La subasta
Respiró profundo una vez más antes de levantar el rostro con determinación como siempre lo hacía.
Tragó saliva sintiendo ese familiar dolor en la garganta y con la manga de su camisa secó las lágrimas que corrían por sus mejillas.
El grifo volvió a abrirse y sus manos tomaron la vieja esponja para lavar los trastes.
- ¿No has terminado?
- Ya casi culmino, señor.
- ¡Han retirado pedidos por culpa de tu maldita lentitud!
- Lo siento mucho. Corté mi mano con un cuchillo y ha estado sangrando demasiado.
- ¡No me importa que pierdas la jodida mano! Termina de una vez de lavar para que puedan salir los platillos. Para esa mierda te pago.
Su jefe salió dando un portazo.
Apretó con fuerza la mandíbula, conteniendo todas las palabras que deseaba decirle, sacrificándolas solo para poder conservar ese trabajo.
Al finalizar su turno, comenzó a recoger sus pertenencias, preparándose para partir.
- Al menos cinco clientes se marcharon porque no querían esperar...
- Lamento que no haya suficiente material para trabajar - dijo sin dirigirle la mirada.
- ¿Es tan complicado lavar un plato rápidamente para servir la comida?
Alzó la mirada- Mi mano estaba sangrando...
- Y ya te dije que eso no me importaba - respondió con desdén - hoy perdí dinero por tu culpa.
- Lo siento. No volverá a ocurrir.
- Oh, claro que no volverá a ocurrir. Sin embargo, creo que deberías compensarme de alguna manera - lo examinó de pies a cabeza.
Otra vez no...
- Por favor, no me haga nada - imploró, retrocediendo hasta tropezar con una nevera, sus ojos estaban llenos de cansancio.
- Vamos... Todos saben que a los omegas de tu clase les encanta disfrutar - su tono era burlón, pero su mirada desprendía deseo - No ganas nada haciéndote el difícil - sonrió de manera despectiva.
- No me toque - advirtió con voz temblorosa.
- ¿Y qué si lo hago? Tu fragancia tan dulce... me excita de sobremanera...
Jimin miró a su alrededor, notando un cuchillo en el borde de la encimera. Actuó con rapidez y lo tomó en sus manos, apuntando hacia su jefe.
- No se atreva a ponerme una mano encima.
El hombre estalló en carcajadas - ¿Me vas a apuñalar? - preguntó divertido y desafiante.
- Si no tengo otra opción, lo haré.
- No me das miedo, Omega.
Se abalanzó sobre él con una furia desgarradora, buscando ultrajarlo, pero un frío dolor lo sorprendió en el estómago cuando el filo del cuchillo se hundió en su carne. Abrió los ojos y la boca en un gesto de total incredulidad, encontrando la mirada vacía del rubio, sin rastro de sentimiento.
- T-tú... -susurró con una voz temblorosa y apenas audible.
- Nunca subestimes a un Omega - su voz resonó con determinación mientras extraía el arma, desatando una marea carmesí que tiñó el piso. Aquel hombre que había abusado de él durante meses se arrodilló, incapaz de resistir el peso de su propia vida escapándose de sus manos.
- Y por si no ha quedado claro... ¡Renuncio! - sus palabras resonaron en el aire cargadas de desafío y liberación antes de desaparecer entre las sombras que lo hicieron parte de ellas, camuflándolo en la oscuridad.
- ¿Hiciste lo que te pedí?
- Sí, señor. El evento será mañana en el salón social acordado.
- ¿Tienes conocimiento de cuantas personas habrá?
- Un total de cincuenta, hasta el momento.
- ¿Las cámaras?
- Están en posición, jefe.
- Perfecto. Puedes retirarte - movió el hielo en su vaso antes de dar un trago de aquella bebida fría que tanto le gustaba en momentos de estrés.
Se levantó de la silla y caminó hacia el lienzo que estaba frente a él, cerciorándose de que todo estuviese como lo deseaba.
El sábado por la noche llegaba al lugar del evento, vestido con un traje negro y camisa blanca que le daba ese toque de elegancia que no podía faltar. Resaltando los tatuajes en su cuello y las joyas que lo adornaban.
La seguridad bajó antes que él y lo escoltaron al ingresar.
Habían bastantes personas y las paredes estaban decoradas con pinturas hechas por los mejores artistas del momento, incluyendo algunas hechas por él mismo.
Caminó tranquilamente monitoreando el salón y a lo lejos vió a un hombre frente a su cuadro.
El chico no parecía moverse pero su olor era tan llamativo que incluso estando a tantos metros, lograba marearlo.
Se acercó y le habló desde atrás.
- Pareces tener buen gusto.
El rubio ni siquiera volteó, pero le respondió - La manera en la que el fuego está sobre ellos y no parece importarles... Es increíble.
- Quise trasmitir ese sentimiento del dolor que existe en el amor y el significado de seguir sosteniendo a tu ser amado sin importar nada.
El joven volteó.
Jungkook sintió algo extraño al ver aquellos ojos tan profundos y preguntó - ¿Ya nos conocíamos?
- ¿Tú me conoces? - inquirió, tal vez igual de curioso.
- No lo sé... Me parece haberte visto pero no recuerdo en dónde, ¿cómo te llamas?
- Jimin... ¿Y tú?
- Jeon... Jeon Jungkook - sonrió galantemente.
- La subasta empezará en diez minutos, por favor, todos vayan a sus lugares correspondientes al número que les fue otorgado.
- Nos vemos, Jungkook - el rubio se despidió dejando un rastro de fragancia avainillada que hizo al más alto olfatear largo y prolongando.
