevaban a la conclusión de que ella era exactamente igual a las demás personas. No tenía una personalidad destacante.


Cuando cumplí quince años su atención hacia mi se volvió cada vez más obvia. Me veía durante las clases que compartíamos y podía escuchar sus suspiros de ensoñación.


No quería su atención, la detestaba hasta cierto punto. De manera general odiaba la atención. Por lo cual mi vida de los trece a catorce años fue algo agobiante.


La atención en mi poco a poco fue muriendo cuando los demás alumnos empezaron a definir sus gustos, estilo de ropa y personalidad. Y actualmente lo que antes era «raro» se volvió común en los pasillos.


Las faldas y mayas dejaron de ser poco comunes. Los pantalón ajustados y algo rotos estaban en casi todos los armarios. Y los cortes de cabello con colores interesantes pusieron un estilo vanguardista en los pasillos.


Existía gran variedad de estilos, desde góticos hasta las fanáticas de bandas coreanas que se destacaban por usar colores infantiles. Algunas pocas personas jamás cambiaron su estilo, siguieron siendo iguales.


Y esa es solo otra razón por la cual Atlas me parece un poco interesante. Se habían visto un montón de cosas en éste recinto, ¿qué podía tener él que lo hacía tan llamativo?


¿Cabello largo?, podía contar unos treinta chicos iguales, incluyéndome.


¿Ropa extraña?, una chica de aquí usa ropa combinada con otras prendas que le da un toque extraño, es como ver un vídeo musical de Lady Gaga.


¿Maquillaje extravagante?, vamos, las pestañas postizas con tamaños absurdos eran más comunes que los collares de péndulo.


Seguramente y estoy exagerando. Probablemente es solo un tipo guapo que haría que cualquier braga se mojara con tan solo una mirada. Eso o, su apellido es importante aquí. Tal vez tenía un familiar que destacó en este lugar.


Aunque me parece poco probable ya que nunca había escuchado ese apellido, al menos no en éste pueblo.


Sí, es solo un tonto calienta entrepiernas. Nada que no vaya a pasar al olvido en unas cuantas semanas.


[†]


La primera clase finalizó y nunca ví entrar al nuevo alumno, la profesora tampoco dijo nada al respecto sobre que alguien se integraría a nuestra clase.


Me levanté de mi puesto y tomé mi mochila. De cualquier forma no debería estar gastando mi atención en algo sin importancia. Es solo un chico más en una escuela normal y corriente. No hay nada especial aquí, y mucho menos personas especiales en ella.


Nada más son un montón de adolecentes estudiando para convertirse en algo en la vida, ¿que había de destacante en eso?


Sí, es muy común ver parejas felices de un lado a otro y personas cometiendo estupideces para así declararse a su crush de tan solo unos meses. Es lo normal. Sin embargo sigue siendo molesto que ellos en verdad crean que sus vidas o personalidad los vuelven protagonistas de su propio mundo imaginario.


¿Qué es esto, adolecentes según Netflix?


Mientras caminaba escuché la conversación de algunos grupos que estaban parados en los pasillos. Y lo único que pude distinguir fue: «el chico nuevo. Creo que es francés. Lo ví, sus ojos son como el fuego. ¡Nada de eso, mide como dos metros!».


No tenía que ser un genio para saber a qué chico nuevo se referían.


Llegué a mi casillero y lo abrí, metiendo las cosas que no necesitaría, tomando otros libros. La siguiente clase es la de castellano y poesía. No me encanta pero soy bueno en ella. En todas.


Me sobre salte cuando una mano impacto a mi lado. Mi mirada azul se posó en la estúpida cara de Heavy, solté una exhalación de alivio.


—¿Qué te ocurre? —interrogué al verlo tan feliz.


—¿No lo escuchaste? —Levanté una ceja y lo miré confuso.


—¿El qué?


—El chico nuevo, ese tal Atlas Stolker.


—Stoker —lo corregí y cerré el casillero—. Sí, escuché sobre él.


—¿Y?


Lo miré confundido de nueva cuenta y él explotó en ansias.


—¡¿Qué te pareció?!, ¿no es genial?


—¿Por qué debería ser genial, Heavy?, es solo otro chico en este estúpido lugar.


—No, no es cualquier chico. Es «el» chico.


Puse los ojos en blanco, no conforme con que escuche sobre Stoker desde el salón hasta el camino hacia acá, resulta que mi hermano también cayó en el embrujo de los rumores exagerados.


—Genial, ahora resulta que no solo moja bragas sino que también algunos bóxers —bufé.


