Accident

Summary

Harry y Ginny son novios. Ginny pertenece a una de las familias mas prestigiosas de todo Londres, los Weasley. Oh, y también es la mejor amiga de Draco Malfoy, tienen una amistad no muy sana que digamos, pero son mejores amigos, ¿por que? nadie lo sabe. El problema acá es; Ginny se está cansando de compartir lo que le pertenece. Por otro lado: Draco y Harry son amantes. Pero Draco se está cansando de estar escondido, así que le da un ultimatum a Harry: o termina con Ginny, o se va olvidando de él. ¿Y Harry? bueno... él se encuentra entre la espada y la pared.

Genre
Drama/Romance
Author
Sam
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Accident

AVISO: Son casi 9k de palabras


Habían salido comer con un par de amigos, todo iba... bien. Harry dándole miradas furtivas a Draco y viceversa, Ginny conversando amenamente con Hermione y Ron sobre ¿ropa? Ninguno había prestado atención a eso. Demasiado concentrados en follar telepáticamente como para notar que Ginny estaba intentando llamar la atención de Harry, no fue hasta que recibió un pellizco, que le prestó atención a su novia.

—Ow, ¿Eso por qué fue?

—No me prestabas atención. Te estaba diciendo que nos fuéramos ya a casa. Pronto va a empezar a llover y no quiero resfriarme.

Harry asintió mientras sonreía. Al ver eso, Draco hizo una mueca de disgusto antes de dejar la malteada a un lado, ni Ginny ni Harry pasaron por alto ese detalle.

—¿Ocurrió algo? —Preguntó Ginny mientras lo miraba. Draco negó y se excusó con un «sabe mal». Posteriormente se levantó y dejó un billete de diez libras sobre la mesa.

—¿A dónde vas? —Escuchó como alguna de las chicas le preguntaba.

—A casa —respondió toscamente, abandonando la cafetería.

Los cuatro que quedaban en la mesa se miraron entre sí. Harry se aclaró la garganta y tomó la mano de Ginny.

—Bien, nosotros también nos vamos a casa. No queremos que nos agarre la lluvia a mitad de camino —anunció antes de dejar otro billete de diez sobre la mesa y salir con su novia, quién se despidió con la mano de Hermione y Ron—. Toma.

—Gracias —dijo, recibiendo el casco de la moto—. ¿Vamos a casa o iremos a visitar a Draco? —Inquirió dudosa. Harry forzó una sonrisa, no sabía si Ginny era o muy ingenua o muy estúpida.

—Casa.

La pelirroja asintió vacilante. Luego de un rato llegaron. Harry tenía el ceño fruncido, sin embargo, esperó a que su novia se bajara. Cuando abrieron la puerta lo primero que Ginny hizo fue correr al baño. Se había largado a llover como si no hubiera un mañana en la mitad del camino y estaban emparamados. Harry decidió preparar un poco de té mientras esperaba que el baño se desocupara. Habían tenido un problema con las tuberías y el baño de en la habitación de invitados —que era donde Harry dormía— estaba sin agua.

«—Decide Harry, ella o yo. Ya he esperado demasiado tiempo.»

Esas palabras resonaban en su mente como un disco rayado. Luego de que Draco se fuera tan abruptamente de la cafetería sabía que no faltaba mucho antes de que el chico tirara la toalla y le dijera todo a su mejor amiga.

—¡Harry! Demonios, ¿estas bien?

Salió de su ensoñación al sentir como lo alejaban de la estufa, no veía nada gracias al humo.

—¿Qué pasó?

—No lo sé, supongo que pusiste a hervir agua y se te olvidó. La tetera se quemó y cuando llegué acá estaba todo lleno de humo —suspiró antes de volver a hablarle—. ¿Por qué mejor no vas a darte un baño? Puedes pensar mejor ahí, solo... intenta no ahogarte.

Harry asintió antes de perderse por el pasillo en dirección a la habitación de invitados.

—¿Y que dijo?—Preguntó expectante Blaise al otro lado de la línea.

—Que le diera un poco de tiempo, tenía que ver cómo sacarse a los hermanos de encima.

―¿Y hace cuanto fue eso?

Se escuchó un suspiro por parte de Draco antes de murmurar:

—Hace dos semanas. ¿Por?

—Draco, no es por ser pesimista, pero ¿de verdad crees que le vaya a terminar?

—¿Por qué lo dices?

—Han sido bastantes años en lo mismo... No me refiero a tu relación con él, digo que ha estado demasiado tiempo con Ginny, puede que no la ame, pero se acostumbró a eso y...

―Cariño, ¿Por qué mejor no te callas?—Escuchó como Pansy lo mandaba a terminar de cocinar antes de sacarle el teléfono—.Espero y realmente cumpla con lo que dijo. Si no es así, puedes decirme y lo voy a golpear.

—Por más que quisiera que lo golpearas, es un tema entre él, probablemente Ginny y yo.

Pansy suspiró antes de contestarle.

—Espero lo haga. Te quiero, hablamos luego.

La llamada finalizó, dejándolo algo preocupado.

¿Realmente iba a terminar con Ginny?

Draco y Harry llevaban dos años juntos, a escondidas, claro. Su mejor amiga no podía enterarse de eso, por más que a veces quisiera ir y gritarle a Ginny que se estaba acostando con su novio desde hacía años, no podía. Sabía los problemas que podría tener, no solo él, sino también Harry. Al estar con Ginny, Harry sabía que si terminaban probablemente Ron haría todo lo posible por sacarlo de la empresa. Después de todo, Ginny no era la niña inocente que pretendía ser, Draco lo sabía de memoria, sin embargo, seguían siendo mejores amigos ¿Por qué? No lo sabe.

Hubiera seguido indagando en sus pensamientos, pero Harry lo estaba llamando, intrigado, contestó.

—Hola, cariño, ¿crees que podríamos vernos en tu casa?

—Seguro. ¿En cuánto llegas?

—En quince minutos, si el clima colabora.

Draco rio antes de contestarle.

—Acá te espero.

Y exactamente veinte minutos después, escuchó el motor de la moto apagarse, posteriormente vio a Harry entrar con agua hasta en los oídos.

—Antes de que me intentes besar, primero sécate un poco.

Harry volteó los ojos juguetonamente antes de sacarse la ropa y correr al cuarto de su novio.

—¡Préstame una camisa y unos pantalones! —no tuvo tiempo de responder antes de ver como salía secándose el pelo. Harry se acercó a darle un beso, esta vez lográndolo—. ¿Vemos una película?

