Único
— El joven empresario más exitoso de todo Japón, hará una otra exposición en dónde presentará una nueva joya adquirida del extranjero. Luego de la exposición, se prevé realizar una subasta para vender la joya, y el dinero adquirido se donará a un centro especialista de cáncer. El objetivo de este evento es apoyar a las personas que padecen de esta enfermedad. En otras noticias…
Era la noticia que estaba deseando escuchar, así que se puso a armar un plan. A la media noche, como un zorro sagaz, comenzó a deslizarse entre la oscuridad hasta llegar a una mansión. Y tras revisar sus puntos ciegos, donde no habían cámaras y tampoco había el personal de seguridad, aprovechó para ingresar. Un par de ojos verdes iridiscentes se distinguían de la oscuridad, lo cual comenzó a moverse entre los arbustos para escabullirse en la propiedad.
Con su sagacidad pudo ingresar por la cocina en la madrugada, eran las dos de la mañana aproximadamente, así que la oscuridad fue un factor importante para poder deslizarse entre los pasadizos.
El intrépido ladrón estaba en el primer piso de esa mansión de tres pisos, y al ser un lugar sumamente grande tenía que ser cauteloso para no ser sorprendido al robar. Así que atravesó pasillos, esquivó a algunos guardias que caminaban por ahí y evitó tropezarse con algunos objetos que se interponen en su camino. Todo con la finalidad de llegar al salón donde estaba guardado la brillante joya de diamantes. Lo cual supone que se encontraba en algún salón del primer piso. Sin embargo, no calculó que hubieran tantas puertas. Luego de tanta incertidumbre pudo llegar a la última puerta del pasadizo izquierdo, sus esperanzas estaban puestas detrás del umbral, así que una vez que abrió la puerta sus expectativas se cumplieron.
Dentro de un vidrio cristalino y sobre un suave cojín se hallaba una joya muy hermosa. Se trataba de un brazalete hecho de oro y diamantes, hecha a la medida para una mujer. Esa joya era lo que estaba buscando para solucionar sus problemas.
Con cautela cerró la puerta y asegurándose de que no hubiera trampas, se acercó hasta el objeto. Se quedó embelesado por su belleza por unos segundos, pero luego lentamente comenzó a mover el vidrio que lo cubría. El ladrón era precavido pues era experto en robar joyas, así que mientras sacaba el objeto, con sutileza colocó un brazalete falso. Solo así evitaría que se pudiera activar alguna alarma que estuviera escondida debajo del pequeño cojín. Después de eso solo cubrió el objeto con el vidrio con la intención de salir.
Y antes de que pudiera hacer algún movimiento, un ruido metálico se escuchó en la sala. Al percatarse ya era muy tarde porque quedó atrapado entre los barrotes de la ventana. El ladrón entró en pánico así que trató de salir por la puerta. Y cuando estuvo a punto de llegar a su objetivo, la misma puerta se abrió y se mostró una figura colosal. De repente un olor agrio se esparció y su cuerpo tembló ante la figura espectral.
— Vaya, vaya, vaya… mira que tenemos aquí… — una gruesa y profunda voz retumbó en el lugar. Y si antes no podía visualizar bien la figura por la oscuridad, ahora podía ver con claridad la silueta de ese hombre. Unos ojos rojos brillaban intensamente mientras la puerta se abría y daba paso a la imagen completa. Era rubio con cabellos en punta, con un semblante endurecido y una sonrisa siniestra. Sin duda un hombre al que debía tener porque no era alguien común, era un alfa enigma.— Otro ratoncito ha caído en mi trampa…
El ladrón temblaba ante su presencia pero aún así se mantenía firme. Debía encontrar una manera de escapar, porque él no era lo suficientemente fuerte para sobrepasar a un enigma. Y para su desdicha, él es un Omega.
— Pero en esta ocasión no es un ratoncito cualquiera, sino un apetecible Omega… — luego de entrar, se aseguró de cerrar la puerta y nuevamente se escuchó un ruido peculiar, como el de un cerrojo automático. — Dime amiguito, ¿Estás seguro que puedes venir aquí y llevarte está joya?
El ladrón se quedó en silencio, no quería hablar y dejar que lo reconocieran por la voz. Debía ser precavido aún si usaba un pasamontañas y guantes en las manos. El rubio mantuvo la mirada firme, además de tener un buen sentido del olfato también tenía una buena visión. Descubrió que ese ladrón era poseedor de unos bellos ojos verdes.
— Supongo que no dices nada para no reconocer tu voz… pero dime, entre los millones de personas en este país, ¿Realmente crees que pueda recordar una voz insignificante? — dijo mientras se apoyaba en la puerta y cruzaba sus brazos. La tela de su camisa blanca se ajustaba a su corpulento cuerpo, el ladrón solo tragó saliva. — Responde… — gruñó y aumentando sus feromonas hizo que el joven ladrón cayera al suelo, retorciéndose por la escalofriante sensación de ser dominado.
— Si-si… — habló bajo, pero el enigma pudo escuchar.
— Buen chico, solo tienes que ser obediente y nada te pasará… — comentó el enigma irguiéndose y acercándose al ladrón. Se quedó a solo un metro de distancia. — Por lo que puedo oler, eres un Omega recesivo. Y a pesar de lucir patético, tu aroma es muy apetecible. ¿Sabes lo que harían los alfas como yo a omegas insignificantes como tú?
El ladrón temblaba por las feromonas que lo dominaban, pero que ni así podía quitar la rabia que comenzó a surgir de su corazón. Odiaba sentirse inferior y más si era tratado como un ser insignificante. Así que, aunque no se veía su rostro, debajo del pasamontaña sus cejas estaban fruncidas. El enigma pudo percibir ese brillo en sus ojos, era la rabia brillando con fulgor en sus iris esmeraldas.
— Parece que tienes agallas detrás de tu miedo… ¿Será que te han tratado como basura y que ahora quieres enfrentarte a quienes lo hacen? — se burló, y ante está situación pudo escuchar un suave y perceptible gruñido que provenía del Omega. Esto pareció gustarle al enigma. Le encantaba ser retado, y es una situación que no iba a desaprovechar. — Ya que estás tan enojado, ¿Que te parece si te desestresas conmigo?
Un nuevo gruñido se escuchó y el enigma solo se jactó. Su risa era estruendosa pero de alguna manera era muy atractiva.
— Me gusta que lo malinterpretes, pero por ahora no te pediré que te desestreses conmigo de esa manera, sino quiero que intentes vencerme. — el enigma se alejó un poco y se comenzó a arremangar las mangas de su camisa blanca. También desabotonó dos botones de la parte de su pecho y se puso en posición de combate. — Ven y atacame. Si logras vencerme te daré el brazalete y te dejaré ir.
El ladrón pareció meditar el trato, pero volvió a gruñir porque no confiaba en él, además de que las feromonas del enigma sí que lo tenían aturdido.
— No te creo… tienes mucha ventaja… — habló el ladrón.
— Bueno, te daré la ventaja al quitar mis feromonas para que puedas actuar con libertad. Así que espero que des todo de ti porque sino tendré que matarte…
— Bien… — dijo el ladrón.
Y tal como dijo, el enigma dejó de esparcir sus feromonas. Solo así el Omega comenzó a respirar con normalidad, su cuerpo dejó de temblar y se puso de pie para encarar al alfa.
— Es hora… ven y dame una buena diversión, pequeño ratón… — dijo burlón el enigma.
De esa manera inició una pelea en la que duró unos largos minutos. Entre puños y patadas ambos se atacaban. Y quién más ventaja tenía era el enigma. Aunque no se va a negar el talento del Omega, su ritmo no era suficiente para ganar la experiencia del enigma en combate. Así que al más grande le tomó un movimiento para derribar al más pequeño. El Omega terminó en el suelo, boca abajo y con los brazos detrás de la espalda mientras que el enigma estaba sobre él.
— Nada mal para ser un Omega recesivo. Pero te falta más práctica y táctica. Aún así no me has aburrido… necesitas ser recompensado por eso, ¿No? — el alfa se burló mientras el Omega se retorcía intentando liberarse. Sin embargo, se quedó quieto luego de percibir un fuerte aroma a canela. Su visión repentinamente comenzó a oscurecerse, sabía que estaba por desmayarse y maldijo su suerte por haberse topado con el alfa.
— Maldito… — susurró mientras se desvanecía.
— Bakugou Katsuki. Recuerda mi nombre pequeño Omega, porque lo vas a gemir toda la noche…
Fue lo último que escuchó antes de caer dormido. El enigma aprovechó y se llevó al Omega junto con el brazalete que tenía guardado en un bolsillo.
(***)
Cuando el Omega despertó se encontraba boca abajo sobre una mesa de metal. Sus brazos estaban atados hacia atrás con unas cuerdas delgadas, y sus piernas estaban abiertas y atadas a los costados. Él no estaba del todo acostado, solo del abdomen para abajo estaba colgando de esa mesa. Y aunque se sentía en una incómoda posición, lo que más le aterró fue sentirse desnudo. El pequeño Omega estaba totalmente desnudo y a merced de un alfa que podría hacerle cualquier cosa. Eso lo llevó al pánico. Y aunque trató de gritar, lamentablemente no pudo hacerlo porque tenía una mordaza con forma de una bola en su boca. De repente simplemente comenzó a sollozar porque sabía que un enigma como ese hombre no le tendría piedad.
— Vaya que tu aroma a tristeza es algo que me molesta… — la voz que escuchó lo asustó aún más, provocando que sus feromonas salieran sin control. Sin embargo, dejó de hacerlo cuando las feromonas del enigma lo envolvieron.
Se sintió extraño, su cuerpo comenzó a calentarse de repente, y toda sensación desagradable desapareció. Era un aroma más dulce, como al aroma de un caramelo empalagoso. Un aroma dulce a caramelo de canela.
— Muy buen chico, parece que reaccionas a mi… entonces, ¿Qué te parece si ahora nos desestresamos de verdad? — dijo el enigma y sin perder más tiempo puso sus manos sobre las nalgas del Omega, quien solo se exaltó por ese tacto. — De verdad te haré llorar pequeño ratón… pero no de la forma en la que un monstruo sin corazón haría, sino de la forma en la que un monstruo bondadoso haría. Tú y yo lo vamos a disfrutar…
— ¡Hmmghmm!! — los gritos amordazados del Omega era lo único que se escuchaba en esa sala. Y el enigma vio que se retorcía en vano.
— Tranquilo, si estás tenso no lo vas a disfrutar… — dijo él mientras se quitaba los pantalones. Solo se dejó puesto la camisa totalmente desabotonada. — Además tengo una propuesta candente para ti…
El Omega se tensó cuando sintió el cuerpo ajeno asentarse sobre él. Percibió un cuerpo más grande y pesado detrás de su espalda, así que su piel desnuda pudo sentir la calidez ajena. Además de percibir el cálido aliento de ese alfa sobre sus orejas, una situación extraña pero que le dió cosquillas en esa zona.
— Te daré el mejor sexo de tu vida a cambio de un par de diamantes. ¿No es una mala propuesta o si? — dijo el enigma mientras con sus manos se dedicaba a recorrer la piel del Omega. — Sé que eres un Omega recesivo, sé que estás aquí por la joya que te ayudará a salir de tu miseria, y sé que necesitas un poco de placer desconocido. Así que sería un buen trato. Y para dar más confianza a lo que te haré, no seré un bruto al tomarte. Por lo menos no al inicio…
— ¡Hummngg!!! — el Omega no quería, realmente no quería aunque la propuesta era muy atractiva. Y de verdad es que necesitaba el dinero para muchas cosas. Sobre todo, necesitaba el dinero para su hijo. Su primogénito.
