A TUS ÓRDENES - KOOKV

Summary

«Yo siempre consigo lo que quiero... y te quiero a ti». Ganar millones y acostarse con donceles hermosos no podía hacer que Jeon Jungkook olvidase el lustroso pelo negro y los desafiantes ojos azul zafiro de Kim Taehyung. De modo que estaba dispuesto a hacer lo que tuviese que hacer para conseguir que el único doncel que lo había rechazado volviese con él. Si Taehyung quería salvar la fallida empresa de su padre, debería acceder a sus demandas: ser su amante, ponerse sus diamantes y esperarlo en la cama. Pero ¿qué haría el exigente magnate cuando descubriese que su rebelde amante era virgen? ADAPTACIÓN CONTENIDO ADULTO DONCELES JK : TOP TH : BOTTOM Los hechos ocurridos son FANTASÍA, así que RELAX ✗⟟♡'ᐖ⟟Ͳន

Status
Complete
Chapters
11
Rating
4.8 4 reviews
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18+

CAP 1

"Se ha terminado, Jeremy" - anunció Jeon Jungkook con tono categórico.


El guapísimo rubio con el que hablaba lanzó sobre él una mirada de reproche.


-"Pero nos llevamos muy bien".


-"Yo nunca he dado a entender que esto fuese algo más que... sexo" -replicó él, impaciente - "Y se ha terminado".


Jeremy parpadeó rápidamente, como si estuviera intentando controlar las lágrimas, pero Jungkook no iba a dejarse engañar. Lo único que podría hacer llorar a Jeremy sería un cheque por una cantidad pequeña. Era duro como una piedra... y él no era más blando. Cuando se trataba de los donceles no tenía compasión. Su madre, una buscavidas de primera categoría, con lágrimas y emociones ensayadas, le había enseñado a desconfiar y despreciar a su género.


-"Te has aburrido de mí, ¿verdad?" -dijo él con tono de reproche. -"Me advirtieron que te cansabas pronto y debería haber hecho caso".


Jungkook, alto y atlético, hizo un gesto de impaciencia. Jeremy había sido un entretenimiento fantástico en el dormitorio, pero todo había terminado.

Además, le había regalado una pequeña fortuna en joyas.


Él no tomaba nada gratis de los donceles, ni sexo ni ninguna otra cosa.

Jungkook dió media vuelta.


-"Mi contable se pondrá en contacto contigo" -comentó, burlón.


-"Hay otro, ¿verdad?" -insistió el rubio.


-"Si lo hay, no es asunto tuyo" -replicó él, sus oscuros ojos helados, las atractivas facciones duras como el acero, antes de darle la espalda.


Su conductor estaba esperando fuera del edificio para llevarlo al aeropuerto y una sombra de sonrisa suavizó la dura línea de su boca mientras subía a su jet privado. ¿Otro doncel? Tal vez sí, tal vez no.


Su director financiero, Ji Changwook, ya estaba sentado en la opulenta cabina.


-"¿Puedo preguntar qué secreto o encanto hay en este pueblo al que vamos y sobre todo de esa aburrida empresa fallida que has adquirido recientemente?"


-"Puedes preguntar, pero no prometo responder" -replicó Jungkook, estudiando perezosamente las últimas cifras de la Bolsa en su portátil.


-"¿Entonces hay algo especial en Repuestos Kim que yo desconozco?" -preguntó el fornido hombre


-"¿Una patente, un nuevo invento?"


Jungkook lo miró con gesto burlón.


-"La fábrica está situada sobre una parcela que vale millones. Además, tengo mis razones".


-"Hacía años que no comprabas una empresa en ruinas" -comentó Changwook, sorprendido, mientras los ayudantes personales de Jungkook y su equipo de seguridad se sentaban en la parte trasera de la cabina.


Jungkook había empezado comprando y vendiendo negocios para conseguir el mayor beneficio posible. No tenía conciencia sobre esas cosas. Los beneficios y las pérdidas eran lo único importante en el mundo de los negocios.


