Día 1: " did it for you
El mexicano cerró con fuerza la puerta de su habitación de hotel. Se recargo en esta y se dejo caer poco a poco hasta quedar sentado en el suelo.
Después de eso, las lágrimas comenzaron a caer de poco en poco hasta volverse un mar. Los sollozos comenzaron, no trato de callarlos, es más, cada vez iban siendo más fuertes.
ㅡ¿Por qué? ¿Por qué si yo le di tanto no me termino aceptando?
Se sentía devastado, se sentía traicionado. El mexicano se acababa de llevar una de las mayores decepciones de su vida.
Su corazón había sido estrujado, roto, arrojado a la basura.
Todo su esfuerzo, incluso humillación a la que se tuvo que someter había sido en vano.
ㅡYo hice todo por él. Me abrí económicamente, le mande mano de obra barata, firme su maldito acuerdo comercial. ¿Y todo para qué? ¡Para que venga un narizón avaro invasor a pedirle ser su pareja y que él acepte!
Durante todos estos años había hecho demasiadas cosas por el estadounidense. Le había permitido hacer muchas cosas, el moreno entrego todo de si mismo por amor al rubio; pero se dio cuenta de que ese esfuerzo fue en vano.
¿Qué es lo que había pasado? ¿Por qué se sentía traicionado, derrotado, con el corazón roto?
Bueno, todo inicio con el final de la reunión de la ONU.
Como era costumbre, el mexicano esperaba en la salida del cuarto de reuniones al estadounidense. Este día planeaba que ambos salieran a comer algo como solían hacer desde siempre.
El latino miraba como todos iban saliendo, pero no había ni rastro de su vecino del norte; no lo veía entre la multitud. Eso lo estaba preocupando, pues el angloparlante siempre solía ser de los primeros en salir. ¿Acaso ONU lo había llamado para algo?
Ya habían salido todos. Con el camino despejado, México observo como Estados Unidos ya iba de salida, solo que había un detalle distinto, el rubio no estaba solo.
ㅡMexico!ㅡ el estadunidense levantó su mano y saludó con está.
ㅡGringo, creí que no saldrías.
ㅡSorry. Es que estaba esperando a que Israel guardara todas sus cosasㅡ dio una pequeña pausa antes de seguir hablandoㅡ ¿Te molesta que Israel venga a comer con nosotros?
ㅡPara nada. Puede venir si quiere.
ㅡGracias, México. No muchos suelen querer invitarmeㅡ mencionó el israelí.
Tras aquello dicho, el trío camino hasta la salida. Ya estando en la calle, caminaron hasta el restaurante que ambos norteamericanos solían frecuentar; los tres tenían una buena charla durante todo el camino.
Cuando llegaron al restaurante, los pelinegros pasaron a sentarse en una de las mesas mientras que el rubio escogería lo que iban a comer.
ㅡAsí que... ¿por qué estás con el gringo? Me refiero a que si tienes que hablar de asuntos de seguridad con él o algo asíㅡ el mexicano trataba de sacar un nuevo tema de conversación.
ㅡNo, no es nada de seguridad. Es solo que queríamos pasar un tiempo de pareja. Bueno, entre comillas, porque aún se siente tímido de salir conmigo como pareja.
El latino se quedó por un momento atónito.
ㅡ¿Pareja? ¿Tú y él son pareja?
ㅡSi. Desde hace dos meses, ¿él no te lo había dicho?
ㅡNoㅡ frunció el ceñoㅡ No me había dicho nada de eso.
ㅡPerdonen chicos, la verdad es que no sé que pedirㅡ el estadounidense hizo aparición.
ㅡPuedes preguntarle a él. Yo ya perdí el apetitoㅡ el moreno se puso de pieㅡ Nos vemos después.
México se retiro del lugar sin decir nada más, lo cual dejó a los otros dos bastante confundidos, ¿acaso habían dicho o hecho algo mal? No como tal, pero el hecho de que fueran pareja fue algo que molestó al latino.
Regresando al presente, el mexicano seguía llorando. Era un sentimiento egoísta sentirse así, lo sabía bien, pues el estadounidense tenía todo el derecho de elegir a quien quisiera como pareja, pero, pese a eso, él sentía que el israelí no merecía ser la pareja del rubio.
De repente, sus sollozos fueron interrumpidos por toques a la puerta. El mexicano aclaró su garganta esperando que así su voz no se escuchara tan quebrada. 《¿Quién es?》finalmente preguntó.
ㅡIt's me. Unites States.
ㅡ¿Qué es lo que quieres?ㅡ trataba de sonar lo menos enojado o triste posible.
ㅡWell, me preocupo el modo en que te fuiste. Te veías enojado.
No hubo respuesta. Pasó un minuto de silencio hasta que el latino abrio la puerta.
El estadounidense se sorprendio por ver los ojos rojos del otro, era obvio que había estado llorando.
El de menor estatura hizo un gesto indicando que el otro podía pasar a la habitación. Ya estando los dos dentro, se cerro la puerta.
ㅡMexico, ¿estabas... llorando?
ㅡSí.
ㅡ¿Puedo saber por qué?ㅡ el rubio trato de poner su mano en el hombro del otro, pero el moreno lo quito al instante.
ㅡ¿Cuándo tenías planeado decírmelo?
ㅡ¿Decirte que?
ㅡ¡Que tú y el judío ese eran pareja!ㅡ no pudo contener su enojo.
ㅡNo es algo que tuvieras que saberㅡ el estadounidense se puso a la defensiva.
ㅡ¡Claro que lo tenía que saber! Por si lo habías olvidado, tú y yo teníamos algoㅡ las lágrimas comenzaron a salir de sus ojosㅡ ¿Acaso no significo nada para ti esas veces que nos acostamos? ¿Acaso para ti fue nada el hecho de que hiciera yo todo lo posible por comerciar tantos productos conmigo?
ㅡClaro que significaron esas cosas algo para mi. ¡Pero eso no significaba que yo te amara!
ㅡ¡¿Lo dices en serio?! ¡Todo lo que hice por ti lo hice por amor! ¡Hice todo lo que me pediste! ¡Tú mismo me dijiste muchas veces que me amabas también!
ㅡ¡Pues estaba mintiendo! ¡¿Por qué amaría a un frijolero como tú?!
Aquella palabra, ese insulto que tanto odiaba fue la gota que derramo el vaso. El mexicano le dio un puñetazo en el rostro al estadounidense, lo cual hizo que comenzara a sangrar el labio inferior del más alto.
ㅡ¡Largate! ¡Ya no quiero volver a verte en mi vida!
Estados Unidos no dijo nada, solo se retiro del lugar en silencio.
El moreno, al estar nuevamente solo, cayó sobre sus rodillas y empezó a llorar con más fuerza.
Aquella decepción amorosa le había roto lo poco que le quedaba de su corazón.
Lo que el latino no sabía (y probablemente jamás sabrá) era que el angloparlante si lo amaba de verdad. El problema era que el estadounidense había sido amenazado por sus altos mandos para "dejar de amar" al mexicano.








