Prólogo
Aburrimiento.
Eso era lo que usualmente sentía el príncipe y heredero a la corona, Kim Taehyung, cada vez que se oficiaba un baile en el Palacio. Le parecía absurdo tener que actuar ante un montón de desconocidos por simple etiqueta, cuando esta gente solamente buscaba beneficiarse de la riqueza de su familia, sus tierras, o los títulos que podían otorgarles. Simplemente le era nefasto todo ese ambiente, pero lastimosamente para él, no tenía otra opción más que seguir las reglas de la Realeza.
Y es que él desde pequeño cuestionó todo lo relacionado con la familia real: desde por qué debía vestir de cierta forma y sentarse de cierta manera, hasta por qué no podía salir a jugar fuera del Palacio con los niños que todos los días veía pasar por ahí, detrás del gran portón dorado. Claro que, conforme fue creciendo, sus cuestiones se enfocaron más en por qué su padre, el rey, debía negociar con personas que claramente sólo buscaban su propio beneficio y que hablaban pestes de él y su familia fuera del Palacio.
Ahora estaba ahí, sentado en su cómoda silla mientras veía a los invitados bailar en el gran salón, el cual estaba iluminado gracias a los enormes ventanales. El piso de mármol estaba reluciente, y los cuadros gigantescos decoraban las paredes tapizadas con una bonita decoración azul rey con detalles plateados. Era una gran ceremonia solamente por su compromiso con Ruby Jane, hija de un general militar importante quien ofreció su ejército y lealtad a la corona a cambio de tierras importantes en el reino para establecerse y vivir cómodamente con su esposa y demás hijos por el resto de sus vidas.
Dado que el príncipe Taehyung nunca se vio interesado por encontrar una esposa digna de ese puesto ni dio señales de querer hacerlo, sus padres tuvieron que recurrir a esas medidas muy a su pesar, y finalmente encontraron una oferta tentadora considerando que últimamente habían estado recibiendo amenazas de otros reinos por arrebatarles sus riquezas y poder.
Nada nuevo, realmente, pero desde la última batalla sufrieron bajas considerables y en cualquier momento podrían ser atacados nuevamente si el enemigo se lo proponía.
—Entonces, sus majestades — comentó el militar con una ligera reverencia hacia los reyes—; confío que mi hija estará en buenas manos.
Dicho esto, el hombre se marchó con un balanceo de lado a lado. El rey y la reina lo contemplaron irse hasta que desapareció entra la multitud danzante, y una vez desapareció de su campo de visión, suspiraron al mismo tiempo y se miraron uno al otro, la reina reflejando cierta preocupación en sus ojos brillantes, mientras que el rey intentaba animarla con una apenas perceptible sonrisa.
—Cariño, ese hombre sigue sin darme buena espina. ¿Qué tal si un día simplemente decide cometer traición y su ejército se enfrenta a nosotros? No estamos en condiciones… — expresó la reina su inquietud.
—Tranquila, ¿acaso olvidas lo ocurrido con los Jeon? No pudieron contra nosotros, y ahora su hijo legítimo y único heredero está bajo nuestra custodia.
—Pero eso fue cuando nuestro ejército era mucho más fuerte y numeroso. ¿Qué te asegura que podemos confiar en este hombre? — insistió.
—Su hija. Se nota a leguas lo enamorada que está de nuestro hijo. Mientras Tae no cometa alguna estupidez y se lleve a cabo la unión de familias, todo saldrá bien.
Jeon Jungkook, proveniente de una familia importante a las afueras del reino se encontraba en ese preciso momento a un lado del príncipe, de pie, mirando un tanto aburrido hacia la fiesta. Y sí, su familia es de quienes los monarcas hablaban hacía unos instantes.
Como acto de buena fe, los Kim decidieron ‘‘adoptarlo’’ cuando lo encontraron moribundo en el campo de batalla junto a los demás soldados de su familia, a cambio de sus servicios como guardia real del príncipe. El chico era muy joven cuando esto sucedió, así que su trabajo como defensor de la corona no comenzó sino hasta unos años después de duro entrenamiento. Si bien, el muchacho nunca renegó ni buscó la manera de escapar, no simpatizaba mucho con el joven monarca.