Draco asintió y fue al sofá para elegir, momentos después sintió a Harry recostarse en sus piernas.

—¿Cuál es?

—Mi favorita.

Harry se carcajeó antes de taparse con una manta que había a sus pies y prestarle atención a la película que se sabía de memoria, gracias a Draco. Habían pasado como máximo cuarenta minutos cuando Draco le preguntó en voz baja:

—¿Realmente le vas a terminar o seguiremos escondiéndonos durante otro par de años?

Harry quitó la vista de la pantalla antes de levantarse.

—¿Por qué dices eso?

—Has estado demasiado tiempo con ella y.… puede que no sé, te hayas acostumbrado...

—No. Realmente quiero terminar con ella, pero no puedo. Los gemelos se la pasan todo el día metidos en nuestra casa y no me dejan hablar a solas con Ginny. Cuando finalmente estamos solos pone un millón de excusas...

—¿Así como lo estás haciendo tú ahora mismo? —Preguntó el blondo y Harry sabía que no lo decía con maldad, sin embargo, pensó que podría evitar la pelea. Cosa que evidentemente no ocurrió. Cada vez se exaltaban más, lo único que se escuchaba dentro del departamento eran gritos, hasta que llegó a un punto culminante.

—¡Draco! ¡Escucha!

—¡Estoy harto! ¡Siempre es lo mismo! —Tomó un respiro intentando calmarse—. Háblame cuando te hayas decidido, Potter. No voy a estar esperándote una maldita vida —exclamó con rabia antes de tirar la puerta del departamento y salir hecho una furia.

Draco estaba demasiado enojado como para ver que un coche venía a toda velocidad listo para acabar con su vida, cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. Un auto gris, ya le estaba pasando por encima, sintió como le partían todos los huesos antes de ver oscuridad y posteriormente, no sentir nada.

Harry estaba en la puerta de la casa intentando ponerse un zapato mientras le gritaba a Draco que se detuviera y hablaran bien. Justo cuando llegó a la esquina vio la silueta de una persona, subiéndose a un auto gris, que milésimas de segundos después, se escabullía entre los callejones a toda velocidad. Luego, notó horrorizado el cadáver de su novio en el suelo. Corrió hacia Draco mientras pedía una ambulancia, aunque algo dentro de su mente le gritaba que ya era demasiado tarde, dio la dirección de donde se encontraba. Para cuando la policía y los médicos llegaron, en efecto, ya era demasiado tarde. Uno de los enfermeros le indicó que Draco estaba muerto y que por más que quisiera, no había nada que pudieran hacer.

Antes de desmayarse por el impacto de aquella noticia, divisó unos zapatos de tacón dorados brillantes pero lo que más llamó su atención, fue la sangre esparcida por la punta. Sin embargo, su visión se nubló antes de que pudiera hacer o decir algo.

Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue una cegadora luz. Intentó acostumbrarse, cuando por fin lo hizo vio a Ginny a su lado, quién llamaba a los médicos diciendo que ya se había despertado.

—¿Y Draco? ¿Dónde está Draco?

Puede jurar que vio a la chica a su lado voltear los ojos con hastío.

—Uhmm... Un auto lo atropelló. Los médicos dicen que lo mató instantáneamente. Al principio no podía creerlo, pero, sí. Él realmente está muerto yo... —iba a seguir hablando de no ser porque se le cortó la voz y un médico entró a la habitación.

—Señor Potter, señora Weasley. —Los saludó con asentimiento de cabeza antes de informarles cómo se encontraba—. Sufrió un desmayo gracias al shock, señor Potter, pero ya se encuentra bien. Puede retirarse a casa. Y... Lamento mucho su pérdida, el señor Malfoy no resistió al impacto del auto, los policías están haciendo todo lo posible por encontrar al culpable.

—Quiero que lo encuentren rápido. Quiero verle la cara al malnacido que me quitó a mi mejor amigo.

Llámenle loco, pero había algo en el tono de voz de Ginny que no le inspiraba confianza.

—Como ya dije anteriormente, señorita, los oficiales están haciendo todo lo posible.

Luego de un rato, de estabilizarse mejor, decidieron irse a casa. Cuando estaban saliendo del hospital Harry se tropezó con un escalón, casi se rompe la cara, pero vio los nuevos zapatos de Ginny.

—¡Por dios, Harry! No hemos salido del hospital y ya quieres intentar volver —exclamó divertida mientras lo ayudaba a ponerse de pie. Potter se alejó del toque, como si quemara—. ¿Estas bien? —Preguntó con incertidumbre su novia, Harry asintió, sin embargo, avanzó el paso hacia el ¿auto de Ron?

—¿Y el tuyo? —Preguntó refiriéndose al vehículo.

—Oh, en el lavadero. Es que se manchó de algo raro en el garaje y no podía sacarlo fácilmente, así que lo mandé a lavar.

Harry asintió sin creérselo mucho. Sin embargo, subió al auto, Ginny se puso de conductora y mientras arrancaban la chica iba hablando. Harry no le prestaba mucha atención, estaba demasiado metido en sus pensamientos como para notar el paso del tiempo, cuando se despertó del trance se dio cuenta que estaban en su casa.

—El funeral de Draco será dentro de dos días.

Harry asintió, sin querer pasar demasiado tiempo con ella salió del auto y entró directo a la habitación de invitados.

—¿Quieres un poco de té? —Escuchó a Ginny preguntarle al otro lado de la puerta. Dio una respuesta negativa antes de meterse en la cama y culparse por lo sucedido.

«Si tan solo le hubiera dicho la verdad. Nada de esto habría pasado.»

Se despertó con la luz de la luna pegándole en todo el rostro. Luego de un rato de quedarse mirando la ventana como si fuera lo más interesante del mundo, decidió que tenía hambre y que necesitaba una pastilla para el dolor de cabeza. Las punzadas se estaban volviendo insoportables. Sin esperar mucho se levantó de la comodidad de su cama, antes de poder abrir la puerta escuchó la voz de Ginny.

—Si, se supone que está dormido... Sí... El auto está lavándose... No se va a enterar... hey, lo que le pasó fue un trágico accidente, y sí, me encargaré de eso... Tu retrásalo lo más que puedas, mañana tendrás la mitad.

«¿Está hablando de lo que creo que está hablando?»

El dolor de cabeza podría esperar. Salió de la habitación y fue hasta la cocina, seguía teniendo hambre. ¿De qué color era el auto de Ginny? Hacía demasiado tiempo no lo sacaba del garaje.

