El amigo de oro

Summary

Min Yoongi esta pasando por la muerte de su novio, Jeon Jungkook. En medio de su dolor y desconcierto su dedo apunta a una sola persona culpable, su amigo Park Jimin. "De verdad, eres un amigo que vale oro".

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1

20 de abril del 2000


Se suponía que el verano debería de haberse acabado ya en estas fechas, pero en sol se prendia en lo alto y los chicos salían a disfrutar el calor que se mantenía fuertemente. El cambio climático estaba haciendo lo suyo, o eso decía su padre cuando se sentaba en su antigüo sillón a quejarse de las noticias nacionales.

Ese día transcurría sin nada distinto, es raro pensarlo, ya que afuera, en el mundo, pasaban millones de cosas a cada minuto, y ella, como reportera, no estaba enterada de ninguna. No quería cualquier noticia tampoco, deseaba una que se ajuste a su título de “ Licenciada en comunicación social”. Demasiado adorno a su parecer, solo es periodista.


— Ji-Ah, ¿Estás ocupada? — Min-Jung estaba parado en la entrada de la oficina, dando unos leves golpes a la puerta de vidrio — Necesito tu ayuda.


— Te costará un almuerzo — reclinada en su silla lo apuntó — Uno costoso, eh — el chico dio una sonrisa en afirmación — ¿De que se trata?


— Necesito que me cubras en una nota.


Por supuesto que dudo.


— A ti te encanta estar en terreno, ¿Qué pasa con este trabajo en particular?


— Me llegó de imprevisto, está sucediendo ahora y no tengo espacio.


– ¿En dónde? — pregunto sin más. La chica arregló su postura relajada para tomar su lápiz azul favorito, y un block pequeño de notas que mantenía en el escritorio.


— En el centro, en la calle Lili blanch.


— ¿No hay número?, o ¿Está en la calle? — el chico soltó una risa. Ji-ah no podía expresar la forma en que esas actitudes le hervía la sangre. “¿Qué te cuesta solo contestar?”.


– No lo necesitas, lo verás enseguida — hablaba como si le acabaran de decir la cosa más chistosa. Ji-Ah no se consideraba una comediante, tenía sus momentos, en donde la oficina se juntaba para hablar de cosas cotidianas y trataban de hacerlas pasar por chistosas para agregarle sazón a la vida, pero este no era uno de esos. Así que la chica mostró una cara confusa, el chico solo se fue.


Ji-Ah había hecho varios reportajes en su vida, pudo construir su carrera en el poco tiempo que comenzó en la empresa. Aparece en la televisión de vez en cuando, a veces comentarista, a veces escritora de guiones, pero en el lugar que estuviera se encontraba feliz por trabajar en lo que le gusta.


Levantándose del asiento de cuero, tomó el vaso plástico en el que estaba su café ya terminado, nunca era mala idea tomarse uno, aun si eran las cinco de la tarde.


Min-Jung solía hacer propuestas de trabajo inesperadas, nunca eran interesantes, eran trabajos pequeños como ir al lugar donde hubieron múltiples asaltos o para conmocionar al público mostrando a un pobre gato que no podía bajar por sí solo de un árbol. Tal vez, en esta ocasión tendría que improvisar un guión motivacional en algún asilo de ancianos.


Apresurada, se acercó a buscar a algún miembro del personal que pudiera ayudarla con la tarea de mantenerla en el encuadre sin que temblara la cámara. Seung se ofreció a tomar la desprevenida oferta y ambos subieron a la camioneta con el logo de la cadena de televisión a la que pertenecían. Se leían las siglas “ BBB” en los costados del coche, ¿Que quería decir?, quién sabe, con el tiempo se le fue olvidando.


Después de un par de calles avanzadas, el vehículo hizo el amago de girar en la esquina, pero se detuvo dando un frenado instantáneo, provocando que el cuerpo delgado de la mujer se inclinara y pudiera ver sus propios pies.


