Chapter 01
12 años.
Simone... el apellido más odiado en los alrededores de Sicilia, de la Cosa Nostra. Y especialmente ese es mi apellido.
Grité de felicidad. Mis papás a pesar de estar cambiando de casa a diario y de trabajo, siempre me traían a la pequeña casa de piscina, mi favorita, había un hermoso patio y unas grandes vallas para evitar salir, aquí me sentía segura, feliz. En medio de la piscina había una casita de paja, era mi lugar favorito, ahí el agua me llegaba a los hombros, por mi tamaño.
Pedí mi limonada, agradecí, como mis papás me enseñaron y me senté, habían unas sillas en medio del agua. Esto era mi favorito, mis padres habían salido a comprar carne para asar en la parrilla, sonreí al hombre que me cuidaba, mi tío, el padrino siciliano, Francesco.
—Chiquilla. —Me guiño el ojo, a modo de saludo.
Yo le sonreí, mostrando mi dentadura.
—Padrino. ¿Ya volverán mis papás?
Me acerqué a la orilla, tratando de no irme a los lugares donde probablemente me ahogaria.
—Están por llegar, chiquilla, sigue nadando.
Dejé mi bebida en el borde, me gustaba llegar al fondo de la piscina y aguantar la respiración hasta entrar en pánico por falta de aire. Papá no me juzgaba, pero mamá me regañaba a diario por hacerlo.
Dijo "eso es tentar a la muerte".
Se me hizo raro que mis padres tardaran tanto y que mi tio haya desparecido, salí de la piscina con cuidado de no tropezarme, en camino a la casa noto que no están los amigos de papá, los que nos protegen del mal. Al entrar a...
Tres cañones me apuntan, salto pero no me muevo, quedo estática.
—¿Padrino, que está sucediendo?
Me crucé de brazos molesta al tener esas armas casi en mi cráneo. Molesta de que me amenacen con ello.
—Chiquilla, realmente lo siento.
—¿Donde están mis padres?
—No...
—Déjala, merece despedirse de sus padres —una grave y mezquina voz ordenó, no fue un pedido, fue una estúpida orden, mis padres no me dejaban decir malas palabras pero al mirar al hombre, esos ojos, un escalofrío de terror me recorrió, me estaba viendo de una manera que me daba miedo. Quería ver su rostro, pero una capucha lo impedia, pero su cuerpo era como el de alguien más joven que mi padre. Parpadeo, sigo mi camino sin dejar de temblar.
Mis padres estaban en medio de la sala, en una silla, amarrados a cadenas como si fueran perros.
—Soltarlos, ¡ya!
Señalé al hombre, parecía ser el jefe aquí. Vi la negación en mis padres, no me importó, no merecían estar siendo humillados y estando allí.
—No.
Mi vientre dio un vuelco, y entonces me tiré al suelo, a llorar, no muy maduro de mi parte, creerme de ser madura a tirarme a llorar al suelo.
Un «mierda» lanzado al aire fue lo que me hizo llorar más fuerte. Mamá dijo «nunca atraigas su atención, no debes desear o tener la atención de, los o un monstruos». Pero, también dijo «si alguna vez estamos secuestrados, y tu libre, no corras a nosotros, nenita, eso hará mostrar tu vulnerabilidad».
Unos brazos me tocaron la piel, grité, fingiendo terror, pánico o hasta que me iba a desmayar. Pero me taparon la boca, fue ese hombre y alguien tiro de mi cabello.
—Te haré quedar loca, empezando por crearte un trauma.
Vi como tomó a mi papá del cuello y pasó el cuchillo filoso por su garganta, gritó papá y yo solo lloraba, ni un grito. Mamá fue apuñalada 10 veces, y ese hombre nunca despegó sus ojos de los mios, en medio de mi borrosidad lo veía.
A mi papá no le hizo lo mismo, le cortó la lengua y cada uno de sus dedos, luego con un mazo estrechó su cabeza contra el mármol, y murió.
Lo más mezquino es que durante ese tiempo alguien preparaba comida. Hablaron pero mi cuerpo había bloqueado el sonido, los jadeos de mis padres fueron horrorosos. Me tomaron del brazo, el traidor de mi tío, me sentaron en la mesa donde ibamos a comer mis padres hasta que ese encapuchado llegó.