—¿Qué haces? —Preguntó la dueña de sus pensamientos entrando a la cocina.

—Quiero comer algo, ¿de qué color es tu auto?

Ginny se sorprendió por la pregunta, sin embargo, respondió.

—Ah... Gris. ¿Por?

—Nada... Tenía curiosidad. —Sonrió falsamente antes de darse la vuelta y dirigirse a su habitación.

—¿No tenías hambre? —gritó desde la cocina su novia.

—Ya no. Tengo sueño, que descanses. —Y con eso cerró la puerta del cuarto.

Algo le decía que su novia mentía, pero realmente no tenía razones como para desconfiar de ella, más allá del extraño suceso del auto. Era demasiado temprano para sospechar. Necesitaba algo más. Aparte, en ese momento, Ginny estaba en casa así que a menos de que se hubiera duplicado, era imposible.

Ya habían pasado dos días, estaban en el auto de Ron —porque el otro seguía sin volver del lavadero— con dirección al funeral. Había visto a Ginny más contenta que nunca, no parecía afectada en lo absoluto por lo de Draco, eso hizo incrementar las sospechas de Harry, además la policía tampoco había avanzado. Si lo que Harry creía, era real. Ginny sufriría las consecuencias. Decidió actuar normal, mientras ella creyera qué él no sabía nada, todo iba a estar bien.

—...Luego podríamos ir a comer a algún restaurante cercano.

—Claro. Solo déjame darle el pésame a los Malfoy. Narcissa debe estar destruida.

Ginny asintió.

—¿No te vas a acercar? Digo, es la madre de tu mejor amig-

—Si, después.

Luego de que la ceremonia terminara fue hacia los Malfoy quienes lo abrazaron fuertemente.

—Lo siento. Nada de esto estaría pasando si le hubiera hecho caso.

Narcissa, quién también estaba llorando lo reconfortó.

—Tranquilo, Harry, encontraran al culpable. Fue culpa del que venía manejando ese auto, cielo.

Los padres de Draco estaban enterados de la relación que tenían. Lucius no estaba muy de acuerdo con que lo mantuvieran escondido, pero lo toleraba por las circunstancias.

—No veo a la Weasley menor muy afectada por el accidente —señaló estoico el patriarca de la familia. Narcissa también lo había notado sin embargo decidió quedarse callada. Después lo hablarían a solas.

—También lo he notado.

—Me atrevería a decir que se ve feliz —añadió Pansy mientras se metía en la conversación. Narcissa calló a su marido y a la chica.

—No digan eso. Era su mejor amiga.

—¿Mejor amiga? Por favor, ni siquiera se ha acercado a darle el pésame —siseó Blaise.

—Señora Narcissa si me permite...

—¡Harry, vámonos!

Pansy, Blaise y los Malfoy miraron con recelo a Ginny.

—Parece que la reina de Roma te llama —masculló despectivamente Blaise. Iba a decir algo de no ser porque la chica llegó a su lado para jalarlo y excusándose con que tenía hambre sacó a Harry de la funeraria.

—Ginny ten un poco más de respeto...

—Harry, ¿Qué más vamos a hacer? Está muerto, déjalo descansar en paz. —Volteó los ojos harta, antes de abrir la puerta del auto y entrar en él.

«Y decían ser mejores amigos.»

Frunció el ceño y se metió al auto. El resto del camino se resumió en Ginny intentando sacarle platica a Harry, fallando en el intento. Luego de que pasaran por algún restaurante volvieron a casa y Harry volvió a meterse en la habitación de invitados. Horas después, Potter fue despertado por el constante golpeteo en su puerta.

—Harry... —Se levantó de la cama y abrió la puerta.

—¿Sí?

—¿Podemos ir a pasear? Hace mucho no tenemos una cita... —Al principio pensó que se iba a negar, sin embargo, le dijo que lo esperara cinco minutos para que se cambiara. Ginny sonrió y fue a esperarlo.

—...Y Luego le dijo que sí, estaba bien... —Harry se calló al sentir unos labios chocando contra los suyos, la chica le siguió dando besos mariposa.

—¡Draco! Para... —Se quedó en silencio unos segundos antes de disculparse brevemente.

Sus puños se apretaron con rabia mientras una mueca de incredulidad mezclada con molestia atravesó la cara de la chica mientras miraba a su novio con desdén, aunque relajó su rostro rápidamente, intentando que no lo notara. Caso contrario, porque Harry captó todas y cada una de las expresiones de Ginny.

—¿Que dijiste? No escuché...

—Nada... simplemente estoy cansado, ¿podemos volver a casa?

—Ni muerto me lo puedo quitar de encima —renegó entre susurros enojada, antes de asentir con una sonrisa falsa. Luego de terminar de comerse el helado partieron camino a casa. En el camino, el teléfono de Ginny empezó a timbrar.

—¿No vas a contestar?

La chica, nerviosa, negó y apagó el teléfono.

—No, no es importante.

—¿Qué tal si es del lavadero?

—No es importante —reafirmó ella, evitando el contacto visual con su novio.

A la mañana siguiente, Harry despertó por una llamada entrante de Ron. Habían cerrado el caso de Draco por presunta falta de evidencia.

—Tengo algo que contarte.

—¿Algo como qué? —Preguntó cerrando la puerta de su habitación.

Es acerca de una charla que tuvimos Ginny y yo el día del accidente. Te va a interesar.

—¿Dónde nos vemos?

En el café frente a Charing Cross.

—Bien. Te veo en un rato.

Miró su reloj, doce en punto del mediodía. Cada vez estaba despertando más tarde. Salió de su habitación y cuando fue a buscar algo de ropa al cuarto principal, notó por el rabillo del ojo aquellos tacones dorados.

—¿Ocurre algo, cielo? —Preguntó la pelirroja, acercándose a él. Harry chasqueó la lengua.

—No. Solo vengo a buscar esto —señaló las prendas—. ¿Por qué preguntas?

—Es que te habías quedado con la mirada perdida —esbozó una sonrisa, rodeando el cuello de su novio con sus brazos. Intentó besarlo, pero él la esquivó—. Bien, si ya no necesitas nada más, vete. Tengo que cambiarme.

—¿Adónde vas?

—Me voy a reunir con Hermione. ¿Vas a estar en casa?

—Oh, no. Tengo que hacer un par de cosas.

—Bien.

Entonces, cuando Harry llegó al restaurante, unos minutos despues, Ron llegó.

—Resulta que Ginny me citó el día del accidente acá. Dijo que sospechaba que te estabas acostando con Draco. Me parece algo tan ridículo, pero la escuché tan segura...

