No me dejes caer.

All Rights Reserved ©

Summary

Hay una diferencia poco notable entre el odio, el resentimiento y el orgullo...todos con diferentes magnitudes de peligro.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
16+

Chapter 1

Mi corazón se rompió en dos cuando lo vi de nuevo en el mismo parque donde me había prometido que jamas se olvidaría de mí.

pasó a mi lado, como un susurro, como la última brisa de verano que jamás regresará. yo tenía la esperanza de que me viera, de que reconociera mi rostro y me dijera que me había recordado y que todo este tiempo estuvo pensando en mí y en lo mucho que deseaba estar conmigo, pero no fue así. Mi ojos se llenaron de lágrimas cuando sentí su aroma por un momento tan efímero pero casi palpable. solo pude voltear el rostro para ver como se alejaba.

Era él, sin duda era él. no puedo culparlo, nunca me atrevería. No debí alejarme, también fue culpa mía y ambos rompimos nuestra promesa. yo me alejé y él me olvidó.


Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, la primera vez que lo vi. La campana para salir al receso había sonado por fin, estaba agotada, los exámenes del primer periodo sacaban todo de mí. Para este tiempo todavía se aceptaban nuevos estudiantes en el instituto, por lo que no era raro ver caras nuevas por esos días. no era alguien que le prestara atención al asunto.

siempre trabajé duro, no era de una familia rica, no podía simplemente parar a descansar de todo ese ajetreo, algún día lo haría, pero no en ese momento, estaba a un año de graduarme y entrar a mi más querido sueño, la universidad. quería ser actriz, siempre me he apasionado por el arte.

En el instituto donde estudiaba había un salón de artes donde todos los miércoles un profesor nos enseñaba a los interesados lo básico sobre el arte y la actuación, por supuesto también implicaba un compromiso de actuar en obras para recaudar fondos para cualquier cosa que se necesitara. Yo amaba el salón de artes, pero otros no mucho, porque a cualquiera que rompiera las reglas lo enviaban directamente ahí a ensayar y actuar en un acto para cumplir su castigo, y como la mayoría odia ser el centro de atención y las miradas de la gente era una verdadera tortura.

El miércoles había llegado por fin, fui la primera en entrar al salón de artes. era la ayudante del profesor así que tenía que recoger firmas de los que llegaran para confirmar su asistencia y compromiso con la obra  próxima, la cual yo había tenido el placer de escoger.

Había escuchado de uno de los nuevos ingresados al instituto era problemático, de esos a los que suelen llamar "matones" ¡y yo detesto a los abusadores,  no los soporto! pero el caso es que se peleó con uno de otro curso y como había pedido disculpas no lo expulsaron si no que lo enviaron al salón de arte a protagonizar mi obra, el director tenía un lema: ¡el arte puede ablandar a los niños! pero, a) no éramos niños, y b) es falso.

No lo conocía, no sabía quién era ni cómo se veía, pero lo reconocí en cuanto lo vi. Mi amiga Jessica era experta en chismes y me había dado cada detalle de la pelea, me dijo que el chico nuevo había vuelto trizas a ese otro y que solo pudo darle un golpe en la nariz.

unos minutos después de que yo había organizado todo, aún era muy temprano para que alguien llegara, aún así él entró.  traía la nariz rota y la expresión seria, aunque movía sus labios de lado a lado, como mordiéndose internamente.

estaba organizando la utilería sobre el escenario, así que baje para tomar el papel de asistencia sobre el escritorio del maestro, el solo me observaba.

me acerqué a él con la planilla y le dije.


-- Buenos días. por favor dame tu nombre, tu número de teléfono y tu firma aquí. -- apunté con el bolígrafo.--


El me miró sin decirme nada, yo me puse nerviosa y bajé la mirada. Sus ojos eran bonitos, y el también, pero daba miedo, parecía como si quisiera lanzarse hacia tí y arrancarte la cabeza. No me gustaba lidiar con ese tipo de personas, aunque las odiara.


-- Así que tu eres la ratita entrenada de Salgado.-- ese  era el apellido de mi profesor de artes.-- He oído de ti, que decepción al verte en persona. --


Levanté la mirada lentamente. quería decirle algo al respecto pero alguna vez leí que los matones como el odian que los ignoren y los traten con educación cuando agreden.