Tenía un gran talento para detectar las tendencias del mercado y ganar millones. Poseía un cerebro privilegiado y la disposición fiera y agresiva de un hombre a quien nadie se lo había puesto todo en bandeja de plata.


Era un multimillonario hecho a sí mismo que había empezado desde abajo y se enorgullecía de su independencia.

Pero en ese momento no estaba pensando en los negocios. No, desde luego.


Estaba pensando en Kim Taehyung, el único doncel que lo había rechazado, dejándolo atormentado por el deseo y furioso por tan frustrante experiencia. Su ego habría resistido el rechazo si de verdad no estuviera interesado en él, pero Jungkook sabía que no era así. Había visto el anhelo en sus ojos, la tensión en su cuerpo cuando estaba cerca, había reconocido una nota ronca en el tono de su voz.


Y no iba a perdonarlo por juzgarlo de forma tan temeraria. Le había echado en cara su reputación de "Jugador" con el desdén de un doncel de alta alcurnia rechazando los avances de un matón callejero. Eso lo había encolerizado y dos años después seguía furioso con él por su falta de respeto.


Y, de repente, el destino había decidido dar un revés a Kim Taehyung y su familia. Jungkook saboreaba éste hecho con satisfacción. En aquella ocasión no se mostraría tan desafiante...


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-"¿Cómo está?" -preguntó Tae en voz baja al ver a su padre, Kim Minjoon, en el patio de su casa.


-"Más o menos igual"- Cheon Sonyi, su madrastra, una bajita pero voluptuosa pelinegra de poco más de treinta años, suspiró sobre el fregadero, donde estaba lavando los platos con un niño agarrado a su pierna.


-"Está deprimido. Ha trabajado toda su vida para levantar la empresa y ahora se siente como un fracasado. Y estar sin trabajo no lo ayuda nada".


-"Con un poco de suerte, pronto encontrará algo"


-Tae intentó animarla mientras tomaba en brazos a su hermanastra de dos años, Minyi.


Cuando la vida te ponía obstáculos lo mejor era buscar cualquier razón para estar alegre. Su padre había perdido su negocio y su casa, pero su familia estaba intacta y todos contaban con buena salud.


En realidad, se maravillaba de haberse encariñado tanto con su madrastra, a quién una vez había detestado. Pensaba que Sonyi era una de las «chicas alegres» que tanto gustaban a su padre, pero poco a poco empezó a darse cuenta de que a pesar de los veinte años de diferencia la pareja estaba genuinamente enamorada.


Su padre y Sonyi se habían casado cuatro años antes y Tae tenía dos hermanastros a los que adoraba, Sonjoon, de tres años, y Minyi, la pequeña. En aquel momento estaban compartiendo su pequeña casa de alquiler. Con solo dos dormitorios, un salón abarrotado de cosas y una cocina diminuta, era difícil moverse, pero hasta que su padre encontrase trabajo no tenían otra opción.


La impresionante casa de cinco dormitorios en la que Tae había crecido se había ido junto con la empresa. Su padre había tenido que venderlo todo para pagar los préstamos que pidió al banco en un desesperado intento de mantener a flote Repuestos Kim.


-"Sigo esperando que Jeon Jungkook le eche una mano a tu padre" -le confesó Sonyi en un repentino ataque de optimismo


-"Nadie conoce el negocio mejor que Minjoon y tiene que haber un sitio para él en la oficina o en la fábrica".


Tae tuvo que morderse la lengua para no decir que Jungkook seguramente le echaría una mano... al cuello. Después de todo, el multimillonario coreano se había ofrecido a comprar la empresa dos años antes y la oferta había sido rechazada. Su padre debería haber vendido entonces, pensó con tristeza.


No era ningún consuelo para Tae que el propio Jungkook hubiese predicho el desastre al saber que la empresa dependía de retener un cliente importante. Unas semanas después de perder ese cliente, Repuestos Kim empezó a hundirse.


-"Será mejor que me vaya a trabajar" - Tae se inclinó para acariciar las orejas del pomerania, que rozaba su pierna en busca de atención.