«—Creen que soy idiota, Ronald. Realmente piensan que no me doy cuenta de lo que pasa.

Su hermano la miró dubitativo.

—Ginny, estamos hablando de Draco Malfoy, ¿enserio crees que se tira a tu novio? Es el hombre más heterosexual que he conocido, además son mejores amigos. Harry te ama. Se nota a leguas.

—No, Ron. ¿Acaso no te das cuenta de cómo actúan cuando están juntos? No les importa que esté presente. Harry y Draco se miran como si no hubiera nadie más en el mundo. Draco se la pasa llamando la atención de Harry y este se la da gustoso.

—Ginny, ¿no crees qué estás siendo un poco paranoica?

—¡No! ¡Puta madre! Se lo que vi. Lo peor es que sé que Harry ama y adora a Draco y no exactamente como un como amigo.

Ron rodó los ojos con cansancio.

—Ginny. Harry y Draco son amigos. Solo eso. Deja de lado los celos, no me extrañaría que Harry te termine pronto, no con esas ideas.»

—Mira, Harry. Ginny también me llamó esa tarde diciendo que necesitaba mandar su auto al taller, no me dejaron ver que había pasado, pero según mi hermana... chocó con algo... Si quieres terminar con ella, hazlo. Tu puesto en la empresa no será afectado. No sé porque los gemelos te amenazaron con eso, pero no te va a ocurrir nada. Y, por favor, ten cuidado con Ginny. No es tan buena como parece.

Ginny se encontraba sola en casa. Por fin, desde la muerte de Malfoy, estaba en paz. Tomó su bolso, se calzó con sus preciosos tacones dorados y salió de la casa, en busca de su cuñada.

—¡Herms!

—¡Gin! —Chilló la morena, corriendo a abrazar a su mejor amiga—. Tienes que contarme todo con pelos y señales.

—Claro que sí, pero no acá. Vamos a casa.

Cuando llegaron, cada una tiró su propio bolso sobre el sillón, se sacaron los tacones y mientras que Ginny ponía a calentar agua para hacer el café, Hermione tomaba asiento frente a ella. Unos minutos despues, Ginny se sentó al lado de su cuñada, cada una con sus respectivas tazas de café.

—Entonces, ¿cómo pasó todo?

—¿Te acuerdas que te dije que sospechaba que Draco y Harry estaban teniendo una aventura? Bueno, mis sospechas fueron confirmadas. Cuando llegué de comer con Ron, no encontré a Harry por ningún lado y... te juro que lo primero que pensé, fue que estaban follando. ¡Adivina qué!

—Estaban juntos —respondió su cuñada, partiendo un pedazo de pastel.

—Luego de un par de horas, Harry llegó con la camisa al revés. ¡Con la camisa al revés, Mione! ¿Sabes que fue lo que peor me hizo sentir? Que cuando lo fui a besar, me esquivó. ¡Como si el hecho de engañarme con mi mejor amigo no fuera suficiente, ni siquiera se esforzó en ocultarlo!

—Que mierda, amiga. ¿Y qué hiciste?

—¿Te acuerdas que Ron nos invitó a mí y a Harry a una cita doble y llegamos con Draco?

«—Quedé con Draco para ir a-

—¡Puede venir! —exclamó tensa, con un tic en el ojo derecho, que Harry ignoró completamente.

—Genial, iré a recogerlo.

—Que vaya él al restaurante, nos vamos los dos en la moto, después le envió yo la dirección.

Harry iba a responder de no ser porque Ron lo llamó.

—Hey, ya vamos para allá. ¿Dónde es?»

—Lo que pensaba hacer era mandarle la dirección equivocada, así Harry y yo podíamos pasar un momento juntos. Tu estúpido novio lo llamó y le dio el nombre del restaurante, arruinando mis planes una vez más.

—¿Por qué no me dijiste? Te hubiera ayudado. En ese momento estábamos por salir, me hubieras avisado y le decía a Ronnie que no te llamara.

Ginny asintió, tomó otro trago de café antes de seguir.

—Es que todavía no te enteras de la cereza del pastel. Resulta que cuando llegamos, Draco ya estaba esperándonos.

Hermione rio incrédula.

—¿Enserio?

—Si. Me bajé de la moto primero y cuando Harry se sacó el casco. Maldición, Hermione. No te miento cuando te digo que los ojos deminovio brillaron al ver a Draco. Claro que él no se le quedó atrás. Corrieron a abrazarse como si no se hubieran visto en años y ¡tuvieron el descaro de besarse en los labios!

—¡No jodas!

—¡Ojalá! Pensé que la vista me había jugado una mala pasada, pero dios, Hermione. ¿Recuerdas que entré sola al restaurante?

—Si. Draco y Harry aparecieron minutos despues y para mí, estaban demasiado juntos.

—Confirmé que había visto bien cuando vi restos del labial de Draco en los labios de Harry. ¡Aparte tenían los labios hinchados!

Creyeron haber escuchado el sonido de las llaves tintineando, entrando en la cerradura y Ginny tuvo el presentimiento de que debía levantarse a ver si Harry estaba en casa, pero no lo hizo.

—¿Qué ocurre?

—Nada. Pensé que Harry había llegado. Entonces, siguiendo con lo que te estaba contando. Cuando volvimos a casa, Harry puso a calentar agua y casi quema la cocina. Seguro se quedó pensando en el muerto —dijo riendo. Hermione chocó su taza con la de ella, también entre risas—. Luego de que se aclarara las ideas, salió de casa diciendo que se iba a ver con Draco. Eso fue lo último que estuve dispuesta a soportar, por favor, ¡era la tercera vez en el día que se reunían!

«Bajó al garaje enojada, se subió a su bonito Renault gris y partió hacia la casa de su«mejor amigo».

Ya llevaba media hora esperando en el auto fuera de la casa de Draco. Sabía que Harry estaba ahí dentro porque su moto estaba estacionada. Y se iba quedando dormida hasta que empezó a escuchar gritos provenientes del domicilio. No fue hasta que vio salir a Draco hecho una furia que encendió el auto y cuando el chico estaba en la esquina listo para cruzar, con una cínica sonrisa pisó el acelerador con toda su fuerza.»

—¡Me manché mis tacones, Herms! Recuerdo que cuadras despues, bajé a ver que tal había que quedado mi auto y dios... la sangre estaba goteando del capó y manchó mis hermosos tacones. No sabía como demonios quitar la sangre sin que quedara un manchón horrible o arruinarlos.

