Sin Salida
—Lo siento Willow, ya no podemos vernos más—
La voz de Hunter resonó a su alrededor, triste, forzada. La chica se congeló en su lugar, insegura de haber escuchado correctamente sus palabras.
—¿De qué hablas? ¿por qué no…?
—¡Es peligroso!... Yo soy peligroso.
El joven desvió su mirada, incapaz de ver a la chica a la cara.
Se había preparado metalmente para eso, o eso pensaba. Ahora que la tenía frente a él, le estaba costando mucho trabajo mantener su fuerza de voluntad.
Willow frunció el ceño, claramente confundida por la situación.
—Eres Hunter, nuestro jugador estrella, mi amigo, una de las personas mas dulces que conozco, yo no veo nada peligroso— Declaró con firmeza, cruzándose de brazos.
El rubio trago saliva, notando como su corazón latía de prisa por los cumplidos. ¿Por qué tenía que ponérselo tan difícil?
—Hay mucho que no te he dicho, a ti, a los demás, me odiarían si se enteran— Su mirada se fijó en el horizonte, donde el castillo del emperador se asomaba por encima de la ciudad.
—Sabemos que ocultas cosas— admitió la chica, siendo sincera —Pero pensamos que con el tiempo te abrirías, qué nos dirías porque tanto secretismo.
Y aún lo creía. Se negaba a pensar que alguien como él quisiera hacerles daño. Llevaba un año conviviendo juntos, y aunque era consciente de que Hunter de alguna manera tenía que verlos a escondidas, nada en él parecía decirles que los lastimaría.
En realidad, Hunter no era directamente el problema. Si no su tío. Él no había querido decirles a las primeras personas que lo habían acogido y aceptado por ser él mismo. Con quienes no tenía que fingir.
Pero su tío no era nada más y nada menos que el Emperador. Y las cosas no marchaban muy bien en el castillo.
Con la rebelión creciendo cada vez más, y con la forma en la que Belos se estaba comportando últimamente, Hunter en definitiva temía por sus amigos.
Si descubría que se estaba relacionando con alguien del pueblo…
No, lo mejor sería alejarse para mantenerlos a salvo.
—Lo siento, es lo mejor para todos.
Declaró al fin, poniéndose de pie, comenzando a apartarse de la chica. Willow lo siguió y lo tomó del brazo, queriendo impedir que se fuera.
El joven se estremeció ante el contacto y por un momento sus miradas se cruzaron.
Había tanto miedo y desesperanza en los ojos de Hunter. La chica deseaba abrazarlo y jamás soltarlo, pero el hechizo se rompió casi al instante.
El rubio reunió toda su fuerza de voluntad para alejarse, y sin decir más se alejó lo más rápido posible.
Willow permaneció allí por un momento más, confundida y sin procesar lo que había ocurrido, ¿Que era tan importante como para dejar a sus amigos si?
Esta pregunta no abandonaría su mente dentro de mucho, mucho tiempo.
~~
4 años más tarde.
Willow corrió a ocultarse; el sonido de los guardias caminando en su dirección cada vez más cerca.
En su mente la voz de Gus se repetía una y otra vez. “Es muy peligroso Willow, no salgas sola”
Debió haber escuchado, debió permanecer en casa, donde sus padres seguramente ya la esperaban para la cena.
Pensar en ellos le provocó una punzada de culpa en el pecho.
Habían pasado 4 años desde que la rebelión había estallado. Las personas hartas del reinado cruel de Belos se alzaron en su contra.
El problema principal era la gran diferencia de poder entre ambos bandos.
Se desató una guerra cruel, en la que los civiles resultaron gravemente perjudicados.
Ahora Belos mantenía un régimen aún más opresivo. Toques de queda en toda la ciudad, así como un guardia en cada esquina.
Su intención era eliminar todo rastro de voluntad en las personas, y con esto deshacerse de aquellos que se levantaron en su contra.
Mientras Willow crecía, su espíritu de lucha también lo había hecho. A espaldas de su padre había terminado uniéndose a la rebelión junto con sus amigos Luz y Augustus.
Todos estaban hartos de la represión y deseaban hacer un cambio mayor en su vida.
Había sido incluso emocionante en un principio. Escabulléndose para liberar a los presos, creando distracciones.
Pero no todo fue siempre victorias. Tuvieron demasiadas bajas, y eran conscientes de que podrían ser los siguientes.
Entonces la resistencia comenzó a recibir la ayuda de un extraño benefactor. Nadie sabía su nombre y no conocían en realidad su aspecto. Siempre se ocultaba tras una máscara, pero los ayudaba en las misiones, proporcionando información que solo pocos conocían.
