Prólogo
Nunca te dije cuanto te amo. Nunca te demostré lo importante que eras para mi. Y se que ahora no tengo derecho alguno de hacerlo. Pero ahora que no estas a mi lado. Ahora que ya no estas. No sé que será de mi. ¿Qué mierda se supone que haré son ti? ¿Qué haré ahora que ya no voy a poder ver tus hermosos ojos marrones? ¿Cómo mierda voy a vivir sabiendo que ya no vas a poner caminar nunca más? ¿Cómo mierda voy a vivir sin ti?— Lloro abrazando delicadamente su ahora frío cuerpo envuelto por un vestido largo y blanco. Que ahora se encuentra manchado de sangre, causado por los cortes de sus hermosas alas.— No me dejes por favor. No puedo estar vivo sin ti. No puedo. Me niego. Me rehuso a vivir en un mundo en el que tu no estas. Prefiero morir a vivir sin ti. Ninguna tortura duele más, que vivir sin ti. Mi amor, por favor te lo ruego. No me dejes. Te amo. Te amo. Te amo. Te amo. No me dejes. No te vayas. Te lo suplico. Eres todo para mi. Sin ti soy nada. Por favor. Aún te quedan muchas cosas por hacer. No puedes irte. ¿Y nuestros hijos? ¿Nuestra familia? Aún no. Por favor. Habíamos acordado en tener 2 hermosos hijos. Una niña y un niño. Todavía nos están esperando. No puedo hacerlo sin ti. No puedo. Y no quiero hacerlo si no es contigo. No puedo. — Lloro desconsoladamente en el suelo abrazando su cuerpo, acariciando su rostro, sus facciones tan finas. Tan puras, como su alma. Sigo sin aceptar que ya no podré escuchar su voz una vez más. Acaricio su cabello. Castaño, rizado, a la altura de sus hombros. Perfecto, como siempre. — Te amo.— Beso su frente, y con sumo cuidado la recuesto en el suelo. — No pienso vivir sin ti. Te amo. En nuestra proxima vida estaremos juntos Heirani. Lo juro. — Levanto mi daga que estaba tirada en el suelo y la guardo en mi pantalon. — Sí no estas viva no tiene sentido que yo lo este. Pronto nos veremos otra vez, y juro que te voy a proteger con mi vida si tengo que hacerlo. — Coloco mi braso izquierdo en su nuca y el derecho debajo de sus rodillas. Me levanto con ella en brasos y me dirijo a su arbol favorito. La recuesto a los pies del arbol delicadamente y recojo unas cuantas flores hasta tener suficientes para un ramo. Regreso y se lo acomodo en sus manos. Me recuesto a su lado y con mi ala derecha la envuelvo. — Te amo Heirani. Ayer te amé. Hoy te amo. Mañana te voy a amar. Siempre te amaré. Siempre seré tuyo, hoy y en la eternidad de universo. Lo juro. —Besé su frente, tomé mi daga y me apuñalé en el pecho. Saqué la daga y la aventé por ahí. Me acerque aún más a Heirani y la abrace. —Siempre tuyo mi amor. Te amo.— Le dí un casto beso en sus labios tan malditamente perfectos, y con mi ultimas fuerzas envolví nuestros cuerpos con mis alas creando un escudo.— Te amo Heirani. —Susurré con mi ultimo aliento.