—Pero por suerte yo te los salvé.

Las dos mujeres estallaron en risas dentro de la casa y Harry, quién ya había escuchado suficiente, apretó las llaves entre su mano hasta que tuvo los nudillos blancos. Oh, bendito sea dios. Harry la iba a matar. Puso la mejor sonrisa falsa que tenía antes de meter la llave en el cerrojo y abrir la puerta.

—Oh. ¿Las interrumpí? —Inquirió sonriendo falsamente, cerrando detrás de él.

—No, claro que no. ¿Quieres un pedazo de pastel? —Ofreció Ginny, levantándose a saludarlo.

—Paso, gracias. Ya comí. —Dicho eso, se dirigió a la habitación de invitados. Evitando el contacto visual con las dos mujeres. Una vez en su habitación, apretó las llaves entre su mano, sin saber que otra cosa hacer más que recordar las palabras de su novia. Ella era la culpable de todo. No se dio cuenta cuando, pero se encontraba llorando, clavando sus uñas en la palma de su mano. Había abierto la piel y las heridas en forma de medialunas empezaba a sangrar. Apretó aún más, queriendo que eso solucionara todos sus problemas. Su teléfono vibró y la pantalla se encendió. Pansy le había enviado un mensaje preguntándole si quería reunirse con ella en el parque

Una hora después, Harry salió de su cuarto solo para encontrarse a su novia y Hermione todavía hablando en el mismo lugar.

—Eh... tengo que hacer un par de compras, ¿quieren algo?

Hermione negó apenada.

—Se acabó el té de manzanilla y menta. Oh y trae café —pidió Ginny.

—Bien.

Su teléfono vibró en su bolsillo, llamándole la atención. Era un mensaje de Pansy.

¿Ya casi? Tengo frío, Potter. Apúrate.

Rió para sus adentros, negando. Guardó el aparato de nuevo, agarró sus llaves y salió de la casa. Harry y Pansy eran buenos amigos, sin embargo se juntaban solo cuando el moreno iba acompañado de Draco.

—¡Maldición! ¡Casi no llegas, idiota!

—Me tardé diez minutos, Pansy. No seas tan dramática.

—Yo estuve media hora esperándote, ridículo.

Harry estacionó la moto fuera del mercado y juntos entraron. Habían quedado en verse en una plaza, pero terminaron yendo a comprar todo lo necesario para cenar juntos. La decisión de preparar la cena en casa de Harry fue una elección impulsiva, una manera de desviar la atención todo lo que estaba ocurriendo. Los dos estaban abrumados por el asunto de Draco, sobre todo Harry. Necesitaba distraerse por un rato. Tenía que pensar con la cabeza fría, sabía perfectamente que no podía tomar decisiones apresuradas. Necesitaba analizar cual sería el siguiente paso. No podía ir simplemente y torturarla por lo que había hecho. No duraría mucho y Harry quería que sufriera en vida todo lo que le había hecho pasar a Draco.

Ginny se encontraba en el sillón viendo televisión cuando la puerta se abrió y por ella ingresaron Harry y Pansy, quienes venían riendo casi a carcajadas. Las risas se detuvieron una vez la pelinegra y Weasley hicieron contacto visual. El rostro de Pansy se endureció.

—Ginny —saludó forzando una sonrisa. Harry se mordió la lengua para no reír. Se notaba que ninguna de las dos soportaba estar en la misma habitación.

—Mhm, hola —dijo dirigiéndose a Pansy—. Que bien que llegaste, pasaré la noche en casa de Hermione. —Harry asintió suavemente, dejando las bolsas sobre la encimera. ¿Acaso no habían estado juntas toda la tarde?

—Bien, diviértete.

Ginny iba a agregar algo, sin embargo, solo volteó los ojos completamente hastiada.

—Me quedo a comer —anunció antes de meterse en la habitación principal. Harry se encogió de hombros.

—Bien. ¿Supongo? —Susurró, causando una risa en Pansy, quién solo negó.

Ginny escuchaba las risas desde su habitación, ¿de que tanto hablaban que le causaba tanta gracia?

En la cocina, Harry estaba picando el pollo con el que haría el guiso. Abrió uno de los cajones inferiores en busca de una bolsa para la basura ya que tenía que tirar los huesos restantes. Tras un momento, se quedó agachado enfrente del armario pensando en que carajos iba a hacer. Se le había olvidado.

—Vamos, no seas tímido, échale un poco de matarratas —bromeó la pelinegra, cortando los vegetales mientras veía como su amigo se había quedado agachado allí, en blanco. Harry la acompañó en la risa, pero su mente se quedó pensando en ello.

—Deja de decir tantas idioteces, mujer.

—No me niegues que no lo has pensado. Con el historial de tu señora, hasta yo lo pensaría.

—Pansy, tú lo estás pensando desde el día del accidente.

La pelinegra abrió la boca incrédula, antes de empezar a reír.

—¿Por quien me tomas, Potter?

—Por lo que eres, Parkinson. Te conozco.

La chica se burló de el repitiendo lo que dijo con la voz chillona, antes de verter el pollo ya picado y las verduras en la olla y tras agregar un par de ingredientes más, dejaron hervir todo junto a fuego lento mientras reían y recordaban todas las veces que habían salido a comer afuera y terminaban en el apartamento de Draco comiendo algo que Harry preparaba. Tras un rato, la mesa estaba puesta con todos los platos y cubiertos necesarios. Ginny salió molesta a los pocos minutos y juntos se sentaron a comer en un tenso silencio, hasta que Pansy lo interrumpió.

—Ya entiendo porque eras tú el que preparaba la comida, maldición, Potter, cocinas de lujo —comentó saboreando una cucharada del guiso. Sintió una patada en la espinilla, la expresión de Harry le decía que había hablado de más.

—¿Preparaba la comida cuándo? —Inquirió Ginny, dejando los cubiertos de lado.

—Pues cuando nos reuníamos a comer, duh —contestó Pansy, mientras seguía comiendo importándole poco y nada si había dicho algo que no debía. Harry negó esbozando una sonrisa. Ginny chasqueó la lengua, sin embargo no dijo nada más.

Tras terminar de comer, Ginny se marchó de la casa sin siquiera despedirse. Pansy y Harry charlaron un rato más hasta que Blaise le avisó a su novia que estaba afuera. Se despidieron con un ameno abrazo y antes de salir, Pansy le susurró algo:

—Considera lo que dije del matarratas. Esa mujer no es de fiar.

Harry rio y asintió.

—Lo que digas, loca. Lo que digas.