Gracias a él, las cosas mejoraron por un tiempo.
Pero el contraataque de Belos fue aún más brutal. Ahora cualquier parte de la ciudad era una zona de guerra. Ya ni se diga salir de casa después del toque de queda.
Aun así, Willow se había arriesgado sin dudarlo.
Los bastardos de la guardia estaban secuestrando chicas jóvenes aprovechando la confusión.
¿Qué hacían con ellas? No era difícil de imaginar, pero si repugnante.
Debía impedirlo, debía rescatarlas de aquel destino.
Luz se había anotado a ayudarla casi de inmediato, y ambas planearon su estrategia.
Todo parecía estar saliendo bien, hasta que fueron descubiertas por un error estupido.
Se habían separado al querer ocultarse, y ahora Willow estaba apunto de ser capturada.
Esperaba que Luz hubiera alcanzado a escapar. No quería pensar que por su tonta idea la estuviera condenando también.
Dio un par de pasos hacia atrás. Tal vez conseguiría escapar por el callejón contiguo, pero necesitaba ser muy silenciosa.
Estaba planeando la mejor forma de escabullirse, cuando un par de manos la sujetaron con fuerza. Se retorció y luchó contra ellas, pero aquella persona era mucho más fuerte.
Un vistazo al uniforme y supo que se trataba de un guardia del emperador. El color abandonó su rostro, sabiendo que al final había sido capturada.
—Ah, parece que capturamos a una de las ratas rebeldes.
Aquella voz provenía del lado contrario. Una voz aguda de una mujer. La silueta se fue acercando, hasta que una mujer bajita apareció ante ellos.
Willow la conocía, había visto su rostro muchas veces junto al emperador. Kikimora, su asistente.
La única otra persona más cercana a Belos era su sobrino, y nadie nunca en realidad había visto su rostro, casi parecía que se ocultaba a propósito.
Todos sabían que el legítimo heredero de las islas hirvientes debía haber sido él, cuando el anterior emperador Caleb murió de forma sospechosa, el trono debió haber pasado a su hijo, pero siendo un bebé en esos momentos, Belos había tomado el mando.
Esto pasó antes de que Willow naciera, pero sus padres seguían anhelando al antiguo emperador y a su esposa.
Kikimora la miró con una expresión de triunfo y repulsión. Willow le devolvió la mirada de forma desafiante.
—Veremos cuanto tiempo te dura esa actitud— Sentenció con un tono venenoso en la voz.
—Llevala con las demás, que la basura rebelde sirva de ejemplo.
La chica fue arrastrada hacia uno de los vehículos de la guardia. El hombre que la sostenía la dejó caer con rudeza dentro de este, su cuerpo cayó con fuerza, provocando que una ola de dolor se extendiera por su cuerpo.
Cuando se recuperó, su mirada se encontró con un escenario más que sombrío.
El pequeño espacio se encontraba lleno de chicas, casi todas de su edad o incluso más jóvenes.
Algunas estaban amarradas, otras no, pero no era necesario, el miedo en sus miradas indicaban que no harían nada para rebelarse.
El guardia la tomó de los brazos y los amarró juntos detrás de su espalda, había sabido distinguir que ella sería de las que diera pelea.
La puerta se cerró detrás de ella, y comenzaron a avanzar hacia un destino desconocido.
—Gracias…— Susurro una de las jóvenes, mirando directamente a Willow —Se que intentaste ayudarnos… y lo lamento.
No necesitaba decir más. Lamentaba que el plan no hubiera resultado, y que ahora correría el mismo destino que ellas.
Willow no pudo decir nada. Las palabras se atoraron en su garganta sin saber cómo reaccionar ante la situación. Al final, pudo articular una sola pregunta.
—¿Sabes a dónde nos llevan?
La joven desvió la mirada con tristeza, o más bien resignación.
—Al castillo del emperador.
Hunter suspiro, mirándose una vez más al espejo antes de colocarse la máscara. No entendía del todo porque Belos le prohibía mostrar su rostro ante los demás, él y Darius tenían una teoría al respecto; que se parecía tanto a su padre que podría traerle problemas con el pueblo.
Hubo un tiempo en que Hunter lo idolatraba, en el que creía genuinamente que las cosas que hacía eran por su bien. Había sido un chico ingenuo, pero Darius lo había ayudado a ver la verdad.
Lo que más le costaba era fingir, tener que permanecer como el sobrino obediente y leal, cuando en realidad sólo sentía repulsión hacia él.