—¡Taehyung! — una voz femenina se hizo notar de pronto, abriéndose paso entre la multitud.
—Dios nos libre…— murmuró el chico de cabello ondulado y castaño, tratando de mostrar su mejor sonrisa conforme la muchacha se iba acercando.
—¿Quiere que me deshaga de ella, señor? — comentó en un tono burlón el otro chico mientras le mostraba la hoja afilada de su espada al sacarla de su funda unos cuantos centímetros, notando la incomodidad del príncipe y aprovechando el momento para molestarlo.
Sí, era su guardia real y le debía respeto a pesar de ser básicamente de la misma edad, pero aquello nunca fue de real importancia entre ellos. De hecho, ese trato tan confianzudo era lo que mantenía cuerdo al joven guerrero.
—No, Jungkook, gracias. Creo que puedo manejarlo — responde Taehyung, removiéndose en su lugar y acomodando el pañuelo blanco en su cuello que contrastaba con su saco azul aqua. Su mirada estaba fija en la joven que se aproximaba a ellos, presurosa y sosteniendo la rosada falda de su vestido.
—Ay por favor, chica que se acerca, chica de la que sale corriendo. A veces pienso que no es lo suyo y tiene otros… intereses.
El castaño le dedicó una sombría mirada a su compañero, quien le alzaba las cejas de una forma pícara para después enfundar nuevamente su arma justo en el preciso instante en que la joven había llegado a su destino, haciendo una reverencia hacia el príncipe con una coqueta sonrisa. El chico asintió, correspondiendo el saludo, pero manteniendo la seriedad en su semblante.
—¿A qué debo el honor de tu visita, Ruby? — preguntó en un tono un tanto cansado.
—Muy gracioso. Tienes sentido del humor, me gusta. Ven, vamos a bailar. Es crucial que la pareja comprometida baile el vals.
—¿Crucial?
El joven pelinegro apretó los labios en un intento por disimular una risa, pero se ganó la mirada desaprobatoria de ambos de igual manera. Ruby, al no darse por vencida, estiró el brazo para tomar la mano del joven príncipe y llevárselo casi a rastras de ahí, mientras que el muchacho volteaba hacia atrás a su guardia, quien solamente agitó una mano a modo de despedida mostrando sus dientes en una amplia sonrisa. Taehyung lo señaló, para después hacer un gesto con su índice pasándolo en línea horizontal por su cuello, acción que provocó una radiante carcajada en el otro joven.
—Se nota que se llevan bien — comentó Ruby, arreglando su castaña y larga melena como podía con la mano que tenía libre—. O eso aparentan. Me comentó mi padre que él en realidad es algo así como un rehén. ¿Cómo es que no lo tienen en un calabozo después de la alta traición que cometió su familia? Es lo mínimo que deberían hacer.
—Jeon Jungkook no se atrevería a hacernos daño, será un idiota, pero es leal a la corona — interrumpió Taehyung, chasqueando la lengua y siendo guiado por la chica que lo llevó hasta el centro del salón.
—No lo sé, no me agrada. Seré tu esposa y sinceramente no me siento segura con él
—Ruby, ni siquiera lo conoces. Es más, ni siquiera me conoces a mí. Nos vimos por primera vez hace una semana y si acaso hemos estado juntos un par de veces — negó Taehyung, parándose de pronto mientras la chica le acomodaba las manos en su cintura y ella rodeaba los brazos alrededor de su cuello.
—Pero me encantaría hacerlo, pareces un chico encantador. Además, puedes dejar de llamarme ‘‘Ruby’’ cuando estemos solos. Es mi nombre público, pero mi nombre de pila y que sólo mi familia conoce es ‘‘Jennie’’…
La chica se vio interrumpida de pronto por un estruendo fuera del Palacio. Incluso los músicos dejaron de tocar y la gente se paralizó ante tal sonido.