-- Soy Cassandra, puedes decirme Cass, todos me llaman  así. Ayudo al profe salgado a pasar las notas y asistencia, gano puntos en el instituto por eso. -- le sonreí. -- ¿me regalas tu nombre y número de teléfono?--


El levantó una ceja y me miró directamente. se acercó tanto a mi que pude sentir su respiración, así que me alejé de él y miré la planilla en mi mano mientras golpeaba con delicadeza el bolígrafo contra ella a la espera de que me dijera su nombre para poder anotarlo.


-- Alexander Leal.-- me dijo, luego pasó a darme su número y después le di la planilla para que pudiera firmar. --

-- Siéntate ahí. faltan quince minutos para que los demás vengan, iremos directo al ensayo así que buscaré tu guión para que puedas relacionarte con él.--


Mientras buscaba entre los cajones del escrito, lo pillé observándome atentamente. me sentí incomoda, ningún muchacho me había mirado así antes. No era especialmente bonita, no tenia el cabello perfecto, y no era tan popular como las demás, así que la única razón  para que alguien como él me mirara era solo para burlarse de mí.


-- ¿Tienes algo que decirme?-- Le pregunté mientras buscaba el guión. -- es que no dejas de mirarme. --

-- No...--me dijo. -- Es solo que te vez como el tipo de persona que no olvidaría.--


No sabia a que se refería, no quería preguntar tampoco, no tenía ganas de lidiar con eso en ese instante, pero se me pasó por la cabeza de que estar en la memoria de un chico problemático no era para nada algo bueno.

Cuando encontré su guión, lo llevé hasta el y cuando vió el nombre de la obra en él, hizo un fufido a modo de burla, me avergonzé un poco porque yo la había escogido, pero me armé de valor para preguntarle.


-- ¿hay algún problema? --

-- ¿No me dejes caer? -- El nombre de la obra. --

-- ¿que pasa? --

-- ¿En serio hacen obras como esta en este teatrucho?.--

-- No tienes que ser ofensivo si no te gusta.-- dije cuidadosamente. -- además, estas aquí para que no te expulsen, y si no quieres que eso pase tendrás que comprometerte con la obra porque ya hasta firmaste.--

-- Sí, sí.  es comprensible. Una chillosa y estúpida obra para una chillosa y estúpida niñata. No estaré en ella.--


apreté mis manos en puños para contenerme. siempre había sido muy sensible pero no iba a llorar frente a él, no es como si la expulsada fuese a ser yo.


-- ¡Que no sepas actuar no es mi culpa! solo te quejas de la obra para safarte de ella y del castigo.--

-- No eres quien para decirme qué no se hacer. --


Me atreví a mirarlo directamente y reuní el valor para decirle.


-- Hazlo entonces. Te reto...demuéstrame que estoy equivocada. --


No hizo nada y supuse que había ganado. Me di la vuelta para volver al escenario pero antes de que pudiera subir las escaleras para quedar sobre él, lo escuché decir de manera tan natural...


-- La existencia es un vacío en el caigo cada día que no estas cerca. Es inevitablemente profundo y solo tú puedes hacer que no me sumerja más. ¡Sálvame! y después Mátame si quieres, pero hazlo en tus brazos donde pueda ver tu mirada por última vez, libérame de esta tortura de estar lejos de tí. Haz lo que quieras conmigo...pero no me dejes caer. --


Antes de que pudiera darme cuenta, estaba cerca de mí, a dos escalones de mí. no estaba leyendo el libreto, es decir que conocía la obra, ¿cómo podría haberlo sabido?.

Había actuado perfectamente, casi creí que lo decía en  serio hasta que cambió su expresión a una ceja burlesca levantada.

No pude decirle nada, ¿y que iba a decirle? estaba anonadada. aparté mi mirada avergonzada de él y antes de que pudiese decirme algo burlándose de mí, escuché unos aplausos provenientes de la puerta.

El profesor de artes estaba ahí, imaginé que lo había visto todo.

fue incomodo, porque nadie dijo nada, no fue hasta que se acercó a nosotros, hasta que habló.


-- Maravilloso, maravilloso, realmente grandioso. ¿Quien es este muchacho, Cassandra?. --


al pronunciar mi nombre,  Alexander me miró sin expresión alguna y volvió a mirar al profesor.


-- Es Alexander. Es de castigo.--

-- oh... Bueno es una pena que estés aquí para cumplir un castigo,--Le dijo mientras le tendió la mano.-- pero eres grandioso ¿sabias? --

-- Me miro al espejo cada mañana. ¿cree que no lo sé?.--


No le devolvió el saludo con la mano. Eso fue en exceso grosero pero no interferí. El maestro retiró su mano y le sonrió con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.


