EL ACANTILADO

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Summary

Un Crimen, una amistad y un alma en paz, esto se ha perdido en una antigua carretera con dirección del Litoral Central. La montaña oculta crimen, corrupciony una organizacion que funciona dentro del burdel llamado El Mercado del Pecado, Los detectives se enfrentan a un maestro del crimen y a un espectro de la noche llamado Pasajera, el crimen y lo paranormal van de la mano, pero la justicia llega hasta lo mas profundo de la montaña...

Status
Ongoing
Chapters
31
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

EL ACANTILADO

LA HISTORIA DE PASAJERA

Por: Gustavo Mora

Capítulo I


Pasajera, Finales de los años 70:


Acostada en el gélido asfalto cubierto por la densa neblina que al parecer persigue a Joan Oliveira Do Santos, por asesinar a sus amigos en la montaña.

Extrañada, Nora Castañeda, ahora convertida en Pasajera, abre los ojos y no ve nada. Se incorpora del gélido asfalto, mira a su alrededor todo está blanco como la nieve, no hay ni un solo sonido en la montaña.

Se revisa, se asombra al verse con un vestido blanco que cubre sus pies, busca sus zapatos que por alguna razón no los tiene, en ese momento la neblina cesa su búsqueda insaciable hacia Joan Oliveira Do Santos.


Ella se pregunta:


Pasajera (Voz en Off)


—¿Qué estoy haciendo aquí?


—Debería estar en la fiesta.


—¿Dónde están todos?


—Si me están jugando una broma no me parece de buen gusto.


Las luciérnagas se apoderan de todo el lugar, parece que las estrellas bajaron y son una con la montaña. Todo un espectáculo.


Pasajera (Confundida)


—¿Qué demonios hago en medio de la nada?


Ella voltea, pasando su vista por la vía oscura, sola y lúgubre. A orillas de la carretera al lado de una derrumbada cruz con dos vasos a media agua con flores blancas del camino, iluminada solo por el resplandor de la luna y alejado de la mano de dios, se encuentra allí.

Es ella, Pasajera, que hace cincuenta años perdió a su amor, a un gran amigo y hasta ahora los busca por los parajes solitarios de la montaña y acantilados pidiéndole a cuanto carro pasa que la lleven. La pérdida de Manuel Nogueira, se convirtió en un secreto, más nadie sabe del lugar solo Joan Oliveira Do Santos, que se lo llevó quién sabe a dónde y lo depositó en el pasado.

Ahora en el presente Pasajera, pide a esos conductores ingenuos que la lleven montaña abajo para encontrar a un Amor, una amistad, una Venganza y el descanso eterno.


Esta historia viene de esa época turbulenta de la Caracas en dictadura de Juan Vicente Gómez, allá por el año de 1930, los sucesos que ocurren en la lejanía de la serpenteante y nublada carretera vieja con dirección al Litoral Central son inevitablemente tenebrosos.

Hay rumores de asesinatos, desapariciones inexplicables y de encuentros angustiantes en medio de la densa niebla que cubre la montaña y los acantilados que rodean la zona.

La historia que protagoniza esta carretera es real, producto de los oscuros recovecos de la mente de un asesino sanguinario y despiadado. Muchas muertes se han suscitado a lo largo de los años, y la policía emprende una búsqueda implacable del culpable. Sin embargo, el asesino parece esfumarse entre las sombras de la noche, sin dejar rastro alguno.

La noche está oscura y envuelta en un silencio inquietante. Los faroles tenues de la serpenteante y nublada carretera vieja con dirección al Litoral Central apenas iluminan el camino, dejando sombras danzantes y fantasmales en los árboles que rodean la ruta.

En esta noche enigmática y llena de misterio, los rayos de la luna se filtran a través de las nubes plateadas, iluminando un lugar llamado El Acantilado. Es allí, donde conocemos a Jorge Contreras, un joven investigador novato en sus primeros pasos en el intrincado mundo de las incógnitas y los crímenes sin resolver.

A sus 21 años, el joven Contreras posee una altura imponente de 1,80 metros que le confiere una presencia imponente. Su cabello corto y de un profundo y oscuro tono negro, al estilo militar, enmarca su rostro varonil y despierto. Sus ojos negros, llenos de determinación y curiosidad, ocultan las profundidades de su alma tras un velo de misterio. Una pequeña cicatriz en su ceja izquierda, testigo silencioso de alguna experiencia pasada, añade un toque de peligro y rebeldía a su imagen.

Metódico y científico por naturaleza, Jorge Contreras ha recibido una formación académica intachable y se ha graduado con honores en su campo de estudio. Su creencia en el poder de la lógica y la evidencia empírica es firme, descartando con rotundidad cualquier explicación relacionada con lo paranormal. Cada paso que da, cada línea que escribe en su diario de investigación, está dictada por una minuciosidad rigurosa que le ayuda a mantener la claridad y el orden en su mente.