El rey, digno de su título, se acercó a uno de los ventanales con rapidez para asomarse y encontrar a lo lejos, en las profundidades del bosque, una señal de humo, o una trampa. No podía saberlo, pero a juzgar por el sonido parecido al de un cañón, concluyó que podía tratarse del enemigo.
—¡Guardias! Iremos al bosque. Los invitados permanezcan aquí hasta que la situación lo requiera, es decir, hasta que se les avise que es seguro abandonar el Palacio — ordenó.
Taehyung pestañeó incrédulo a las palabras de su padre, soltando a Jennie e ignorando su reclamo al abandonarla para ir con él.
—¿El bosque?
—Que Jeon se quede contigo — señaló el hombre a Jungkook, quien ya se había aproximado a ellos—. Volveré, ustedes quédense a salvo.
El hombre ni siquiera le permitió discutir; se alejó junto a sus hombres y le echó una última mirada a su esposa, quien lo observaba intranquila, pero se despidió de él apoyando la palma de su mano en el pecho.
Mientras tanto, Taehyung se abría paso entre los invitados para salir del Gran Salón, con Jungkook detrás en todo momento y llamándolo, pero siendo vilmente ignorado.
—Majestad, espere. No podemos irnos, su padre ordenó…
—Mi padre ha pedido específicamente que te quedes conmigo y que nos quedemos a salvo — responde el moreno atravesando los amplios pasillos de su hogar—. Y dada la situación, si nos están atacando, creo que el Palacio es el principal blanco del enemigo, así que el término ‘‘a salvo’’ deja de cobrar sentido en este lugar, ¿no crees, Jungkook? Se supone que debes defenderme.
—Defenderlo, sí, pero no por eso tiene que ser un suicida. ¿Y qué hay de su madre? ¿Y su prometida?
Taehyung suspiró pesadamente.
—No lo sé, pero con todo el pánico de la gente mi madre debe estar tratando de mantener el orden. Y Ruby… ni idea, se habrá ido con su padre.
—Eso no es muy alentador.
—Sólo cállate y cuídame la espalda.
Y así lo hizo, pues el príncipe era tan terco que a veces era casi imposible razonar con él cuando actuaba de esa forma. Se dirigió a su habitación, cosa que sorprendió al joven guardia, y buscó dentro de su alhajero una llave, mostrándosela al pelinegro.
—Wow, ahora podrá cerrarles el orto a los malos con esa llave — se burló el chico, pero Taehyung lo ignoró y le dio la espalda para dirigirse a su armario, donde buscó detrás de los abrigos mientras el joven guardia esperaba ansioso por lo que sea que estuviera haciendo el príncipe.
Así pues, Taehyung encontró un orificio que encajaba perfectamente con los dientes de su llave, colocándola ahí y dándole la vuelta para así abrir un pasaje secreto, haciendo que rechine un poco la madrea al mostrar el pasadizo. Jungkook ladeó la cabeza en confusión y se acercó unos pasos.
—Entra — ordenó el joven monarca.
—¿Para qué? ¿Encontrar un mundo secreto al otro lado del ropero?
—Deja de bromear y entra de una buena vez, Jeon Jungkook.
—Disculpe, pero mi trabajo es cuidarlo y mantenerlo a salvo. Y podrá usted ser muy inteligente, pero, perdone mi atrevimiento, lo que está haciendo ahora es muy estúpido.
El príncipe, rechinando los dientes y mostrando su evidente enfado, se dio media vuelta y volvió a entrar al armario para dirigirse al pasadizo sin importarle si su guardia lo seguiría o no, sintiendo el frío golpearlo de pronto, pues el lugar tenía pinta de calabozo. Tomando una de las antorchas en la pared, caminó lo más silencioso posible, sosteniendo la pared con su diestra mientras su vista se acostumbraba a la oscuridad que quedaba, pero el sonido de unos pasos detrás de él lo pusieron alerta.
Sabía que Jungkook no iba a quedarse atrás, más por curiosidad probablemente era porque de pasarle algo a él, lo pagaría muy caro, quizás incluso con su vida. Continuó caminando, escuchando el eco de sus propios pasos mezclándose con los del contrario y su grave voz llamándolo por lo bajo.