—¡No es en ese sentido, Dee! —gritó—. ¿Siquiera lo has visto?


—No —suspiré—, porque a diferencia de ti y otros tontos yo si vengo a estudiar.


Heavy me vio con reproche y puso los ojos en blanco. Al poco tiempo un par de susurros llamo mi atención, la risa nerviosa de las chicas y algunas sonrisas coquetas llenaron los pasillos. Varios se amontonaron hacia el frente, obstruyendo mi visión.


Poco tardó para que el grupo de personas se apartaran, dejando libre el pasillo. Allí me di cuenta de porqué tanta fascinación.


Caminaba con seguridad, elegancia y altanería. Sus botas altas resonaban en el suelo pulido. Llevaba un suéter de cuello alto negro junto a una gabardina del mismo color, unos pantalones holgados grises, ajustados de su cintura con una correa.


Lo que más atraía además de su estilo de ropa y forma de caminar era su mirada. Gris como una tormenta en alta mar. Miraba de una forma que parecía que te follaba con esos ojos. Que en su mente pasaron más de cien escenarios sobre lo que podría hacer con tu cuerpo en tan solo unas horas de privacidad.


Los suspiros de las chicas cerca de mi eran largos, pausados y pesados, veían a Stoker con admiración y enamoramiento. Algunas sonreían y otras pocas se sonrojaban. En cambio los chicos no eran tan obvio, pero si logré captar uno que otro viendo de arriba a abajo a Atlas con deseo.


De la nada el ambiente se sentía cargado de hormonas adolecentes, era como ir a una fiesta de último año y todos estuvieran ebrios jugando a la ruleta de botella.


El pelinegro paso a un lado mío, sus ojos quedaron fijos en los míos y sonrió con burla, sin detener su andar y cortando el contacto visual a tiempo cuando ya no pudo desviar más su mirada.


Una suave brisa pasó después de él, olía bien. Era el aroma de un perfume caro sin dudas.


—Allí está tu chico común e insignificante —dijo Heavy con una sonrisa divertida al ver cómo seguí viendo a Stoker mientras se alejaba por el pasillo.


Sí, me equivoqué. Era poco común ver a alguien tan llamativo, seguro de sí mismo, y con un estilo elegante pero casual.


¿De dónde era?


Según lo escuchado existían solo dos teorías más creíbles: él venía de Francia o Canadá.


Pero esos rasgos tan finos, limpios, casi perfectos no parecen provenir de esos países, ni de ningún otro. Era como ver el dibujo de una chica de trece años con gran talento y altas expectativas en cuanto a chicos dado a tantas cosas que lee diariamente en diferentes plataformas.


Era como si la lujuria y elegancia reencarnaran en una persona normal de carne y huesos. Logrado eso. Eso que pasó a mi lado, que me miró de una forma muy diferente a lo que normalmente estaba acostumbrado. Era el diablo en los pasillos.


Las personas no tardaron en hablar con admiración y felicidad sobre como Atlas hizo de éste descanso una pasarela para niños ricos de New York.


Estaban encantados, fascinados, tal vez exitados. La forma en que muchos apretaban sus muslos no era muy normal. Sentí mi celular vibrar dentro de mi bolsillo repetidas veces, tenía que ingresar a mi próxima clase. Lo había olvidado.


—¿Nos iremos juntos a la salida? —interrogó Heavy, una pregunta que haría cualquier día de clases.


Asenti con la cabeza mientras desbloqueaba el celular y empezaba a escribir un mensaje.


—¿Sales temprano hoy?


—No, pero no tengo que quedarme a clases de historia.


—Y debo suponer que no irás a casa conmigo precisamente. —Dejé de teclear y lo miré.


Siempre era así, cuando salía antes de su horario tendía a irse a casa de un amigo o simplemente vagar por las calles. Nuestros padres claro lo sabían, pueblo pequeño, difícil ocultar cualquier cosa con tanto chismoso suelto.


Sin embargo, a veces me tocaba cubrir sus escapadas, ya que a veces no iba a ninguno de esos dos lados a los que concurría. Y yo no tengo ni idea de adónde va.


—Lo sabes bien, —se encogió de hombros— igual te mantendré al tanto.


Heavy se fue camino a su clase, dejándome con un par de ideas dentro de mi cabeza. Las medite unos segundos y luego volví a teclear: «Nos vemos en la tarde, dónde siempre».


Guardé el celular y fui a mi próxima lección.


Al entrar al salón miré a todos los demás alumnos, los cuales rodeaban los puestos de atrás, justo donde me sentaba.


