Blood Painting - Meanie

Summary

Una serie de secuestros está amenazando a todo Seúl. Mingyu cree que todo en su vida está bien, hasta que se ve envuelto en un secuestro armado por un pintor amante de la sangre. Advertencias: → Toca temas de secuestro, violencia sexual, entre otros. → Todo lo escrito aquí es pura ficción y no se apoya ningún movimiento en específico. → Si no les gusta, pueden pasar por alto, no es necesario reportar. Notas: Mingyu - Bottom y Wonwoo - Top

Genre
Thriller/Mystery
Author
Lyn
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Los buenos recuerdos son aquellos que no desean olvidar, y aunque queramos, no siempre nuestros deseos se cumplirán. Muchos recuerdos nos marcan, con momentos de felicidad, de tristeza, de sufrimiento o de vida, pero siempre son los recuerdos de tristeza y sufrimiento que nos perseguirá eternamente.


Wonwoo apenas era un niño cuando sus recuerdos se llenaron de sufrimiento y de dolor. Tenía cinco años cuando perdió a su madre. Recordaba perfectamente los momentos felices que vivió con ella, cada risa, cada tristeza, cada momento de felicidad que llenaban su corazón. Él deseaba proteger aquellos recuerdos como lo más preciado que podía tener.


La vida le demostró, a tan pequeña edad, que las personas no siempre puede proteger lo que más amaba. Pues, su padre, aquel hombre que juraba ser el mejor padre, lo había llenado de recuerdos llenos de sufrimiento, de odio y de asco a su propia persona. Wonwoo odiaba a su padre, ya que fue la persona que más lo lastimó en su vida.


—¡Por favor, papá! ¡Detente! ¡Me haces daño! 


Se escuchó la voz de Wonwoo resonar por toda la habitación. Lloraba y pataleaba para que su padre se alejara de su cuerpo. Él era débil, mientras el hombre, que se encontraba encima suyo, era mucho más fuerte. Lo tenía aprisionado contra la cama, tomando sus brazos de las muñecas con una sola mano para que no se moviera. El hombre no se encontraba en sus cinco sentidos, y sin embargo, disfrutaba de lo que estaba haciendo. 


Violaba a su propio hijo.


Cada noche que tomaba, que se embriagaba terminaba haciendo daño a su propio hijo. Sabía lo que hacía. Estando sobrio no se atrevía a tocar a su hijo, necesitaba una gota de alcohol como excusa para tocarlo, para abusar de él. Aquello lo hacía más placentero, ver llorar y rogar a su hijo para que lo dejara en paz. 


Wonwoo sufría. No comprendía porque su padre le hacía tanto daño. Se suponía que lo protegería y sin embargo estaba ahí, lastimando su vida y dejando amargos recuerdos. ¿Por qué lo hacía? Se preguntaba. Y la respuesta que estaba buscando, se dijo y dejó una marca en su vida. 


—Es por tu bien, hijo —escuchó las palabras arrastradas de su padre—. Es porque te amo.


El hombre acariciaba el cabello de su hijo, ese niño que estaba cohibido, temblando de miedo y sollozando. Lo intentaba tranquilizar, como si quisiera que Wonwoo también disfrutara de ello. No lo disfrutaba, le dolía y estaba aterrado del hombre que tenía a su lado, ese hombre que tenía el título de padre.


Wonwoo lo odiaba, lo detestaba. Wonwoo lo quería matar, se quería deshacer de él.


Nunca pudo decir nada, su padre lo había amenazado diciendo que si se atrevía a decir alguna palabra de lo que hacían, se atrevería a hacerle más daño. Wonwoo tenía miedo de que su padre cumpliera su palabra. Se mantuvo callado durante años, los cuales, su actitud había cambiado drásticamente. Se volvió callado y demasiado pensativo, veía a todo el mundo sonreír y ser feliz mientras él sufría.


Quería matar a todos. 


Los días de escuela eran los más duros. No tenía amigos y los profesores nunca lo veían. Era un fantasma que rondaba alrededor de la gente. No pronunciaba ninguna palabra, simplemente se quedaba callado, observando cada pequeño detalle de su vida, de las personas.