— Te daré una prueba de lo que estoy hablando… — dijo el enigma apartándose del cuerpo ajeno. — Bien, si no aceptas el trato lo comprenderé. Pero de todos modos lo haré. Igual voy a poseer tu cuerpo y será un recordatorio de que jamás deberás poner un pie en esta casa. ¿Entendido?
El joven ladrón gritaba con la mordaza, lo cual mostraba su inconformidad, pero no pudo hacer nada ante las feromonas que poco a poco afectaba su raciocinio. Su cuerpo era muy sincero ante semejante aroma, y aunque odiaba reaccionar ante un alfa, no podía evitarlo porque era un Omega sin marca. Su pareja nunca quiso marcarlo.
— ¡Hmmm!! — gimió al sentir un golpe en su nalga derecha.
— Tienes un bonito cuerpo, ancho como me gusta y lleno de pecas. Nunca pensé que las pecas se verían tan bien en tu piel. ¿Qué pasaría si sigo dando golpes en tus gordas nalgas? ¿Se verá bien el contraste de tu nívea piel con el color de los azotes?
Y nuevamente un golpe resonó en el lugar, seguido de otros más hasta que una rojiza marca se asentó en su piel.
— He confirmado mi teoría de que tu piel pecosa se ve bien con algunos azotes. Y ni que decir que tu cuerpo es tan honesto que me fascina. Parece que has lubricado bien tu ano para recibirme. Muy buen chico… muy buen Omega…
El pequeño ladrón se sintió entumecido por lo que su cuerpo estaba sintiendo. Era excitación debido a las feromonas pero también podía percibir un ligero placer por esos azotes en su glúteo derecho. Se avergonzó por ese sentir tan nuevo para él. Y como era de esperar, prefirió ignorar esos últimos pensamientos, así que él debía seguir luchando contra sus propios instintos. Su racionalidad aún no se iba por completo, por lo que está situación no era agradable. Sin embargo, todo pensamiento se detuvo cuando percibió un ligero tacto en su intimidad. Su voz se dejó escuchar detrás de la mordaza.
— Mmmm… nada mal, tienes un delicioso sabor. — gruñó el enigma lamiendo sus labios tras probar con su lengua el lubricante del Omega. — Es hora de prepararte… gracias por la comida…
— ¡Hmmm~!!! — un gemido agudo sintió cuando más de esas caricias en su entrada comenzaron.
La lengua del alfa recorría los pliegues de la intimidad del Omega, sintiéndose cada vez más hambriento porque su sabor es de un chocolate amargo, el único sabor que le gustaba de los dulces.
El Omega se retorcía de placer, un placer insano que lo llevaba a desear mar. Y solo por ese exquisito placer es que se olvidó en el tipo de situación que se encontraba. Solo se dedicó a disfrutar de esas caricias dejando que su cuerpo se moviera, dejándole saber a ese enigma que lo estaba disfrutando.
El enigma se estaba burlando en discreción al notar como el culo de ese Omega se restregaba ansiosamente en su cara. Al final, nadie podía resistirse al sexo oral, y por lo que veía, parecía que el chico jamás recibió un oral. Y el pensar que fuera así, le encantó. Él le estaba dando una primera vez, y ser el primero en darle ese placer le llenaba de orgullo. Y ciertamente, se burlaba porque no pensó en conocer a un Omega inexperto en el sexo salvaje.
Tras despertar de sus pensamientos, decidió hacer algo más. Metió su lengua en el agujero y como respuesta obtuvo un grito que no se escuchó como tal debido a la mordaza que tenía puesto el pequeño ladrón. Y sin darle un descanso la lengua comenzó a moverse dentro del pequeño agujero.
La reacción del Omega era de esperarse, ya que sintió como la lengua ajena entraba y se movía dentro de él. Era una sensación exquisita que nunca antes había probado. No sé imaginó que el sexo oral fuera tan deliciosa.
Y era algo lamentable que lo estuviera descubriendo con otra persona. Ya que su actual pareja nunca le hizo un oral, y a él siempre le dió curiosidad ese tipo de actos sexuales.
— ¡Hmmm!!! — gemía con fuerza, a pesar de tener una traba en su boca que le impedía gritar.
La lengua se paseaba en su interior y él no hacía más que gemir y mover su trasero para más contacto. Y aunque al inicio quiso resistirse, realmente no pudo contra sus propios instintos que buscaban más de esa sensación.
Al enigma le pareció un sabor delicioso, el chocolate amargo era de lo mejor y que solo en ocasiones le gustaba probar. Y ahora ese Omega le estaba brindando el mejor de los placeres a su paladar, y ni qué decir de sentir ese lugar bien estrecho y húmedo. De tan solo pensar estar en su interior se excitaba y sus feromonas se hacían cada vez más espesas, provocando que el Omega pudiera responder a eso.
Sus manos escudriñaban las nalgas mientras trataba de meter toda su lengua, hasta su límite, para seguir lamiendo las paredes internas de ese dulce agujerito. Sin embargo, al notar un insano deseo por escuchar por completo la voz ajena, se detuvo. La reacción del pecoso fue instantánea ya que se quejó, ante esto el enigma pudo sonreír ya que el placer no era del todo unilateral. Así que no esperó más y fue a quitarle la mordaza. Lo cual volvió a bajar el pasamontañas, que en ningún momento quitó, dejando en incógnita al Omega.
— Déjame escuchar tu voz pequeña perra… porque aunque te niegues, lo estás disfrutando tanto como yo. — tras lo dicho le dió una nalgada, y el pecoso tuvo que reprimir su gemido. El enigma sonrió con perversidad, le estaba encantando joder a ese Omega que intentaba resistir a sus encantos. Antes de proceder decidió cambiar de parecer.
Bakugou buscó las cadenas que ataban los pies ajenos y los soltó, ya que lo tenía atado a los esquineros de la mesa. Y cuando lo hizo debió esperarse el movimiento del Omega, quien comenzó a patear con la intención de darle un solo golpe, pero esto solo ocasionó la burla del enigma. Lo cual disfrutó verlo retorcerse como un gusano hasta que decidió someterlo bajo el dominio de sus feromonas. El pequeño Omega se detuvo mientras respiraba agitadamente, sus piernas solo temblaban ante el aire dominante del enigma.
— Buen chico, ahora, quisiera preguntarte una cosa más y me gustaría que me dieras una respuesta honesta… — Bakugou se acercó y se inclinó para hablarle al oído. Lo sintió estremecerse por la cercanía.— ¿Alguna vez chuparon tu pequeña polla?
El ladrón se sorprendió con la sola mención de recibir ese tipo de trato, ya que nunca en su vida había experimentado eso. Nada de experiencias compartidas, solo se dejaba mancillar porque era un Omega y debía respetar las decisiones de su alfa. A su alfa nunca le había gustado darle cualquier tipo de oral, solo el Omega era quien hacía el oral al alfa. Y todo recuerdo fue interrumpido cuando recibió una nalgada en su glúteo izquierdo. También se percató que ya no tenía el peso del cuerpo ajeno sobre él.
— Responde… — exigió liberando un poco más de sus feromonas para intoxicar al Omega. La respuesta a ello le llegó al instante porque vio nuevamente como se retorcía ante sus ojos.
— De-deten-te… — balbuceó el Omega.
— Muy bien, si quieres que lo haga responde… — Bakugou bajó un poco el nivel de sus feromonas, permitiendo que el Omega pudiera calmarse solo un poco.
— No… no recibí… no me… no me lo hicieron… nunca… — ante la respuesta Bakugou solo pudo sonreír con malicia.
— Bueno, entonces lo que haré te va a gustar…
De repente las feromonas de toxicidad disminuyeron y a cambio fue reemplazado por una de excitación. El ladrón de repente se tranquilizó y su cuerpo simplemente iba reaccionando ante ese placer que le daba las feromonas ajenas.
Y de repente sintió como su cuerpo, de la parte inferior, fue alzado hasta ser colocado de rodillas con el pecho pegado en la mesa. Era manejado como un muñeco de trapo, como si no tuviera peso, hasta quedar en una posición cómoda en el que solo dejaba ver sus piernas abiertas con su culo al aire.
Se iba a quejar hasta que dió un grito inesperado por el estímulo en su parte baja. Y no era un estímulo en su ano, sino que lo sintió en otro lado. Una boca se tragó su pequeña polla y él simplemente gritó por el impacto que su cuerpo sensible recibió.
Y si eso lo aturdió lo siguiente lo comenzó a volver loco.
— ¡Aaaaah!!! — gritó y su espalda se curvó hasta atrás, lo máximo que pudo, debido al placer que su polla estaba recibiendo.
Su polla era succionada con una fuerza brutal y él simplemente comenzó a retorcerse y gritar por el placer insano que comenzó a sentir.
Bakugou había visto el lindo color que tenía el pene ajeno y sintió curiosidad por probarlo. Así que no suprimió sus deseos y se tragó el pene del pequeño Omega. El sabor del pre semen era dulce, aunque era un Omega recesivo, no era tan agrio como lo había escuchado. Y eso solo le incentivo a succionar más, ya que si el pre semen era dulce, había altas posibilidades de que el semen ajeno fuera también dulce.
Su boca iba succionando con mayor fuerza mientras movía su cabeza de arriba hacia abajo para darle más placer al Omega. Y el aludido no hacía más que retorcerse y gritar debido a la succión que recibía. Nunca imaginó que el sexo oral se sintiera tan pero tan bien.
En algún momento dejó de resistirse para solo disfrutar de esa succión. Y lo que era más sorprendente aún es que movía sus caderas en respuesta al placer.
— ¡Ah! ¡ah! ¡mmm! — gemía sin pudor con los ojos volteados hacia arriba y su cuerpo se sacudía debido al estímulo— ¡Si! ¡Ay siii! ¡más! ¡más!
A ese punto hasta él se olvidó en el tipo de situación en la que se encontraba, solo quería disfrutar de ese insano placer que su cuerpo tuvo la dicha de probar.
Y Bakugou sonrió satisfecho por la respuesta ajena, él consiguió su victoria al lograr que ese ratoncito se volviera adicto a sus caricias. Ahora sí que iba a disfrutar de ese correspondido acto sexual.
Puso más empeño en succionar y el Omega comenzó a dar aviso de que iba a eyacular.
— ¡Me… me… me vengo!!! ¡Ammg..aaahh!!! — gritó con fuerza mientras los espasmos de su cuerpo lo hacían temblar. Su cuerpo eyaculó y fue la mejor sensación de su vida. El grito se alargó hasta que poco a poco iba cayendo al letargo. No se concentro en nada que no sea disfrutar del gran orgasmo que tuvo.
Por otra parte, el enigma se concentró en tragar el semen ajeno. Disfrutó hacerlo porque comprobó que los omegas recesivos no tienen el semen amargo, sino es lo contrario, son más dulces. Y al sentir que ya no salía nada, solo optó por dejar libre esa pequeña polla.
— Parece que lo disfrutaste pequeña perra… — habló mientras se limpiaba la boca con sus dedos y luego con la manga de su camisa.— Y como ya lo disfrutaste, es hora de que yo también pueda hacerlo…
El mencionado no respondió debido a que se sentía adormecido debido al placer. Y a pesar de no haber dicho nada, sintió como era manejado como un muñeco para quedar nuevamente en la primera posición. Sus dos piernas estaban en el suelo mientras era sujetado otra vez por esas cadenas que lo ataban a los esquineros. Se sintió expuesto y ya sabía lo que vendría luego.