-- Es bueno que reconozca que soy grandioso, pero su obra chillosa y su ratita de teatro no me caen bien. No actuaré y suerte a ambos.--


no pude tolerarlo más, menos cuando lo vi dirigirse hasta la puerta. Sabía que si no le decía algo iba a arrepentirme así que bajé los escalones y antes de que abriera la puerta por completo le Grité.


-- ¡Ve a que te den, idiota! --


El maestro volvió a verme sorprendido por mi arrebato y para cuando tuve conciencia de la vulgaridad tan grande que dije, ya era tarde. pero es que nunca nadie me había hecho sentir tan mal y furiosa al mismo tiempo, ¡tenía que decirle algo!

Mi valentía se volvió miedo cuando lo vi regresar hacia mí con el ceño ligeramente fruncido.

Se acercó más a mí y el maestro se interpuso entre ambos pero el lo apartó de un manotazo en el pecho y me tomó por el cuello de mi camisa.


-- Repite eso, pequeña rata. --

-- te acusaré con el director si no me sueltas, maldito matón. --


Algo pareció haber cruzado por su mente en ese momento, no sabía que era, pero hizo que me soltara no sin antes decirme.


-- A la mierda tu y tu obra de quinta.--


ni tan de quinta si parecía que ya se la sabía de memoria.

El profesor me hizo comprometerme a pedirle disculpas, porque dijo que nadie era más calificado para el papel que él. Sin él, estaba seguro de que no todos se interesarían en ver la obra y el dinero era para comprar instrumentos para ayudar a los del club de pintura con nuevos materiales. Quería ayudar, después de todo Jessica estaba en ese club y hacía dos semanas que no tenían esa clase porque no había lienzos. Además después de que las pinturas se vendieran, eso nos ayudaría a ganar el campeonato anual de arte, lo cual llevaba una recompensa grande que nos ayudaría con todos los gastos de la graduación. Era una escuela pública, y si queríamos hacer algo lindo, debíamos sacarlo de nuestro bolsillo.

Me rehusaba a disculparme con  él, no después de haberme tratado tan mal, y está bien, puede meterse conmigo ¿pero con mi obra favorita? no, no. eso jamás. pero me vi obligada.

Al día siguiente, estaba en el baño revisando mi maquillaje junto a Jessica mientras hablábamos tonterías de chicas.


-- ¿Y que piensas de Daniel? yo digo que es lindo, pero le falta actitud, ya sabes. -- me dijo Jessica. --

-- No es mi tipo para nada, me mantengo alejada de los hombres que se ponen labial.--


Jessica apartó su vista de su reflejo y me miró con los ojos entrecerrados mientras yo me reí de su reacción..


-- No me digas que no sabias que era gay. --

-- ¿Como que es gay?--

-- solo un poquito..-- le dije-- ¿te gustaba?--

-- obvio que ya no...oye por cierto...El chico lindo nuevo, el que se metió en problemas por pegarle en el rostro a uno del club de matemáticas, ¿lo conoces? --


me sorprendió que me preguntara sobre él, y lo hizo tan detenidamente que me hizo querer no responder pero terminó haciéndolo.


-- Un poco, creo...¿por qué?--

-- Ascendió a popular con un  solo día de estar aquí. No te ofendas por lo que diré, amiga, pero es más mi tipo que tuyo. --


Esas era la única parte de ella que no me gustaba. ¿como había llegado a pensar pensar que me gustaba Alexander? Solo por el rumor de que estuvimos solo quince minutos en el salón de artes.

Nunca le dije nada a Jessica sobre su actitud irritante, me daba miedo herir a mi mejor amiga, pero siempre quería sentirse superior a los demás, incluso de mi que éramos como hermanas.

solo asentí y sonreí.  No me gustaba dar explicaciones.

Tuve que buscarlo por todo el instituto porque no lo encontraba hasta que lo hice. Estaba con un grupo de idiotas que se creían los mayores mandatarios de ahí, no se que les veían de lindos, tal vez lo eran pero ninguno tenía cerebro,  para mí Alexander sólo era uno más.

estaban sentados sobre las mesas de la cooperativa y riendo como idiotas por alguna razón. Cuando me acerqué, uno de ellos le tocó el hombro a Alexander para que me viera.


