Mi amada, eterna Emperatriz.

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La venganza es un atajo para llegar al amor.

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Sus ojos, el inicio de nuestra historia.

Start writing here…La vida está llena de lamentos y llantos, pero siempre encuentras una pequeña vela entre tanta oscuridad. no importa si es en lo profundo de tu alma, o te hiere directo en tu mente y sentimientos. yo encontré mi pequeña vela, frágil, delicada y se desgastaba con cada segundo.

Sentada del lado del emperador en el trono, miraba sin expresión alguna a los nobles arrodillados frente a nosotros jurando su lealtad después de escuchar sus órdenes. No sentía nada, no decía nada, solo era una decoración más en el palacio imperial.

Mi padre había muerto por razones extrañas diez años atrás cuando yo tenía doce. era su única hija, su princesa, su dulce e inocente Zhuelieng.

Su mano derecha, el general Tian tomó el trono con el permiso de mi padre antes de morir y mi vida cambió por completo.

Cada emperador debía tener siete concubinas y una reina, mi madre venía de una familia que se dedicaba a traer jóvenes nobles al mundo para ponerla como reina, así que ella era la Emperatriz de mi padre, y la amó hasta el último día, que fue el mismo día que nací. La concubina imperial Ruo, después de la muerte de mi madre me adoptó como su hija y me amó cada segundo, pero meses después de la muerte de mi padre y la toma del trono, el emperador Tian ordenó decapitar a todas las concubinas de mi padre trayendo vulgares mujeres a su harén, entonces perdí también a la concubina Ruo y me quedé sola en el palacio.

Como hija del antiguo emperador, Tian me tomó como su esposa a mis trece años y empecé a ser la burla del todo el palacio, no me permitió estudiar sobre las leyes de mi imperio y me confinó en mi habitación.

A veces era mandada a llamar a su habitación por la noches y era obligada a ver como tenía sexo con sus vulgares concubinas. una de ellas sostenía mi rostro para que no apartara la mirada y las demás se revolcaban con él delante de mí mientras se burlaban, hasta que una noche sus concubinas dejaron de gustarle y puso sus ojos sobre mí. mató mi inocencia y me volvió una mujer sin alma, sin voz, sin sentimientos.


Tian terminó su reunión con los nobles y volví a mi habitación. Salí al pasillo y miré sin expresión alguna el paisaje.

un pájaro aterrizó cerca de mí sobre la varanda del piso y lo miré sin expresión. fui rápida y lo tomé antes de que se fuera. apreté lentamente su cuello mientras chillaba y lo vi morirse en mis manos. lo tiré fuera del pasillo y lo ví caer sin resentimientos.

Mi sirvienta me miró con horror y le sonreí aterradoramente, así que salió huyendo.

Mi actitud empezó a asustar al emperador, así que jamás volvió a tocarme, pero no me importaba, ya me había dañado.

A veces lograba salir del palacio, no necesitaba su permiso, pero habían guardias obstinados que no me dejaban Salir. la primera vez que asesiné a uno de ellos frente a todos, fue el último día en que alguien me miró a los ojos y me negó algo.

Salí a la plaza de mercado con mis dos sirvientas, ella detrás de mí en un carruaje diferente, pues no soportaba verlas mucho tiempo y seguro que ellas a mi tampoco.

La plaza de mercado estaba repleta de personas, la música y el bullicio de la gente hacia que me sintiera un poco menos sola, pero era mi culpa sentirme sola, supongo, no podía tener un amigo y no matarlo a los tres días.

Mientras pasaba por la plaza, noté como un hombre arrastraba a chicos jóvenes sucios y encadenados hacia la gran tarima de la plaza. no pude evitar acercarme y cuando lo hice, una orquilla se calló accidentalmente de mi cabello. Uno de los esclavos jóvenes encadenados, luchó por llegar hasta mi lado y con sus manos atadas, se arrodilló sobre el suelo y tomó mi horquilla entre sus manos. Lo ví mirarme fijamente. su cabello largo caía sobre su sucio rostro, pero sus ojos eran más puros que cualquier cosa que hubiese visto jamás. en cuanto me miró, es como si hubiese visto los ojos de la concubina Ruo. Tomé lentamente la horquilla en mis manos mientras lo miré, pero el esclavista tiró de la cadena y lo hizo retroceder para llegar hasta la tarima.