Saludó a Blaise, quién le correspondió desde el auto antes de volver a tocar la bocina.

—¡Apúrate, Pansy! ¡Ya va a comenzar el partido! —Gritó el moreno, volviendo a tocar la bocina dos veces más. Pansy rodó los ojos con falso hastío antes de estrujar a Harry en sus brazos.

—Nos vemos en unos días, Potter. Cuídate. ¡Vuelve a tocar esa bocina y te devolverás caminando! —Gritó sabiendo que su novio estaba a punto de hacerlo. Harry rio asintiendo.

—Cuídate tú también.

—Avísame si sabes algo de lo de Draco.

—Si, pero lo dudo. Cerraron el caso.

El rostro de la chica decayó por completo. No habían hablado de ese tema en particular porque ninguno quería ponerse mal.

—Sonará ridículo, pero Ginny tiene algo que ver. Estoy completamente segura —masculló encendiendo un cigarrillo.

—¡Pansy, tenemos que irnos!

—Estoy pensando lo mismo, no la vi afectada por el accidente.

La bocina volvió a sonar.

—Llámame si descubres algo, adiós. —Abrazó rápidamente al castaño antes de correr al auto de su novio. Harry había decidido no contarle nada acerca de lo que había escuchado esa tarde en la charla entre Hermione y su novia, sabía que Pansy era impulsiva y ni bien le contara ella tomaría la venganza por su propia mano. Volvió dentro de la casa, pensando en cómo demonios hacer que Ginny se arrepintiera de todo lo que había hecho.

Tras pasar media noche en vela, pensando en que iba a hacer, por fin se le había ocurrido algo. Quizás era un poco de película, quizás no conseguiría fácilmente el objeto, pero no perdía nada con intentarlo.

Despertó sobre el sofá con el teléfono sin batería sobre su pecho. La puerta se abrió, sobresaltándolo.

—Buenos días, amor —saludó Ginny, acercándose a besarlo. Tenía que actuar como si todo estuviera bien, no quería levantar sospechas, por lo que, sin muchas ganas correspondió, excusándose con que recién se levantaba y tenía un aliento a muerto; se separó.

—¿Como la pasaste ayer? —Preguntó levantándose del sillón.

—Bien... Pensábamos ir de compras, pero nos levantamos tarde... —Y Harry dejó de prestarle atención. No le importaba, pero de vez en cuando asentía como si realmente estuviera escuchando lo que decía. Su mente solo maquinaba los distintos escenarios para hacerla pagar, aunque ya se había decidido. Luego se pondría a investigar donde demonios conseguir las cosas—. Adivina qué —la atención de Harry se volvió a centrar en ella.

—¿Que?

—¡El auto volvió del lavadero!

Harry fingió sorpresa.

—Eso significa que podemos ir afuera a comer. Vístete, yo invito.

Harry no hizo preguntas, e hizo lo que le dijeron. Total, tenía hambre. ¿Qué horas eran? Su mirada se dirigió al reloj que marcaba las doce y media. Se restregó un ojo, mierda, era tarde. De razón le sonaba tanto el estómago.

—¿Quieres que te acerque a algún lugar? —Preguntó la chica, dejando su bolso sobre la mesa.

—Tengo que ir a comprar un par de cosas que necesito para el trabajo, ¿te importa llevarme hasta el centro?

—Claro, luego de comer te dejo allí.

Se despidió de su novia con un beso y empezó a buscar en su teléfono todo lo que necesitaba y donde tenía que comprarlo. Tras un par de horas de compras, regresó a casa con todo lo que necesitaba en las bolsas que sostenía. Ginny estaba en casa, algo que no era un problema. Gritó que había llegado y se metió directamente a la habitación de invitados. Luego de veinte minutos y de haber revisado que todo estuviera bien, salió hacia donde se encontraba su novia. Harry miró a Ginny con una chispa de emoción en los ojos y una idea en mente.

—¿Quieres ver algo? —Preguntó, esperando su respuesta con ansiedad. No sabía por qué estaba tan ansioso, quizás quería que cayera en ese momento la noche para ver si su plan había funcionado.

La chica lo miró con curiosidad, un destello de intriga en sus ojos.

—Me iba a bañar, pero ¿algo como qué? —respondió, mostrando interés mientras sonreía.

—No sé, una película... —respondió Harry, sugiriendo una opción.

El rostro de Ginny se iluminó con entusiasmo.

—Claro. ¿Acá o en nuestra habitación? —propuso, emocionada por compartir un momento juntos. Desde hacía tiempo no pasaban un rato a solas.

—En nuestra habitación, estaría bien —dijo Harry. Los ojos de Ginny brillaron al escuchar «nuestra habitación». Harry había dejado de dormir con ella desde hacía tiempo, había dicho que quería espacio. El corazón de la pelirroja empezó a bombear más sangre, arremolinándola en sus mejillas. ¿Quizás estaba todo volviendo a la normalidad? No pudo evitar la creciente sonrisa que se plasmaba en sus labios.

—Claro. Iré a bañarme rápido mientras eliges cuál ver, ¿sí? —Preguntó intentando contener su entusiasmo. Dioses. Se sentía como una adolescente de nuevo. En su mente ya había planeado el resto de la noche.

—Seguro, acá te estaré esperando —respondió Harry, con una sonrisa.

Una vez que Harry se aseguró de que Ginny se había metido al baño, se dirigió a su habitación. Segundos después, volvió a entrar en la de Ginny para preparar todo. Justo cuando estaba a punto de poner la película, la mencionada salió del baño, lista para continuar con la velada.

—¿Qué pusiste? —Inquirió, curiosa por descubrir la elección de Harry.

—Tu favorita... mira. Desde hace bastante tiempo quería darte un regalo, pero no encontraba el momento adecuado. Siento que no te he prestado demasiada atención últimamente, así que mandé a hacer esto —dijo Harry, extendiéndoselo con una sonrisa. La sorpresa brilló en los ojos de Ginny mientras rasgaba el paquete, revelando un portarretratos con una foto de ellos.

—¡Awww, gracias, Harry! —Exclamó Ginny, conmovida por el gesto. Notó una inscripción en la esquina que decía: «Jamás olvides que te amo».

«Al parecer funcionó quitar del camino a Draco».Abrazo a su novio con todo el amor del mundo, era tan lindo.

—Y toma esto —añadió Harry, extendiendo un oso de peluche—. Espero que te guste.

—Oh... wow. Gracias —susurró algo atontada, sintiéndose profundamente apreciada por su maravilloso novio. Era un gesto tan dulce y significativo que llenaba su corazón de alegría.