Desde que su familia tuvo que mudarse allí, nadie prestaba demasiada atención al pobre Yeontan.


¿Cuándo fue la última vez que lo sacó para dar un largo paseo?

Inquieto y angustiado por la referencia de su madrastra a Jeon Jungkook como posible salvador, Tae se puso una gabardina y anudó el cinturón en su estrecha cintura.

Era un doncel pequeño y delgado, de largo pelo negro y brillantes ojos azules. También era uno de los pocos empleados que aún tenía un puesto en la empresa Kim. Casi todo el personal había sido despedido y solo el equipo de Recursos Humanos seguía allí para lidiar con el cierre de la empresa. Solo le quedaban dos días de trabajo y después de eso también él estaría fuera.

dejó a su hermano,Sonjoon, en la guardería de camino a la oficina.


Era un fresco día de primavera y cuando el viento lo obligó a apartarse el pelo de los ojos lamentó no haberse atado el cabello. Desgraciadamente, llevaba varias noches sin dormir y se levantaba con desgana, sin tiempo para arreglarse.


Desde que descubrió que Jeon Jungkook había comprado la empresa de su padre tenía que hacer un esfuerzo para disimular su aprensión. Pero era el único que no iba a darle la bienvenida al nuevo jefe.


Muchos vecinos del pueblo estaban encantados de que hubiera un comprador y algunos creían que el nuevo propietario contrataría a los que habían perdido su empleo.

Solo Tae, que una vez había visto el brillo helado en los ojos del implacable Jungkook, era pesimista. Estaba seguro de que no iría al pueblo llevando buenas noticias.


De hecho, si algún hombre lo había asustado alguna vez, era Jeon Jungkook. Todo en él, alto e increíblemente apuesto, coreano, lo ponía nervioso. Su aspecto, su forma de hablar, su actitud dominante. No le gustaba nada y se había apartado lo antes posible... para descubrir, angustiado, que hacer eso solo lo animaba más.


Aunque solo tenía veintitrés años desconfiaba de los hombres tan atractivos y seguros de sí mismos, convencido de que la mayoría eran mentirosos y traidores. Después de todo, su propio padre había sido así una vez, un adúltero cuyas aventuras habían causado mucho dolor a su difunta madre.


No le gustaba recordar esos años traumáticos en los que odiaba a su padre porque no podía confiar en él. Ni las amigas de su madre ni sus empleadas estaban a salvo. Por suerte, ese comportamiento había cambiado cuando conoció a Sonyi y desde entonces había hecho lo posible por afianzar la relación con el único progenitor que le quedaba. Solo cuando Kim Min Joon sentó la cabeza pudo respetarlo de nuevo y olvidar el pasado.


Jungkook, por otro lado, tenía fama de jugador. Era un depredador sexual, acostumbrado a tomar al doncel que le gustase. Era rico, astuto e increíblemente atractivo. Los donceles caían rendidos a sus pies o corrían hacia él en cuanto movía un dedo en su dirección. Pero Tae había corrido en dirección contraria porque no iba a permitir que un hombre que solo quería su cuerpo pisoteara su orgullo o le rompiera el corazón.

Él valía mucho más que eso, se recordaba a sí mismo como había hecho dos años antes. Él quería un hombre que lo amase y que lo apoyase en todo.


Sentirse atraído por alguien como Jeon Jungkook había sido una pesadilla para él y, por lo tanto, se había negado a reconocer esa atracción. Sin embargo, dos años después, aún recordaba la primera vez que lo vio en una abarrotada sala de subastas.


Alto, tez clara y devastadoramente guapo, con unos fabulosos ojos cafés, rodeados por largas pestañas negras...

Había ido para ver un colgante que perteneció a su madre y que Sonyi, sin saber el cariño que sentía por esa joya, había puesto en venta. Tae había pensado comprarlo en la subasta sin que lo supiera nadie en lugar de contarle a Sonyi el disgusto que se había llevado cuando su padre, sin pensarlo dos veces, regaló a su novia todas las joyas de su difunta esposa.

