Hazme ser mami (Kookmin - boypussy)

Summary

Fui al gimnasio a entrenar pero aprendí a montar. Adaptación autorizada por parte de @ssempai6jk

Genre
Erotica
Author
Val 🍒
Status
Complete
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Jimin peli-rosado; 19 años; 1.57 cm

Jungkook peli-negro; 29 años; 1.77 cm.


Una pequeña botellita con agua, de un color violeta pastel era tomada por unas tímidas manitos, mientras que el dueño se adentraba al gimnasio lentamente. Solamente ladeó su cabeza para sonreírle con una falsa libertad a su madre que la despedía del auto, si tan sólo supiera que se encontraba tan nervioso que el pompón de su cola se removía como una campana.


Luego de tantas insistencias de parte del más pequeño de la casa, allí estaba. Un topcito deportivo que ahorcaba esos redondos pechitos de melocotón, y dejaban vislumbrar un ombligo levemente rellenito. Más abajo se encontraba una calza jodidamente corta, que llegaba por arriba sus rodillas y que amenazaba en ascenderse aún más arriba.


Madre de Dios. Jimin tenia las curvas más preciosas para sellarlas mientras alguien lo jodia por detrás, y era tan tonto en no darse cuenta del trofeo que era. Sumergido en las comparaciones, mirando a las chicas que ejercitaban frente a él, no se dió cuenta que hubo alguien que cuando entró detuvo todo lo que hacía.


Desde hace mucho no se trababa tanto en hablar, y esto le avergonzó. Sus alumnas se rieron solamente pero continuaron obedeciendo la rutina. Uno de los trainers de ese prestigioso gimnasio era él, el hombre por el que todas las chicas gastaban su dinero en sus clases para sólo obtener una sonrisa, y en vez de crecer en su actividad fisica parecía que engordaban a propósito para tenerlo aún entrenándolas.


No era una crónica saber que a más de alguna se le mojaba las malditas bragas por Jeon Jungkook. Joder, era el entrenador más caliente de la ciudad, luciendo un delicioso piercing entre sus labios y una mirada tan feroz para un orgasmo. -Oh, ¿estás muerto por ese nene, verdad? - Uno de sus compañeros de trabajo se rió levemente a su lado.- El quiere una sesión personalizada, se llama Jimin.


¿Sesión personalizada? ¿Qué era esto?


Esto era la puta gloria, de tan sólo imaginarselo entrenarlo y, ser el único espectador de ver como aquella carne sudaba le calentaba de una manera sobrenatural. - Te lo dejo, sólo ten cuidado. Su madre es directora de una institución muy importante.


¿Cuidado? Pff, claro pensó mientras relamía sus labios al verlo tan perdido en la entrada y cubriendo su entrepierna con esa estúpida botella.


(...)


La acelerada respiración se podía oír con facilidad, y una piel pálida siendo bañada lentamente por una capa de sudor estaba volviendo más irresistible la imagen de aquel peli-rosado. Sus cabellos rulosos se movían en cada bajada, y sus pomposos se contraían como los músculos de sus piernas. Pero lo que más se destacaba en ese cuerpito de sirena eran sus mejillas, tan rojizas como lo eran sus tetillas.


Tener problemas con su cuerpo era complicado y, ahora un caliente peli-negro lo esté observando desde atrás lo ponía cachondo como vergonzoso. - Desciende más, y abre un poco más las piernas. - Su ronca voz habló, y envío un escalofrió en el ser puro del menor. Quiso realizar un mohín con sus labios al no entenderle, pero tampoco quería responderle, es que Jimin era un conejito tan sensible.


Y eso se lo pudo comprobar cuando de repente estaba subiendo para volver a bajar sintió unas calientes y grandes manos tomarlo de sus voluminosas caderas deteniéndolo, una respiración en su oído lo hizo apretar uno de sus ojitos. -Préstame atención, ¿Puedes hacer eso, melocotón? - Murmuró arrastrando sus palabras con un tono de voz algo caliente, recibiendo un adorable asentimiento.


No se lo había imaginado nunca que el chico híbrido que tenía en sus manos era tan sensible, que cuando terminó de decirle eso sintió como las orejas blancas cayeron a ambos lados en señal de sumisión. Por la mierda, era un bocado de miel. - Eres un buen chico, ¿Lo sabes? Ahora baja. - Fue indicándole dejando aún sus manos sobre su piel. - Eso es, ahora sólo tienes que sacar ese regordete culo hacia mi.