En su primer caso, Jorge lleva consigo un diario especial, un objeto de cuero desgastado, pero repleto de anotaciones, es su aliado infalible a la hora de comprender las claves ocultas que pueblan el Acantilado. Su traje azul marino, elegante y sobrio, es su armadura en esta intrincada búsqueda de la verdad, un traje que le recuerda la importancia de su labor y envuelve su figura en un aura de profesionalidad impenetrable.

Cada paso que da, cada movimiento que hace, se ve envuelto en la penumbra del amanecer. A medida que avanza en su investigación, sus sentidos se agudizan y su mente se sumerge en las tinieblas del misterio y la desesperación. La mirada intensa y resuelta de Contreras recorre cada rincón del Acantilado, escrutando cada sombra, cada posible huella, desentrañando la telaraña de secretos que el lugar esconde.

En su camino, Jorge Contreras descubre pistas y conexiones, deducciones lógicas que van construyendo el rompecabezas del caso. Su mente analítica trabaja sin descanso, desentrañando la madeja de sospechosos y motivos, siempre en busca de la verdad oculta. Cada palabra que pronuncia, cada movimiento que realiza, evidencia su tenacidad y valentía en un mundo donde las respuestas suelen esconderse en los lugares más oscuros e inesperados.

La vida de Jorge Contreras se convierte en una danza entre la luz y la sombra, entre la claridad de la razón y el enigma de lo desconocido. Enfrentándose a desafíos cada vez mayores, sabe que el Acantilado guarda secretos más profundos de los que jamás podría imaginar. Pero, armado con su ingenio y su determinación, él está dispuesto a enfrentarse a cada obstáculo y descifrar cada enigma que se le presente, en su afán de llevar la verdad a la luz y encontrar al culpable oculto entre las sombras del Acantilado.


Rafael Díaz, un joven investigador novato de tan solo 20 años. Sus pasos audaces y firmes lo conducen hacia el enigma que ha capturado su atención: el caso del Acantilado. Con una estatura de 1,70 metros, Rafael pareciera ser un simple mortal, pero la intensidad de su mirada azul enmarcada por los lentes que descansan sobre su nariz exuda un aura de intriga y deseo de descubrimiento. Su cabello corto y rubio, disciplinado al estilo militar, revela su insistencia en siempre mantener la compostura, incluso frente a las más oscuras adversidades.

Desde temprana edad, Rafael ha sido magnetizado por lo paranormal, lo extraño y todo aquello que emana de una procedencia oscura. Su espíritu inquisitivo y curioso lo ha arrastrado hacia las profundidades de lo desconocido, mientras busca respuestas que se ocultan en las sombras más nefastas de la existencia.

En su mano derecha reposa una extraña pulsera que parece haber sido tallada con esmero desde tierras lejanas. Hecha con cuidado, está compuesta por sutiles cáscaras de huevo de avestruz, cuyas delicadas vetas parecen susurrar antiguos secretos. Esta reliquia, traída directamente desde África, ha sido consagrada por sacerdotes de una antigua religión. Sus bendiciones imbuyen a Rafael de una protección contra las criaturas oscuras que se esconden en los rincones más oscuros de la tierra.

En esta encrucijada, Rafael divisa el Acantilado, una morada prohibida, donde leyendas susurradas al oído de los más cautelosos, despiertan el corazón de los valientes. Posee una determinación feroz en sus ojos azules, luchando contra las dudas y temores que podrían asaltar a cualquier otro ser humano. Con cada paso firme que da al acercarse al funeral abismo, siente cómo su pulsera lo envuelve en un halo de protección, voces ancestrales susurrando al viento.

En el reino de las sombras, Rafael Díaz se yergue como un faro, un combatiente audaz, un investigador intrépido dispuesto a descubrir los secretos más oscuros que acechan en el mundo. Su juventud no es un obstáculo, sino una ventaja, ya que su mayor vicio es su incansable sed de conocimiento. En su busca insaciable por lo desconocido, Rafael está destinado a encontrar respuestas que volarán la mente de aquellos que desconocen los abismos que pueden esconderse en la nada.

Así, con cada paso firme y cada latido de su corazón sobre la bruma que envuelve al Acantilado, Rafael Díaz se convierte en un hacedor de sueños rotos, en un conocedor de las verdades más prohibidas y en un baluarte contra los entes oscuros que pueblan nuestras peores pesadillas.

Estos dos investigadores conocieron a Pasajera en una noche que les causó mucho terror hasta incluso ciertos traumas en Jorge Contreras que no cree en fenómenos paranormales, pero en la montaña las cosas son diferentes. Al parecer Pasajera fue generosa con ellos, sobrevivieron de una muerte segura en los traicioneros acantilados de la montaña.

