Prólogo
Persistes, en mi memoria, ese recuerdo como si el tiempo no pudiera desvanecerse. Han pasado diez años desde aquel día.
Ojalá pudiera olvidarlo esa noche donde las estrellas brillaban intensamente, ese jardín rebosante de flores. El aroma dulce de las rosas, el suelo bajo mis pies, suave como un sueño.
Me dejaba guiar por la mano de mi amigo Benjamín, que tarareaba una canción de cuna con voz suave. Pero se detuvo junto a un árbol y empezó a dar vueltas, lo que hizo que sonriera con sus ocurrencias, para poder superar mi día de tristeza.
— ¿Quieres ver un truco de magia?.— preguntó Benjamín con una sonrisa traviesa.
No pronuncié una palabra. Solo quedé en silencio, hipnotizado por sus ojos. Benjamín sacó una carta de póker de su mano, una de cinco corazones, y la hizo desaparecer con un movimiento. Luego, hizo aparecer una rosa roja y me la entregó.
Tomé la rosa con cuidado. Aprecié su aroma y su suavidad. Los primeros pétalos que cayeron hicieron que aparecieran luciérnagas, iluminando la rosa.
—¿No es hermosa la magia? — susurro, con una voz dulce.
Cada instante, tan efímero como la rosa que me regalaste ese día, cuya belleza se esfumó antes de poder admirarla completamente.
Me pregunto por qué se marchitó. ¿Acaso eran la fragilidad de aquello que inadvertidamente destruí?
Aunque solo puedo recordar su sonrisa, he olvidado su rostro y apariencia. Supongo que soy un tonto al igual que tú.
Al abrir los ojos, me doy cuenta de todo lo que hice y cómo llegué a este punto. Te prometí que volvería a verte y que no te haría más daño, y así lo haré.
Observo a mi alrededor en el escenario, las luces encendidas que me recuerdan a esa estrella de aquella noche, los fanáticos emocionados como yo lo estaba.
Cantaré una vez más para alegrar esos corazones e ilusiones que tienen las personas.
A veces, mi mente viaja hacia un futuro imaginable donde comparto un escenario con mis ídolos, dejando fluir la música. Sin embargo, la realidad es que ellos pausaron su carrera musical para explorar nuevos caminos.
Esta situación me lleva a cuestionar si realmente entendía mis deseos o si era simplemente un joven iluso.
La decepción se apodera de mí al darme cuenta de que ya no interpreto con el mismo sentimiento y eso me hace sentir miserable.
Surge la pregunta: ¿Me criticarán por mis decisiones y emociones? Dime, ¿Realmente crees que me he envuelto en mi propio caos? ¿Cómo puedo ajustarla para que se alinee más con tus preferencias?
"Pero eso es solo una historia más. Una que tal vez nunca se haga realidad".