Él se sentó, no muy impecable, se sentó en el sitio que le pertenecía a mi padre.
—Gregory tomará el puesto de tu padre, te criará, veremos eso más tarde.
Me obligaron a comer, comí, hasta que sus palabras me hicieron vomitar.
—La carne humana es de mis favoritas —dijo, alzando un trozo de carne.
La arcada me hizo vomitar en el suelo, por un momento mientras mi estómago se vacíaba escuché la risa más asquerosa.
—Maldito caníbal.
Siguió comiendo, degustando la comida. Mi tío frente a mi estaba callado, como si este hombre tuviera poder sobre él.
—Como sabes, chiquilla —se burló de mi tío, con una amarga risa acompañada—, cometieron traición, los Simone, y no se les debía permitir seguir vivos.
Es un asqueroso.
—El que merece la muerte eres tú, caníbal asqueroso —pero mis palabras no parecían afectarle o importarle.
—Come, tengo cosas que hacer, no aguantar el berrinche de una niña inmadura.
«Te haré pagar con la misma moneda».
Mi estómago dio un vuelco, el solo ver la carne y pensar que era humana hacia poner mis ojos llorosos; asqueada.
Negué. Este tipo estaba loco.
—¡Come, maldita sea! —temblé al verlo caminar hacía mi y obligarme a tragarme la comida—. Niña tonta.
Mordi sus dedos pero este hizo algo aún mas asqueroso, meter dos de ellos hasta darme una arcada.
Busque a mi tío, necesitaba ayuda. Este hombre me daba miedo. No me dejó vomitar, me hizo tragar todo.
Y cuando terminó de obligarme fue a el sitio de papá y siguió comiendo como si nada. Lo observé, tenía un tamaño más grande que el de mi padre, pero se notaba que era joven. No como yo.
Cuando volvió a levantarse me alarme, mi tio también lo hizo, un par de hombres entraron a la casa y me tomaron del cabello, arrastrandome fuera de la casa de piscina. El asfalto raspó mi piel, grité pero nadie tuvo preocupación por mi, ni siquiera mi tío.
—Greta —escuché decir mi nombre entre una conservación, me dejaron en el maletero de un auto y desde ese momento mi vida cambió. Las horas pasaron y empezaba a faltarme el aire, de pronto me desmayé.
(...)
Lo vi, un 666 en su pecho. En el momento en que me llevaron a una especie de oficina, me dejaron en el suelo, y levanté mi mirada, ahí estaba un hombre, no llevaba camisa, solo unos simples pantalones de dormir. Esos ojos, iguales a los de ese caníbal.
—Gregory Denaro —se presentó.
—Tú... ¿el caníbal? —mi voz no salía.
Me sonrió y ese mismo día mi alma fue arrancada por esa horrible bestia.
—Supuse que lo habías olvidado.
—Olvidar como mataste a mis padres y me vives inyectando desde hace un par de día.
—En eso te equivocas, desde ese momento han pasado un año y medio —Dijo, sin burla.
—¿Qué?
—Sí, pronto nos debemos casar, antes de que cumplas tus 14 años.
—¿Casarnos?
—Ah si, aún eres una cría, nos casaremos, serás mi esposa, pero no voy a tocarte, para eso tengo otras mujeres, que son de mi agrado.
Funci el ceño. ¿Estaba diciendo que yo no era de su agrado?
Sí, greta. No le gustas.
—No entiendo.
—Pasaré por tu nueva habitación más tarde, haremos el anuncio de nuestro matrimonio después, ponte algo adecuado.
Mire mi ropa, ¿llevaba un año con esta ropa?
¿O el estaba jugando conmigo?
—¿Que es lo que quieres de mi, Denaro? Soy una niña.
Él de sentó y no pude evitar mirar su cuerpo, con repulsión.
—¿De ti? Nada. No eres nadie y no serás nadie sin mi. —Chasqueo la lengua—. Solo quiero que te comportes como una esposa y no desobedescas mis ordenes.
—Tengo 12 años, soy una niña.
—Sí, estoy consiente de ello. Pero tu familia tuvo que darte algo, y yo quiero eso.
Se contradice solo.
Este tipo era un psicópata. Y pendejo.
—No me casaré contigo.