A la mierda dejó el profesionalismo, cuando lo ayudó a empujar su pelvis hacia fuera y con lascivia pasó su seca lengua sobre la mejilla del más bajito. Hizo que se expusiera el relieve de su precioso trasero contra la entrepierna del más alto. Porque vamos, Jeon no era un jodido tonto, él se había colocado por detrás en el momento en que Jimin hizo la sentadilla.


Los gorditos labios del peli-rosado se escondieron en una timidez excitante y, sus manitos atinaron a colocarse en su pecho. - A-Ah, Jungkook n-no...- Quiso hablar pero su alborotada voz lo hizo avergonzar, sus ojitos avellana miraron a su alrededor, las chicas que estaban cerca ya habían terminado su turno pero, aún quedaban personas entrenando, sólo que a una distancia un poco distante.


Podían verse frente al espejo, uno más agitado que el otro, pero con el mismo grado de calentura. - Me haces tan difícil esto, cariño. Cargando un culo tan follable y comportándote como una jodida monja.- El más bajo sólo pudo mirar hacia abajo y, apretar sus belfos con sus dientes, podía sentir sin descaro como algo se endurecía por detrás y, las manos del perforado iban acariciando cada vez más hacia la zona de su entrepierna.


No podía dejarse, no, Jimin sabía que no estaba bien y mucho menos en un lugar público. - L-Lo haré bien, por f-favor. - Ladeó su rostro con temor hacia Jungkook, con sus manitos aún en su pecho y esas orejas de conejo colgando por sus hombros. Dios, era la imagen más preciosa que le daba. Tan virginal y puro. Solamente atinó a sonreír con diversión, pensandolo un poco para jugar con su ansiedad, hasta que asintió.


Antes de alejar sus manos completamente, deslizó una sobre el medio de sus muslos, acariciando aquel coño sobre la tela con delicadeza antes de alejarse. El conejito sólo brincó en el lugar y aún algo aturdido empezó a retomar los ejercicios tratando de no mirar en el espejo como el mayor estaba lamiendo sus dedos con una cabrona sonrisa.


Eso hizo que el pompón de su cola se removiera, y una sensación rara lo emanara volviendo la atmósfera más ardiente. ¿Estaba loco?


(...)


Ya eran alrededor de las nueve de la noche, el sol se había marchado y la luna ahora predominaba entre las estrellas. La mayoría de los jóvenes que estaban entrenando se marcharon, y otros entrenadores también. Sólo estaban ellos en la planta alta ejercitándose, bueno, si a eso se le llamaba que alguien te esté chupando tan malditamente bien la puta vagina mientras tratabas de realizar las tontas sentadillas.


Los ojitos de Jimin estaban llorosos. -Y-Ya no... mgh, p- puedo, ¡uwah! - Llevó su dedo índice a morder entre sus dientitos de conejo cuando bajó con su cuerpo hacia abajo y, otra vez esa lengua tan viscoza lamía directamente su gordita pussy. Sí, directamente, porque el peli-negro no le importó ni una jodida mierda romperle su calza en la área de su jugosa perlita. Mierda que lo había tentado tanto.


Sonrió desde abajo complacido, estaba boca arriba con su boca abierta esperando de nuevo a que baje en otra sentadilla. ¿Qué imaginaba Jungkook que un conejito tan tímido iba a terminar así? Subiendo y bajando para que alguien le comiera ese coño apretado. - Mhm, ¿Qué sucede? Quiero chuparte más, conejito. -Habló con diversión al observar que no había descendido más y, se mantuvo de pie.


No hubo respuesta y eso lo extrañó, hasta que se levantó para observarlo en el espejo. La lengua del alto golpeó su mejilla con excitación apreciando la obra de arte en que se había transformado. Su boca estaba completamente hinchada de tantas mordidas y, su mirada perdida en la nada mientras que sus manos agarraban sus pechos, los cuales habían crecido de tamaño.


