➦𝐏𝐑Ó𝐋𝐎𝐆𝐎
RECORDAR precisamente su infancia, no era algo que le gustará hacer; pero no podía evitarlo cuando cada de una de sus mañanas se observaba en el espejo, y en las marcas que este le demostraba.
Tenía dos hermanos mas grandes que el, uno por un año, y el otro por dos. No se veian desde hace mucho tiempo, más no era algo que le interesara, ciertamente.
Había logrado su mayor sueño, administrar una empresa, la cual le pertenecía, con tan sólo veinte años, supo cómo sacar adelante su pequeño negocio sobre una marca de ropa, especialmente personalizada.
"Jeon's Industry"
Y esta, después de un año, era una de las marcas más vendidas, y compradas a nivel internacional. Eran un éxito total, había logrado que las acciones aumentarán y crecieran por montones.
Esta se dedicaba a la costura de trajes perfectamente a la medida, con tela fina, suave, pero de gran resistencia. También en la confección de vestidos elegantes, para ocasiones importantes.
Teniendo una colaboración con una marca en joyería, muy bien elaboradas. Estas para la combinación de sus prendas, al gusto del cliente, o del diseñador.
También los caracterizaba los zapatos de alta costura, los mejores.
Dos años después se le había ocurrido la idea de lanzar un perfume a las tiendas locales, este también arrasando con todo. Las ventas de este perfume fueron tantas que no se podía estar mejor.
Su empresa fue colocada en una de las diez mejores del mundo, con productos con una calidad de ropa y perfume, excelente.
Pero nunca estuvo solo, en sus veinte años conoció al que ahora era su esposo, quien lo apoyo en todo. Le había propuesto matrimonio dos años después, cuando el perfume era un éxito total.
Este siempre ha sido un pilar en su vida desde en ese entonces, llenado el vacío que se encontraba antes en su corazón, demostrándole que es el amor, demostrándole lo importante que es tener a alguien en tu vida.
Más nunca ha sido una persona que demostrará afecto, nunca fue así, y lo tiene presente, su esposo también. Este cada ves con ilusión en sus ojos esperaba las palabras de amor, que le resitaba cuando llegaban a la intimidad.
Pero de su boca no salía absolutamente nada. Por más de seis años.
Nunca se le enseñó a mostrar afecto.
—Adiós, Kim.—recogió su maletin de trabajo con su mano derecha, avanzando a la puerta de entrada y salida, de la bella casa.
Unos segundos pasos resonaron en la estancia, llamando su atención, cuando sintió la presencia de alguien más detrás suyo. Este agarrando su cintura, y depositando un beso en sus labios, después de voltearlo.
Sus miradas se juntaron al separarse de tal suceso, una apresiando la Belleza del otro, y la otra ansiosa por ver mover sus esquisitos labios en una palabra con afecto.
Más no fue soltado nada. Y este desicidio romper el silencio por su parte.
—¿Tan rápido te irás, bebé ?.—preguntó TaeHyung, acariciando su rostro.
—Si.—alejó sus manos de su cara, para retroceder y examinar el vestuario que este llevaba puesto.
Se veía maravilloso, con ese traje color gris, hecho a la medida, quedaba con su figura, de cuerpo fornido, hombros anchos y muslos gruesos. Al igual que el, solo que el tenía más moldeado su cuerpo, con una cintura pequeña, que al mayor le encantaba a acariciar.
—Está bien. Yo iré a trabajar en una hora, como no desayunaras conmigo, lo haré con Yoongi.—dijo recogiendo también su maletin de cuero negro.
Yoongi? No.
—No me agrada que comparta mucho tiempo con él, TaeHyung. —Reconoció, observado le fríamente.
El mencionado alzó una de sus cejas en interrogación ante lo dicho por el menor. Así solo arrepintiendo se de haber comentado aquello, procediendo en su camino hacia la puerta.
—¿Por qué no te agrada Yoongi, bebé?. —lo siguió más de detuvo en seco cuando su esposo si giró con un semblante irritado.
Molestando le en demasía esa actitud por parte de él.
—Responde, Jungkook.
—Ten un buen día, Kim.—Su voz sonó mas
gruesa de lo normal, mas no hizo nada por detenerlo.
Sabiendo que no le agradaba ese sujeto, sintió su estómago hundirse con fuerza, quitando la poca hambre que había tenido.
Salió a paso apresurado de la estancia, dejando al rubio atrás.
Y el, siguió su camino.








