001 | #TÓCATE
—¿Te estás tocando justo ahora?
—Quizás...
—¿Dónde están tus manos?
—Una sostiene el tubo del teléfono...
—¿Y qué haces con la otra?
—Me tironeo el borde del camisolín.
—¿Qué llevas puesto además del camisolín?
—Pantis...
—¿Nada más?
—Nada más.
—¿Llevas bragas?
—Me avergüenzo un poco con tus preguntas.
—¿Llevas bragas?
—N...No.
—¿Dónde estás ahora mismo?
—Recostada...
—¿Dónde?
—En mi cama. Observando el techo de mi habitación mientras hablo contigo.
—¿Qué opinas de mi voz?
—¿Tu voz?
—Sí.
—Pues... Que es ronca y varonil. Y muy mandón. Opino que debes ser un hombre al que le gusta dar órdenes, y que, a juzgar por tu seguridad debes ser... Olvida eso último.
—Termina lo que ibas a decir.
—Olvídalo, en serio...
—Termínalo, bebé.
—Yo... Yo iba a decir que... A juzgar por tu seguridad al hablar y mandonearme, debes ser...bueno en la cama.
—¿Te hace ilusión que yo sea bueno en la cama?
—Puede...
—¿Y qué cosas te haría si estuviese en esa cama contigo ahora mismo?
—Yo...
—Sin pudor, nena. Aquí, nadie nos está escuchando. Estamos sólo tú y yo. Nadie más.
—Lo... Lo sé...
—Entonces deja fluir tu imaginación. Tus fantasías. ¿Qué te haría si estuviese en esa cama ahora mismo, contigo?
—Pues... Tus labios me acariciarían el cuello. Te imagino con barba. Esa voz ronca y gruesa sólo puede provenir de un hombre fornido, de hombros y cuello ancho, brazos enormes y un culo duro, al igual que...ya sabes.
—Sí, lo sé. Pero igual dilo.
—Tú... Tú pene duro. Presionando contra mí. Mientras esos labios me besan el cuello, mientras tu barba raspa mi piel hipersensible. Tus manos... Tus manos están cerradas contra las mías, sujetas a ambos lados de mi cabeza mientras desciendes más y más con tus besos.
—¿Hacia dónde se dirigen mis besos?
—Hacia mis senos. Están al medio de ambos. Hundes tu lengua y tu nariz en ellos. Mordisqueas y... Ay, demonios.
—Te estás excitando.
—Creo que...
—Prosigue, nena.
—Pues... Una de tus manos se suelta de una de las mías y la diriges lentamente hacia uno de mis senos. Están duros y firmes. Mis...pezones también. Cierras toda la palma de tu mano y presionas. Primero con suavidad, pero luego masajeas un poco más intensamente.
—¿Qué tal me saben tus senos?
—Yo...noto que te gustan. Los saboreas. Y... me muerdes un pezón... Lo siento, es que me quedo con la boca seca mientras hablo. Es que eres tan...
—¿Y luego hacia dónde voy?
—Tus...Tus labios siguen bajando. Son besos suaves. Tu barba me hace retorcer cuando la siento impactar con mi abdomen. Nunca antes me hicieron eso. Eres el primero. Me gustan tus labios. Eres un experto y sabes exactamente dónde debes parar.
—¿Te gusta esa sensación?
—Me... Me encanta.
—¿Y dónde fue a parar tu camisolín?
—Me lo acabo de arrancar. Tú... tú me lo arrancaste. Lo hiciste trizas.
—Tu pubis sabe delicioso, nena.
—Tus...Tus labios me...están besando el pubis. Tus manos se han cerrado sobre mi cintura. Me tienes sujeta con fuerza. Yo no puedo... No puedo parar de retorcerme a medida que te siento más y más cerca de...
—Tu sexo.
—Mi...mi sexo. La barba en tu mentón me acaricia la entrepierna.
—¿Y dónde están tus dedos ahora mismo?
—Algunos sosteniendo el tubo...
—¿Y los otros?
—En mi vagina.
—¿Has penetrado con algún dedo?
—No...aún.
—¿Qué haces? ¿Te estás presionando el clítoris?
—Sí...
—Debe ser delicioso.
—Yo... Ay...
—Te lo quisiera morder.
—Santo cielo...
—Quiero saborearlo. Quiero penetrarte con mi lengua.
—Ay...
—Mordisquearte la piel sensible que tienes ahí. Presionar firmemente con un dedo.
—Tú...
—Me encantaría tomarte por el culo y meterte la lengua aún más profundo.
—Ay, por Dios...
—¿Dónde están tus dedos ahora?
—Ay...
—Y no los que sostienen el tubo del teléfono.
—Ay... Yo...
—¿Te has penetrado con uno de ellos?
—S...Sí...
—Mételo y sácalo, nena. Con movimientos circulares cuando estés dentro.
—Ay...
—Hazlo.
—¡Ay!
—Eso es, bebé. Más fuerte. Puedo escuchar tu mano golpear con tu pubis.
—¡Ay! Ah... ¡Ay!
—Aún no, nena. Debes esperar. Intenta con otro dedo. La puntita nada más.
—Yo...
—Vamos, bebé. Estoy seguro de que te gustará.
—Bien... Aquí voy...
—Fantástico.
—¡Ay!
—¿Duele?
—Algo.
—Vamos, nena. Mételo. Como sueles hacerlo, ya sabes. Hazlo.
—¡Ay!
—¿Te gusta?
—Si...
—Piensa en mi pene ahora mismo. Está duro como una roca.
—Dios santo...
—Te quiere encontrar y penetrarte.
—Ay...
—Quiero cogerte. Con fuerza.
—¡Ay! ¡Yo...!
—Más duro, bebé. Más duro.
—¡Ay...!
—Vamos, nena. Ahora sí. Es el momento.
—No...puedo...más.
—Te gusta, ¿verdad? Te fascina.
—S...Sí... ¡Ay!
—Hazlo nena.
—Ahora.
—¡AY! AH... Ah...
—...
—Ahh...