Fruncí un poco el ceño y me acerqué lentamente, moviendo la cabeza para ver entre la gente, buscando la fuente de atención.


Cuando estuve lo suficientemente cerca aparte a algunas personas con empujones leves, y ellos al notar que era yo se apartaron, revelando a la persona sentada en mi lugar.


Sus ojos grises se posaron en mi con un toque de atención y burla. Sus dedos jugaban con un mechón de cabello.


Todos guardaron silencio, su parloteo paró. Viéndonos a ambos de forma expectante.


Atlas estaba en mi asiento, como si nada. Tampoco parecía querer moverse, solo estaba allí, mirando.


Carraspeé después de unos segundos y trate de relajar mi postura. Apoyé mi mano en la mesa y los ojos de Atlas siguieron el movimiento, detallando la extremidad por unos segundos para volver a verme directamente.


—Estas en mi lugar —dije.


El chico miró a los lados, como si buscara algo. Cuando no encontró nada volvió su atención a mi.


—No veo tu nombre aquí anotado —respondió, formando una sonrisa burlona.


Claro, debía suponerlo. Era un idiota con complejo de superioridad.


Mis dedos se tensaron sobre la madera de la mesa y mi mandíbula se apretó un poco. Atlas lo notó y su sonrisa creció un poco más.


—Debes de poseer poco sentido común como para creer que nadie va sentado en este lugar.


Se lamió los labios levemente y se mordió el labio para no sonreír aún más grande, bajó ligeramente la cabeza y resopló una risa.


—O tal vez solo no me importa lo suficiente como para detenerme.


Escuché pequeños murmullos a nuestro alrededor pero los ignoré, mirando con molestia a la persona que tenía en frente.


—Y sin embargo eso sigue siendo una tontería. Levántate —ordené, con firmeza.


—¿O si no qué?


—O si no voy a levantar un citatorio para ambos.


Giré la cabeza al igual que los demás, encontrándonos con la profesora de castellano y poesía. Estaba claramente molesta.


—Que bueno que ya esté haciendo su carta de presentación hacia los demás estudiantes, joven Stoker. —El chico se recargo del respaldar de la silla y suspiró aburrido, girando los ojos.— Pero me temo que las presentaciones se dejan al frente del pizarrón.


Ambos se vieron fijamente, la profesora con molestia y él con una mirada que no podía descifrar. Podía ser molestia, fastidio, o un intento inútil de dominancia. De igual forma la mujer no flaqueo con su postura ni posición.


Dando un suspiro Atlas se levantó y pasó a un lado mío, colocándose frente a la profesora. Se vieron durante unos segundos y él sonrió.


—Sigue siendo linda incluso enojada —dijo con una sonrisa maliciosa y camino frente a la pizarra.


El chico de cabellos negros se paró frente a toda la clase, sus manos estaban dentro de los bolsillos de su pantalón y su postura era recta, dando aires de superioridad y coqueteo.


—No veo la razón por la cuál deba presentarme, ya que supongo que ya ha escuchado de mi por los pasillos, ¿no? —interrogó Atlas, viendo a la profesora con diversión. Esta última lo miró con advertencia—. Bien, mi nombre es Atlas Stoker, tengo dieciocho años, vivo con mis padres en las zonas recidenciales del oeste y vengo de Londres.


Escuché, de nuevo, a las chicas susurrar entre ellas, dando pequeños halagos vagos y conteniendo sonrisas grandes. Otros eran más discretos y solo murmuraban cosas menos de: «niña de quince años enamorada».


Pequeños comentarios de dónde vivía, de su país de origen e incluso de su actitud hacia la profesora.


Yo me límite a sentarme en mi lugar para verlo mejor, Atlas se quedó allí, esperando a que la profesora diera una señal sobre si debía agregar algo más a su presentación o ya podía regresar a tomar el asiento que mejor le pareciera.


Tenía clara una cosa. Ese chico me parecía una molestia, fastidioso. Su actitud, la forma en que miraba a cualquiera, esa personalidad cargada de burla y ego alto realmente lograba cabrearme un poco.


Pero no debo preocuparme, la convivencia no será por mucho y no tengo porque compaginar con él. Puede que esta sea la única clase que comparto con él, además de que sin dudas en poco tiempo centrará su atención en otra persona.


¿En mi?, no lo hará. Un pequeño roce no significa nada, es algo sin importancia que tanto él como yo olvidaremos al final del día.


Además tenía cosas importantes que hacer como para centrarme en él, y eso importante tenía que verla justamente a las tres de la tarde.


Atlas es y será un alumno más en este lugar para mí. Él no es relevante.

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