Ese día en particular, se sentía más asqueado de lo que tenía que hacer.
Había oído los rumores sobre las chicas que llevaban del pueblo. Se negaba a creerlo por lo repulsiva que le parecía esta idea, pero sus sospechas fueron confirmadas cuando el mismo Belos se había acercado a comentarle (ordenarle) que estuviera en su salón privado a media noche.
Su rabia casi lo había llevado a hacer algo inoportuno, pero como siempre Darius había sido la voz de la razón.
—Ya llegará el momento pequeño príncipe, No debes echar a perder todo el avance que llevamos—
Se obligó a respirar hondo y a prepararse metalmente para aquella noche.
Y allí estaba, caminando hacia el salón privado, notando como sus manos temblaban ligeramente. Debía recomponerse, si no quería que su tío comenzara sospechar.
20 años llevaba siendo su sobrino leal, o eso era la mentira que debía mantener.
La rebelión estaba planeando ya el golpe de estado, pero debían esperar el momento adecuado.
Abrió la puerta de la habitación con un pequeño empujón. El emperador y un par de aristócratas más ya lo esperaban. Pudo vislumbrar a Darius entre ellos, pero no busco su mirada. No seria tan tonto como para delatar a su mentor.
—Ah, Hunter. Te estábamos esperando— La voz de Belos resonó en la habitación, el cariño fingido en su voz lo estremeció de ira.
—Lamento la tardanza— Fue lo único que pudo responder, colocandose a su lado.
—Mi querido sobrino, esta noche tengo un regalo para ti— Dio una señal con una de sus manos. Kikimora asintió enérgicamente y salió del lugar, claramente yendo por lo solicitado por el emperador.
—Atrás ha quedado tu infancia, soy consciente de que eres todo un hombre, así que estás listo para este presente—
Hunter retuvo un momento la respiración, sabiendo a qué se refería pero sin poder creerlo.
Podría parecer una acto generoso del emperador, pero sabía que había mucho más detrás de ello.
Kikimora apareció de nuevo, esta vez seguido por un grupo de chicas aproximadamente de su edad.
Sus ropas eran muy sencillas, y algunas de ellas estaban desgastadas. Todo indicaba que habían sido recién capturadas.
—Estas “Doncellas”— Pronunció la palabra con un tono de burla —Son sucias ratas de la rebelión o vinculadas a ella, serán castigadas adecuadamente, pero te daré el privilegio de hacer alguna de ellas tu propio juguete personal, la que tu elijas.
Hunter sintió náuseas, y tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no lanzarse a golpearlo, y para no vomitar.
Lo que estaba implicando era asqueroso y desalmado, pero sabía también que no podía negarse. Esta era una prueba más para él, de demostrarle que no tenía piedad por los civiles y que haría cualquier cosa que él le indicara.
Se vería débil ante sus ojos si se negaba, además, ya lo había discutido con Darius cuando se enteraron de lo que pasaría.
Debía tomarlo como una oportunidad de salvar a alguien.
Solo el Titan sabía que les deparaba el destino a aquellas mujeres, pero si él escogía alguna, podrían cuidarle dentro del palacio.
Estaba perdido en ese pensamiento, pensando en cómo debía elegir. ¿Debería fingir que las analizaba? Tal vez sería lo mejor.
—Que generoso de tu parte tío— alcanzó a pronunciar, tragándose todo el veneno.
Camino hacia las chicas, y entonces se congeló en su lugar.
Nunca olvidaría ese rostro en toda su vida.
Sus ojos verdosos, su cabello trenzado y aquellos lentes que enmarcaban su faz.
Willow Park, su amiga de la infancia, estaba entre las chicas capturadas.
Hunter se sintió desfallecer. Cuando se había alejado de ellos, su intención había sido protegerlos de ese mal, dejarlos vivir sus vidas lejos de todo eso, de alguna manera nunca pensó que se involucraría.
Pero allí estaba, observándolo con terror y desagrado, porque ante todo, Willow siempre sería valiente.
Era algo que siempre había admirado de ella.
En otras circunstancias se habría detenido a admirar lo mucho que había cambiado y crecido, pero en ese momento sólo pensaba en rescatarla de aquel destino.
—Ella— dijo secamente, incapaz de pronunciar más palabras.
Se dio la media vuelta y comenzó a avanzar fuera de la habitación. Le faltaba poco por hiperventilar, y no podía dejar que ninguno de los presentes lo viera en ese estado.
Seguía sin procesar lo que acababa de suceder, en definitiva, no era así como deseaba reencontrarse con el Crush de su adolescencia.