— Muy bien, es hora de que también me divierta, pequeño ratoncito… — avisó el enigma, quien se colocó detrás del Omega con la manía de amasar los glúteos. Él comenzó a pasear su miembro viril sobre el agujero marrón del Omega. Quien solo se exaltó al percibir el pene de ese hombre. Solo se resignó a lo que sucedería, ya que no tenía escapatoria.
Se sentía tan vulnerable y contrariado. Por una parte, su instinto deseaba ser poseído por ese hombre; y, por otra parte, no quería hacer esto, no quería ser poseído por un desconocido. Dos pensamientos distintos se arremolinan en su mente. Lo único que sabía es que esa experiencia lo dejaría marcado. Se resignó y espero a que la penetración se diera rápidamente, para que esto pudiera llegar a su fin. Y de verdad pensó que le dolería, que iba a llorar de dolor y rabia. Sin embargo, la intrusión en su ano interrumpió sus pensamientos. Y no era el pene ajeno, porque así como entró comenzó la acción.
— ¡Ahg!! ¡ah! — el pequeño Omega gimió cuando se percató de que se trataba de unos dedos que entraron en su cavidad anal.
Primero sentía la presencia de un dedo que jugaba en su interior con rapidez. Esa sensación era exquisita porque al inicio se sintió incómodo pero luego comenzó a ser placentero.
El Omega no había pensado que ese enigma fuera a ser amable, pues lo estaba preparando. Y eso que su pareja actual no solía ser amable con él, ya que pocas veces lo preparaba para el coito. Así que este suceso de cierta manera lo sorprendió. Y gritó aún más cuando dos dedos entraron de golpe, permitiéndole sentir cada roce en su interior. No tardó mucho para que un tercer dedo estuviera dentro.
— ¡Aaaaah!! ¡ah! ¡ah! — sus gemidos salían descontrolados y ni qué decir de su lubricante, que salían cada vez más esperando recibir algo más grande.
— Parece que ya estás listo, es hora de follarte pequeño Omega… — dijo y de inmediato quitó sus dedos del agujero. El Omega gimió por la brusquedad en cómo salió, dejándolo con una extraña sensación de vacío.
No esperó mucho la ausencia de ese ser, pues el enigma colocó su pene en ese pequeño agujero y presionó.
El pene comenzó a ingresar, siendo el glande el primero en atravesar la estrecha pared del ano. El pequeño Omega gritó cuando sintió algo más grueso entrar. Y luego de quedarse quieto por unos segundos, el enigma empujó con fuerza y entró de una estocada al agujero.
— ¡Aaaagggg—! — gritó el omega al sentir algo mucho más grueso entrar. Maldición, le dolía mucho, era un pene demasiado grueso.
— Joder… — gruñó el enigma por la estrechez del culo ajeno. Y si se fijó bien, no ingresó todo, sino que llegó a cubrir hasta la mitad de su pene. — A pesar de la estimulación que te di, sigues estando estrecho… joder… que rico…
— Du-duele… — se quejó.
— Trata de relajarte o te dolerá más… y necesito que entre todo, a penas solo entró la mitad… — le comentó y el Omega tembló ante lo confesado.
Ni siquiera su pareja tenía ese grosor y tamaño, entonces lo que le esperaba sería un infierno. O eso es lo que pensó tras sentir el dolor por el grosor de una verga, de esa verga. Sin embargo, su dolor comenzó a disminuir tras sentir las feromonas del alfa. Ese aroma era increíblemente delicioso, ya que su cuerpo comenzó a relajarse y comenzó a lubricar más. Lo cual fue un alivio para el alfa ya que seguía empujando su pene. Y como la espera desespera, decidió acabar con el sufrimiento de ambos empujando con toda su fuerza. La pelvis del enigma golpeó los glúteos del Omega. Y el grito junto con un gruñido se escuchó.
— ¡Aaaah–! — el Omega dió un grito ahogado cuando sintió toda la extensión de la verga dentro suyo.
— Mierda… — el enigma gruñía por el placer que envolvía a su verga.
Es grande, malditamente grande, una verga monstruosa estaba dentro de él y no podía asimilar la capacidad que tenía para recibirlo. Se quedó sin aire por unos segundos hasta que las feromonas nuevamente comenzaron a arrullarlo. Su cuerpo se iba acostumbrando al nuevo tamaño.
— Gra-grande… — musitó el Omega.
— Joder… tu culo está aplastando mi verga de la forma más deliciosa… me encanta… — gruñó mientras sus manos amazaban los glúteos ajenos.
Se quedaron así por unos minutos más, ya que notaba la tensión del cuerpo del Omega. Así que el alfa le seguía brindando un poco más de sus feromonas hasta tenerlo un poco más flojo, más liviano, para poder destrozar ese delicioso culo pecoso.
— Ya es hora… te enseñaré lo que es el verdadero placer… — dijo, y aquel comentario alteró al Omega.
— Es-espera…
— Ya esperé demasiado… — gruñó.
Y siendo más rápido, sacó su falo del culo ajeno y lo volvió a embestir.
—¡Aaaaaahhh!! — gritó el omega al sentir esa verga golpear su útero.
Y las embestidas no cesaron, porque fueron el inicio de un momento de placer desconocido que los iba llevando a ambos al éxtasis.
El Omega sentía dolor al inicio, pues sus paredes internas aún resentían del grosor y tamaño de esa verga. Sin embargo, debido al delicioso aroma del enigma su cuerpo se iba acostumbrando a ser empalado de una manera brusca. Por lo que, la lubricación que iba en aumentó lo ayudaba a recibir semejante tamaño.
Poco a poco iba perdiendo cualquier tipo de voz que lo hacían pensar en el dolor, pues ese pene iba tocando la zona exacta para darle placer que al inicio era renuente a recibir.
— ¡Ah! ¡ah! ¡ah! — gemía descaradamente el Omega que recibía esa verga en su interior y que poco a poco lo iban calentando. Percibió una extraña sensación en su vientre y se debía al próximo orgasmo que iba a tener. — Me…me…me vengo…
— Ha… si… eyacula para mí pequeño ratón… eyacula para mí… ¡Mmmg! — empujó con fuerza y el Omega sintió ese golpe llegar a su punto dulce. Y sus ojos rodaron hacia arriba al sentir que cada vez más la penetración tocaba ese lugar, esa zona erógena.
— ¡Má..s…! — gimió al sentir que faltaba poco, un poco más para sentir ese éxtasis anhelado. Al escuchar esas palabras, aunque eran bajas, el maquiavélico enigma cesó su movimiento por un instante.
— ¿Qué dijiste? — le preguntó con sorna. Y el Omega al verse atrapado, prefirió callar. Pero el enigma es muy persistente. — Dilo o no te haré venir…
Aquello frustró al Omega, quien quería eyacular lo más pronto posible.
— Qu-quiero más… — musitó jadeante el Omega.
— ¿Qué es lo que quieres más? Dilo o no sabré a qué te refieres…
Cómo respuesta a su burla obtuvo un gruñido agudo. Y cuando sus ojos se enfocaron en los ojos del ladrón, que aún así usaba su pasamontañas. El alfa se apiadó de él y subió una parte de esa tela, dejando ver aquellos suaves y carnosos labios rojos.
— Dije que me folles, ¡Maldito idiota! — gritó frustrado, dejándole ver unos iris verdes que flameaban de excitación y frustración.
Aquello le gustó al enigma, quien no lo hizo esperar y con una fuerte embestida lo hizo callar. Los ojos del Omega de nuevo se desorbitaron al sentir tremendo placer. Y las embestidas no cesaron, de hecho, Bakugou aceleró más y más, permitiendo que su verga pudiera disfrutar de ese delicioso ano apretado.
— ¡Más! ¡más! — gritó el omega que comenzó a mover sus caderas. El alfa no apartaba su mirada de esos ojos y labios que poseia el Omega. Ese chico ocultaba una extraña belleza detrás de esa pasamontañas, pero él aún no quería averiguarlo porque si lo hacía estaba seguro de no querer soltar al ratón que atrapó en su mansión.
Sin embargo, su pequeño trance se vio interrumpido cuando sintió a su verga ser apretada con fuerza mientras que el gemido más fuerte del Omega le hizo saber que estaba eyaculando.
El alfa gruñó con fuerza al sentir a su verga ser succionado por ese agujero, él también estaba por correrse así que sin importar nada continuo con las embestidas haciendo que el Omega siguiera gritando mientras su cuerpo tuviera unos increíbles espasmos debido al placer del orgasmo.
No pasó mucho tiempo para que un gruñido muy fuerte saliera de la boca del alfa mientras se aferraba a las caderas del Omega. Se impulsó con fuerza por última vez y un potente orgasmo lo invadió. Su verga eyaculó un delicioso y caliente semen dentro del omega. Quien para entonces volvió a eyacular por segunda vez al sentir el esperma dentro de su útero.
No evitó que su cuerpo disfrutara de un doble orgasmo, y fue lo mejor que jamás ha experimentado en su joven vida.
Ambos tenían una respiración irregular, así que el enigma se acostó encima del Omega para calmar los espasmos de su cuerpo. Además aprovechaba para olfatear ese delicioso aroma a Omega.
Se quedaron unos minutos así hasta que el enigma se separó de él y sacó su verga del interior del Omega. Cuando lo hizo pudo observar como su semen salía de ese agujero húmedo e hinchado, que se contrae cada instante. Era una buena vista, lo cual no evitó sentirse orgulloso por la forma en cómo dejó a ese Omega. A pesar de que en el fondo sabía que era un hombre maquiavélico adicto al sexo. Sin embargo, prefirió pensar que es un castigo para ese ladrón que se atrevió a ingresar a robar a su casa. Un delicioso castigo que ambos disfrutaron, pues el cuerpo del Omega es muy sincero.
Lo dejó en la mesa un momento mientras él se alistaba. Por otro lado, el Omega iba regulando su respiración y con eso también era consciente de lo que pasó.
Estaba confundido, pues a pesar de haberse resistido al inicio, al final lo terminó disfrutando. Incluso recordó sus palabras exigentes, solo en ese momento tuvo las agallas de exigir algo a un enigma. Y bueno, la vergüenza le llegó de golpe porque por un momento se sintió poderoso ya que al final el enigma lo terminó por complacer.
Él solo quería desaparecer de allí, porque después de ese increíble momento, tenía que volver a su realidad. Ahora ya no sabía si culpar o no a ese enigma de violación o no, pues al final, él también estaba haciendo la terrible fechoría de robarle. No pensó que ladrón que roba a ladrón, tuviera su momento de excitación… o algo así era la frase.
Salió de su estupor cuando percibió al alfa limpiar su trasero, dedujo que estaba usando unos pañuelos húmedos. No supo en qué momento se fue para conseguir algo así. Incluso si lo tomo a la fuerza, el imbécil era considerado.
Ojalá y su actual pareja fuera considerado con él.
No tuvo más opción que resignarse y no llorar por lo estúpido que fue. Al final terminó entrando a la guarida de un lobo que lo devoró.
También sintió que lo estaba desencadenando. Y cuando le quitó las sogas de sus brazos, el Omega terminó por caer al suelo. Se encontraba adolorido, no solo por su parte baja sino porque sus brazos estaban atados por un par de horas, quizás.
— Muy bien Omega, este fue tu castigo por ser osado en entrar a mi mansión con la intención de robarte mi preciosa creación. — el enigma habló pero él ni siquiera podía levantar la mirada. Se sentía avergonzado y de cierta forma ultrajado. — Te daré dos diamantes como recompensa por haberte tomado. Y como prometí, no pondré cargos en tu contra porque estamos a mano. Así que solo puedes vestirte e irte por dónde viniste.