—Lo harás, Greta Simone.
—¿Que recibo a cambio?
Él alzó una ceja, curioso.
—¿Que quieres, niña?
—Una mansión, donde nadie me niegue nada o...
Algo oscuro pasó por sus ojos.
—Serás mi esposa, nadie va a negarte nada.
—¿Ni siquiera tú?
—No, ni yo lo haré.
Sonreí.
—Eso no quiere decir que puedes creer que me estoy dejando manipular. En ello aun no eres muy lista.
—Una mansión, para mi sola, y...
Se tensó, si este hombre quería lo que mis padres supuestamente me dieron, entonces haría de todo para mi.
—Televisión, comida, fiestas, días de piscina. Pero sobre todo, que no vivas conmigo y solo vayas a visitarme un par de días.
Lo último no le gustó para nada.
—Eso cambiará a penas estemos casados. Quiero que estudies, pero que también estés en nuestra casa. —Se levantó y se acercó con aire amenazante—. Y no se te ocurra dejarte follar por alguien, si lo haces saldrás muerta, Greta. No eres mía pero nadie debe tocarte, nadie. ¿Entendido?
—Bien.
Con discreción miré por la ventana de su oficina.
Mamá siempre decía que los hombres con tal de meter su polla en nosotras harían cualquier cosa. Entonces por qué este hombre no quería, no me veía con deseo como lo hacían algunos amigos de mi papá.
Dios, ¿en serio estaba queriendo gustarle?
Negué para mis adentros, miré su cuerpo una vez más y me ayudaron a salir de ahí.
—Todo está en el baño, toallas, cepillo, maquillaje y cosas de tu uso personal. Tu ropa está en la puerta de allá —la criada señaló el ropero.
—Gracias.
Me encerré en el baño, el reflejo del espejo llegó a mi y salté. Mi rostro estaba diferente, y mi cuerpo también, las costillas se filtraban.
Creo que si ha pasado un año y medio como él dijo. Estaba flaca porque me tenían a punta de droga, y esa mierda me quema el cerebro.
Apresuré mis movimientos entrando a la ducha, un suave gemido al sentir el agua dejé caer.
«El azul de sus ojos; fríos como las noches en Alaska, mi piel áspera como sus dedos, escalofriante como su toque y...».
«Lleno de peligro como una noche al lado de un Denaro Mancini».
(...)
23 años.
GREGORY DENARO
Rebelde.
El adjetivo perfecto de Greta Simone, pero no era el único que le quedaba bien.
Solo es una niña inmadura, sin saber todo el peligro que la rodea, y ahora aún más al ser mi prometida. Nos llevamos 10 años de diferencia, hasta podría ser mi hija. No estaba muy contento en tener una esposa que fuera una jodida e inocente niña, ya fuera demasiado incompetente e irritante.
Salí del despacho, cumpliria su capricho, era mejor tenerla contenta a escucharla gritar como todas las noches cuando estaba con los efectos de una droga que la hacía perder el conocimiento del tiempo.
—Debes dejar de drogarla —la voz de mi padre invade mis oidos, seguí caminando, deseando y suplicando que ya diera su último aliento para siempre.
—¿Por qué? Pensé que la odiabas.
—No quiero que mis nietos sean defectuosos —escupió, este hombre odiaba a todos, incluido a su hijo; yo.
—No pienso tocarla.
Nunca le pondría una mano encima.
—Lo harás, quiero nietos pronto. Ya estoy viejo... —su discurso fue opacado por mi voz.
—Tendré hijos, no te preocupes.
Enfureció.
—¡No quiero nietos de una paria! ¡No con una puta, Gregory Alexander Denaro Mancini!
Dejé escapar una risa sin humor.
—Jodete, Luca.
Cerré la puerta de mi auto al estar dentro y salí de la mansión a toda velocidad.
(...)
Horas más tarde estaba en una mansión que estaba seguro que a la niñita le encantaría.
—Está en una zona alejada pero costosa, como lo había pedido por el celular. ¿Le gusta?
—La quiero, no rentada, la quiero comprar, a mi mujer le gustará. —La mujer me tenía hostigado con tanta insinuadera.
Pero eso fue como darle un incentivo.
Al final me dejé llevar, no tenía un mal cuerpo y necesitaba liberarme.
(...)