Me acerqué a ella con curiosidad y ví como todos eran subastados. El hombre hablaba maravillas de los chicos que tenía atados. que eran cervicales, leales, callados y que podían hacer cualquier cosa con ellos mientras que la gente se quejaba de su alto  valor.

Me acerqué a la tarima y tiré una bolsa con oro al hombre, no dije nada, solo señalé a aquel muchacho de ojos encantadores.

El sonrió esperanzado al ver que fui yo quien lo compró. el hombre lo desató y el corrió hasta mí, pero me di la vuelta y caminé hacia mi carruaje mientras lo sentía seguirme.


-- Señora...señora, espere por favor...no puedo ir tan rápido.--


su voz delicada y frágil me hizo detenerme y mirarlo con curiosidad.


-- ¿que quieres? --le dije inexpresiva.--

-- Ahora que soy su esclavo, mi deseo es servirla. permita que me quede a su lado.--


Lo miré por un momento y fufé mostrando una leve risa.


-- Nunca en la vida.-- le dije.--

-- Pero usted me compró.-- 


Hasta ese punto, era la conversación más larga que había tenido con una persona real desde los trece. aún así me rehusaba a llevarlo conmigo, aunque dijera que era porque no me gustaba, en realidad era porque algo me hacía tenerle compasión y lo estaba librando de mi misma sin decirle.


-- te compré porque me diste lastima, ahora lárgate.--

-- pero no tengo a donde ir más que con usted.--


Era lógico que no tenía la menor idea de que yo era la Emperatriz, porque de haberlo sabido hubiera huido despavorido o eso era lo que yo pensaba, porque todos los que me conocían hacían eso, y los que no, era porque estaban obligados a estar a mi lado.

le di la espalda y le dije.


-- Es tu problema.--


Sentí como su mano sacó una de las horquillas de mi cabello y me volteé a verlo con los ojos como platos.

pude sentir el miedo palpable de mis sirvientas detrás de mí que miraron horrorizadas pensando en el horrible final que tendría aquel osado chico por tocarme.

antes de que pudiera decirle algo, él me dijo.


-- Soy SU problema ahora. si un amo le da una prenda a su esclavo significa que lo tendrá hasta el día en que le quite la prenda.--

-- ¡Yo no te la di, me la robaste!--

-- pues ahora la tengo, y si nunca vuelve a sus manos, significa que estaré con usted para siempre.--


La osadía de ese chico me sorprendió, era sincero, no como los nobles que se inclinaban ante mi por miedo e hipocresía, el era diferente. sus ojos estaban llenos de inocencia que no me atreví a destruir.

lo vi guardar mi orquilla en su pecho y sonreirme triunfante.

Si el amo le da la prenda al sirviente y luego lo separa de él sin quitarle la prenda, ambos morirán horriblemente, no creía en esas tonterías pero lo había escuchado tantas veces en el pasado que me daba miedo.

Nadie me había  escuchado jamás levantar la voz, pero el lo provocó y se sintió de algún  modo liberador.

me volteé a ver a mi sirvienta y le dije.


-- Llévalo al palacio y póngalo en jardinería, muy, muy, muy lejos de mí. -- me volteé a mirarlo y le dije.-- debes saber desde ahora que has cabado tu propia tumba.--


me subí a mi carruaje y lo escuché gritarme.


-- ¡no puede alejarme!.--


mis sirvientas lo subieron a su carruaje y mientras avanzaba, no pudo detener  su curiosidad, así que le preguntó a ellas.


-- ¿por qué la señora da miedo? es tan hermosa y se ve delicada pero en realidad tiene un carácter fuerte.--


Ellas se rieron y una de ellas le dijo.