Tras lo dicho, ambos se quedaron en silencio. El enigma solo se quedó observando al Omega, quien no daba indicios de levantar su cabeza.
— Y como última oferta, te diré que vuelvas aquí para jugar al gato y al ratón conmigo. Solo si quieres disfrutar del placer que te ofrecí hoy. — añadió — Pero si no quieres, entonces está será la última vez que nos veamos. No quiero volver a verte a menos que aceptes mi oferta. ¿Entendido?
Un gruñido de advertencia salió de él, y al no obtener una respuesta se acercó al Omega y lo tomó de su quijada para verlo a los ojos.
El Omega no tuvo más opción que verlo a los ojos; aún si sabía que estaba protegido por el pasamontañas, que no se quitó en ningún momento, no evitó sentirse pequeño a su lado.
— ¿Qué quieres de mí? — preguntó con un atisbo de agallas.
— Tu cuerpo. Si es que lo podemos llamar así a este encuentro que me llenó de éxtasis. — le confesó sin apartar su mirada. — Nunca conocí a un Omega con un aroma tan delicioso y además, que fuera un atrevido a retarme. Así que se puede decir que me gustas sexualmente…
— Estás loco… — respondió el pequeño ladrón, aún con el pasamontañas pudo sentir como un ligero rubor se acumulaba en sus mejillas.
— Siempre lo estuve, pero siempre seré considerado con mis parejas sexuales… — le dijo con una sonrisa petulante, luego simplemente se levantó y se encaminó a la salida. — Piénsalo bien pequeño ratón, tal vez puedas tener más de mí que yo de ti…
Y con esa simple frase salió de la habitación. Tras su salida se escuchó el ruido de unos cerrojos abriéndose. Cuando el Omega se percató del lugar en dónde estaba, no se encontraba en la misma habitación de antes, sino se encontraba en un lugar oscuro y con poca iluminación. Supuso que era el sótano, pues pudo ver una pequeña ventana sin barrotes. Era libre. Ahora solo tenía que salir de allí. El imbécil lo dejó a su suerte.
— Idiota, al menos hubieras dejado lo que prometiste… — dijo tras recordar los diamantes. Él comenzó a cambiarse.
Y antes de que pudiera maldecir su desgracia, observó en aquella mesa una pequeña bolsita de color rojo. Al abrirlo y vaciar el contenido en su mano, le cayeron tres diamantes de tres centímetros. El Omega abrió sus ojos sorprendido, era más de lo que le ofreció. Sin embargo, se dijo a sí mismo que debían ser más. Con ese pensamiento salió del lugar con discreción.
(****)
Dos semanas después, el pequeño ladrón tenía un problema muy grande. Y es que no lograba sacar la mancha de una sábana blanca que accidentalmente su hijo había ensuciado con tinta azul. Ya llevaba más de tres horas en la misma situación y sentía que el enojo iba subiendo por su sistema.
— ¡Ya! ¡es suficiente! — gritó y se desquitó con la sábana mojada que tenía en su mano a tal punto de romperlo. — ¡Estúpida tinta! ¡estúpido detergente! ¡estúpido Bakugou Katsuki!
Y sintiendo la furia aumentar debido a la mención de ese hombre, el joven Omega dió un golpe a la pared y se sacudió sus cabellos verdosos. Al final solo suspiró e hizo un puchero debido a la contrariedad de sus emociones. Al final se acercó al lavabo y se lavó la cara. Cuando levantó el rostro se fijó en su semblante.
Dos ojos verdes, pecas en las mejillas y de cabellos rizados de color verde. Lo más notorio de él eran sus ojeras, unas terribles ojeras estaban debajo de sus ojos que mostraban el cansancio extremo.
— Soy Izuku Midoriya, tengo 24 años, tengo 1 hijo de 6 años y actualmente estoy volviéndome loco… — habló con su reflejo — No puedo creer que no pueda superar lo sucedido… ¡Ya llevo más de dos semanas sin poder dormir bien! ¡Y todo por culpa de ese hombre! ¡pero quién me manda a robar a semejante hombre! ¡ay Izuku, eres un idiota! ¡ya deberías dejar de pensar en lo sucedido!
Y antes de que siguiera con su monólogo, escuchó que alguien tocaba la puerta.
— ¿Papi? ¿estás bien? — la voz de un niño se escuchó detrás del umbral de esa puerta. Aquella voz lo trajo de vuelta a la realidad.
— Si cariño, estoy bien…
— Te escucho murmurar, ¿Seguro que estás bien?
— Si, estoy bien… solo ya sabes cómo soy…
— Está bien, pero no te demores en el baño, necesito entrar… — dijo el pequeño y nuevamente se escuchó sus pasos alejarse.
— Ay cielos… necesito olvidar… — Izuku nuevamente suspiro y prosiguió con lo que hacía. Solo le faltaba enjuagar esa sábana, pero al ver que estaba completamente destrozada, no le quedó de otra más que arreglarlo después.
Más tarde, Izuku estaba en la sala junto a su hijo haciendo la tarea del menor. Estaban tranquilos hasta que se abrió la puerta principal de su hogar. Ambos se tensaron cuando la sala se inundó de un aroma a roble. El alfa de ese hogar había llegado.
— Izuku, sírveme comida, tengo hambre… — dijo ni bien entró. El mencionado simplemente se levantó a acatar lo ordenado, además mandó a su hijo a su habitación.
El pequeño niño obedeció de inmediato, evitando a su padre, quien solo lo ignoró y tomó asiento en la pequeña mesa del lugar.
Izuku estaba preparando la cena cuando un peculiar aroma se comenzó a desprender, era un aroma diferente. Al voltear y ver a su pareja revisar el celular, se percató que ese olor provenía de él.
— ¿Qué ves? — le dijo su pareja al percatarse de que era observado. — ¿Acaso quieres follar en la mesa?
Tras lo dicho Izuku volteó y continuó sirviendo la comida. El alfa gruñó al sentirse ignorado.
— Parece que no hay respeto en esta casa, ya que ni el niño saluda a su padre… — gruñó.
— No hablemos de eso ahora, no cuando Kota está en su cuarto y puede escucharnos…
— ¿Realmente lo estás educando como se debe? Porque no se comporta como un alfa debe comportarse.
Izuku dejó el plato a un lado y volteó a mirarlo con el semblante enojado.
— ¿Y cómo se comporta un alfa? — preguntó Izuku— ¿Quieres que se comporte como tú? ¿Quieres que actúe como un imbécil? ¡Estás muy equivocado si piensas que mi hijo será como tú!
— ¡No me faltes el respeto! ¡Soy tu esposo! — gritó golpeando la mesa.
— El respeto que te tenía lo perdiste hace dos años, cuando perdoné tu maldita infidelidad…
— Ya te explique la razón, ¿Acaso eres idiota y no puedes olvidar ese minúsculo detalle? — levantó la voz, sus feromonas comenzaron a descontrolarse.
— En ese tiempo no me di cuenta lo imbécil que fui al no dejarte. Pero eso se acabó. ¡Esto se acabó!
— ¿Qué quieres decir?
— Quiero decir, que eres más imbécil de lo que parece. Ahora ya ni te importa disimular tu maldita manía de follar a cualquiera. Y ya no voy a soportar quedarme a tu lado para seguir soportando tu maldita infidelidad. ¡Esto se acabó! — gruñó Izuku mostrando sus pequeñas garras.
— ¿De verdad es esa la razón por la que me quieres dejar? ¿O acaso es porque tuviste sexo con otro imbécil? ¡¡Responde!! — gruñó soltando sus feromonas agrias de un roble. Izuku tembló ligeramente por ese aroma.
— ¡¿De verdad vas a meterme en el mismo saco en el que estás?! ¡Eres un maldito descarado! — gruñó Izuku manteniendo la poca cordura que le quedaba.
— Ja, ¿de verdad piensas que soy un estúpido? — gruñó mientras se acercaba a Izuku, quien no evitó retroceder. El alfa lo agarró de la solapa de su camisa.— Sé que te acostaste con alguien hace dos semanas, no me vengas con mentiras… olías a un alfa barato y eso me enfadó muchísimo. Y de verdad que quería golpearte pero me aguanté, así que es mejor que agradezcas a la puta con la que me acosté porque fue ella quien calmó mi rabia…
— ¿Barato dices? ¡Ja! — se burló Izuku. — Ese alfa es superior a ti… y no sabes qué es lo mejor de todo eso… — Izuku se acercó un poco al alfa— Y es que ese alfa tiene el pene más grande que tú, además es el único con quién disfrute el sexo salvaje…
— ¡Eres un…!! — gruñó y de inmediato golpeó a Izuku en el rostro, lo cual lo hizo caer al suelo.
El Omega chillo de dolor por el golpe, pero su mirada fue de odio cuando vio al alfa acercarse a él.
— No me provoques Izuku, no sabes lo que soy capaz de hacer si me provocas. Sabes que puedo lastimar tu linda carita…
— No te tengo miedo imbécil… ya no más…
— Deberías…
Tras su amenaza, él liberó sus feromonas para someter al Omega, lo cual funcionó perfectamente. Y tras verlo indefenso procedió a dejarle un recordatorio.
Las patadas en su estómago y en su rostro era una medida que el alfa tomaba para corregir al Omega. Ya que, osaba retarlo y eso era algo que no le agradaba. Para suerte de ese alfa, el Omega era recesivo así que le afectaba rápidamente las feromonas de un alfa, por lo que hacía lo que se venía en gana con su cuerpo.
Cuando creyó que el alfa se había cansado, Izuku volteó la cabeza y se fijó que su hijo los estaba mirando mientras lloraba.
— ¡Vete Kota! ¡ve en la vecina! — gritó Izuku.
— Hazle caso a mami Kota, porque no querrás saber lo que ocurrirá si te quedas… — le advirtió el alfa que miraba al niño con odio.
El niño temblaba y no tuvo más opción que hacer caso a su madre. Y mientras corría, recordaba el mismo suceso en algunas ocasiones. Cuando el bastardo de su padre lastimaba a su madre y él siendo un niño muy pequeño no podía hacer nada para detenerlo. Al final su madre terminaba herido. Y ahora tenía miedo, mucho miedo. Él nunca pensó que tener un padre fuera horrible, incluso deseó no tenerlo. Pero lastimosamente aún dependían de él.
Estaba tan centrado en sus pensamientos que no se fijó en las calles. Y cuando se percató en dónde se encontraba, un auto estaba por atropellarlo. Él por instinto cerró sus ojos y puso sus brazitos como una barrera para protegerse. Sin embargo, el carro llegó a frenar a tiempo, no sin antes desviarse del carril. Por suerte a esas horas no transitaba muchos carros por ese barrio.
El niño levantó un poco la mirada y al sentirse a salvo su cuerpo comenzó a temblar hasta caer al suelo. Él comenzó a llorar sin importarle que alguien lo viera.
— ¡¿Que mierda te pasa mocoso?! — un gruñido se escuchó provenir de donde estaba el auto mientras se acercaba hasta donde estaba el infante — ¡¿Por qué te quedas parado como un estúpido en medio de la carretera?
A pesar de los gritos que le daba ese señor, a Kota le dolía más saber la situación en la que se encontraba.
— ¡¿Me estás escuchando?! — le gritó pero el niño sigue sin escucharle, de hecho, su llanto creció hasta casi dejarlo sordo. El hombre no tuvo más remedio que calmarse, y tras dar un gran suspiro se acercó a él. — Oye mocoso, ¿Dime por qué estás llorando en medio de la carretera?
