Día 1: Diagnóstico/
Ha sido un despertar muy pesado, como si hubiese estado mucho tiempo dormido.
Logra levantarse de la cama, con dificultad, pero sin abrir los ojos.
Se siente diferente... Aunque no está seguro de porqué.
Decim finalmente abre los ojos, y se sorprende con su alrededor ¡Este no es su bar! No reconoce está habitación, ni los muebles, ni la ropa que luce... Su camiseta y pantalones holgados color blanco lo hacen lucir muy informal. La habitación es color rosa pastel, y la decoración es color violeta, azul marino y negro.
Por más que lo intenta, no logra recordar cómo llegó aquí... O al menos, si podría ser el hogar de alguien conocido
Al ponerse de pie, lo único que busca es la salida de esa habitación...
Al abrir la puerta, se topa con un pasillo de no más de 2 puertas en cada lado. Siendo su final unas escaleras hacia abajo.
Con la calma que lo caracteriza, Decim baja hasta la sala principal en busca de respuestas; podría ser una prueba de la torre. O tal vez, esté soñando... Una ilusión de su mente que está atada a sus recuerdos de árbitro.
De todas maneras, el que esté día y noche juzgando sin parar tal vez le cause algún trastorno mental en algún momento.
Él se detiene al verla... No puede creer lo que mira ¡No puede ser ella!
No existe razón lógica como para que Decim se encuentre en el mundo de los vivos... O mejor aún; no existe forma de que Chiyuki y él puedan convivir en el mismo lugar. Ella ha sido enviada a la reencarnación ¡No puede ser ella la persona que mira cara a cara en ese instante!
Chiyuki se alegra de verlo bien... Ha Sido un reencuentro muy inesperado. No comprende que está ocurriendo, pero se alegra de verlo bien.
Ella también acababa de despertar, estaba preparando café y esperando a que su madre despertase para desayunar juntas.
Usando un camisón manga larga color mostaza y con su cabello recogido en una coleta, no era muy difícil de reconocer para Decim.
– Chiyuki ¿Que es este lugar? ¿Cómo llegué aquí?.
– No tengo idea –responde con mucha tranquilidad– estabas tirado en plena carretera hace unos días, inconsciente. Pareciera que alguien te hubiese arrojado allí. Ví tu fotografía en el periódico como persona desaparecida, así que fuí al hospital y logré que te dejarán ir conmigo. Fue extraño la facilidad con la que te dejaron salir...
– Tal vez, no tenían forma de mantenerme allí. Aunque siento algo de desconfianza por dejarte a cargo de mí. De todas maneras, supongo que no existe comprobante físico de que tenemos alguna relación.
– Lo sé. Y contestando a tu otra pregunta, este es mi hogar. Parece que mi madre lo compró en el periodo en el que estuve muerta...
– Espera ¡¿Recuerdas tú muerte?!.
– ¿Ya lo olvidaste? Usé tu control de juez ¡Acepté que cualquiera muriese en mi lugar con tal de volver a la vida! –responde con cierto enojo– fué una decisión egoísta y algo que nunca haría... Pero aquí estoy –usando una sonrisa sincera– viva y feliz de tener una segunda oportunidad para vivir.
Decim no podía creer lo que estaba ocurriendo ¿Está en el mundo de los vivos? ¿Es posible que un árbitro pueda habitar en el mundo humano?
Esto parece un mal sueño... Sobre todo por lo que acaba de notar en Chiyuki.
Sus pies. Sus hermosos pies usados para el patinaje lucían un poco extraños...
Sus dedos están hacía adentro, y uno de sus pies apunta en una dirección en la que no debería estar.
No lo comprende; es la primera vez que mira algo así.
Chiyuki nota que su enfermedad ya no pasará desapercibida, así que decide contarle lo que ocurre...
– Pie de Charcot, así se llama lo que ves.
– Lamento mucho si te hago sentir incomoda...
– No es nada... Yo tampoco me siento a gusto viéndome así. Mis pies están deformándose. Existe un tratamiento que puede ayudarme a mejorar, pero es una enfermedad degenerativa.
Decim no comprende lo que está ocurriendo... Pero no puede evitar sentir lástima por su ex invitada. Ella finge ser fuerte, pero su sonrisa oculta su quiebre por unos segundos, cediendo a las lágrimas.
Cubriéndose los ojos, en un intento por contenerse, llora en silencio por su horrible situación.
El médico fue claro al decirle que nunca volvería a patinar en su vida. Y que, además, llegaría un momento en que su cuerpo no le permitiría ni siquiera caminar; un diagnóstico terrible para una joven deprimida.
Decim se deja guiar por lo poco que conoce a los humanos, y usa lo único que cree que podría ayudar en esa situación; un abrazo.
Ella está muy sorprendida por lo que le acaba de hacer él... Pero si que necesita un hombro donde llorar.
Correspondiendo al abrazo, Chiyuki se acurruca en el pecho de Decim. Mientras sigue llorando de forma silenciosa, pero expresiva.
– Lamento mucho que tú vida no sea la misma de antes, Chiyuki.
– Supongo que son las consecuencias de mis actos ¿No? Si no hubiese quitado la vida, tal vez mi situación sería mejor.
– Lo importante es que vives, Chiyuki. Mientras sigas viva, tienes muchas oportunidades para mejorar tu situación.
– ¡Me gustaría que mi situación fuese mejor ahora!
Así empieza a llorar amargamente, buscando una explicación o esperanza para no caer en el mismo truco; volver a renunciar a todo.
Decim se limita a abrazarla e intentar consolarla.
Ojalá eso fuera suficiente.