Tardó unos segundos en volver a la realidad y, mirarlo con agitación a su entrenador. - M-Mami debe e-estar esperándome, y-y yo necesito... ¡a-ah!- Antes de que terminara la tonta excusa, Jeon se había puesto de pie para enfrentarlo con una matadora mirada que culminó en una guerra de lenguas en ajenas bocas. Su madre importaba un carajo ahora, el perforado estaba más interesado en devorarle esa pequeña boca inexperta.


Aprovechando el momento para terminarlo derritiendo llevó una de sus manos hacia su entrepierna, y como era el menor de baja estatura era tan sencillo. De manera que, empezó unas caricias sobre los labios de la vagina del conejito, obteniendo rápidamente sus manitos empujando su fornido pecho. - Mírame a la cara, y no me mientas, pequeño manjar. - Habló dominantemente contra su boca, fijando sus felinos ojos en aquellos redondos que derramaban placer.


- Te importa una mierda tu madre, ¿no es así? Oh, tan sólo mira la forma en la que tu coño me está absorbiendo, nene. - Lo dejó de besar, pero el bajito seguía con su boquita entreabierta y su lengua afuera jadeando. Era tan lindo que no consideró por más tiempo introducir dos dedos al interior de ese agujero, tapando nuevamente esa expresiva y, tan liberal boquita con la suya.


De forma rápida y, grotesca comenzó a follar su intimidad, hasta que sus nudillos golpeaban contra la vulva. - J-Jungkook, ¡mgwah!... yo, ah, m-mami-¡mgh! - Sus piernas temblaban pero aún así las abría para permitirle que sus largos dedos lo profanaran hasta donde él ni siquiera conocía. Sólo sentía todo húmedo, todo bien, todo placer y quería sentir más de eso. ¿A esto le llamaban sexo? No podía ser algo tan rico.


Jeon le hizo saber que no podía gemir tanto, pero era difícil cuando tenías a un conejito experimentando un orgasmo con un maldito loco que te follaba la boca hasta dejarte sin aliento. La saliva de sus bocas caía hacia sus pechos, al parecer los conejos acumulaban bastante. Se encargó de morder su labio inferior para luego relamerse los suyos con gusto. - Vaya, está saliendo tanto aquí abajo, tesoro. Eres una fuente de placer.


Sonrió burlón al escuchar como ya no eran embestidas secas sino que se sentía la viscosidad de los jugos vaginales que fluian por sus dedos, y teniéndolo con sus ojitos en el cielo, la boquita cantando esos deliciosos gemidos, y su juguetona cadera cabalgando sobre sus dedos estaba olvidando algo. - Uhm, ¿y qué sucede con esto, ah? - Cuestionó con curiosidad, llevando ahora su otra mano libre al pompón de su cola, la cual tomó y empezó a acariciar.


Un chillido escuchó y, luego la cabecita del peli-rosado negando le hizo saber que era una zona erogenea. Empezó a frotarla en vaivenes con intensidad. - ¡N-no, a-ahí...! ¡ahw! M-Mi cola n-no, ¡b-basta, n-no, no! - A pesar de sus negaciones, el bastardo de Jungkook continuó, y cada vez más peor. Hasta que como un volcán erupsionó finalmente, y explotó de la manera más hermosa.


El pequeño de orejas caídas terminó apretando sus piernas en un orgasmo, hasta perder la estabilidad y dejarse caer de rodillas abiertas al suelo. El perforado lo sostuvo cuando fue decayendo, hasta estar de cunclillas frente a él, sacó con delicadeza sus dedos del interior de su vagina y los llevó sin pensarlo a su hambrienta boca.


Los cabellos rosados se pegaban como pegamento a la frente sudorosa del más bajito, su abdomen estaba hinchado y se contraía como la furia de una locomotora. Su cuerpito de ángel caído temblaba, y de su no tan virgen coño caían los restantes hilos del orgasmo al suelo. Era tan vergonzoso que no se atrevía a mirarse a sí mismo, y tampoco al peli-negro que además de ser lindo, era el hombre que más le habló bonito, y lo tocaba tan super bien.


- Toma, lindura. Lo hiciste demasiado bien.- Tomó su botellita de agua para abrirséla, y ayudarlo a beber de esta como si fuese un bebito. Es que, luego de semejante placer para un cuerpito tan pequeño lo había descolocado tanto. Pero, ahora falta la mejor parte, y es donde trabajarás tus preciosas piernas.