El pequeño Kota despegó sus pequeñas manos de su rostro y observó a quien le estaba hablando. Se trataba de un hombre grande, de piel medio bronceada, de ojos rojos y un extraño cabello rubio en puntas. A pesar de verse intimidante, no parecía una mala persona. Él solo comenzó a bajar el volumen de su voz para intentar hablar.
— Mi-mi mamá… mi mamá está… mi… mi... mamá…
— Tranquilízate mocoso… — suspiró el hombre agachándose — Sea cuál sea el problema no es razón para lanzarte a la carretera en busca de una muerte segura…
— Yo-yo no quería…
— Ok ok, calma mocoso, si no hablas la oración completa no te comprenderé… — Kota miro como el adulto sacaba de su bolsillo un pañuelo y se lo entregó.— Toma, límpiate los mocos que no entiendo mocoñol…
— Pffff… jajaja… ¿Mocoñol? Jajaja… — el pequeño Kota aceptó el pañuelo tras reírse. Se limpió su nariz y lo miró con un semblante más relajado. — ¿De dónde sacas esas ideas de nombres?
— Del cerebro, de dónde más… ni modo que me los saque del culo… — dijo levantándose. Observó a los alrededores y supuso que pasó por una zona alejada de la ciudad. No pensó que su rabia le fuera a llevar hasta ese lugar. Bajo la mirada hacia el niño que nuevamente se burló. — ¿Ya puedes hablar?
— Mmm… creo que sí… — dijo el pequeño y de inmediato se levantó.— Gracias señor…
— Muy bien mocoso, dime dónde está tu mamá…
— No soy un mocoso… — le gruñó, lo cual salió como un pequeño chillido— Me llamo Kota señor…
— Como sea… dime dónde está tu mamá…
Y antes de que pudiera responder escuchó el sonido de un claxon, al voltear se fijaron que aún seguían en la carretera. El claxon volvió a sonar persistente.
— ¡Ya cállese viejo decrépito! — le gritó, lo cual el señor del carro le respondió con otro insulto. Pero este ni se inmutó así que volteó a ver al niño. — Oye mocoso, espérame sentado en la acera. Y ni se te ocurra volver a meterte en la carretera…
No le dejó replicar así que ambos se movieron de la carretera. Kota obedeció y lo esperó en la acera, sentado, mientras veía como el malhumorado rubio movía su carro hasta hacerlo cuadrar a un costado. Ese era un carril de una ida, así que pudo cuadrarse con tranquilidad. Además de que por allí no había inspectores de tránsito. Luego vio a ese hombre regresar y sentarse a su lado.
— Ahora sí mocoso, dime dónde está tu mamá…
— Ya le dije que no soy un mocoso, tengo nombre…
— Mientras te salgan mocos por la nariz te llamaré mocoso… ¿Capichi?
— ¿Y ahora eres francés?
— Italiano mocoso…
— Italiano o francés para mí suenan igual… — Kota se encogió de hombros.
— Eso no lo discuto. Da igual, dime qué sucedió con tu mamá…
Al notar que el pequeño cambió su semblante, solo tuvo que esperar. Él tampoco tuvo un buen día, pero eso no significa que fuera cruel con el niño, quien parecía estar perdido.
— El viejo feo le pegó a mi mamá… y yo, yo no pude hacer nada. Solo tuve miedo y escapé… soy un cobarde… — el niño volvió a llorar, y por su aroma, denotaba mucha tristeza.
— A ver mocoso, no hay nada de malo sentir miedo. Sin embargo, hay días en los que debemos ser fuertes para enfrentarnos a esos miedos. — aconsejo el hombre — Y bueno, si escapaste es seguramente porque tu madre te lo pidió, ¿No es así?
— Si-si… él no quería que yo estuviera luego de lo que le haría ese hombre. Solo obedecí aún si no quería irme…
— Bueno, tu madre solo te protegió. Todavía estás pequeño para enfrentar a un alfa grande, sin embargo, aún hay algo que puedes hacer para proteger a tu mamá…
— ¿Y cómo puedo ayudarlo? — preguntó curioso el niño mientras limpiaba sus lágrimas con el pañuelo.
— Si ves a tu mamá en apuros, puedes hacer dos cosas. Lo primero, es que puedes distraer al bastardo para que tu madre intente escapar. Lo segundo, es que salgas a pedir ayuda.
— ¿Y-y si no puedo?
— Pregúntate esto cada vez que sientes miedo. ¿Quieres que tú mamá muera en sus manos?
— ¡No! — gritó el niño— No quiero perder a mi mamá, es la persona que más me ama en este mundo…
— ¿Lo ves? ¿Sientes esa ira salir de tu corazón? — el hombre señaló el pecho del pequeño, quien solo asintió. — Usa esa ira para sacar el coraje que llevas dentro. Si no quieres que nada malo le pase a tu mamá, entonces debes obligarte a sentir coraje para protegerlo…
— Señor, ¿Usted siempre tiene coraje por eso es tan gruñón?
— ¡¿Ha?! — el hombre se enfadó y la forma en que se desquitó fue apretar las mejillas de ese mocoso. — Así es mi carácter mocoso…
— ¡Auch! Pero usted dijo…
— Sé lo que dije, pero son dos cosas diferentes. Además yo siempre tengo el coraje para hacer lo que se me dé la gana y eso ya es algo que aprendí con el tiempo…
— Wow… eso es increíble…
— ¿Verdad que sí? — el hombre le acarició los cabellos al niño, quien solo pudo sonreír.— Yo soy siempre genial…
— Engreído… — se burló Kota. El mayor solo chasqueó la lengua.
— ¡Kota!! — se escuchó un grito femenino provenir detrás de ellos. Al voltear una mujer de edad se acercó a ellos, lo cual el mencionado se levantó y corrió a abrazarla. — Mi niño, ¿A dónde te has ido? Tú mamá está muy preocupado por ti…
— Perdón mamá Chiyo, estaba muy asustado así que corrí y ese hombre me ayudó… — dijo Kota separándose de ella para señalar al hombre que ahora se encontraba de pie.
— Muchas gracias por ayudar a mi pequeño Kota… — agradeció la anciana con una leve reverencia.
— No ha sido nada señora, simplemente estaba de paso y me encontré con un mocoso llorón…
— ¡No soy un mocoso! — le gruñó el pequeño.
— Tal vez no un mocoso, pero si un llorón… — él lo estaba provocando, y vaya que si funcionaba.
— ¡Tampoco soy un llorón! — le replicó.
— ¿En serio? ¿Estás seguro que no eres un mocoso y tampoco un llorón?
— ¡Si, estoy seguro!
— ¿Estás seguro, seguro?
— ¡Sí, estoy seguro!
— ¿Estás seguro que no le tienes miedo a nada?
— ¡Si, estoy seguro!
— ¿Y eso también significa que serás capaz de proteger a tu mamá con valentía?
— ¡Sí, estoy seguro!
— Bien, así se habla mocoso… — le sonrió con autosuficiencia.
— Jejeje… — Kota le mostró una bonita sonrisa, lo cual a la anciana lo confundió al inicio pero luego sonrió al ver al niño más animado.
— Es hora de irnos Kota, tú mamá está esperándote…
— Está bien mamá Chiyo… — le sonrió a la abuela y volteó a mirar al hombre rubio. — Yo debo ir a ver a mi mamá…
— Eso está genial… ahora verá a un nuevo mocoso, un mocoso más valiente…
— ¡Sí!
— Nos vemos mocoso, intenta no lanzarte a la carretera cada vez que veas uno… — se mofó y de inmediato se dió la vuelta para encaminarse a su auto, a la pasada con su mano derecha se despidió también de la señora.
— ¡Idiota! — le gritó Kota con una sonrisa.
— ¡Cuida ese lenguaje mocoso! — le respondió antes de entrar a su auto.
— Mira quién lo dice… — se mofó Kota y luego vio al auto perderse en la carretera.
— Parece que te divertiste con ese señor, ¿Cómo se llama?
— Me olvidé preguntarle su nombre… — dijo Kota al mismo tiempo que tomó la mano de la anciana.
— Pero aún así no te confíes de los extraños…
— De hecho, fue el único extraño a quien le importé. Me dió buenos consejos… — de esa manera el pequeño comenzó a contarle cómo conoció al hombre de cabellos de erizo y ojos rojos.
Y cuando llegó a la casa de la anciana Chiyo, no pudo evitar llorar de nuevo cuando encontró a su mamá Izuku en el sillón, de inmediato corrió y ambos se abrazaron.
— Kota, cariño… te dije que me esperes en Chiyo… ¿A dónde te fuiste? — Izuku lloró mientras besaba la cabeza de su hijo.
— Perdón mamá… perdóname por dejarte solo… — Kota lloraba porque nuevamente observó el rostro herido de su mamá, así que la culpa nuevamente lo hizo llorar. — No debí dejarte solo con ese idiota…
— ¿Kota? — Izuku se apartó para ver a su hijo, pues estaba sorprendido de escucharlo hablar groserías. — ¿Dónde escuchaste esa palabra?
— Del hombre cabellos de erizo… — confesó mientras se limpiaba sus lágrimas que no dejaban de salir. — ¿Te duele? — con sus pequeñas manos comenzó a tocar su rostro que estaba con algunos moretones.
— Ya pasará cariño… — Izuku nuevamente abrazó a su hijo y le comenzó a dar mimos junto con sus feromonas para calmarlo.— Pero no me gusta que repitas las palabras que otros digan. Las groserías no es algo que debas aprender…
— De acuerdo Ma… por favor dime qué ya no iremos a esa casa, no quiero ver más a ese hombre. — el pequeño Kota se aferró al cuerpo de su mamá. Izuku simplemente lo cargó y lo abrazó. Luego se sentó en el pequeño sofá mientras veía venir a la señora Chiyo, quien sirvió una taza con té de manzanilla para los tres.
— Tranquilo cariño, el tiempo de vivir con ese hombre llegó a su fin. Nosotros nos iremos a vivir a otro lado. Pero hasta entonces la señora Chiyo nos recibirá en su casa.
— Está bien mami… por favor, abrázame mucho… — Kota lo abrazó y su madre correspondió la caricia.
Luego de la cena, Izuku llevó a su hijo a dormir en una de las habitaciones que tenía disponible la señora Chiyo.
Izuku le agradeció el haber aparecido en el momento justo antes de que su pareja le hiciera algo más. Ya que no se atrevió a tocarlo luego de ver a una desconocida. Al final, Izuku solo tomó algunas cosas y se fue con Chiyo, quien lo curó; sin embargo, al no ver a su hijo se preocupó por lo que la señora Chiyo se ofreció a buscarlo.
También le contó cómo es que llegó a esa situación, ya que en su adolescencia nunca esperó conocer esa horrible faceta del que alguna vez fue su amigo y su actual ex pareja. Se tardó seis años para conocer el verdadero rostro de ese hombre, con quién lamentablemente formó un hogar. Un hogar que felizmente no se concretó con un matrimonio y una marca.
Recuerda que ambos se conocieron por la amistad de sus madres, y de ahí surgió una bonita amistad por dos años. Lamentablemente, en el transcurso de ese tiempo, ocurrió un trágico accidente en el que Izuku perdió a sus dos padres, dejándolo a él en la miseria pues perdió todo. No solo perdió a sus padres, también perdió su hogar debido a que no tenía el suficiente dinero para conservarlo. Él también se llenó de algunas deudas que sus padres tenían, y debido a eso se vio obligado a buscar refugio en la familia de ese chico.