Y la primera persona que vio al entrar en la sala de subastas fue a Jungkook, con el pelo negro cayendo sobre la frente, su masculino perfil como de bronce mientras examinaba algo que tenía en la mano junto a un empleado. Tae se había quedado sorprendido al ver que lo que tenía en la mano era el colgante de plata en forma de caballito de mar.


-"¿Qué hace con eso?" -le preguntó con tono posesivo.


-"¿Y a usted qué le importa?" -había replicado él bruscamente, dejándolo transfigurado con esos ojos cafés realzados por largas pestañas negras.


En ese segundo había pasado de atractivo a absolutamente guapísimo. Tae se había quedado sin aliento, con el corazón latiendo a un ritmo alocado, como si estuviera al borde de un precipicio.


-"Era de mi madre".


-"¿Y de dónde lo sacó su madre?" -preguntó Jungkook, dejándolo desconcertado.


-"Yo estaba con ella cuando lo compró en un mercadillo, hace casi veinte años"


-respondió Tae, sorprendido por la pregunta y, sobre todo, por la intensidad de su mirada.


-"Mi madre lo perdió en Londres hace más o menos ese tiempo" -dijo él, con ese fuerte acento que le hacía sentir escalofríos, dando la vuelta al colgante para mostrarle el dorso, con dos letras "J" encerradas en un corazón.


-"Mi padre, Jeon Shin , se lo regaló a mi madre, Jeon Kyuwon. Qué extraordinaria coincidencia que haya sido de nuestras madres, ¿no?"


-"Extraordinaria" -asintió


Tae, tan turbado por su proximidad como por la explicación.

Estaba lo bastante cerca como para ver la barba incipiente que oscurecía su mentón y respirar el aroma de su cara colonia masculina. Sin saber por qué, había dado un paso atrás... y cuando chochó con otra persona Jungkook alargó una mano para sujetarlo, los largos dedos cerrándose sobre su muñeca con un muy masculino agarre.


Tae, sin aliento y ruborizado, sintió un extraño calor en sitios donde nunca antes lo había sentido cuando su mirada se encontró con la del alto coreano.


-"¿Puedo ver el colgante antes de que lo guarde?"


-"No tiene mucho sentido que lo mire, pienso comprarlo" -había dicho él.


Tae apretó los dientes.


-"Yo también".


A regañadientes, Jungkook puso el colgante en su mano y sus ojos se empañaron al verlo de cerca porque su madre siempre lo llevaba puesto. El colgante despertaba algunos de los recuerdos más felices de su infancia.


-"Vamos a tomar un café" -dijo él entonces, tomando el colgante para devolvérselo al empleado de la sala de subastas.


Tae lo miró, sorprendido.

-"No creo que sea apropiado si vamos a pujar por el mismo lote".


-"Tal vez sea un sentimental. O tal vez me gustaría saber dónde ha estado ese colgante durante todos estos años".


Al final, accedió a tomar un café, pensando que rechazar la invitación sería una grosería.


Y así había empezado su breve relación con Jeon Jungkook, recordó con tristeza. Tae intentó apartar los recuerdos de esa corta semana en la que nunca, jamás, se permitía pensar, sabiendo que debía olvidar a Jeon Jungkook.


Sin embargo, nunca había lamentado haberlo rechazado, ni entonces ni en aquel momento. Debía reconocer que lo había buscado en internet y en las fotografías aparecía con un interminable desfile de bellezas. Estaba claro lo que hacía falta para tenerlo contento. Cantidad más que calidad, había pensado a menudo, mientras intentaba convencerse a sí mismo de que había tomado la decisión más acertada... aunque él lo odiase por ello.


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Tae atravesó las puertas de la fábrica, entristecido al ver los pocos coches que quedaban en el aparcamiento, unos meses antes abarrotado.