-- ¿Y tú? ¿también quieres que te lleve a dar un paseo como a las  otras? --me dijo. -- aunque pensándolo bien, no...¿Quién saldría  contigo?. --


Reuní de todas mis fuerzas para no explotar, no era alguien agresiva, pero juro que jamás había sentido la necesidad tan grande de darle una bofetada. lastimosamente me contuve.


-- ¿puedo hablar contigo? -- le dije nerviosamente.-- a...a solas.--


Sus amigotes se rieron junto con él.  me sentí humillada, pero era mi culpa que no quisiera  estar en la obra y tenía la responsabilidad de disculparme.

El me miró con seriedad y me hizo bajar la mía antes de decirme..


-- Dime lo que tengas que decirme aquí. Si no vete.--

-- Pero es que no puedo, es privado. --

-- Lárgate..--

-- es que...--


me asusté cuando lo vi levantarse amenazante hacia mí y hacer lo que hizo la última vez, me tomó del cuello de la camisa y me dijo furioso.


-- ¿no te vas?--


Sentí miedo al verlo tan enojado. definitivamente lo odiaba, pero no pude evitarlo. Siempre fui alguien frágil y sensible, y no hay más horrible que ser eso y tratar de ocultarlo. La voz se me corto y unas lágrimas se desbordaron por mis ojos por el miedo.


-- Yo...yo lo siento.--


al escuchar mis palabras, sus amigos se notaron incómodos, también él y su furia se volvió un ceño fruncido hasta que me soltó.


-- ¿Estás llorando? -- me dijo.-- que débil, ¡no lo hagas!--


me tomó del brazo y me llevó a un lugar apartado para  hablarme..


-- ¡¿qué quieres?! --

-- Necesito que vuelvas a la obra. -- le dije mientras me secaba las lágrimas. -- El profesor dijo que podremos recolectar un buen dinero con la obra si estas en ella.--

-- No estaré, así que no llores y fuera de mi  vista. --


iba a irse pero lo detuve tomando su hombro.


-- Serás expulsado si no lo haces.--

-- ¿qué importa ya?--

-- Podemos cambiarla si no te gusta, pero de verdad necesitamos que estés.--


logré convencerlo por fin y me sentí tan aliviada como estúpida por llorar delante de un matón, fue demasiado estúpido.

lo vi volver a su puesto mucho más serio y por un segundo hizo una mueca de dolor mientras se puso la mano en la cabeza.

El maestro de arte estuvo feliz cuando le di la noticia de que Alexander había accedido a hacer el papel principal.

Iba a clases diferentes  de la mía, no lo veía mucho, solo los miércoles cuando tocaba el ensayo de la obra y era todo un alivio.

Era la primera vez que me encargaba de lo guiones, estaba emocionada por aprender de ellos, pero él solo quería hacerme la vida imposible diciendo que se negaba a decir tal línea, o que no le gustaba el lugar donde estaba, parecía todo un ¿como se dice eso? ¿divo? da igual.

pasaron dos semanas desde el último ensayo, solo podía pensar en eso y estaba muy emocionada.

Jessica me había contado sobre lo mucho que le  gustaba Alexander y lo lindo que era, realmente estaba cansada de ello, no me importaba en realidad.

No estoy segura aún de si es porque  sentía celos de mi o algo por el estilo, pero era mucho más molesta e hiriente conmigo desde que le conté que íbamos a la misma clase los miércoles. Me decía cosas sobre mi ropa, sobre como podía ponerme algo así, y que como creía que alguien pudiera si quiera mirarme si no seguía sus consejos.

Ese tipo de cosas me habían hecho pensar en la razón por la que era mi amiga, reía mucho con ella, y compartíamos momentos tristes y felices,  y para mi eso la hacía una buena amiga. Pero después entendí que los verdaderos amigos no te hacen sentir mal si no orgulloso de ti mismo, los verdaderos amigos no te critican si no que te aconsejan. Ellos no te hacen caer al fondo del abismo junto con ellos para sentirse bien, si no que te piden ayuda para salir.


-- ¿Cuanto sacaste en matemáticas? -- me preguntó.--

-- no se, aun no me dan el resultado, ¿y tú?--

-- saqué cincuenta, te apuesto lo que sea a que tu también sacas lo mismo o más bajo. --


Solo me reí, algo molesta por su afirmación, pero no le di gran importancia.

Era viernes cuando le pregunté a Jessica si quería que la esperara para irnos juntas, pero me dijo que no porque se iría con Alexander. Al día siguiente una compañera me dijo que algunas chicas se estaban burlando de ella porque él no quiso irse con Jessica.