Al inicio fue todo bonito, lo trataron bien a tal punto de saldar las deudas de Izuku. Sin embargo, otra tragedia ocurrió, dónde perdieron a la madre del chico en un accidente. Ese fatal desenlace los obligó a separarse. Izuku se convirtió en víctima de una nueva presión para pagar las deudas que antes ellos habían saldado, obligándolo a dejar sus estudios en el último año de preparatoria. Y al final, tras ser presionado terminó siendo pareja de ese chico llamado Shigaraki, con quién terminó teniendo un hijo. La situación era tan dura para él, que no encontró una forma de librarse de ese sufrimiento. Pues con el tiempo se iba resignando por las deudas excesivas que, en lugar de saldarse, parecían incrementar con su sola existencia.
Tal vez por eso no era capaz de defenderse de él, tal vez por eso es que no se libraba de una relación que no avanzaba en nada, y quizá fue manipulado a tal punto de creer que no sería amado por nadie. Izuku se sentía tan desdichado que el único que lo sacaba a flote era su hijo.
Así que en algún punto de su vida aprendió a robar, sin embargo, sus ganancias se iban a la deudas que el padre de Tomura le seguía exigiendo. Es por eso que aún carecía de dinero, a pesar de que tenía los diamantes que obtuvo a un gran precio. Pero como nada es eterno, uno de los diamantes entró a una casa de empeño debido al gran valor, y de eso solo le quedaba poco dinero. Los otros diamantes se quedaron escondidos en la casa de su ex pareja, por lo que debía ir a recogerlos. Con eso en mente, Izuku trató de dormir. Al menos el poder hablar con alguien de confianza le ayudó a sentirse un poco mejor.
(***)
Una semana después de lo sucedido, a Izuku le estaba costando acercarse a esa casa para poder sacar los diamantes que tenía escondido. Ya que se percató que habían personas que entraban y salían, sin dejar nunca un momento la casa. Y lamentablemente el dinero que tenía para subsistir ya se estaba acabando. Por lo que, necesitaba esas joyas para empeñarlo.
Y cuando llegó el punto en que se quedó sin un centavo y el ir allí era imposible, una loca idea se asomó por su mente. No quería hacerlo, pero no veía otra manera de salir de esta situación. Así que sin dudarlo, un fin de semana decidió ir a robar.
Al llegar a esa mansión un montón de recuerdos le llegó a la mente, y aunque se sentía avergonzado por lo sucedido la última vez que se acercó allí, se animó a entrar con cautela.
Atravesó el muro, el patio y los pasillos sin dificultad. Finalmente ante él se presentaba la gran puerta y detrás de ese umbral seguramente había otra joya esperando a ser robada por él. A pesar de que se prometió a sí mismo no volver, ese día rompió cualquier duda que tenía debido a su necesidad de supervivencia.
Y sucedió lo esperado cuando ingresó y tomó el collar de rubí que estaba en exhibición en ese mismo lugar. No hacía falta voltear para saber que había alguien que entró en esa habitación.
— Ha pasado mucho tiempo, pequeño ratón… — reconoció esa voz gruesa y ronca, era el enigma, Bakugou Katsuki.— ¿Recuerdas que te advertí que si volvías a poner un pie aquí, tendrías una dolorosa muerte?
— Si… — musitó sin voltear a verlo, realmente estaba manteniendo la calma aunque su cuerpo comenzaba a temblar por sentir la cercanía de ese enigma.
— ¿Y qué haces aquí si sabes la advertencia? ¿o acaso buscas tener una muerte segura? — los pasos del enigma se acercaban peligrosamente hacia él. Y sin evitarlo, el enigma se posicionó detrás y posó sus labios cerca al oído del Omega. — ¿O estás buscando otra cosa que tú y yo deseamos?
La respiración en esa zona sensible del cuello lo estremecía, así que no tuvo otra opción más que sacar las agallas que le hacían falta. Aunque ya las tenía por estar solo allí.
— Sabes que si estoy aquí es para algo más que solo morir. Y creo que sabes a qué me refiero…
— Umm… entonces, ¿Qué te parece si pasamos directo a la acción?
— Es raro que el sádico gato se atreva a preguntar algo que desde el inicio hacía lo que se le plazca… — cuando dijo esas palabras, sorprendiendo al enigma, él aludido de inmediato comenzó a reírse.
— El pequeño ratón ha sacado las garras… me gusta…— gruñó y por las feromonas que comenzó a soltar, la excitación se hizo presente.
Se quedaron en esa posición por unos segundos, disfrutando de los aromas, hasta que las manos del vivaz enigma comenzaron a pasearse por la cintura del Omega, quien solo temblaba ante el tacto. Está situación es algo que esperaba, pues si se había atrevido ir allí es justamente por el trato que le ofreció el enigma. Y todo pensamiento fue interrumpido cuando la mano del alfa llegó hasta su rostro, lo cual lo detuvo.
— No. Dicen que una aventura es mejor si existen los secretos. Y lo mejor para los dos es que no veas mi rostro…
— Mmm… como quieras, pero tú cuerpo no se salva de las cosas que le haré…
— Solo tómame como lo hiciste al inicio…
Y sin decir alguna palabra más, el enigma lo cargó como a un costal de papas y lo sacó de esa habitación.
Ese día la pasión fue más ferviente que la primera vez. Y ni que decir que ambos pudieron disfrutar del sexo sin ningún tipo de inhibición.
Sus cuerpos se comprendieron a la perfección con el salvaje vaivén de sus caderas. Los gemidos y gruñidos eran la única melodía que los envolvía mientras disfrutaban del éxtasis del sexo.
Izuku nunca se había sentido tan deseado en su vida y eso lo abrumaba hasta hacerlo llorar. Porque durante toda su vida creyó que al ser un Omega recesivo nadie lo querría. Y hasta ese momento comprendió que todos estaban equivocados, porque había un hombre salvaje que lo deseaba… aunque sea solo para saciar su deseos carnales.
Se entregó a él no solo por los diamantes sino porque era el único que le dió otro camino por el cual recorrer para salir adelante. Aunque era evidente que era un camino fácil por la forma en cómo se desarrolló. Pero esto era mejor que ir a un prostíbulo, porque este alfa tenía sus propias reglas. Además de que no era cualquier alfa a quien se entregaba, era a un enigma, el ser que está por encima de los alfas y omegas.
Con ese pacto, el juego del gato y el ratón dió inicio.
(***)
El tiempo avanzó, tres meses para ser exactos, y dió la bienvenida al invierno. Muchas cosas sucedieron en ese lapso. La parte más importante, es que Izuku se pudo mudar a la casa de la señora Chiyo Shuzenji, en dónde tuvieron tres meses de convivencia tranquila.
Izuku asistía normalmente a su trabajo, en un restaurante cercano en el que trabajaba a tiempo completo. Su pequeño hijo, Kota, recuperó el ánimo y la confianza que le hacía falta. Todo eso se dió gracias al apoyo de esa señora que mostró su incondicional ayuda. Además, como vivía sola no se le hizo ningún problema hospedarlos. De hecho, el tener compañía le dió la tranquilidad que necesitaba.
Actualmente ellos tres son los que viven en ese pequeño y cálido hogar, cumpliendo cada rol. Izuku trabaja en el restaurante, aporta con el dinero para pagar los alimentos y algunos gastos básicos, incluyendo los labores de la casa; Kota, al ser pequeño está estudiando con más ánimos, pero también apoya con algunos deberes; por último, la señora Chiyo trabaja vendiendo sus tejidos, también se encarga de los deberes.
Todo estaba relativamente bien en sus vidas, pensaron que iba a mejorar y quizá darse el lujo de comprar más cosas para el hogar. Sin embargo, como las deudas de Izuku seguían, él continuaba haciendo sus negocios para librarse de ese hombre, quien prometió darle la libertad si le daba un monto exagerado de dinero. Y ya estaba por la mitad, por lo que seguía haciendo "ese" tipo de negocios con el hombre que puso su mundo de cabeza.
Y se dice que lo puso de cabeza porque realmente lo estaba comenzando a afectar. Ya que los encuentros íntimos iban tomando una ruta un poco más peligrosa, una ruta que si no se detenían al final terminaría perdiendo más de lo que obtenía. Descubrió que la pasión entre los dos tenía mucha química. Así que su juego continuaba entre caricias del cuerpo, y que sin querer comenzaba a calar su alma. Y si eso sucediera, lamentablemente sería tarde para librarse de aquel inesperado sentimiento. El amor.
(***)
Una semana antes de navidad, se encontraba un pequeño niño arreglando su cama para dormir. El pequeño Kota esperó en su cama pacientemente a que su lindo papá fuera a desearle las buenas noches. Y tal como anhelaba, el joven Izuku se acercó a él y con mucho amor le deseó una linda noche. Un beso en su frente fue suficiente para hacerlo feliz. Luego de eso vio como su papá lo dejaba solo en esa pequeña y cálida habitación.
Esperó hasta que las luces, que se veían debajo de la puerta, se apagaran. Y con discreción se levantó y miró debajo de la cama, ahí había una caja. Sacó ese objeto y lo abrió, adentro había una camisa de algodón con el aroma de su mamá Izuku. Lo tomó y comenzó a aspirar para sentirse más tranquilo. Luego buscó más y encontró un pañuelo de color naranja, nuevamente lo aspiró y su cuerpo se sintió aún más relajado. Así que tras tomar lo necesario se volvió a acomodar en su cama, además de que tomó algunas prendas suyas para acomodarlos alrededor suyo. El pequeño Kota había creado un nido. Al sentirse satisfecho por su creación se acostó, y se quedó dormido abrazando la camisa de su papi Izuku y el pañuelo del rubio gruñón. Solo así se sentía protegido, porque tenía el calor de dos figuras paternas que lo cubrían y lo mantenían calientito.
Una figura paterna de un alfa que no tenía, y que ese aroma era el único que logró aceptar como suyo.
Dos días después, las cosas iban relativamente normales. El pequeño Kota seguía haciendo sus nidos a escondidas de su madre, ya que no quería preocuparla debido a que los niños suelen hacer nidos cuando se sienten vulnerables, y bueno, Kota es muy reservado en eso ya que prefiere evitar preocupaciones innecesarios, según él. Sin embargo, cuando creyó que este día iba a ser como los demás días, se equivocó. Y lo supo cuando vio la cara de preocupación de la señora Chiyo, quien llegó a recogerlo del preescolar.
Aún si insistía en preguntar dónde estaba su madre Izuku, la amable anciana no le decía nada. Así que esperó en la casa hasta su llegada. Pero los minutos parecían horas y la espera era un infierno. Fue tanta su ansiedad que salió corriendo de la casa de la señora Chiyo, quien corrió tras el niño, para dirigirse a dónde era su antiguo hogar.
Solo estaban a un par de cuadras lejos, por lo que su llegada fue rápida. Así que cuando abrió la puerta supo que su instinto no le falló al tener un mal presentimiento. Su papá Izuku estaba siendo sometido brutalmente por el que era su padre.
El miedo recorrió su médula espinal, poniéndolo en alerta. Su cuerpo temblaba mientras las lágrimas se hacían presentes, y se paralizó cuando vio a los ojos de su madre que lloraba de impotencia. A pesar de que el Omega le gritaba en silencio, debido a la mordaza, que no lo viera, el niño no le hizo caso. Se quedó paralizado hasta que la señora Chiyo entró y vio horrorizada la escena en el que Izuku era violado por su ex pareja.