- Adiós - dijo en voz baja viendolo partir, sin perder detalle de aquel cuerpo tan esbelto y bien formado.
Tomó su lugar y buscó con la mirada al chico, pero no logró conseguirlo.
La anfitriona habló por el micrófono dando la bienvenida a los artistas y a los compradores.
- Hoy tendremos muchas cosas de valor: Empezando por...
Mientras la mujer presentaba las cosas y la gente pujaba ofreciendo, Jungkook actuaba como un artista invitado más.
A pesar de ser un empresario exitoso, también amaba el arte y en su tiempo libre se dedicaba a pintar.
Cuando el evento había terminado, la anfitriona gritó pidiendo ayuda.
- ¡Las joyas! Las han robado. Llamen a la policía.
El pelinegro salió del lugar con una sonrisa socarrona en su rostro y subió a la camioneta, arrancando lejos de ahí.
Su teléfono sonó.
- Buen trabajo, lléva el paquete a dónde acordamos.
- S-señor... No logramos robar las joyas.
- ¿Qué?
- Cuando llegamos... Ya no estaban.
- ¡¿Cómo mierda no van a estar si yo mismo ví cuando las guardaron?!
- No sabemos cómo pasó... Alguien llegó antes que nosotros.
- Envíenme ya mismo las grabaciones de las cámaras, las cuales debieron vigilar. Una vez vuelva a la mansión los mataré - colgó apretando la mandíbula, conteniendo el enojo.
¿Cómo era posible que su plan hubiese fallado si lo habían planeado por semanas?
4 días antes...
Forzó una sonrisa antes de abrir la puerta y entrar a su casa.
La anciana que tejía sentada en el sofá levantó la vista para observarlo.
- Mi niño... Llegaste.
- Abuela - le regaló un besito en la frente.
- ¿Cómo te fue hoy en el trabajo?
Jimin tragó saliva - Me fue muy bien - mintió - ¿Comiste algo?
- Algunos granos, sí. ¿Y tú?
- En el restaurante siempre me dan comida - más mentiras.
- Me alegra mucho que estés cómodo allí.
- ¿Y como te sentiste hoy?
- Yo... Oriné la cama, lo siento mucho.
El rubio acarició la mejilla arrugada a causa de la edad de su abuelita y sonrió - Lo limpiaré y cambiaré las sábanas. No te preocupes... En poco tiempo podré pagar una enfermera que cuide de ti mientras yo estoy fuera de casa. También tendré dinero para la hipoteca y todas tus medicinas.
- Lo agradezco mucho, hijo. Pero estás desperdiciando tu juventud y belleza trabajando por esta vieja y eso me destroza el corazón.
- No digas eso nunca más - sus ojos se cargaron de lágrimas - eres todo lo que tengo.
Después de hablar, esa noche entró a su habitación y lloró quedito.
Había cambiado de trabajo cuatro veces en un año y nada de lo que ganaba le alcanzaba para todos los gastos que tenía. Necesitaba algo más.
Una llamada entró como si fuese una señal y contestó callando su llanto.
- ¿Sí?
- ¿Estabas llorando?
- No - mintió.
- Conozco tu voz cuando lloras.
- ¿Qué pasa, Taehyung?
- ¿Sigues en ese asqueroso trabajo?
- Renuncié hoy y creo que asesiné a mi jefe.
- ¿Cómo?
- Solo me defendí de sus abusos... Hoy, hoy quiso propasarse.
- Ese maldito hijo de puta...
- Por meses me trató como basura, humilló y acosó pero hoy intentó violarme.
- Bastardo de mierda... Me alegro de que lo hayas matado.
- Me fui cuando se desangraba. No tengo certeza de sí murió, pero de ser así, la policía vendrá pronto por mí.
- Necesitarás dinero para huir, entonces.
- Es lo que menos tengo ahora...
- Por eso te llamé. ¿Recuerdas el hombre con el que salgo?
- ¿El francés?
- Necesita robar algo en una subasta que habrá pronto en el corazón de la ciudad, y no conozco a nadie tan escurridizo como tú.
- ¿Es lo que yo creo?
- El pago es muy bueno... Servirá para irte de ahí con tu abuela y pagar sus tratamientos por un tiempo.
Jungkook agitaba su pie contra el suelo, una muestra clara de su estrés abrumador.
Las imágenes de las cámaras de seguridad aparecieron en la pantalla de su móvil y las examinó una por una con intensidad, esperando descubrir alguna pista sobre el ladrón.
Al principio, todo parecía normal. Sin embargo, se detuvo abruptamente al verse a sí mismo conversando con el rubio de la galería. Negó con la cabeza, intentando mantener la concentración, y cambió rápidamente a la cámara de vigilancia ubicada en la habitación donde se guardaban las joyas y los objetos de valor.
Una figura misteriosa irrumpió en escena, llevaba una máscara y vestía un traje negro.
- Maldito sea...
Con un arma silenciada, disparó a todas las cámaras, excepto a aquella que uno de sus hombres había ocultado magistralmente.
Acto seguido, colocó todas las joyas en una mochila y abandonó el lugar rápidamente, dejándolo vacío.
La sonrisa que se formó en el rostro de Jungkook parecía ser de satisfacción y tras hacer zoom habló en voz baja - Con que resultaste ser un ladrón...
Había reconocido esa figura.
Muy pocos hombres tenían un cuerpo así, no había manera de que fuera alguien más.
Las joyas habían pasado a segundo plano porque ahora solo le importaba conseguir al chico.









Estoy iniciando está hermosa historia 20 02 24 21 hrs
ya me gustó,🥰🥰🥰me encanta el Kokencio mafioso
esta es la continuación de otra hustoria