Su único modo de aliviar su dolor, era dibujando, plasmando todo lo que pasaba en su cabeza en el papel de sus cuadernos. Coloreaba y dibujaba, siendo que los dibujos eran demasiado explícitos. De cualquier forma, nadie lo notaba, nadie se daba cuenta de lo que estaba pasando en su mente. No existía nada más que él mismo, tratando de liberar su dolor. 


Una noche simplemente decidió que era momento de matar todo lo que le hacía daño. Sentado en las escaleras, veía a lo lejos la televisión. Una película que su padre se encontraba viendo. En las imágenes se veían como asesinaban a un hombre de la forma más cruel. 


Con una navaja, uno de los personajes se acercó al otro, para llevarlo a su cuello y cortarlo de forma horizontal. La sangre salió en gran cantidad, manchando la ropa y el suelo.


“Hay que borrar la evidencia…” —se escuchó la voz de uno de los asesinos—. “Borra las huellas, haz que parezca un suicidio…”


Las palabras se quedaron en su mente, junto con todas las imágenes de lo que hacían. La policía llegó y encontró al hombre y determinaron que era un suicidio. Las acciones de esos hombres funcionaron. 


Wonwoo tenía una idea.


Esperó paciente a qué su padre durmiera. Bajó de su habitación para entrar a la cocina, sabía dónde se guardaban esas cosas, después de todo, ya no era tan niño. Con un pañuelo, tomó uno de los cuchillos que estaban sobre la alacena, vio lo filoso que estaba. Caminó de regreso a su padre, quien dormía plácidamente en el sillón frente al televisor. 


Se posicionó cerca de él, sin dudarlo cortó su cuello de forma horizontal. Lo hizo rápido y preciso, intentando que fuera lo más profundo. La sangre comenzó a salir tal como en la película, y su padre se había despertado. Con un poco de miedo y aterrado, dio un paso hacia atrás.


Veía como le pedía ayuda para detener el sangrado, no podía hablar pero hacía demasiadas señas. Wonwoo solamente mantenía el cuchillo en su mano, y vio a su padre en agonía, y grabó cada segundo que pasaba en su mente. Hasta que al final, murió como esperaba.


No entró en pánico. Estaba tranquilo y relajado. Se encargó de parecer todo un suicidio, tal y como en la película. Hizo lo posible para no dejar huella. En el momento que todo estaba listo, dejó el cuchillo en la mano derecha de su padre y subió a su habitación para dormir. 


Su padre ya no estaba. Su padre ya no le podía hacer daño. Y estaba feliz. Un peso se quitó de encima, se había deshecho del problema que lo atormentaba y por fin tendría una vida normal. Sin embargo, jamás pensó en las consecuencias que había detrás de ello. 


Al día siguiente, salió de casa para ir a la escuela. Estuvo pintando en su libreta con el color rojo que tenía. Plasmaba la escena de su padre muerto en el sillón sobre su libreta, y coloreaba muy bien el color de la sangre en ella. Se sentía un poco inconforme con ello, no tenía el mismo sentimiento que cuando asesinó a su padre. 


—Wonwoo —cerró la libreta en cuanto escuchó la voz de su profesora—. Tu vecina acaba de venir por ti, dice que tiene que llevarte a casa. 


La maestra se agachó a la altura del niño. Él simplemente se levantó guardando sus cosas, y caminó junto a la profesora. Se encontró a su vecina, parecía estar alterada y muy nerviosa. Wonwoo no sabía qué pasaba, así que simplemente tomó la mano de la mujer y se fue con ella. 


Al llegar a su casa, vio que la policía estaba fuera de ella. El lugar estaba acordonado con cinta amarilla. Había detectives y forenses entrando y saliendo de su casa, inspeccionando cada rincón.


—Él es niño —dijo su vecina a una mujer que portaba una buena ropa—. Es el hijo de Jongsuk.


—Hola, ¿cómo te llamas?


—Wonwoo —respondió con voz tranquila.


—Wonwoo, ¿de casualidad tienes tíos? —Wonwoo negó con la cabeza—. ¿Qué hay de tus abuelos? —volvió a mover la cabeza—. ¿No conoces a ningún familiar? —no dijo nada. 