Sentí pena por ella, quería consolarla pero ella lo negó y dijo que era mentira y que se habían ido juntos. Si que era un tipo cruel, a ella le gustaba y seguro que le rompió el corazón.

El domingo por la mañana recibí un mensaje suyo, había conseguido mi número de los registros escolares, y estaba  prohibido, pero dijo que era mejor que pedírmelo y que no le gustaba pedir cosas.

Dijo que fuera inmediatamente al instituto al salón de arte, y que si me negaba se le diría a nuestro profesor que iba a salirse y a decir  verdad, él le gustaba mucho más que yo. (ya saben, gustar de agradar.)

Cuando llegué, lo encontré sentado en el escenario con los brazos entrecruzados en el pecho, cerré la puerta antes de decirle.


-- ¿por qué me obligaste a venir? ¿Que es tan importante? --

-- Hola, a ti también. --

-- ¿ahora eres agradable? dime que es tan importante para hacerme venir a medio día al instituto un domingo mientras hacía la tarea.--

-- Pues...nada. Solo quería hacerte venir aquí a perder el tiempo.--

-- ¿me estas jodiendo? ¡estaba en medio de algo importante! -- le dije molesta.--

-- ¡ay, por favor, ñoña! ¿tu tarea?--


No iba a decirle nada, solo me di la vuelta para irme, pero antes de dar solo un paso, me dijo.


-- No. no te comviene irte, la obra ¿recuerdas? --

-- ¡¿deja de atormentarme con eso?! estoy arta, no soy tu juguete para divertirte, ¡me importa mucho esa obra, pero no tanto como para dejarme manipular por  ella, además si re sales es tu problema, te expulsarán.--

-- A decir verdad no me importa. He recorrido cinco institutos, ¿crees que me importa ser expulsado de este?.--


Lo miré sorprendida por lo que había dicho. ¿era posible eso? ni siquiera podía pensar en con que clase de persona estaba lidiando por miedo de llegar a la conclusión de que fuese un psicópata.

lo vi acercarse a mí lentamente, retrocedí nerviosa y aparté mi vista de la suya pero el agarró mi mentón y levantó mi rostro para que lo mirara.


-- ¿me tienes miedo? --

-- Yo...--

-- ¿Sabes? pensándolo bien no quiero irme de aquí. -- me dijo mientras yo sentía su aliento en mi rostro mientras me hablaba. -- porque de todos los tarados sin cerebro de aquí, por fin encontré a alguien más tonta que ellos a quien molestar. Podría hacer lo que quiera contigo ahora y te dejarías simplemente por el bien de la obra. --

-- No te atreverías a hacerme nada, no pareces ese tipo de persona.--


Me soltó el mentón y se apartó mientras se reía en voz alta y cuando paró de hacerlo, su expresión cambió por completo a una de total ceriedad y me dijo  señalándome con su dedo.


-- que ingenua.--


¿en realidad quería dejarme intimidar? Decidí que no, y reuní de todas mis fuerzas para ser si quiera un poco de descarada como él y darle a probar de su propia medicina.

me acerqué también lentamente, pero el al contrario de mi, no retrocedía. al ser más pequeña que él, mi rostro no daba directo con el suyo, así que tuve que atravezarlo  con la mirada con la cabeza en alto.


-- ¿Crees que puedes intimidarme con tus cambios de actitud y tus palabras groseras? pues escucha bien, si tú llegas a salirte de esta obra por la razón que sea, te juro que no dejaré piedra sin mover para que este sea el sexto instituto del que te expulsen, y no es una amenaza, te estoy advirtiendo. de ahora en adelante ten cuidado conmigo porque no soy débil como crees, y sí, tal vez sea más tonta que los de aquí, pero no mas que tú. --


Me di la vuelta para irme definitivamente, pero cuanto tomé el pomo de la puerta, lo escuché sisear de dolor y cuando me dí la vuelta, lo encontré con sus dos manos sobre la cabeza, como si le hubiese dado una terrible migraña.  Quise pensar que fingía, pero lo vi ponerse pálido ante mis ojos y corrí hacia el.


-- ¿que pasa? ¿Que tienes?--


El no me contestó, lo llevé a una silla cercana para que tomara asiento y se dejó llevar fácilmente. Su color empezó a volver, no sabía que hacer o decir, y no fue necesario porque el mismo se levantó para irse antes de decirme.


-- Tu cara me da migraña, pequeña rata.--

Next Chapter