Inmediatamente ella sacó al niño del lugar, quien reaccionó y se negó a hacerlo. Al final fue sacado a la fuerza de esa casa, y mientras era obligado a salir de esa zona, hubo un solo recuerdo que llegó a la mente del niño.
« Pregúntate esto cada vez que sientes miedo. ¿Quieres que tú mamá muera en sus manos? »
« ¿Y eso también significa que serás capaz de proteger a tu mamá con valentía? »
La voz de ese malhumorado hombre llegó a su mente. Y repentinamente un golpe de energía llegó a su corazón. El coraje.
Se soltó de la señora Chiyo con la fuerza que tuvo y salió corriendo. La señora no tuvo otra opción más que dejarlo ir para hacer algo que debió hacer hace mucho. Pedir ayuda a las autoridades.
El niño encontró en su camino un fierro oxidado, lo tomó y corrió hasta ingresar a la casa. No dudó en lanzar el primer golpe al hombre que estaba encima de su madre.
— ¡Quítale tus sucias manos de encima, hijo de puta! — gritó y nuevamente comenzó a golpearlo con toda la fuerza que tenia.
— Bastardo — gruñó el hombre, no tuvo opción más que separarse y esquivar los golpes.
El agraviado miró la escena horrorizado, ya que nunca pensó en ver a su pequeño hijo actuar para defenderlo. Sin embargo, todo pensamiento se detuvo al observar cómo el hombre le quitaba el fierro y le dió el primer golpe en el cuerpo.
Su instinto y su amor le dieron la fuerza que necesitaba para levantarse a proteger a su hijo.
Así que lo primero que hizo fue aferrarse a la espalda del tipo, ya que fue el primer movimiento que lo impulsó a actuar. Pero el tipo al ser mucho más fuerte se deshizo rápidamente del Omega, quien se cayó de espaldas. Aún así el Omega se levantó y comenzó a atacar al hombre, forzando y golpeando, para alejarlo del niño que se quedó gimiendo de dolor por el golpe.
Y cuando el alfa creyó tener el control debido a que golpeó al Omega con el fierro en la cabeza, el niño tomó lo que tenía a su alcance para golpear su espalda. El alfa desvió su objetivo y observó al niño que lo estaba golpeando con una escoba. Le pareció tan ridículo que detuvo ese ataque con una mano y con fuerza le quitó la escoba, lo cual arrojó a un lado.
El alfa, en su locura, levantó el fierro para golpear al niño, sin embargo, no se percató de un detalle. Que un Omega furioso saca fuerzas de dónde sea para proteger a su cachorro.
Es así como Izuku tomó una botella y la estrelló sobre la cabeza del alfa. Quien se desoriento debido al golpe. Pero el Omega no se detuvo, ya que agarró una sartén y comenzó a golpearlo repetidamente en la cabeza hasta dejarlo inconsciente.
Se detuvo cuando el alfa dejó de moverse. Solo así se levantó y se dirigió hacia su cachorro, quien comenzó a llorar mientras se abrazaban.
— Nunca más… — dijo el Omega llorando — Nunca más permitiré este abuso de nuevo. Nunca dejaré que te hagan daño… perdóname hijo, perdóname por no tener el valor suficiente para protegerte desde antes…
Kota se aferró al abrazo mientras agradece tener a su papá vivo, ya que ese hombre no lo había matado. Se agradeció a sí mismo el haber seguido su intuición, porque de no haber sido así, tal vez hubiera llegado demasiado tarde.
Luego de unos minutos así, Izuku buscó una ropa adecuada y se cambió. Cuando terminó, pudo escuchar la alarma de unas ambulancias y policías. Quienes entraron en esa casa y se llevaron al hombre que seguía inconsciente.
Si estuviera muerto o no, ya le daba igual.
Luego de ese terrible acontecimiento, Izuku salió del hospital junto a su hijo y la señora Chiyo. Los agraviados tenían algunas vendas en su cuerpo, pero lo bueno es que no dejaron secuelas.
Al final no hubo cargos contra el Omega debido a que se defendió de su agresor, por lo que, estaba libre de cualquier cargo que se le pudiera culpar. Por otra parte, el alfa, quien lastimosamente sobrevivió, fue arrestado bajo la modalidad de violencia familiar. Además, es acusado de haber sustraído dos diamantes de una joyería, lo cual no pudo probar su inocencia ya que los objetos se encontraban dentro de su vivienda.
Con la debida investigación pudieron ubicar al dueño de esas preciosas gemas. Y no era nadie más que el joven empresario multimillonario, Bakugou Katsuki.
Así que cuando fue notificado de este suceso, él mismo fue a corroborar la verdad del caso. Y no se sorprendió cuando vio los objetos, pero sí se sorprendió de ver al sujeto quien los tenía.
No le fue difícil ser informado del acontecimiento, así que al indagar más él obtuvo la información que quería. Supo que ese alfa agredió a su pareja, por lo cual fue detenido debido a la denuncia que una vecina puso en su contra. Y aunque era esa la principal causa de su arresto, lo cual no duraría mucho si un abogado consiguiera su libertad condicional, lo que aún está en investigación es el robo de los diamantes. Siendo ese alfa el principal sospechoso de haberlo ultrajado, aunque la declaración que daba era lo contrario al acusar a su pareja de ser el verdadero culpable. Y es justa esa afirmación que llamó la atención de Bakugou, quien solo era espectador hasta que tocó ver al agresor cara a cara.
La primera impresión que tuvo al ver a ese alfa fue pensar que era un imbécil. Las siguientes impresiones fueron el desagrado por su apariencia y su aroma. Además, pudo percibir un ligero aroma que él conocía muy bien.
Era el aroma de ese Omega, de ese pequeño ratón quien le daba el mejor de los placeres carnales.
Y ahora, él debía corroborar si fue ese alfa quien robó esos dos diamantes que le pertenecían. No le tomó mucho tiempo decidir, ya que no se puede dejar impune un castigo severo para ese maldito agresor. Es por ello que Bakugou Katsuki culpó a ese hombre de haber robado sus diamantes.
La condena de ese miserable sería larga, ya que el mismo joven empresario se encargará de hundirlo en la cárcel.
Y la razón de su decisión es simple: nadie toca lo que es suyo y sale ileso. Sobre todo porque ahora sabe que el pequeño ratón tiene nombre, y con ese gran dato él pondrá su esfuerzo para conocer más de Izuku Midoriya. El único Omega que llegó a gustarle de verdad.
(***)
El día de navidad llegó, era un hermoso 24 de diciembre para las familias que podían reunirse y disfrutar de este lindo día lleno de paz. Incluso las personas de escasos recursos fueron bendecidas por la ayuda humanitaria que algunos hacían a favor de que pudieran tener comida en Nochebuena. Es por eso que todo aparentaba estar bien. Al menos por ese día, el país entero se sintió bien. A pesar de que para una sola persona este día se sintió terriblemente mal.
Desde hace algunos días se estaba sintiendo mal, pero como el iluso no quería darle importancia, continuó con su rutina. Eso hasta que cada día los síntomas comenzaron a ser peores. Antes eran leves náuseas, ahora se trata de mareos constantes y vómitos. Lo cual lo llevó a esta situación actual, en la que estaba vomitando su desayuno.
Cuando terminó, se acostó en la cama para calmar el mareo que de repente le dió. En medio de la preocupación, la señora Chiyo y el pequeño Kota fueron a comprar algunas cosas para preparar el almuerzo. Izuku tuvo que descansar por unas horas antes de salir a realizar las compras navideñas que faltaba.
Después de unas horas de descanso y de haber almorzado, Izuku junto a su hijo salieron a realizar unas compras. A Kota le hacían falta un par de zapatos y un buen abrigo para lo que restaba del invierno, por lo que ambos se dirigieron al centro comercial.
Luego de haber comprado lo que necesitaban, Kota le había pedido a su papá que le comprara un juguete, y aunque sabía que no le quedaba mucho de dinero, al final decidió complacer a su hijo. Kota salió brincando con un gran peluche de un héroe en sus manos. Estaba feliz porque ese héroe le recordaba a cierto rubio, y se debe quizá al pelo en puntas con el que estaba diseñado el peluche. Además de que el peluche vestía un extraño disfraz de color negro y naranja. Es por ello que el pequeño Kota se sentía pleno, pues en su pequeño corazón deseaba tener como padre a ese malhumorado hombre.
Antes de que pudieran regresar a su casa, Izuku se distrajo viendo algunas ofertas que estaban ofreciendo los vendedores afuera de un local. Y tras dejar a Kota a un lugar cerca, con la condición de que no se moviera, él fue a averiguar si en alguna de esas ofertas pudiera encontrar una vestimenta para él, ya que también compró un regalo para la señora Chiyo.
Cuando encontró una camisa a su medida, Izuku decidió ir por su hijo. Sin embargo, se llevó una gran sorpresa cuando no lo encontró en ese lugar. Preocupado, Izuku comenzó a buscarlo, y al ser un centro comercial grande y concurrido le era difícil encontrar a su hijo. La desesperación iba en aumento, a tal punto que comenzó a gritar el nombre de su hijo. Algunas personas lo veían y lo ignoraban, mientras que otras se acercaban a ayudarle.
Izuku ya estaba al borde del llanto, pero toda preocupación se detuvo cuando un aroma en particular se hizo presente. Cuando volteó para encontrar el origen de ese aroma, su corazón tuvo dos emociones al mismo tiempo: alegría y miedo. Aunque la sorpresa fue un sentimiento extra, pues no creyó volverlo a ver.
— ¡Mami! — gritó Kota, quien sostenía la mano del hombre a su lado.
— ¡Kota! — Izuku gritó y corrió para abrazar al niño. El niño correspondió el abrazo mientras soltaba un poco de su aroma a cachorro para hacerle saber a su mamá que estaba bien. Y su padre Omega también hizo lo mismo, soltó su delicioso aroma a chocolate para cobijar la presencia de su hijo en sus brazos.
—Mami, no te preocupes, no me pasó nada. Es solo que me distraje cuando ví al señor de los helados. Quería uno pero el señor fue muy grosero conmigo… — dijo el niño comenzando a ronronear— Y bueno… me encontré con el señor puercoespín quien me defendió del señor heladero, y me trajo hasta aquí…
Ante ese apodo, el hombre solo pudo gruñir levemente.
— Kota, no me hagas esto nunca, ¿Entendiste? — le susurró Izuku a su hijo. — Estuve muy preocupado…
— Está bien mami, discúlpame… — Kota cerró los ojos mientras recibía mimos. Solo así Izuku se separó y limpió sus ojos lo más rápido que pudo. Luego cargó a su hijo entre sus brazos, las bolsas los acomodó en sus manos.
Y aunque no quisiera mirar al sujeto que está frente a él, no tuvo remedio más que hacerlo por educación.
— Muchas gracias por ayudar a mi hijo, señor. Estaré agradecido por haberlo ayudado. — dijo mirándolo fijamente a esos iris que le calaba el alma.
— Solo dile a tu hijo que tenga cuidado para la próxima, en este mundo hay de todo. Desde ladrones hasta secuestradores… — lo dijo con una tenue sonrisa malévola, lo cual estremeció al Omega.
— Bu-bueno que pase una feliz navidad, yo me retiro… — dijo Izuku agachando la mirada.
— Igualmente, Izuku…— al decir su nombre, el aludido lo miró con sorpresa.
— Señor, ¿Usted conoce a mi mamá? — preguntó un inocente Kota.
— Kota, no es así… — intentó decirle algo a su hijo pero no pudo.
— Claro que sí, somos unos muy buenos amigos… ¿Verdad, Izuku? — lo dijo con un tono burlón.