De la noche a la mañana, Wonwoo se encontraba en una casa hogar. Al no encontrar ningún familiar que estuviera dispuesto a cuidarlo, Wonwoo terminó en un orfanato. Dónde pasaría el resto de su vida, hasta que cumpliría la mayoría de edad o que alguna familia quisiera adoptarlo.


Debido al supuesto trauma que tenía con la muerte de su padre, las encargadas del lugar decidieron que sería bueno que tomara terapia psicológica. Wonwoo no habla y era necesario saber si sabía algo al respecto de la muerte de su padre. A pesar de que cerraron el caso al determinar que el hombre se suicidó, tenían que descartar varias cosas y Wonwoo era la pieza clave para ello.


La mujer que lo atendía se dio cuenta que Wonwoo tenía un don, era un verdadero artista. Hacía hermosos dibujos, digno de un artista que recién nacía. La psicóloga le pidió que intentará plasmar sus sentimientos en pequeños lienzos, al principio eran dibujos con colores en hojas blancas; al pasar los días esos dibujos iban mejorando.


—Son hermosos —dijo la psicóloga mientras veía los dibujos. Todos ellos transmitían una tranquilidad y una felicidad—. Eres un verdadero artista, Wonwoo. 


—Aún falta mucho —dijo.


Las palabras fluían en Wonwoo después de mucho tiempo. Ya no existía algo que lo atormentaba, pero seguía manteniendo los recuerdos de su padre abusando de él. Durante las noches se despertaba ya que las pesadillas lo atormentaban, y cuando eso ocurría, se sentaba a dibujar fuera de su habitación, bajo la luz de la luna.


Esa noche hizo lo mismo, se escabulló después de aquella pesadilla, sentándose a un lado de la puerta fuera de su habitación. Abrió su libreta y sacó de ahí una navaja pequeña, junto con un pincel. Subió la manga de su camisa y llevó el filo de la navaja en su piel. Con lentitud movió la navaja para cortar su pie, dejando que la sangre saliera. Su brazo izquierdo estaba lleno de demasiadas cicatrices, algunas recientes, otras que ya tenían tiempo en su piel, todas hechas por la misma navaja que tenía en manos. 


Con ayuda del pincel, impregnaba la sangre en la libreta, trazando algunas líneas hasta formar un dibujo en especial. Trataba una escena específica de su sueño, intentaba trazar todo ahí para dejarlo como un amargo recuerdo que algún podría borrarlo por su propia cuenta. Utilizó un lápiz que también tenía en la libreta para darle un poco de realismo al dibujo, intentando que se distinguieran los trazos con la sangre. Hasta que el pequeño dibujo estuviera terminado. 


El sol comenzó a salir, lo podía notar ya que sus rayos empezaban a iluminar el lugar. Se levantó de prisa tomando las cosas y entró a su habitación para guardar todo debajo de su cama. No deseaba que nadie viera lo que hacía, porque sí su secreto se descubre, todo estaría terminado para él. 


Esa misma tarde, se encontraba frente a un lienzo en el aula de arte de la casa hogar donde vivía. Aquel lugar también era su casa de estudios. Siempre que tenía tiempo libre, iba a esa habitación dónde habían muchas pinturas, lienzos, dibujos; había de todo para que los niños se divirtieran. Él lo adaptó como su lugar de trabajo, y comenzó a pintar un paisaje cualquiera. Era un bosque y dentro del bosque había una cabaña que estaba algo abandonada. El lugar que pintaba era solitario, pero Wonwoo le daba un aspecto alegre a la vez. 


—Qué buen cuadro estás pintando.


Wonwoo se alarmó cuando escuchó una voz ajena, viendo a un niño parado a lo lejos. No era cualquier niño, era aquel que dormía junto a él en su habitación, su compañero de cuarto. Tenía las manos detrás de su espalda, como si estuviera ocultando algo. 


—¿Esto es lo que la psicóloga te indicó hacer para sanar tu pérdida? —preguntó a la vez que daba pequeños pasos. Wonwoo no le tomó importancia y siguió pintando—. Eres muy buen, en verdad, pero... siento curiosidad por estos dibujos —Wowoo volvió a verlo, notando que tenía su libreta en sus manos. 


