Capítulo 1
—Sarah, ¿podrías apurarte? ¡Llegaremos tarde! —ordena mi hermano Nick.
—¡Ya estoy lista! Y no tienes por qué ser tan autoritario. ¡No eres papá! —le grito, enojada.
—¡Jamás seré como papá! —grita desde la planta baja—. Así que es mejor que no vuelvas a mencionarlo, y mucho menos en mi presencia.
Ignoro su tono furioso porque no voy a dejar que piense que me afecta la manera en que lo ha dicho.
La historia de nuestro padre no es muy buena que digamos, pero tampoco me gusta que Nick pretenda actuar como él cuando no lo es. Sé que los hermanos se preocupan por sus hermanas, pero Nick es demasiado exagerado. A veces siento que quiere controlarlo todo, como si yo no fuera capaz de cuidar de mí misma.
Hoy comenzamos una nueva vida en un pueblo llamado Los Santos. Es un lugar poco conocido y, precisamente por esa razón, me parece el sitio ideal para empezar de nuevo, conocer personas y, ¿por qué no?, hacer nuevas amistades.
Dejé todas mis amistades en Trenton, Nueva Jersey, lo que significa que la única persona que tengo aquí es mi hermano. Nick, al igual que yo, lo dejó todo o, mejor dicho, dejó mucho más. Tuvo que alejarse de su ahora exnovia y de todo lo que había conseguido allá. Ahora solo somos él y yo, empezando una nueva vida. Una vida que espero sea mil veces mejor que la que tuvimos alguna vez.
Cuando por fin estoy lista, bajo las escaleras hasta la sala, donde me espera mi hermano con las llaves de su auto en la mano. En cuanto me ve, no pierde el tiempo y se dirige hacia la puerta principal, haciendo girar las llaves entre sus dedos.
Yo, en cambio, paso primero por la cocina para tomar una manzana, un yogur y una botella de agua. Después, salgo de la casa y cierro la puerta principal tras de mí. Antes de que Nick comience a darme la lata nuevamente, me apresuro a subir al auto.
Mi hermano ya tiene el motor encendido, así que no tarda en ponerlo en marcha.
Me quedo observando las casas mientras avanzamos por la urbanización. Son casi idénticas a la nuestra. La única diferencia es que las demás tienen un piso más, además de jardines inmensos y piscinas. La nuestra, en cambio, solo tiene dos pisos, un jardín pequeño y, por razones obvias, ninguna piscina.
Cuando salimos de la urbanización, vuelvo la mirada hacia el paisaje que se extiende al otro lado de la ventanilla. La verdad es que este pueblo me gusta mucho. Está rodeado de naturaleza y, desde pequeña, siempre me ha fascinado todo lo relacionado con ella.
Sonrío al contemplar los árboles gigantes, tan verdes y frondosos que parecen abrazar la carretera con sus ramas.
Amo todo lo que tenga que ver con la naturaleza, aunque ni siquiera sé por qué. El lugar donde vivíamos antes era una ciudad en la que apenas había árboles o flores, y crecí allí. Por eso, nunca he entendido de dónde viene este amor tan profundo por las plantas.
Supongo que podría deberse a que mi hermano siempre disfrutaba teniendo flores en el apartamento donde vivíamos. Él también se ha interesado mucho por todo lo relacionado con las plantas, las flores y la siembra.
—Amo este lugar —susurro mientras respiro profundamente.
—Sí, me gusta mucho —respondo con una sonrisa—. Se respira tranquilidad y el aire es fresco. Huele a lluvia, y me encanta.
—Sabía que te gustaría —dice, sonriendo mientras me observa por un instante—. En este pueblo estaremos bien. Ya verás que se convertirá en nuestro hogar, un lugar donde podremos vivir tranquilos y ser felices juntos.
—Confío en ti, Nick.
Nuestras miradas se encuentran durante unos segundos, pero mi hermano desvía rápidamente la suya hacia la carretera.
Hay algo en sus ojos que no consigo descifrar. Una especie de preocupación que intenta ocultarme, como si supiera algo que yo todavía desconozco.
Sacudo la cabeza y decido no darle más vueltas al asunto. Si Nick no quiere hablar, no voy a obligarlo. Aunque eso no significa que haya dejado de preguntarme qué nos trajo realmente hasta aquí.
Pasamos el resto del trayecto en silencio, acompañados únicamente por la música que suena en la radio.
Cuando llegamos a un pequeño pueblo cercano a nuestra casa, donde se encuentra el colegio al que asistiremos, Nick estaciona el auto frente a una heladería.
—¿Por qué nos estacionamos aquí? —pregunto, mirándolo con curiosidad.
—Por hoy lo dejaré aquí, hasta que conozca cómo funcionan las cosas en el colegio. Después me estacionaré donde lo hacen normalmente los estudiantes.
Asiento sin discutir y ambos bajamos del vehículo. Cruzamos la calle y nos dirigimos hacia el colegio.
—¿Todos en este pueblo son así? —pregunto con curiosidad mientras caminamos juntos y cruzamos el portón de entrada.
—Este pueblo fue lo mejor que pude encontrar —responde Nick, echando un vistazo a nuestro alrededor—. Aunque, por lo que veo, parece que todos aquí son así de raros —susurra.