Ya bien entrada la noche, Harry apagó la televisión y dejó a la chica acostada en la gran cama. Revisó el oso de peluche una última vez, esperaba que funcionara.

—Dulces sueños, cielo —susurró con una sonrisa maliciosa extendiéndose por su rostro.

A la mañana siguiente, supo que había funcionado. Se despertó con los rayos de sol, se dio un baño rápido antes de salir al pasillo y ver a Ginny como un zombie intentando no dormirse mientras se preparaba para trabajar.

—Buenos días —saludó con felicidad, recibió un gruñido como respuesta, pero eso le bastó—. ¿Deseas que te haga un café? —Preguntó entrando a la cocina. Agarró un termo y lo dejó sobre la encimera.

—¡Si, por favor! —Replicó Ginny antes de seguir poniéndose rímel.

Harry puso música suave mientras se ocupaba de poner a calentar agua para el café. El ambiente tranquilo y relajado lo envolvía mientras esperaba pacientemente a que la tetera comenzara a hervir. Cuando finalmente escuchó el sonido característico, con una sonrisa de satisfacción, apagó la estufa y vertió el agua caliente en el termo. Agregó cuidadosamente café y una cucharadita de azúcar, creando la mezcla perfecta para una bebida reconfortante. Sin embargo, su mirada se desvió hacia el cajón inferior donde reposaba el veneno para ratas. Unos momentos de deliberación pasaron por su mente mientras sopesaba sus opciones. Después de una breve reflexión, decidió tomar la decisión. Con determinación, destapó el termo y añadió una pequeña cantidad del veneno.

—Toma. Espero el café ayude. No parece que hayas tenido una buena noche.

Ginny iba a responderle toscamente, pero se dio cuenta de que Harry no tenía la culpa.

—Si... Gracias, Harry. —Presionó un beso en sus labios mientras salía de la casa y cerraba la puerta tras de ella.

La rutina se repitió durante varios días más. Harry aguardaba pacientemente la llegada de Ginny del trabajo, listo para recibir su regreso con la comida ya preparada. Ella, exhausta por la jornada laboral, apenas tenía energía para comer antes de dirigirse al baño para lavarse los dientes y luego retirarse a la cama. Las noches pasaban sin un descanso reparador, dejándola fatigada y somnolienta al despertar.

Mientras Ginny se encontraba en la habitación o en el baño, luchando contra el agotamiento para mantenerse despierta, Harry permanecía en la cocina, meticulosamente preparando el café que se había convertido en un ritual diario para ambos.

Sinceramente Ginny no sabía que había hecho para ganarse a alguien como Harry. Sin embargo, sus compañeros de trabajo se dieron cuenta de que algo estaba pasando. Ron se acercó a ella en más de una ocasión preguntándole si se sentía mal, estaba pálida, ojerosa, se la pasaba cabeceando y se le podía ver enferma.

Aquel lunes, Ginny se dio cuenta que las horas de sueño le empezaron a pasar factura y estaba empezando a alucinar. ¿Por qué? Fácil. Por unas cuantas noches, soñó con una voz que le susurraba cosas horribles como que era una asesina y que era una persona horrible. Pero entonces, llegó una noche en la que supo que se estaba volviendo loca. Ella estaba lúcida, podía moverse, podía gritar, pero escuchaba esa voz diciéndole que se suicidara nuevamente.

Lo único que escuchaba era:«Solo hay una salida, suicídate. No mereces vivir.»

Eso se repetía todo el maldito tiempo, sumándole que se sentía mal físicamente... Su situación era grave. Empezaron como simples dolores estomacales, pero al poco tiempo empezó a vomitar y siguió con debilidad muscular.

Hasta que una noche, descubrió de dónde venía esa voz.

Ya harta de no poder dormir, creyendo que realmente iba a terminar en un manicomio, se levantó de la cama en busca de la fuente de sonido. Revolvió estantes y cajones hasta que dio con ella. El oso de peluche. Lo revoleó contra la pared, lo sacudió y no fue hasta que lo apretó entre sus manos, que se percató de un objeto extraño dentro del mismo. Con las manos temblorosas desgarró el juguete, notando un extraño aparato dentro. No sabía que mierda era, pero cuando lo tiró dentro del retrete, por fin se calló. Ya no había mas voces susurrándole cosas.

No sabía porque no lo había hecho antes.

Suspiró aliviada. Demasiado cansada como para discutirlo en ese momento, Ginny se recostó en su cama. Mañana hablaría con su novio, ahora, necesitaba un descanso.

Harry entrecerró la puerta de la habitación y fue camino a la suya. Por fin había descubierto la fuente de ruido, ahora solo faltaba el paso final.

A la mañana siguiente, cuando Ginny despertó se encontró a su novio tomando el desayuno.

—Buenos días. Veo que por fin dormiste bien —dijo, dándole un sorbo a su taza de té de menta.

—Ajá.

—Te dejé huevos en la sartén y algo de café en-

—Me haré mi propio desayuno, tranquilo.

—Oh. Está bien —contestó, suprimiendo su sonrisa con un pedazo de tostada.

Ginny dejó su comida en la mesa, lista para comer, pero entonces, las náuseas la hicieron correr al baño. Cuando volvió, su novio sonreía, observándola en silencio.

—¿Qué hiciste?

—¿Yo? Nada. ¿Por qué lo preguntas? No es como si te fuera a envenenar.

Inmediatamente, Ginny recogió su plato y bebida antes de tirar la comida en el cesto de la basura y el café en el regadero.

—¡Hey! ¿Por qué hiciste eso?

—Descubrí lo del oso de peluche, Harry.

—¿De qué hablas? ¿Había algo malo con él?

—Vi el aparato, se lo que intentabas hacerme.

—¿Intentar hacerte de qué? Te hice un regalo, por dios, que paranoica —susurró levantando su plato.

Mas tarde, ese mismo día, Ginny salió de su habitación pálida. Harry notó esto.

—¿Te sientes bien? Te ves un poco... enferma. —Sin dejarla responder se metió en la cocina y volvió segundos después con una bolsita con algo dentro. Ginny no podía distinguir que era, puesto que cada vez que parpadeaba su vista se nublaba un poco más—. Toma... son polvos relajantes.

Lo próximo que sintió, fue como perdía el equilibrio y caía inconsciente al suelo. Cuando despertó encontró una pastilla blanca junto a un vaso de agua.