— Maldita sea Seung, ¿Estás malditamente loco? — sus manos fueron a presionar el lugar donde debería estar su corazón, si es que aun seguía con ella. Sus fosas nasales se expandieron y contrajeron tratando de pasar el aire necesario, se había llevado un susto de locos.


Movió el rostro indignada para ver a su compañero que aún no ofreció las disculpas correspondientes, pero solo calló al observar cómo la gente pasaba por enfrente del coche, incluso ofreciendo golpes al parachoques. “Mierda, esto es grande”, intentó decir cuando captó la nube de humo expandiéndose y llenando el cielo. Soltó las mangas de su chaqueta de cuero, las cuales atrapó en el susto anterior, su boca se abrió lentamente y sus ojos siguieron el camino de humo, cayendo sobre una secundaria que nunca antes había visto.


— Dios mio bendito — escuchó decir a una mujer que pasaba por el costado del vehículo, llevaba un rosario de plástico blanco en las manos mientras se acercaba a los policías que se encontraban regulando la situación.


— ¿Una secundaria? — preguntó Seung después de un pequeño análisis.


— No desprestigies mi nota — sus manos fueron a parar a la parte trasera donde selecciono un cable en específico junto con un micrófono — Vamos, vamos, trae tu cámara, debemos captar el desastre.


Al salir, tuvo que contraer la nariz por el olor tan potente del ambiente, las cenizas revoloteaban a su alrededor y sus zapatos blancos se mojaron un poco al tocar el suelo, se notaba que los bomberos ya estaban en acción. Las luces de los vehículos de emergencia parpadeaban en coro con una fiesta de luces intermitentes, iluminando la escena que parecía sacada de una pesadilla. El aire estaba cargado con un aroma acre y a quemado, y el murmullo constante de los equipos de rescate resonaba en el fondo.


Sintió al camarógrafo acercarse por su espalda y comenzó a correr cerca del tumulto de gente, suponiendo que eran los vecinos de la comunidad. Las patrullas iban y venían, junto con un par de camiones gigantes de bomberos que bloqueaban la visibilidad del edificio, aunque no por completo. Se lograba observar cómo aun las llamas se extendían por los corredores de un edificio apartado de la entrada principal, en el último piso para ser exactos, en lo más alto. Todas las personas presentes dieron un grito al observar como un trozo del edificio caía. “Dios mío todopoderoso” escuchó chillar a una señora a lo lejos. ¿Que tenían las señoras por citar a dios en cada frase?, su madre nunca lo hizo.


Se abrió paso entre la gente para poder acercarse al cordón que separaba al desastre de la gente histérica. Se leía en letras claras y gruesas “prohibido el paso”. Empujó a unas cuantas personas que decidieron que eran dueñas del lugar por estar antes que ella. Existe gente muy desagradable, la verdad.


– Oficial — llamó – ¿Que nos podría decir de este incidente? — se encontraba gritando las preguntas para captar la atención de uno de los oficiales que estaban custodiando el sector — ¿Tienes lista la cámara? — preguntó al aire mientras veía al sujeto acercarse. Su compañero le dio una respuesta afirmativa– Perfecto, enfocame.

— ¿No harás una presentación de la situación? — pregunto detrás de cámaras.


— En la central se encargaran de eso, pondrán algún titular que mantenga la atención — se removió inquieta en medio de la masa y se alzó de puntillas, moviendo el brazo para que el uniformado la viera precisamente a ella— por ahora necesitamos respuestas – el oficial se posicionó detrás de la chica, pudiendo captarlo la cámara — Hola, disculpe por interrumpir su trabajo, pertenecemos a la BBB, estamos en vivo, ¿Cuál es su nombre?


— Jae-Won— respondió ronco a la banal pregunta, estaba harto de gritarle a la gente se mantuviera alejada. Ahí estaba su recompensa al tratar de que la gente no se expusiera al peligro, una raspada de garganta.


— Oficial Jae-Won, ¿Que nos podría contar sobre este acontecimiento tan inusual?, no suelo ver incendios en instituciones de educación — movió el micrófono hacia el uniformado.