—Solo espero, de todo corazón, que tengamos una vida mejor aquí —le digo con tranquilidad, aunque no puedo evitar sentirme un poco nerviosa—. Siento que este es nuestro lugar, pero desde que llegamos nos observan como si fuéramos seres de otro planeta.
—Si nos miran tanto, es porque en este pueblo todos se conocen. Es pequeño y está apartado de las demás ciudades. Precisamente por eso lo escogí. Es el lugar perfecto para nosotros.
Nick habla con despreocupación mientras entra por la puerta principal del colegio.
—Perfecto para ti —suelto sin pensarlo.
Mi hermano vuelve la mirada hacia mí y me lanza una expresión de advertencia que conozco demasiado bien. Sin embargo, esta vez no pienso quedarme callada.
—Todavía no logro entender por qué tuve que dejarlo todo. ¿Por qué no decidiste venir tú solo? —pregunto mientras lo agarro del brazo para impedir que siga caminando y obligarlo a detenerse.
Nick se queda inmóvil. Su mandíbula se tensa y, por un instante, parece debatirse entre responderme o seguir guardando silencio.
—Algún día lo sabrás y entenderás el porqué de muchas cosas —se limita a decir.
Su respuesta me molesta más de lo que quisiera admitir.
¡Siempre lo mismo! Siempre tiene una respuesta a medias, una excusa o una promesa de que algún día me contará la verdad. Pero ¿cuándo será ese día? ¿Cuánto tiempo más tendré que esperar para saber qué ocurrió realmente y por qué tuvimos que abandonar nuestra vida anterior?
Por alguna extraña razón, Nick continúa parado en el mismo lugar, sin dirigirse a la oficina, donde seguramente ya nos están esperando.
De pronto, siento un escalofrío recorrerme el cuerpo.
Es una sensación extraña, como si alguien me estuviera observando fijamente. Sé que no soy la única chica en el mundo que ha experimentado esa sensación, pero hay algo en esta ocasión que me hace sentir incómoda. No es una simple mirada curiosa. Es algo más intenso, más inquietante.
No lo sé. Tal vez estoy un poco paranoica o quizá son los nervios los que me hacen imaginar cosas extrañas.
Intento convencerme de que no ocurre nada, pero la sensación no desaparece.
Cuando me giro para apartarme de mi hermano y entrar finalmente en la oficina, me encuentro con cuatro chicos que, a primera vista, parecen tan extraños como el resto de las personas de este lugar.
Sus miradas son oscuras, profundas, casi amenazantes. Y las cuatro están dirigidas hacia nosotros.
El primero es alto, tiene el cabello negro y alborotado, y una mirada tan fría como el hielo. El segundo tiene los ojos marrones claros y el cabello largo. Detrás de él se encuentra otro chico que parece algo tímido y amable. Sus ojos son verdes, de un tono tan intenso que casi parecen capaces de atravesarte el alma.
El último tiene un aspecto completamente diferente. Su postura transmite rebeldía, arrogancia y prepotencia. Lleva el cabello rubio y tiene unos impresionantes ojos azules.
Es precisamente él quien me dedica una media sonrisa.
Pero no es una sonrisa amable ni mucho menos acogedora. Es una sonrisa maliciosa, de esas que te hacen preguntarte qué estará pasando por la cabeza de quien la muestra.
Un mal presentimiento se instala en mi pecho.
Entonces, aparto la mirada de aquel chico y observo a Nick. Para mi sorpresa, mi hermano los mira exactamente de la misma manera que ellos nos miran a nosotros.
Su expresión ha cambiado por completo. Ya no parece el mismo chico despreocupado que conducía mientras hablábamos del pueblo. Ahora tiene la mandíbula apretada y los ojos fijos en los cuatro desconocidos.
Como si los conociera.
Como si su presencia confirmara algo que llevaba tiempo temiendo.
Mi corazón comienza a latir con más fuerza.
Vuelvo a mirar a los chicos, intentando comprender qué está sucediendo. Sin embargo, antes de que pueda reaccionar, ocurre algo que me deja completamente desconcertada.
De un momento a otro, los cuatro desaparecen del lugar donde estaban.
Parpadeo varias veces, convencida de que mis ojos me están engañando. Miro a mi alrededor, buscando alguna explicación lógica, pero no consigo encontrarla.
No pueden haberse marchado tan rápido. Hace apenas unos segundos estaban frente a nosotros.
Y, sin embargo, ya no están.
Trago saliva, sintiendo que un escalofrío me recorre nuevamente la espalda.
Lo peor no es que hayan desaparecido de una manera imposible de explicar. Lo peor son las sensaciones que me dejaron sus miradas.
Estoy segura de que no fue una simple coincidencia que los cuatro nos observaran de aquella manera. Había algo en sus ojos, algo oscuro y amenazante, que parecía dirigido especialmente hacia nosotros.
Hacia mi hermano y hacia mí.
Y, por primera vez desde que llegamos a Los Santos, comienzo a preguntarme si realmente fue una buena idea empezar de nuevo en este lugar.
Porque, aunque todavía no sé quiénes son esos chicos ni qué quieren de nosotros, hay algo que tengo muy claro.
Mi hermano y yo no somos bienvenidos en este pueblo.