—¡Devuélveme eso, Jonghyeon! —gritó Wonwoo. Dejó lo que hacía, provocando que una de las pinturas cayera al suelo y se derramara. Intentaba arrebatarle la libreta, sin embargo, Jonghyeon era mucho más alto y fuerte—. ¡Dámelo! 


—Hey, tranquilo, Wonwoo. Somos compañeros de habitación, ¿no es así? —Jonghyeon tenía su mano en el rostro de Wonwoo para evitar que lo alcanzara—. Viendo esto... diría que no está mal. Me sorprende lo que haces por las noches —dijo con una sonrisa de burla en su rostro.


Wonwoo se calmó al ver que era imposible ganarle a Jonghyeon. Así que se mantuvo de pie frente a él y estiró su mano para pedir amablemente la libreta.


—¿Podrías devolvérmelo? —pidió con voz más tranquila. 


—Aquí tienes —le entregó la libreta—. ¿La psicologa sabe que haces este tipo de dibujos? —Wonwoo le dio la espalda y fue directo a su mochila para guardar su libreta—. Siempre he visto tus pinturas, simples paisajes, pero nunca algo tan bizarro como esto. 


—La psicóloga cree que me afecta la muerte de mi padre —murmuró. Dejó la mochila dónde se encontraba y levantó la pintura para seguir con lo suyo— Ella, como todos, creen que se suicidó. 


—Tú lo hiciste, ¿no es así? 


Jonghyeon había inspeccionado sus dibujos desde que vio cómo guardó la libreta en un lugar oculto. Vio cada uno de ellos, como si una historia estuviera relatando. Desde la muerte de su padre, hasta este día y como deseaba matar a las personas que le tenían lástima. Jonghyeon estaba fascinado. 


—Pensando bien lo que hice, creo que fui muy amable con él —respondió con tranquilidad. Jonghyeon se posicionó a su lado para ver como continuaba pintando—. Ese maldito viejo se merecía más que solo una muerte repentina —apretó con fuerza el pincel—. Debía sufrir como él me hizo sufrir —dijo molesto, con odio y apretando con fuerza su mandíbula. Jonghyeon sabía de qué hablaba, de cómo su padre había abusado de él y lo plasmó en su libreta. 


—Vaya, Wonwoo —murmuró—. Tienes mucho potencial para ser un delincuente —dijo—. Me agradas —Wonwoo lo miró, observando su rostro lleno de malicia—. Eres como yo —dijo en un hilo de voz—. Mis padres se deshicieron de mí por no saber controlarme —explicó mientras daba algunos pasos a un banco y sentarse—. Maté a unos cuántos animales y provoqué heridas demasiado dolorosas a mis compañeros de clases. Puedo jurar que casi asesiné a alguien. Solo tenía siete años cuando lo hice. Así que comprendo bien ese sentimiento, deberíamos ser buenos amigos, ¿no crees? —le extendió la mano.


Wonwoo analizó el panorama. Jonghyeon y él nunca habían hablado más de las palabras necesarias para comunicarse en su habitación. Ahora se daba cuenta que tenía a un maniatico como él cerca suyo. Jonghyeon parecía confiable. Así que le sonrió y tomó su mano para estrecharla en forma de un pacto único entre ellos. 


Los días pasaron, Jonghyeon y él se hicieron buenos amigos. Wonwoo seguía pintando con una apariencia tranquila, mientras Jonghyeon se encargaba de hacer el desastre. Ambos tenían un plan, y era escapar de ese lugar antes de cumplir la mayoría de edad. Tenían un plan para salir de ese lugar, solo necesitaban los recursos necesarios para efectuarlo. Evitaron a toda costa ser adoptados, tampoco era como si la gente deseaba adoptar a dos adolescentes que tenían un antecedente malo, así que las cosas iban bien. 


Los cuadros de Wonwoo se vendían para solventar algunos gastos del orfanato en el mercado que hacían cada mes. Parte del dinero, Wonwoo lo guardaba como su paga, era un servicio que él disfrutaba prestar para obtener ganancias. En cuánto Wonwoo tuviera el dinero completo, se lo entregaría a Jonghyeon para hacer su escape. 