-- Te metiste en la boca del lobo, pequeño tonto. en unos días, estaré recogiendo tu cadáver del y limpiando la sangre del suelo.--

-- No diga eso. Aunque parece dura, se nota que tiene un alma dulce.--

-- Es la primera vez que escucho a alguien decir que ese demonio asesino tiene alma. ha matado a la mayoría de sirvientes incluso frente a nosotras, la Emperatriz es malvada, no te fíes de ella por su rostro hermoso.--

-- ¿que...? ¿Emperatriz? --


El no podía creer que yo fuese la Emperatriz, y aun así, aún después de saber quién era, no huyó, se empeñó en querer dedicarme su vida porque yo lo había salvado, y supuso que si lo hice, tendría también el derecho de matarlo, aún si tenía miedo.

En el carruaje, traté de no pensar en él, en esos ojos fantásticos que me devolvieron a mi infancia por alguna razón, a la infancia en la que era feliz bajo los cerezos.

la ausencia de mi orquilla, de saber que estaba en sus manos y saber que se negaría a dármela, por alguna razón me hizo sentir  esperanzada.

Al llegar al palacio imperial, fui enviada a buscar por el emperador y un rato más tarde, estuve  arrodillada frete a él, obligada.


-- El  asesinato de una de mis concubinas fue repentino. --me dijo.-- ¿fuiste tú?.--

-- ¿quieres evidencias de que fui yo?.--


El emperador se levantó de golpe y se dirigió hasta mí molesto y me abofeteó, pero lo miré sin expresión alguna. no me importaba.


-- Maldita perra, es una lástima que no pueda matarte. tu padre era tan estúpido como tú.--


sabía lo que estaba haciendo, intentaba provocarme para que yo reaccionara ya fuese con dolor o con ira, pero que reaccionara.  sabía que me temía, que no soportaba mi rostro  sin expresión. a pesar de no poder disfrutar el placer de matarlo,  disfrutaba ver que después de años de tortura, de alguna manera me temía.

desde el jardín principal del palacio, se podía ver a lo lejos, el tercer piso del hala este, el cuál era mi piso, y por alguna razón y obra del destino, el chico esclavo fue a parar en ese jardín.

Mis sirvientas le otorgaron una pequeña habitación compartida con otros jardineros y le advirtieron con seriedad.


-- Escucha esto muy bien, muchacho...--

-- Afser, me llamo Afser. -- dijo él.--

-- Como sea, escucha. Ese piso de allá, es el hala este, y en el tercer piso, están los aposentos de la Emperatriz. no se te ocurra por ningún motivo poner un pié ahí o te matará. si aprecias tu vida, es mejor que te olvides de ser el esclavo de la Emperatriz, eres libre de ir a donde quieras, pero jamás a ese piso.--


La advertencia de no subir a mi piso daba más tentación que miedo, pero no subió por semanas, hasta que me olvidé de él por completo y volví a mi vida miserable.

Una tarde me senté a mirar el paisaje vacío y sin gracia para mí desde el pasillo fuera de mi habitación, y lo ví.

Era como un ángel. su largo cabello estaba arreglado y el estaba limpio. aunque vestía como un sirviente, se veía diferente de ellos, desde la lejanía parecía un espejismo, paseaba de aquí allá y de allá acá con un libro entre las manos, y yo solo movía mis ojos a donde el se moviera.

llamé a mi sirvienta y le pregunté sin apartar la mirada de él.


-- ¿Quien ese joven? ¿que hace con un libro en la mano?.--

-- Ese es Afser, mi señora. --respondió.-- el esclavo que compró en la plaza de mercado. Le gusta mucho leer, así que está recitando y aprendiendo leyes.--


Levanté mis cejas levemente mostrando mi interés.


-- Un esclavo que sabe leer, que tontería.--


me levanté y me fui a mi habitación.

