REGRESO A CASA
La nieve caía suavemente sobre el vecindario, cubriendo los tejados y los árboles con un manto blanco que brillaba bajo la luz tenue del amanecer. Kiran Adams estaba sentado en el asiento trasero del auto de su madre, observando las calles que lo habían visto crecer. Habían pasado dos años desde la última vez que pisó su hogar, dos años desde que dejó atrás a Antonella Hall, la chica que le había robado el corazón… y a la que había destrozado el suyo.
El auto se detuvo frente a la mansión Adams, una imponente estructura que parecía más fría y vacía que nunca. Kiran suspiró mientras su madre bajaba del vehículo, hablando con el chofer sobre las maletas. Él, sin embargo, no podía quitar la vista de la casa vecina, la casa de los Hall.
Los recuerdos lo golpearon con fuerza. El día que la vio por primera vez, sentada en el jardín con un libro en la mano. La primera vez que se rio de uno de sus chistes torpes. Y el día en que ella se enteró de la apuesta y lo miró con una mezcla de dolor y desprecio que aún lo perseguía en sus pesadillas.
—Kiran, ¿piensas quedarte ahí todo el día? —la voz de su madre lo sacó de su ensimismamiento.
—Voy enseguida —respondió, sin apartar la mirada de la casa de los Hall.
Sabía que Antonella no estaba allí. Ella se había mudado a otra ciudad, tal vez para huir de todo lo que le recordara a él. Pero eso no importaba. Necesitaba respuestas, y estaba dispuesto a conseguirlas, incluso si tenía que enfrentarse a Natalia Salazar y a su propio hermano gemelo, Kaleb, quienes probablemente lo detestaban tanto como Antonella.
Después de instalarse en su habitación, Kiran se puso una chaqueta y salió al frío aire de invierno. Caminó con pasos decididos hacia la casa vecina y tocó el timbre. La puerta se abrió lentamente, revelando a Kaleb, quien lo miró con una mezcla de sorpresa y desdén.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Kaleb, cruzándose de brazos.
—Quiero hablar con los Hall —dijo Kiran, ignorando el tono hostil —. Tú no deberías de estar aquí.
—Vine de visita, soy muy amigo de los Hall últimamente, ya sabes, soy adorable.
—Imbécil —murmuró Kiran por lo bajo.
Kaleb levantó una ceja y lo miró de arriba abajo, como si evaluara si valía la pena dejarlo pasar. Finalmente, suspiró y lo dejó entrar.
En la sala, la señora Hall lo recibió con cortesía, pero Kiran podía notar la tensión en el ambiente.
—¿Qué te trae por aquí, Kiran? —preguntó la mujer, sirviéndose una taza de té.
—Quería saber cómo están… y, bueno, si han tenido noticias de Antonella.
El silencio que siguió a su pregunta fue casi ensordecedor. Kaleb dejó escapar una risa seca desde el sofá.
—¿En serio crees que te vamos a decir algo sobre ella después de lo que hiciste? —espetó.
Kiran apretó los puños, tratando de mantener la calma.
—Sé que cometí errores, Kaleb, pero realmente quiero arreglar las cosas con ella.
—Eso debiste haberlo pensado antes de convertirla en una apuesta —respondió Kaleb con frialdad.
La señora Hall lo interrumpió antes de que la conversación se tornara más tensa.
—Antonella está bien, Kiran. Pero no creo que quiera verte, al menos no ahora. Déjala tranquila.
Kiran asintió, sabiendo que no iba a conseguir más información. Se levantó y se despidió cortésmente antes de salir de la casa.
De regreso en su habitación, se dejó caer en la cama, mirando el techo. Sabía que no iba a ser fácil, pero no estaba dispuesto a rendirse. Antonella significaba más para él de lo que nunca había admitido, y no iba a dejar que su pasado arruinara cualquier posibilidad de redención.
Esa noche, mientras la nieve seguía cayendo, Kiran escribió una lista en su cuaderno, una lista de razones por las que Antonella debería darle una segunda oportunidad.
1. Porque nunca dejó de amarla.
2. Porque ella era la única que lo hacía sentir completo.
3. Porque merecía una disculpa sincera.
4. Porque quería demostrarle que había cambiado.
5. Porque su sonrisa era lo único que necesitaba para ser feliz.
La lista continuaba, cada razón más personal y desgarradora que la anterior. Para Kiran, esto no era solo una forma de organizar sus pensamientos; era su plan para recuperar a la única persona que había amado de verdad.
Sin embargo, el destino tenía otros planes. Dos días después, recibió la noticia de que el señor Hall había sufrido un accidente en el cumplimiento de su deber como policía. La noticia corrió rápido, y Kiran supo que era solo cuestión de tiempo antes de que Antonella regresara.
Esa idea llenó su corazón de esperanza y temor. Sabía que verla nuevamente sería como abrir una herida que nunca había sanado del todo, pero también sabía que era su única oportunidad para intentar arreglar las cosas.
Mientras miraba por la ventana, con la nieve cayendo a su alrededor, Kiran juró que no iba a desperdiciar esta oportunidad, sin importar lo que costara.