—Taehyung…
—Shh… silencio — intentó decir el chico con la voz lo más baja posible.
—¿A dónde se supone que vamos…? — imitó el pelinegro al joven príncipe.
Sin responderle, Taehyung continuó palmeando la pared por severos minutos, haciendo que el joven pelinegro lo mirara extrañado, en guardia todo el tiempo. Permanecieron así hasta el joven monarca encontrarse con un helado metal. Curveó sus labios en una sonrisa de satisfacción y, dejando la antorcha en manos de su compañero, empujó de la reja que los llevaba hacia una escalera la cual se dirigía a un par de puertas de madera. El castaño comenzó a subir seguido de Jungkook, quien para este punto solamente esperaba que no fuesen asesinados por culpa del príncipe tan terco.
Taehyung tomó aire una vez que abrió las puertas, encontrándose con frondosos y enormes árboles a su alrededor. El aroma fresco a pino los envolvió, y una brisa fría los cubrió de pronto al ser bastante noche, haciendo que Jungkook, quien no vestía más que ligeras prendas junto a rodilleras y coderas, se estremeciera y buscara calor, acercándose a su compañero echo una bolita mientras caminaba junto a él, devolviéndole la antorcha.
—¿Cómo es que tiene un pasadizo desde su cuarto hasta el bosque…? — preguntó extrañado, pues nunca le habían mencionado algo como eso ni había visto al chico usarlo.
—Es en caso de algún ataque al Palacio, que la familia pueda salir sin peligro… mis padres tienen también un pasadizo en su habitación que los lleva a un punto cercano de aquí — le explica mientras caminaban por la zona, atento a cualquier sonido cercano—; y después nos reunimos todos en un punto en común que tenemos.
—Entiendo
Debió suponerlo, ya que en su familia tenían algo así en su hogar. A veces, Jungkook se preguntaba si aún habría algún familiar suyo que estuviese escondido por ahí, buscando la manera de contactarse con él; pero luego de casi 5 años sin tener siquiera un solo indicio de que eso podría suceder, decidió darse por vencido con ello.
Era absurdo, su familia y su ejército fue masacrado por el ejército de los Kim y él había sido el único sobreviviente. Más que afortunado, se sentía miserable por tener que vivir al servicio de esas personas. Al inicio fue incluso más difícil, pues no dejaban de recordarle que les debía la vida y que tenía que obedecer, pero al pasar de los años, pensó que se habría ganado un poco de su confianza, al menos la del joven príncipe.
Realmente no podía quejarse, la familia Kim había sido considerablemente amable con él; tenía su propia habitación, un rango importante y comida tres veces al día que consistían en más que agua y pan. Era un paraíso a comparación de lo que otros prisioneros vivían.
Antes de poder preguntarle algo más, Taehyung lo detuvo de golpe al estirar el brazo a su lado y presionar su pecho con la palma de su mano, apoyando después el dedo índice en sus labios en una señal que debía guardar silencio. Jungkook asintió, llevando su diestra hacia el mango de su espada en caso de necesitar desenfundarla, y cuando su compañero reanudó sus pasos, lo siguió atento a sus movimientos.
El crujido de una rama lo hizo volver a pararse en seco, pero el joven príncipe se adelantó. Jungkook entrecerró los ojos tratando de visualizar algo más, notando a unos cuantos pasos del príncipe gracias a la luz que emanaba del fuego de la antorcha lo que sería una…
—¡Trampa! Taehyung, ¡ten cuidado!
Pero era demasiado tarde. Incluso aunque el joven guardia se acercó corriendo al príncipe para detenerlo, este ya había colocado un pie en la trampa, haciendo que perdiera el equilibrio. El castaño, con todo el caos, intentó sostenerse de la camiseta de su guardia, logrando solamente que ambos cayeran en el oscuro abismo, la antorcha apagándose al segundo para envolverlos en la oscuridad total. Jungkook, intentando usar sus instintos de supervivencia, se cubrió con los brazos la cabeza antes de dar contra el suelo.
Fue lo último que supo antes de sentir un fuerte golpe y perder momentáneamente el conocimiento por el agudo dolor.