—Es Ibuprofeno, tranquilízate —comentó Harry, poniéndose una chaqueta. Ginny observó la habitación ansiosa.

—¿Adónde vas?

—Voy a salir con Ron. Presentaré la carta de renuncia. No he ido a trabajar desde hace al menos una semana. Tómate la pastilla, te sentirás mejor.

—¿Seguro que no me estás envenenando?

Harry volteó los ojos antes de tomar el paquete de Ibuprofeno de la cajonera y lanzárselo a la chica.

—Si quisiera matarte ya lo habría hecho hace tiempo. Tomate eso rápido, no seas imbécil. Estas alucinando... ¿o quizás no? —una risa burlesca escapó de sus labios antes de agarrar su reloj—. Relájate, mujer. Si lo hiciera, ni cuenta te darías.

Ginny lo acompañó en las risas y vacilante extendió la mano hacía el paquete, examinando la pastilla en su mesa con las del empaque. Eran iguales y todas estaban selladas. Era seguro tomarlas. Quizás estaba siendo un poco paranoica. Cansada agarró otra pastilla, se la metió en la boca, ayudándola a pasar con agua. Cuando se percató del sabor amargo que tenía el líquido intentó devolverlo, pero ya era tarde. Estaba dentro de su organismo.

—¡¿Qué mierda le pusiste al agua?!

Harry esbozó una sonrisa antes de lanzarle otro empaque.

—¿Veneno para ratas? —Chilló Ginny.

—Mmm, puede que sí o no. No lo sé. —Se acercó hasta el baño mientras observaba como Ginny intentaba desesperadamente devolver el agua—. Disfruta tu muerte, zorra.

Cuando terminó de arreglarse, Ginny yacía muerta sobre los azulejos del baño, al lado del inodoro. Negó suavemente antes de cerrar la puerta del baño. Cuando estaba a punto de salir en camino al restaurante donde se encontraría con Ron, su teléfono vibró en su bolsillo. Contestó la llamada entrante de Lucius.

—Potter.

—Señor Malfoy. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Ve al departamento de Draco.

Y sin más, la llamada finalizó, dejando a Harry confundido. Tecleó rápidamente un mensaje a Ron que le había surgido un problema, que se vieran al día siguiente. Apagó el teléfono y agarró sus llaves, tanto las de su casa como las del apartamento de Draco.

Aún sentía la colonia de él por todo el lugar. Dejó las llaves sobre encimera y se sacó los zapatos. Caminó hasta la habitación principal, sus ojos picaron a punto de lagrimear al ver a su amante dormitando sobre las mantas. Con un nudo en la garganta, se acercó lentamente a la cama. Rozó la punta de sus dedos con la mano del rubio, asegurándose de que fuera real y no una mala jugada de su mente.

—¿Harry? —Preguntó Draco, abriendo los ojos. El moreno asintió en silencio, las palabras no salían de su boca

—Te extrañé mucho. Dioses. —Se restregó los ojos, borrando las lágrimas que escapaban de sus ojos— ¿C-cómo? ¿Como es que estas vivo?

—Cuando llegamos al hospital, los médicos lograron revivirme. Mamá y papá pagaron para que todo se llevara en secreto. Solo tengo que tomar recuperación, nada permanente. Tendré un par de cicatrices, pero, estoy bien. Hasta ayer recuperé la conciencia y- —los labios de su novio chocaron contra su frente. Draco lo hubiera abrazado si hubiera podido— no sabía como contactarte sin que Ginny se enterara.

—Entonces, ¿mi mejor amiga fue la que intentó acabar conmigo? —Preguntó Draco, buscando respuestas en la mirada de su novio mientras—. Supongo que ya no hay necesidad de ocultarnos, ¿verdad? —Harry respondió con una sonrisa negativa—. ¿Y cuál fue la verdad? Papá me comentó que fue eso lo que dijiste cuando estabas en mi supuesto funeral.

—Si terminábamos, los gemelos harían todo lo posible por acabar con nosotros por hacer llorar a su hermanita, pero renuncio mañana, técnicamente. Iba a hablar con Ron, pero-

—Mmm, ¿y como la hiciste pagar? Escuché eso.

—La maté —contestó con naturalidad. Draco abrió los ojos.

—¿Y cómo vas a hacer para que no te lleven a la cárcel por eso?

—Pero realmente no la maté. A ojos de la policía y del resto de personas, Ginny se volvió loca y se suicidó... Lo que me recuerda, tengo que hacer...

De repente, el timbre de la casa resonó, interrumpiendo su conversación. Draco y Harry se miraron con alarma, temiendo lo peor, ¿Era la policía? Sin embargo, apenas unos segundos después, la puerta de la habitación se abrió de par en par, revelando la figura de Narcissa y Lucius. El rostro sonriente de Lucius contrastaba con la sorpresa en la expresión de la pareja.

—Tal y como esperaba, no nos defraudaste, Harry —habló Narcissa, con orgullo en su voz. El mencionado enarcó una ceja. ¿De que hablaban?

—Has hecho todo lo que tenías que hacer y no te preocupes, cuentas con todo nuestro apoyo para encubrir lo que hiciste. Ya mis contactos están en la escena, sin embargo, tendrás que hacer acto de presencia y mantener la fachada para que sea más fácil no levantar sospechas —terminó Lucius sonriente. Era la primera vez en años que llevaba con Draco que su suegro le sonreía. Algo dentro de Harry se hinchó con orgullo.

Para el mundo, Ginny Weasley había tenido su descenso a la locura, sus amigos, compañeros de trabajo y pareja lo afirmarían. Su falta de sueño, sus constantes desvaríos y alucinaciones, sumado al remordimiento de lo que había hecho, serían una de las razones que la impulsarían a tomar una decisión sin retorno, acabar con su vida.

Un despejado cielo se alzaba sobre sus cabezas, con una temperatura de tan solo seis grados, los Malfoy y Harry se encontraban en el funeral de la menor de los Weasley. Narcissa con una pequeña sonrisa sobre sus labios, siendo escondida por el gran sombrero negro, sosteniendo la mano de su marido, mientras que el mismo cubría su sonrisa con la bufanda.

Molly se encontraba llorando amargamente sobre el hombro de su esposo. Ronald no decía nada, simplemente tenía la cabeza gacha, Harry podía decir con seguridad que las lágrimas se le habían acabado.

Una furgoneta negra con los vidrios blindados se estacionó a unos metros atrás de donde se llevaba a cabo el entierro, desde dentro, Draco observaba con satisfacción la desolación de la familia de quién alguna vez consideró su mejor amiga.