Su móvil sonó en ese momento y lo sacó del bolso, pensativa. Era Jungmin, su antiguo compañero de universidad, para preguntar si le apetecía tomar una copa al día siguiente. Solían reunirse cada seis semanas para cenar y ver una película con los amigos. Jungmin estaba recuperándose de un compromiso roto y el último novio de Tae lo había dejado en cuanto la empresa de su padre empezó a tener problemas, de modo que ninguno de los dos tenía compromiso con nadie.


-"¿Mañana por la noche?" -repitió.


Le gustaba la idea porque su casa estaba abarrotada y las noches no eran nada relajantes. -"¿A qué hora?"


Sus amigos lo harían olvidarse de todo durante un rato y dejaría de preocuparse por una situación que no podía controlar. Desgraciadamente para él, sentía un deseo instintivo de arreglarlo todo, de rescatar a cualquiera que tuviese un problema.


Desde la oficina del piso de arriba, Jungkook observaba con atención a Taehyung cruzar el aparcamiento.

Seguía siendo la criatura más hermosa que había visto nunca, tuvo que reconocer, furioso por ese pensamiento. Había habido muchos donceles en su cama desde que conoció al hijo de Minjoon, pero ninguno de ellos lo había interesado durante demasiado tiempo.


Seguía viendo a Kim Taehyung como la primera vez, con el sedoso pelo negro cayendo casi hasta la barbilla, los electrizantes ojos azul zafiro y la piel de porcelana. Era perfecto. Incluso con unos vaqueros gastados y botas negras resultaba elegante.

Entonces, como en aquel momento, se había dicho a sí mismo, impaciente, que no era su tipo. Con una sola excepción siempre le habían gustado los rubios voluptuosos. Taehyung, en cambio, era pequeño y muy delgado. No podía entender qué lo hacía tan atractivo y eso lo irritaba porque cualquier cosa que no pudiese controlar o entender lo sacaba de quicio.


En aquella ocasión, se acercaría lo suficiente como para ver sus defectos, se prometió a sí mismo.


-"El nuevo jefe está en el edificio" -anunció su compañera, Julie, en cuanto entró en la pequeña oficina que compartían.

Tae, que estaba quitándose el abrigo, se quedó inmóvil.


-"¿Cuándo ha llegado?"


-"El guardia de seguridad dice que aún no eran las siete. Parece que es muy madrugador" -respondió Julie, sin poder disimular su admiración.


-"El señor Jeon se ha traído a todo un equipo y yo creo que eso es bueno, ¿no te parece? Además, es guapísimo".


Por fin, Tae consiguió dejar el abrigo en el perchero.


-"¿Ah, sí?" -murmuró, sin mirar a su amiga.


-"Está como un tren, parece un modelo. Hasta Maggie, que le ha llevado el café, está de acuerdo".

Julie se refería a la señora de la limpieza, famosa por odiar a los hombres.


-"Pero también me ha dicho que no es su primera visita. Aparentemente, estuvo aquí hace un par de años".


-"Así es. Entonces estaba interesado en comprar la empresa".


-"¿Y tú lo sabías? ¿Lo habías visto antes? ¿Por qué no me habías dicho nada?"


-"Con todo lo que está pasando no me parecía importante" -murmuró Tae, sentándose frente a su escritorio y haciéndose el sordo mientras Julie lamentaba su falta de interés por el nuevo propietario de Repuestos Kim.


Un hombre joven de barba bien recortada entró en el despacho una hora después.


-"¿Kim Taehyung?. Soy Lee Minho. El señor Jeon quiere verlo en su despacho".


Tae intentó tragar saliva, nervioso. Jungkook no iba a hacerle daño, por supuesto. Entonces, ¿por qué solo escuchar su nombre lo hacía presa de un ataque de pánico?


Mientras subía la escalera respiraba despacio, intentando calmarse.


"Jungkook no querría reírse de él, ¿no?". Había conseguido el negocio a un precio irrisorio y la familia Kim lo había perdido todo, exactamente como él había predicho. A los hombres ricos y poderosos les gustaba presumir a la menor oportunidad, pensó. ¿Pero qué sabía él de los hombres ricos y poderosos? Después de todo, Jungkook era el único al que conocía.


