Viaje de ida
El viaje más largo de mi vida ha sido aquel de solo ida, sin un retorno programado a mi vida tal y como la conocía antes. Es indudablemente más difícil llevar adelante mi existencia cuando solo cuento con un boleto de ida y sé que nunca regresaré a los días soñados y anhelados.
Sin embargo, es preciso reconocer que, en este periplo sin retorno, ocurren también cosas buenas, aunque no de manera constante, sino más bien esporádica. Pero en esos raros momentos en los que la suerte me sonríe, este viaje me permite apreciar las cosas desde una perspectiva que se antoja perfecta, clara y sumamente positiva.
Por mucho que me asalte cierta incertidumbre acerca de lo que pueda deparar este viaje unidireccional, me pregunto qué mal podría acontecerme en estas circunstancias. Después de todo, es solo un viaje, mi viaje de ida y sin posibilidad de retorno.