Capítulo 1: Un segundo
Hasta hoy ni siquiera me cruzaba por la cabeza casarme, mucho menos que sería un matrimonio arreglado, mi máxima prioridad era llevar lejos la empresa, pero… hoy las cosas están raras, papá quiere hablar conmigo de algo muy serio.
Me estaba esperando en su despacho, sentado mirando a la nada como si el mundo se fuera a caer en pedazos, en cuanto me vio se levantó y me invitó a sentarme a su lado en el sillón.
—Hola papá ¿Qué sucede?
Me miró con ternura y eso me desconcertó un poco.
—Víctor, Jorge Swan mi mejor amigo tiene una hija preciosa, dos años menor que tú. Cuando éramos jóvenes platicamos sobre casar a nuestros hijos cuando tuvieran edad, él tuvo una hija y un hijo, gemelos, éramos tres amigos, pero Pedro infortunadamente falleció antes de casarse.
—No entiendo el punto.
—Pedro se iba a casar con Jazmin Chao, la tragedia les arrebató todo, Pedro falleció en un accidente de avión, así que ella fue prometida a Jorge y se casaron. Un matrimonio desastroso que se fue arreglando con el tiempo, pero no todo es una maravilla. Cuando Esmeralda tenía cinco años su madre falleció. Lucrecia, su abuela la crio como su hija y ambas familias desde antes de que tu nacieras tenemos un acuerdo de matrimonio. Cada palabra caía como plomo.
El piso se hundía bajo mis pies. Violet iba a odiarme. No. Odiarme era poco. Llevábamos meses saliendo. Había planes, expectativas, posibilidades.
Ahora tendría que llamarla para decirle que mi padre acababa de comprometerme con una mujer que ni siquiera conocía.
—Padre, sabes de sobra que salgo con una chica y decirle algo así… no lo sé. Le di mi palabra para salir con ella.
Me miró como si la carne se le cayera de la cara y me gritó.
—¡Te casarás con Esmeralda Swan porque así conviene y se acabó! Me importa un carajo con quien salgas. ¡Así que terminas con ella y no se hablará más del negocio! El viernes por la noche será tu compromiso y si le haces algún desdén a Esmeralda habrá problemas muy graves.
—Está bien, se hará como tu digas.
Esa tarde solo recibí órdenes. Me trató como mercancía. No dije nada más. Solo dolía en silencio.
Ese viernes por la noche me arreglé como convenía y fui a la fiesta. Había una mujer junto a la barra. No podía verle bien el rostro desde donde estaba, pero era imposible ignorarla.
Intenté concentrarme en encontrar a mi padre. Cuando llegué junto a él y a Jorge Swan, la vi acercarse.
Entonces entendí que era la misma mujer.
—Hola Víctor, me alegra verte, la última vez que te vi eras un jovencito, ahora eres un hombre y por lo que veo seguro has roto muchos corazones —me sentía intimidado por cómo me hablaba.
Ella estaba parada a su lado mirándome, su escrutinio me tenía contra la pared, no sabía si le gustaba o quería matarme
—Ella es mi hija, Esmeralda. Espero que puedan conocerse un poco y echar a andar este negocio.
La firmeza de Jorge solo me confirmó que mi padre tenía razón, no debía jugar con fuego.
—Hola Víctor. ¿Cómo estás?
Seguía mirándome raro, pero la forma en que me habló y me extendió la mano fue… impactante.
—¿Quieres un trago?
—Claro, un brandy.
Se fue hacia la barra y volvió con una botella de brandy y dos copas, las sirvió con delicadeza y me ofreció una.
—No me digas que no bebes seguido. —Su mirada era firme y decidida—. Es solo una copa, mi hermano dice que tengo hígado de albañil.
—Henry, mi padre me habló de él. ¿También es ingeniero como tú?
—Sí y no. Yo soy ingeniera civil con especialidad en negocios, Henry es ingeniero civil con especialidad en ingeniería estructural, yo me dedico a optimizar procesos y a ver toda la parte administrativa y aburrida de la empresa, papá dice que esta carrera es de hombres.
—No sabía que te gusta ensuciarte las manos.
—No soy una princesa. —Se encogió de hombros y vació la copa—. Ellas esperan ser rescatadas, yo construyo el edificio.
Se bebió la copa de un trago y se sirvió otra.
—Vaya, eres una chica ruda. ¿Sabes que estás tomando?
Le ganó la risa y tomó un trago más.
Sonreía como un ángel, me seguía mirando y me tomó de la mano, lo que me sorprendió mucho.
—Sé todo lo que papá decidió contarme de ti, que eres CEO de tu propia empresa, que tienes 28 años y que eres una estrella en el mundo de las finanzas, tu fecha de cumpleaños y todas esas cosas. Pero hay algo que no acabo de entender.
—¿Qué?
—¿Quién eres realmente? ¿Tenías algún compromiso?
Se me fue el trago con esa pregunta.
—Un compromiso como tal no, estaba saliendo con Violet. Pero las cosas cambiaron.
—C`est la vie. Es terrible que te pasara esto. ¿Por qué me miras así?
—¿Así como?
—Como si estuviera ebria, no lo estoy.
Me dio risa la forma en que lo dijo, como una niña justificándose.
—¿Tú tenías algún compromiso o salías con alguien?
—No. Mi trabajo es más importante que el amor, me tienen harta, en especial mi hermano. Hay algo que quiero dejar claro.
—¿Qué cosa?
—No comparto.
—¿Perdón?
—Maridos. Ni amantes. Ni triangulitos románticos. Si esto va a funcionar, será entre tú y yo. Un buen negocio no funciona si hay fuga de recursos.
—¿Por quién me tomas? No soy un promiscuo.
—-No sabemos mucho del otro, démonos tiempo para conocernos. Si quieres cancelar, no haré drama. ¿Cuáles son tus condiciones?
Hablamos. O mejor dicho, ella habló. Directa, sin filtros. Me crucificó con preguntas mientras bebía con una calma helada.
—Me parece bien, eso de conocernos y…
Me miró fijamente, esperando mi respuesta.
Y por primera vez en mucho tiempo… no supe qué calcular.
Tal vez estaba borracha.
Quizá yo también.
Pero aquella noche entendí algo.
La vida puede cambiar en años.
O en un segundo.