En esta oscura noche llegan a la carretera de la montaña, los intrépidos investigadores, Contreras y Díaz, se encuentran sumergidos en una atmósfera de misterio y tensión. Al recorrer el desolado camino, sus corazones laten aceleradamente, dejando rastros de ansiedad en su rostro no de miedo sino incertidumbre tras el caso. La neblina, espesa y enigmática, envuelve todo a su alrededor, dándole a la escena un aire ominoso.

Los árboles, cubiertos de musgo y sombras grotescas, parecen esconder secretos ancestrales entre sus ramas retorcidas. El viento sopla gélido y penetrante, susurrando melodías siniestras que resuenan en sus oídos, haciendo que sus cuerpos se ericen.

De repente, justo en el momento en que el miedo comienza a apoderarse de ellos, una figura femenina emerge de la densa niebla. Le llaman Pasajera, y sus ojos, negros y profundos como abismos, reflejan un dolor antiguo y un aire desconocido. Su vestido se enreda suavemente alrededor de su figura esbelta, dándole un aspecto etéreo y misterioso.

A medida que se acercan, la presencia de Pasajera se hace aún más intimidante. Su sonrisa sutil, pero perturbadora revelaba una mezcla de peligro y promesas, advirtiéndoles que en este lugar, nada es lo que parece. Contreras y Díaz se sienten hipnotizados, como si estuvieran bajo la influencia de una fuerza sobrenatural.

Los investigadores novatos continúan montaña abajo hasta llegar al pueblo de las Cayenas. Se encuentran frente a un peculiar y enigmático caserío que descansa imponente en medio de las majestuosas montañas, a lo largo de la antigua carretera hacia el Litoral Central. Este lugar, conocido como “Las Cayenas”, ostenta una belleza oculta, mezclada con una oscuridad latente que lo rodea.

Al adentrarnos en este pequeño rincón de la tierra, nos encontramos con un paisaje que parece sacado de un cuadro surrealista. Las veinte casas que lo conforman, todas ellas con hermosos jardines, nos reciben con una explosión de color y fragancia. Los caminos empedrados que serpentean entre ellas están bordeados de cayenas, flores de rojo intenso y vibrante, cuya presencia se hace más intensa a medida que nos acercamos al corazón de este lugar.

En el centro del caserío se alza una pequeña y humilde iglesia, sus paredes de piedra resguardan secretos y rezos que parecen perderse en el aire. A su lado, se encuentra la icónica pulpería, un lugar lleno de vida y vitalidad, donde los lugareños se reúnen para abastecerse de provisiones y compartir sus historias del día a día.

Sin embargo, a medida que nuestros ojos exploran más allá, divisamos una construcción peculiar y misteriosa. El Mercado del Pecado, un cabaret en medio de la montaña, es un lugar que encarna la dualidad entre la luz y la sombra de Las Cayenas. Su aspecto decadente y misterioso evoca el pasado glamuroso y turbio de este sitio.

Al acercarnos al mercado, nuestra respiración se entrecorta por la atmósfera cargada de energía siniestra. Las risas escandalosas y los murmullos conspiratorios parecen flotar en el aire. Aquí, en este templo de la perdición, se gestan no solo juegos ilegales que desafían la moralidad y la ley, sino también actos de contrabando y crímenes de variada índole.

La iluminación tenue del Mercado del Pecado baila sobre las siluetas de los asistentes, resaltando sus rostros misteriosos y esquivos. El olor a humo de cigarrillos y el tintineo de copas chocando se mezclan con las voces que conspiran en cada rincón.

En los oscuros callejones laterales, se susurra sobre la existencia de tratos ilícitos y peligrosos secretos que se ocultan tras cada puerta. En este lugar tan hermoso y a la vez peligroso, la tensión palpita en el ambiente. Cada intercambio furtivo, cada mirada esquiva, nos habla de la vida oculta que florece en Las Cayenas. Aquí, se entrelazan la belleza de las flores y la oscuridad de los actos prohibidos, creando una sinfonía perversa que desafía el raciocinio.

En resumen, Las Cayenas, este pequeño caserío enclavado en medio de las montañas, es un lugar de contrastes extremos. Sus hermosos jardines de flores cayenas encierran secretos oscuros y peligrosos que se despiertan en el Mercado del Pecado. Es un escenario donde la belleza y la maldad se mezclan, creando una atmósfera intrigante y cautivadora que atrae tanto al aventurero temerario como al curioso inquieto.

Ellos llegan para interrogar y hacer las investigaciones pertinentes del caso sabiendo que hay muchas desapariciones, crímenes, miedo y espantos en la montaña.