— Yo…yo…
— ¡Eso es genial! — exclamó feliz Kota— Eso significa que eres amigo de mamá, y si eres amigo entonces puedes venir a pasar la navidad con nosotros…
— ¡Kota! — exclamó Izuku sorprendido.— Eso no es posible, porque apenas nos conocimos… además hay posibilidad de que el señor tenga una familia quien lo está esperando para pasar navidad. No pidas cosas imposibles, Kota…
— ¿Entonces no puedes venir con nosotros? — preguntó el niño, repentinamente triste.
El enigma comenzó a analizar la situación, por una parte quería negarse a la invitación porque sus estúpidos padres están de visita, así que no podía dejarlos plantados. Y por otra parte, quería molestar al Omega, quien quiere escapar de su presencia. Lo cual le parece muy divertido, además de que la cara del niño le está convenciendo. Negarse a la petición de un niño lo hace alguien muy cruel, ¿No? Y bueno, Bakugou Katsuki no es alguien cruel con los niños.
Esbozo una sonrisa que lucía más como la de un demonio a punto de hacer sus travesuras.
— No puedo negarme a la petición de un niño, así que, ¿Qué es lo que vas a preparar para esta noche, Deku?
— ¡¿Queeeeee?!!! — gritó Izuku aterrado.
— ¡Siiiiiiiiiiiii!!! — gritó feliz Kota. — El señor gruñón vendrá a comer con nosotros…
— Soy Bakugou Katsuki para ti, mocoso. No soy un "puercoespín" ni tampoco "señor gruñón". Aprendete de memoria mi nombre… — le gruñó el hombre.
Ante está situación divertida en el que un adulto y un niño gruñían por sus apodos, otra persona no estaba del todo de acuerdo. Pero no tuvo de otra cuando el enigma le quitó de sus manos las bolsas que llevaba y comenzó a caminar para algún lado. Tuvo que salir de su perplejidad cuando su hijo le pellizcó la mejilla. De esa manera los tres emprendieron el viaje a la casa en la que pasarían navidad.
Katsuki Bakugou mandó a la mierda cualquier compromiso que hubiera tenido ese día, solo para vivir ese momento con el Omega que buscaba la manera de ignorarlo. Le era tan divertido como excitante fastidiar a ese precioso Omega de ojos esmeralda.
Finalmente las piezas que faltaba del rostro de ese Omega ahora están completas. Ya tenía la imagen completa del ser que aparecía en sus sueños húmedos. Era más precioso de lo que imaginó. Comprobando nuevamente sus sentimientos por ese Omega. Le gustaba mucho, y no importa si para estar con él debía ganarse el cariño del mocoso. De todas maneras, estaba seguro de haber dado el primer paso a su objetivo. Encontrarse con el Omega.
(***)
Las horas previas a navidad eran de lo más ajetreadas, ya que la preparación para la cena no era algo fácil de realizar. Es por eso que solo Izuku y la señora Chiyo se encargaban de la comida mientras el alfa gruñón se encontraba jugando en la sala con el niño.
La llegada de ese alfa al hogar fue algo que Chiyo no esperaba, pero aún así le pareció muy curioso la forma en cómo se estaba desarrollando la relación entre el alfa y el Omega. No quiso comentar más, pero su corazonada no fallaba al presentir que veía una relación futura entre esos dos.
Cuando terminaron de preparar la cena, se reunieron en la mesa para esperar el conteo a la medianoche. Así que cuando las campanas de la ciudad sonaron dieron inicio a la celebración. Finalmente llegó el 25 de diciembre y todos celebraron. La cena era algo simple en ese hogar, pero eso fue algo que el invitado ignoró porque sintió una calidez proveniente de las personas que habitaban en ese hogar. Era un tanto diferente en su caso, pero se percató de la belleza que la sencillez ofrece.
Izuku se mostraba muy feliz, a pesar de que le invaden los nervios de tener a ese hombre allí. Pero no pudo negar que su presencia llenó de júbilo su hogar, sobre todo porque veía cómo su hijo saltaba de felicidad al jugar con otro alfa mucho más amable, aunque ligeramente tosco, que lo hacía reír. Por un momento se imaginó que el alfa fuera el padre de ese niño, y se sintió dichoso porque al fin su hijo tendría un padre que le diera el amor que se merece. Pero, la realidad era diferente, así que por lo menos Kota tendría un amigo con quién podría jugar a las luchas.
Y como era de esperarse, las náuseas interrumpieron su felicidad, así que fue al baño a vomitar lo poco que había comido. Al parecer no podría llevarse bien con el pescado por un buen tiempo.
Cuando salió, no esperó encontrarse con el alfa que lo miraba seriamente.
— ¿Estás embarazado? — preguntó directo, lo cual fue una sorpresa para el aludido.
— Es-eso no es posible… — dijo Izuku en su defensa.
— Soy un enigma, Deku. A mí no me puedes engañar.— le dijo— Ya que desde que te vi en el centro comercial pude oler un tenue aroma a miel. Y eso lo tienen los omegas en cinta…
Izuku se puso pálido y de no ser porque sostenía la puerta se habría caído. Y al estar perplejo comenzó a sacar cuentas del tiempo en que llevaba enfermo. Fue justo después de haber tenido encuentros íntimos con Bakugou y justo después de haber sido tomado a la fuerza por su ex pareja. Por lo que calcula tener uno o dos meses de embarazo. Así que no sabe con certeza quién sería el padre del niño en su vientre.
— Dime una cosa, ¿Has estado usando anticonceptivos cuando te acostabas conmigo? — le preguntó e Izuku salió de sus pensamientos.
— Men…mensualmente me pongo una inyección para cuidarme. Por eso no es posible que esté embarazado…
— Algunas veces pueden fallar los anticonceptivos, y como soy un enigma, tal vez exista la posibilidad de que tú estás…
— ¡No! — gritó Izuku desesperado — No hay posibilidad de que seas el padre…
— ¿Acaso estuviste con alguien más mientras estabas conmigo? — preguntó.
— Yo tenía una pareja, el padre de Kota… él… — Izuku no pudo evitar llorar, así que simplemente se dejó caer al suelo, arrodillado mientras sujetaba su cabeza con las manos. — Él se aprovechó de mí algunas veces… por-por eso no sé si eres tú el padre… no sé si él es el padre, porque al final, cuando me tomó lo hizo a la fuerza y sin protección… yo no puedo estar embarazado…
En ese momento solo se escuchaban los sollozos del Omega. Mientras que el alfa simplemente se quedó callado, con los puños apretados, sin saber que hacer o decir en ese momento. Ya que es de conocimiento general que los enigmas incluso pueden embarazar a los omegas que usan anticonceptivos, ya que ellos son muy fértiles y son capaces de romper la regla del anticonceptivo que son 99% confiables. Igual queda el 1% de posibilidad de quedar embarazado.
— Entiendo… — fue lo único que dijo el alfa para luego salir de ese lugar. Izuku supo que se fue cuando escuchó a su hijo hacer un berrinche por su despedida.
Luego de calmarse un poco, al levantar la mirada encontró un diamante. Izuku no sabía cómo interpretar eso, así que tomó un mal concepto de la respuesta de ese hombre a su desesperación. Porque es lo único que podría significar cuando alguien te da dinero o algo de igual valor antes de irse sin decir nada más.
Y así como ese hombre tomó su decisión, Izuku también lo hizo. Así que él se haría las pruebas para corroborar su embarazo. Si sale negativo y es una enfermedad, entonces se iría a un nuevo lugar para buscar un tratamiento para su enfermedad. De ser lo contrario, al salir positivo, Izuku se haría cargo del niño, porque sabe los riesgos de un aborto y él no quiere eso. Además, ya estaba pensando en mudarse para comenzar de nuevo, era una gran opción. De cualquier manera, esa ciudad ya no le parece interesante.
Con ese pensamiento en mente, Izuku fue a pasar la navidad lo que quedaba de la noche. Su familia de ahora era lo más importante para él y lo iba a proteger.
(****)
No supo cuánto tiempo pasó para que tomara una decisión. Simplemente su estúpida indecisión le costó más de lo que creyó. Pero aún así con la convicción en su corazón no descansó para encontrarlo.
Habían pasado dos semanas de lo sucedido en esa casa, y Bakugou regresó a buscar al omega que había conocido hace algún tiempo. Sin embargo, cuando llegó a esa vivienda se llevó la sorpresa de que estaba siendo vendida. La dueña anterior lo puso en venta, y todo rastro de aquel aroma que le encantó ya no había. Una semana antes los que ocupaban ese espacio se habían mudado a un lugar desconocido. Él había llegado tarde, ya que muy en el fondo deseaba que el bebé del Omega fuera suyo.
Furioso con el Omega y consigo mismo se retiró del lugar. Él estaba enojado con el Omega porque se fue sin haberle hecho saber sobre su estado, y estaba furioso consigo mismo por haber tardado dos semanas en aceptar que ser padre podría ser un nuevo capítulo en su vida. Aún así, comenzó su implacable búsqueda del Omega que le robó su corazón.
Con la ayuda de un investigador profesional lo ayudó a localizar el paradero del Omega. Aunque para ello tardó cinco meses, debido a que el Omega se había ido a una prefectura lejos de la capital, por lo que le tomó más tiempo averiguar su paradero. Así que cuando se enteró de su ubicación, sin importarle nada, salió de la casa de sus padres y se dirigió hacia su departamento para tomar algunas cosas e irse a dónde estaba escondido el Omega. Aunque para hacerlo tuvo que revelar su motivo de una manera salvaje. Lo cual dejó sorprendido a sus padres e invitados. Los últimos debían aceptar el hecho de que un matrimonio arreglado con su hija no se llegaría a concretar. De esa manera puso fin a cualquier tipo de negocio contractual.
Llegar a ese lugar le tomó horas de viaje consecutivo, pero finalmente llegó a un pequeño pueblo en dónde podría hallar al Omega.
Recorrió las calles con un taxi mientras pensaba en las palabras que le diría al Omega. No tardaron mucho en llegar a una dirección, el vecindario estaba compuesto por un complejo de casas con sus respectivos jardines. Así que cuando Bakugou salió del taxi supo que llegó la hora de encontrarse con el Omega y no podía evitar estar nervioso. Pagó al taxista y se encaminó hacia esa pequeña casa de dos pisos de madera, la cual estaba pintada de colores pastel. Esa casa tenía una breve descripción que decía “Midoriya”. Tomó una breve respiración para calmarse y tocó el timbre.
Segundos después se escuchó una voz que decía “Ya voy” y algunos pasos que indican la prisa con la que venía. Segundos después la puerta se abrió y el tiempo pareció detenerse en ese encuentro.
— Así que te gusta jugar al gato y al ratón, ¿Eh, Izuku? — bromeó con una sonrisa, y fue el momento exacto que ambos supieron que sería el inicio de un juego que iba a perdurar toda la vida.
Cuando los sentimientos son correspondidos y el que desea persevera, entonces no habrá nada ni nadie que los separe de esa unión forjada por sus propios deseos.
FIN
(*******)
📝 Nota:
Está historia es resubida, mi antigua cuenta era "Deysitamoon" en wattpad. Lo volvi a subir ahi.
Los fics que tenía lo volveré a subir, pero será 1 fic mensual, porque tengo que ver si Wattpad lo acepta o no.
Habrá que ser muy cuidadosos, porque Wattpad está siendo muy delicado con los contenidos.
Si has llegado hasta aquí, muchas gracias. 🥺🥺
Psdta. Hasta que pueda tener una cuenta en AO3, lo subiré también en Inkit. 🥺🥺🥺