— Bueno, la verdad es que no me han dado mucha información al respecto, pero se que el incendio fue provocado por una exposición en el último piso del edificio más alejado de las actividades diarias de los alumnos — movió la cabeza, como afirmando sus palabras.


— ¿Qué sucedió con las personas dentro del recinto?, porque se encontraban en clases, ¿No?– volvió a ofrecerle el micrófono.


— Sí, las personas fueron evacuadas de manera inmediata, antes de que apareciera el personal de policía, todos los alumnos y profesores se encuentran fuera de peligro.


— ¿No hay heridos? — Antes de que el hombre pudiera responder la pregunta un montón de flashes se dispararon y se observó como unas personas vestidas de rojo — supuso que eran los paramédicos—, transportaban una camilla con dificultad, la cual iba tapada con una gran manta que — consideraba — debería de ser de otro color que no fuera blanco, porque se encontraba completamente empapada de rojo.


Lo de dificultad era completamente cierto, la camilla tambaleaba de un lado a otro y los tres trabajadores tratando de que no fuera posible ver el cuerpo, contaban con unos rostros pálidos, aparte de manchados de una especie de tinta negra. Supuso que lo negro era el color natural que dejaba las cenizas.


Ji-Ah dio unos quejidos tratando de encontrar las palabras correctas para poder transmitir algo al público que la observaba por la televisión en sus casas, pero la garganta se le contrajo al ver como un chico de pelo crespo se lanzaba al suelo detrás de los camilleros. Se le vio mover la boca, con los ojos fijos en él como la camilla era dejada dentro de un camión y partía su andar. La chica no pudo evitar sentir que el aire le faltaba por la presión en su corazón.


Se escuchó al chico chillar un gran “NO”, pareciendo no estar consciente de estar llorando frente a todas esas personas desconocidas. “No, no” repetía el chico en el asfalto “Él no puede morirse, no, no”.


— No puede ser… — modulo con un poco de dificultad. Sus ojos se aguaron por un momento al presenciar una escena tan… personal como lo era esa, ella más que nadie lo sabía. Volteo a ver a su compañero de trabajo que trataba de enfocar al adolescente que golpeaba el suelo con sus puños mientras se deshacía en lágrimas.


— Ey, vamos a movernos un poco, porque esta escena es demasiado… conmocionante — en ese instante apareció entre las rejas de la institución a un hombre de traje, a quién pudo catalogar al instante como el director del instituto. Decidiendo en ese momento que era más ético grabar y pedir explicaciones al estirado que poner en televisión nacional a un niño llorando por la pérdida de alguien, se acercó y habló.


Que doloroso era perder a alguien, y más cuando uno no está preparado.


— Disculpe, señor, ¿Qué puede decirnos sobre el accidente? — millones de micrófonos aparte de ella se posicionaron frente al hombre al gritar la pregunta. Al estar más cerca, supo de inmediato que no se había equivocado en su suposición, pues en su traje bien planchado se encontraba un gafete con el enmarcado “Song-ju, Director”.


— Con la ayuda de bomberos fue posible acabar con la propagación de las llamas, aún falta que llegue un personal capacitado para darnos la raíz del problema, pero nos adelantaron que se trató de una explocion por un mal cálculo en los laboratorios de química. Afortunadamente, la mayoría del alumnado pudo evacuar.


— ¿Que nos dice de la persona que acaba de sacar los paramédicos? — La pregunta fue gritada desde lejos, logrando llegar al sujeto entrevistado. Ji-ah sintió un pequeño escalofrío cuando el recuerdo del chico golpeó su mente, moviendo los ojos para ver si seguía en el mismo lugar. No estaba.


— Los paramédicos llevaron al alumno en cuestión a urgencias, esperemos que se encuentre bien, estaba gravemente herido.


— ¿Hay culpables? — la chica aprovechó de tomar la palabra.


— Se está evaluando, pero los policías tienen al posible responsable en sus manos ahora.