En la soledad de mis aposentos, me miré frete al espejo mientras me peinaba y sonreí levemente al recordarlo. su rostro era encantador y parecía ser lo único en el palacio que no se movía por miedo, lo único que no quería destruir.

una noche me encontraba en mi habitación sobre mi cama. mis manos recorrían mi cuerpo con cuidado hasta llegar a mi intimidad mientras me acariciaba con exitación. mis jadeos cilenciosos llenaban mi habitación mientras me tocaba y gemía. el placer me recorría el cuerpo y me hacía temblar mientras lamía mis labios.

de la nada sentí como alguien entró en mi habitación, pero no se movió después de cerrar la puerta detrás de él.

no dejé de tocarme y hice sonar mis gemidos más fuerte hasta correrme.

me levanté desnuda de la cama y me dirigí hasta la puerta. la luz de la luna entraba y era lo único que iluminaba la habitación, pero me permitía verlo. un chico estaba pegado a la puerta sin moverse y yo me acercaba a él con una daga en la mano sin decir nada hasta que llegué a él y puse la daga sobre su cuello.

sentí su cuerpo frío y su corazón latía tan rápido que podía escucharlo.


-- ¿Quien puede despreciar tanto su vida para ponerla en mis manos de forma tan brusca?...¿disfrutaste del espectáculo?.--

-- Señora...yo...perdón...olvidé por completo que no debía entrar este piso pero unos guardias me perseguían y me escondí aquí. no sabia que esta puerta era su habitación. --


Su voz nerviosa por mí me hizo conocer en una persona un nuevo tipo de miedo, aunque no lo capté al principio. corté cualquier lejanía entre nosotros y tiré la daga a un lado. rodeé su cuello con mis brazos mientras disfrutaba sentirlo temblar de nervios en mis brazos. seguía exitada y no dejaría pasar la oportunidad para aprovecharme de su error.


-- ¿acaso eres tú el esclavo osado que compré?.--

-- Sí, mi Emperatriz, soy su esclavo.--


mis ojos se penetraron en los suyos por un momento y abrió os ojos de par en par cuando uní mis labios a los suyos y lo despojé desesperadamente de sus ropas. estaba tenso al principio, pero luego lo sentí acariciarme con igual necesidad.

me puse sobre el en la cama y lo besé sin dejarlo decir nada.

me sorprendió la manera en la que me besaba, con una devoción incomprensible pero suavemente. se puso sobre mi y me miró a los ojos, entonces fue mi corazón el que latía rápido al sentir sus toques.

abrió mis piernas y entró lentamente en mí haciéndome soltar un gemido. se movía dentro de mí sin lastimarme, con delicadeza haciendo que quisiera más mientras me acariciaba.

poco a poco aumentaba la intensidad de sus embestidas mientras nuestros jadeos y gemidos llenaban la habitación y encendían mi cuerpo.

sus suaves besos, complementaban a la perfección sus embestidas.

acariciaba mi pecho mientras yo me dejaba por completo sintiéndolo. pensaba que tenía el control, y así fue al principio, pero al dejarme llevar lo perdí por completo sin arrepentirme.

solo podía aferrarme a él y sentirlo mientras mis labios buscaban los suyos en un intento desesperado de calmar mi éxtasis.

dejé que sus brazos me abrazaran fuertemente en la cama, yo hice lo mismo mientras introdujo todo su miembro dentro de mí y me hizo correrme justo antes de que el lo hiciera.

momentos después estábamos al lado del otro en la cama, agitados.

me senté sobre la cama a su lado y sentí sus intenciones de levantarse, así que puse mis piernas arqueadas sobre las suyas y lo miré a esperas de que rompiera el cilencio, pero en lugar de eso, apartó la mirada avergonzado.


-- Mi señora...--

-- vienes a mi habitación sin mi permiso, me coges como lo hiciste y luego pretendes irte sin más. esclavo descarado.--


tomé su mentón con fuerza y lo hice volver su mirada a mí.


-- Yo lo siento...de verdad lo siento mi señora.--

-- ¿tan mal se sintió probar mi cuerpo que te arrepientes de eso?--


el se incorporó al escuchar mis palabras y me miró.

sus palabras salieron de su boca sin que pudiera controlarlo.


-- De ningún modo, mi Emperatriz. tu  cuerpo es tan  dulce y suave. es un honor para mí tocarte.--


me sonrojé ante sus palabras sin poder evitarlo.

la primera vez que un hombre causó ese efecto en mí, era intrigante pero yo lo consideraba peligroso.