Estaba utilizando el antiguo despacho de su padre y le parecía tan extraño entrar en un sitio tan familiar y no encontrar allí a Kim MinJoon...


Lee Minho los dejó solos y se preguntó si esa sería una buena o una mala señal.


-"Señor Jeon..."


-"Creo que puedes seguir llamándome Jungkook"-dijo él, preguntándose cómo demonios podía estar tan guapo con un sencillo pantalón negro y un jersey ancho de color camel.


Seguía llevando el pelo largo y, de hecho, le habría molestado que se lo hubiera cortado. Seguía habiendo algo extrañamente fascinante en ese pelo largo que había llamado su atención desde el primer momento. Y algo igualmente memorable en el contraste entre sus ojos azules y la pálida piel de porcelana.


Obligado a mirarlo de frente por primera vez, Tae se quedó paralizado, intentando relajar los músculos faciales para no delatarse. Era un ejercicio que había hecho en defensa propia dos años antes. Pero el aliento se quedó en su garganta, como si de repente lo hubieran dejado en un lugar oscuro y lleno de peligros que no podía ver.


Jungkook debía medir más de metro noventa, de modo que podía concentrarse en mirar su corbata de seda azul, que le quedaba a la altura de los ojos. Pero la imagen que había visto al entrar en el despacho seguía grabada en su cerebro, como marcada a fuego.


Le gustase o no, Julie había dado en el clavo: Jungkook parecía un modelo, desde los esculpidos pómulos a la clásica y arrogante nariz, el mentón cuadrado o los generosos y sensuales labios. Taehyung sintió que se ruborizaba al notar una oleada de calor entre las piernas y apretó los dientes porque sabía que él lo notaría. A Jeon Jungkook no se le escapaba nada.


-"Siéntate, Taehyung"- Jungkook señaló una silla frente a la mesa de café, en una esquina del despacho.


-"Tae" -lo corrigió él y no por primera vez.


Siempre había insistido en llamarlo por su nombre completo, ese nombre de connotaciones que lo había avergonzado en el colegio.


-"Yo prefiero Taehyung"- dijo Jungkook, con la satisfacción de un felino relamiéndose.


Tae se sentó en la silla que le había indicado, con la espalda demasiado rígida como para apoyarla en el respaldo. Cuando se sentó frente a él se encontró con sus espectaculares ojos de color cafés a la luz del sol, rodeados por unas aterciopeladas pestañas negras, pensó un poco mareado, perdido en uno de esos lapsos de concentración que Jungkook había provocado frecuentemente dos años antes.


-"No sé por qué querías verme" -dijo por fin cuando la puerta se abrió y Maggie entró con una bandeja de café.


Tae se levantó de inmediato para quitarle la bandeja de las manos. Maggie había decidido seguir trabajando a pesar de haber superado la edad de jubilación y, aunque nunca lo admitiría, le costaba trabajo llevar bandejas.


-"Podría haberlo hecho yo" -protestó la mujer.


Tae miró las elegantes tazas de porcelana que la secretaria de su padre guardaba para las visitas importantes y cuando salió del despacho sirvió el café con dos azucarillos sin preguntar.


-"¿No sabes por qué quería verte?" -repitió Jungkook. -"Qué modesto eres..."


El tono sarcástico hizo que Tae se ruborizase.

Jungkook tomó un trago del café solo, muy dulce, sonriendo al descubrir que era justo como le gustaba.

Haciendo un esfuerzo para mostrarse frío y sereno, Tae levantó su taza, pero esa sonrisa... ay, la sonrisa torcida que transformaba esas facciones implacables en un gesto casi infantil. No podía dejar de mirarlo.


-"Hoy..."-empezó a decir Jungkook.  -"eres un joven muy influyente. Está en tus manos decidir qué va a ser de Repuestos Kim".


Tae se quedó inmóvil ante tan sorprendente afirmación.


-"¿Se puede saber de qué estás hablando?"


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Se prendió esto XD

En fin...

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