Las investigaciones no llegan a ningún lado, los habitantes del pueblo y los alrededores dicen que es una cuestión paranormal. Los detectives novatos ríen y niegan con la cabeza, claro ellos acaban de salir de la academia todo es científico y tiene un motivo, razón y causa. Sin embargo Díaz presta mucha atención a las declaraciones de algunos aldeanos y las apunta en su diario personal.


Contreras (Incrédulo)


—Aquí fantasmas no existen.


Díaz (Con dudas)


—¿Estás seguro colega?


Contreras (Convencido)


—Los mitos y leyendas son para los libros de fantasía.


Díaz (Con respeto)


—Colega hay temas que se deberían tratar con algo más de respeto, pienso yo.


Contreras (Sonriente)


—Somos científicos, estas tonterías son para mentes débiles e ignorantes.


Lo que Contreras no sabe es que están demasiado lejos de la academia e incluso de la ciudad y aquí la montaña fija sus propias reglas. Los detectives observan a una chica, cabello negro azabache, vestido blanco que viene desde la parte baja de la montaña. Camina al lado de las flores blancas del camino y trae consigo un vaho de rosas que parece provenir del mar, los habitantes del sector se asustan y le dicen a los detectives que ella sabe lo que está sucediendo aquí.


Contreras (Con una agradable sonrisa)


—Buenas noches, joven, quisiera dar algunas declaraciones por las extrañas desapariciones en el pueblo.


Ella sin emitir palabras extiende su brazo izquierdo terminando en un dedo índice que señala hacia la parte alta de la montaña en dirección a la ciudad.


Díaz (Encogiéndose de hombros)


—Bueno es lo que hay, tímida y todo, pero testigo igual.


Contreras (Sigue sonriente)


—Acompáñenos señorita nos encargaremos de traerla de vuelta lo más pronto posible, contamos con refrigerios.


Los detectives van rumbo a la comisaría en el centro de la ciudad capital con una testigo, el cual desaparece misteriosamente dentro de la patrulla que suelen estar cerradas con seguro y solo abren por fuera. La patrulla se encuentra rodeada por una densa e impenetrable neblina, Contreras y Díaz conversan distraídos sin notar la ausencia de la chica.

La patrulla se desliza por la zigzagueante carretera entre montaña y mar, parando frente a la antigua alcabala en la entrada norte de la ciudad.


La Alcabala:


La Alcabala es una estructura que parece haber surgido directamente de los oscuros rincones de la historia, se yergue imponente frente a los viajeros que se aventuran por la retorcida carretera del Litoral. Sus altos muros de ladrillos macizos, gastados por los estragos del tiempo y el abandono, narran con cada grieta y cada matiz de polvo el paso de innumerables generaciones.

Las rejas de hierro forjado, retorcidas y desgastadas, se extienden a lo largo de la entrada, creando un enrevesado laberinto que aprisiona el paso de viajeros que buscan un paseo alternativo, único y sin límites de tiempo. Como guardianas siniestras, permanecen expectantes, sus afiladas puntas esparciendo un aire de amenaza constante. Los destellos de la luna llena que se filtran a través de sus intrincados diseños, dibujan sombras amenazadoras en el pavimento polvoriento.

Los dos guardias, vestidos con uniformes raídos y descoloridos, se erigen como estatuas vigilantes frente a la garita. Con rostros curtidos por el tiempo y surcados por profundas arrugas, sus miradas parecen hundirse en las almas de los pocos viajeros que aún cortan el paso para disfrutar del paisaje entre montaña y mar. Sus ojos, duros como acero y agudos como una navaja, escudriñan cada auto que se aproxima, anotando diligentemente las placas y solicitando información inquisitiva sobre aquellos que viajan a lo desconocido.

El aire se vuelve pesado y asfixiante a medida que uno se acerca a este siniestro punto de control. Las sombras danzan entre los muros, jugando con la imaginación y tejiendo telarañas de oscuridad en la mente de los incautos. El aroma a óxido y rencor impregna cada bocanada de aire, borrando cualquier rastro de serenidad que haya podido existir en algún momento.

El zumbido constante de los insectos y el crujir de la madera podrida se mezclan con los murmullos sibilantes del viento, creando una sinfonía macabra que acompaña el paso de los viajantes. Los susurros de voces perdidas, historias de viajes truncados y destinos aciagos, flotan en el ambiente, alimentando las leyendas que envuelven estos terrenos.

La Alcabala, una amalgama grotesca de pasado y presente, hereda un legado de misterio y oscuridad. Su presencia imponente en la carretera vieja hacia el Litoral nos recuerda que no todos los guardianes son benevolentes, y que algunas puertas son mejor dejadas sin abrir.


Continuará...

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