-- Mi Emperatriz, si no te gustó como lo hice, puedo intentarlo de nuevo. tu placer es mi mayor logro.--


puso su brazo alrededor de mi cintura y me recostó sobre la cama.

abrí los ojos de par en par,  pero antes de que deseara tenerlo de nuevo, lo empujé hacia atrás.


-- Lárgate antes de que pinte de rojo mis aposentos con tu sangre.--


me miró por un momento confundido, pero luego se vistió y se fue.

a la mañana siguiente, mientras mi sirvientes arreglaban mi mesa para desayunar, estaba frete al peinador y veía sus movimientos distaidamente. luego sentí la mirada de uno de ellos sobre mí y lo busqué con la mirada en el reflejo del espejo. entonces lo ví, era Afser, tratando de ocultar su rostro manteniendo la mirada baja mientras me miraba con desdén y ayudaba a los sirvientes a organizar la mesa ¿solo estaba ahí para verme?.

Dejé que lo hiciera, dejé que me observara mientras me pinaba, no se porqué, pero me gustaba sentir su mirada sobre mí. era una sensación diferente que hacía que a mi corazón le fuese difícil rechazar.

Así fue por unos días más, entraba en mi habitación y se mezclaba entre los demás sirvientes conformándose solo con verme mientras yo pretendía no verlo. me gustaba ese juego, me gustaba ser observada por sus ojos sin intenciones maliciosas.

Unos días después, tenía que presentarme en la sala del trono para adornar el trono de Emperatriz como siempre lo hacía, callada, sin expresión.

en el imperio había un problema el cual no se había podido resolver ni con el poder que decía tener el emperador Tian, uno de los generales que lideraban su ejército en las batallas, sacó la cara por sus soldados y pidió la presencia de sus gobernantes.

el general estaba parado frete a nosotros rodeado por cinco soldados y exponía su problema.


-- No sabemos cuanto tiempo más podemos mantener las fronteras, Emperador. nos quedamos sin comida y suministros médicos. no hemos recibido nuestros pagos mensuales tampoco y nuestras familias. están en malas condiciones. los soldados enfurecen y se preparan para una rebelión si no nos da lo que nos corresponde.--


El emperador lo miró con los ojos ardiendo en furia y le gritó.


--¡como se atreven! ¡todo aquel que intente revelarse será asesinado al instante! les he dado mi promesa de pagarles en cuanto el tesoro de Acar llegue a nuestro imperio.--

-- pero, señor. eso fue hace ya dos meses, y no recibimos nada todavía.--


El general me miró a mi sin decirme nada. permanecí imperturbable y le dije..


-- No esperen ningún pago, su emperador solo sirve para mentir.--


Tian me miró lleno de odio y todos en la sala se alarmaron por mis palabras y yo sonreí maliciosamente.


-- Después de todo, no me importa si se mueren todos, o si a este imperio se lo traga la miseria junto conmigo y su emperador.--


Después de la horrible reunión con el general, Tian se quedó a solas conmigo en la sala y me tomó del cabello para tirarme al suelo.


-- Solo lamento que no te hayas suicidado hasta ahora.--


lo miré desde el suelo con una sonrisa siniestra, y el se  lanzó sobre mí para pegarme.

intentaba cubrir mi rostro mientras cada golpe lo sentía arder contra mí. no podía defenderme, no podía morir  y nisiquiera sabía por qué.

Tian no paró hasta ver que mi rostro ensangrentado y mi cuerpo inerte. mandó a llamar sirvientas para encerrarme en mi habitación.

me apoyaba de ellas mientras gotas de sangre caían de mi nariz rota y casi no podía caminar.

Afser se dirigía a su habitación por los mismos pasillos en que yo era llevada a mi habitación, y me vió horrizado al ver mi rostro sangrante y siendo casi arrastrada pero no se movió por su asombro.

su mirada se cruzó por un momento con la mía antes de desmayarme por completo.