Lo que no esperaba Wonwoo, era que sus planes se adelantaron por un incidente que él mismo creó. Un niño de la misma edad que Jonghyeon había llegado al orfanato por perder a sus padres, tenía problemas de conducta y en poco tiempo se convirtió en una molestia para todos los niños. Era un bully y estaba fuera de control. Wonwoo nunca tuvo problemas con él, por eso lo ignoraba siempre, pero un día, ese niño se atrevió a sacarlo de sus casillas.


—Hey, hey, ¿a dónde vas?


Wonwoo caminaba al aula de arte con sus cosas. Aquel chico lo interceptó en las escaleras, impidiendo que continuara con su camino. Wonwoo levantó la vista al chico con un rostro notablemente irritado.


—¿No me escuchaste? —preguntó después de no obtener alguna respuesta de Wonwoo. 


—Muévete —ordenó con voz dura. 


Sabía quién era y qué clase de persona era. Wonwoo no dudaría en hacer algo al respecto si llegara a tocarlo. Sin duda, lo mataría.


—Escuché por ahí que tienes unos ahorros, ¿no es así? —Wonwoo sabía a dónde iba eso, lo intentó evitar bajando por las escaleras, pero el chico lo detuvo tomándolo con fuerza del brazo—. La encargada dijo que teníamos que ser compartidos —murmuró cerca de oído—. ¿Qué tal si me das tu dinero y yo a cambio te doy parte de la droga que compraré? —Wonwoo se giró con una sonrisa en su rostro. 


—De acuerdo, sígueme —dijo. 


Subió las escaleras de regreso a su habitación, siendo seguido por el chico. Wonwoo lo detuvo antes de entrar en su habitación, le pidió esperar y adentró solo para dejar las cosas que tenía en sus brazos. Sacó una pequeña bolsa y la sostuvo en su mano. Salió de su habitación cerrando todo bajo llave.


—Ven —ordenó. 


Wonwoo lo llevó hasta las escaleras, dónde fingió que le daría algo de la bolsa. Y el chico se cofió de lo que Wonwoo hacía. Lo miró y le dijo:


—Espero te pudras en el infierno —Wonwoo lo empujó con fuerza, provocando que cayera por las escaleras. 


Fue directo al último escalón, terminando con un golpe en la cabeza. La sangre salía de la herida, siendo que pronto se formó un pequeño charco a su alrededor. Jonghyeon fue el primero en llegar a ese lugar, viendo la escena horrorizado. Levantó la mirada a dónde Wonwoo se encontraba, dándose cuenta que fue él quien lo hizo. Su rostro parecía el de un maniático. 


Solo tenía doce años. 


—¿Qué fue lo que hiciste?


—Deshacerme de él —dijo Wonwoo con tranquilidad a la par que bajaba las escaleras hasta Jonghyeon—. Su sangre es interesante —se giró para ver la sangre. Se acercó con la única intención de tocar la sangre que seguía expandiéndose por el suelo, pero Jonghyeon apartó su mano tomando su muñeca, no tuvo éxito, pues las yemas de los dedos de Wonwoo estaban manchadas de sangre—. ¿Qué tan bien se vería en un lienzo? —Jonghyeon soltó la mano de Wonwoo con brusquedad—. Siempre quise saber qué se sentía utilizar sangre, y yo mismo me encargué de hacerlo —se levantó la manga izquierda dejando ver las cicatrices—. ¿Debería utilizar a alguien más?


—Estás... jodido.


Los años pasaron y ahora se encontraba viendo su última obra de arte realizada. La pintura de una persona sin rostro que parecía ser tortura, no traía ropa y a su alrededor había mucha sangre junto con diferentes utensilios que se utilizaron para hacerle sufrir. Se levantó de su lugar para tomar el cuadro. Buscó algún plumón permanente y volteó la pintura para poner su firma en ello. La puso en su lugar y dejó el plumón en la mesa. Estiró un poco su cuerpo y llevó la vista al frente, dónde algo parecía moverse. 


—¿Sigues con vida? —dijo a la persona que estaba sobre el suelo. El mismo escenario que el de la pintura—. Tomando en cuenta que hice desangrarte, no debería pasar más tiempo para que mueras —dijo con un tono de burla. 


—Por favor... sálvame... —escuchó al hombre decir aquello.


—No creo que eso suceda... después de todo. Yo soy el pintor de sangre —soltó una risa.