Tairen Lunin

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Summary

Cuando el mal resurge en un mundo donde los problemas parecían encontrarse en el pasado, ocho jóvenes, ocho simples chicos cuyos sueños eran convertirse en Tairen Lunin terminaron viéndose envueltos en un destino que dos de ellos deberán de cumplir. Muchas cosas cambiarán a lo largo de su vida, pero si no quieren que todo perezca deberán hacer lo imposible y más para que su destino sea lo más bueno posible. ¿Serán capaces de detener el mal que se acerca? ¿Quién es el mal que tanto hablan las profecías?

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1



El cuerpo le seguía recordando el entrenamiento tan descabellado que había hecho la noche anterior hasta que este se tumbó en la cama del agotamiento. En apenas unos días su capacidad con el viento había mejorado y aquello le había dado una gran alegría ya que sabía que no tenía mucho tiempo hasta que se marchara, y quería estar en la mejor forma al llegar a ese lugar. Al abrir los ojos lo primero en lo que se fijó fue en el libro que se encontraba en la otra pared, sobre su mesa de estudio, este era su libro favorito y además el libro donde se hablaba del futuro que él deseaba tener, o al menos de lo que fue en el pasado. "Los Primeros Tairen Lunin", un libro escrito por un autor anónimo en cuyas páginas se detallaban la historia de los ocho primeros Tairen Lunin, aquellos que le dieron el nombre a ese mismo puesto, el nombre más importante de todos era el de Aimer, el líder de ellos y el más poderoso de todos. Con un pasado desconocido y con unas habilidades que habían sido olvidadas y apenas se describían en el libro, pero cuyo nombre hacía temblar a todo aquel que lo escuchara.


Desde niño siempre había tenido una extraña afinidad por aquella persona que hubiera deseado conocer, pero aquello no le desanimó, si no que le hizo querer aprender más de todo para algún día llegar a ser como él fue alguna vez.


Estando ya en la cocina, Eistar se reencontró con sus padres, ambos le abrazaron de buena mañana y con lágrimas en los ojos, sobre todo por parte de su madre ya que era la más sentimental de los dos. Los tres se sentaron a desayunar juntos, sin comentar mucho de las cosas, pero ante todo su madre le comenzó a implorar para que se cuidara a sí mismo, que no hiciera locuras y que no tratara de hacerse el héroe en situaciones donde no iba a poder hacer nada.


- Vale madre, te prometo que no haré esas cosas – dijo Eistar, aunque en el fondo supiera que tampoco iba a cumplirlo todo el rato.


- Hijo – comentó su padre, Eistar le miró a los ojos y este se veía tranquilo – Quiero darte esto. – El hombre sacó de su bolsillo una figura blanca con forma de un animal peludo, de grandes fauces. – Es la reliquia de la reliquia de la familia, fue pasando de generación en generación hasta ahora, donde tú continuarás con la tradición. Espero que te de suerte como ha dado a todos los miembros de la familia.


- Padre... - Eistar se notaba emocionado – Te lo agradezco, lo llevaré siempre conmigo.


Al estar en contacto con el objeto, Eistar notó una sensación rara, un hormigueo que le llenaba el cuerpo, pero que a la vez le hacía sentir bien, por lo que lo guardó en la bolsa que llevaba sobre su hombro y se levantó a coger sus cosas para marcharse. Teniendo ya todo con él, este dio un ultimo abrazo de despedida a sus padres y marchó de su casa.


Al otro lado de la puerta, a unos pasos de distancia de esta, se encontraba una joven, de pelo oscuro que le llegaba por debajo de los hombros, ojos azules como el cielo, con una sonrisa que ya conocía el joven y vestida con una ropa simple y perfecta para el viaje junto a una gabardina de cuero que le llegaba hasta casi los tobillos. Ambos se vieron y salieron corriendo a abrazarse el uno al otro, la joven le llegaba por la barbilla por lo que este se terminaba comiendo pelos de la cabeza de la joven, haciendo que ambos rieron por la situación.


- Vámonos cuanto antes que Himmaer ya nos estará esperando ahí – comentó la joven Shaina, asintiendo Eistar y comenzando ambos a caminar.


Himmaer, el mejor amigo de Eistar y una gran persona. Le conocía desde que eran pequeños al vivir en el mismo poblado, por lo que habían vivido muchas cosas juntos tanto en la escuela básico y media como en el poblado. Muchas cosas habían pasado entre ambos que hizo fortalecer su amistad, y, además, él era la única persona que conocía sobre el afecto que sentía Eistar hacia Shaina, algo que no había comentado a nadie.


Los dos jóvenes continuaron caminando por la única calle contigua a la principal hasta que llegaron finalmente a la entrada del pueblo. En esta se encontraba un joven algo bajito, aunque no tanto como Shaina, con la piel algo más morena que la de los dos jóvenes, de pelo rizado y con una bolsa que llevaba al hombro en cuyo interior podía haber de todo. El joven se veía medio dormido, con los ojos medio cerrados, por el sueño y también por el sol que comenzaba a salir por al horizonte dando al joven en el rostro, este se encontraba tambaleándose del cansancio y parecía que en cualquier momento iba a caer al suelo por sueño. Eistar se acercó a su lado, de forma algo sigilosa, y nada más tocarle con un solo dedo el joven Himmaer pegó un brinco del susto. Cuando ya se encontraba bien, este pudo ver a sus dos amigos riendo a carcajadas, los tres se quedaron mirando un momento, con el joven Himmaer algo enfadado, y decidieron comenzar a caminar sin hablar una sola palabra.


Los tres jóvenes caminaron un buen rato por el sendero, riéndose un poco de lo sucedido, y, además, comentando los planes que tenían de ahí en adelante. Lo que los tres coincidían era en convertirse en Tairen Lunin ya que querían demostrar su fuerza y poder. Estaban emocionados y a la vez algo ansiosos por conocer más sobre lo que aprenderían en la escuela de magia, el único lugar donde aprenderían más sobre su magia y sus capacidades, algo que siempre habían soñado con hacer.


Sin darse cuenta, los jóvenes habían llegado ya al bosque Oscuro, el bosque que debían atravesar para llegar hasta la escuela, era conocido por ese nombre ya que en su interior apenas pasaba la luz por lo que siempre se encontraba en penumbra. Les generaba algo de miedo debido a que ya habían pasado por ahí en otra ocasión y uno que otro animal se había asomado pensando en atacar, pero afortunadamente siempre se encontraba el padre de Shaina para protegerlos. Debían de hacerlo, y esta vez era solos. Caminaron por dentro del bosque, la luz apenas se filtraba dejando ver lo que había en el suelo del camino, pero los alrededores estaban completamente a oscuras. Los jóvenes escucharon un par de veces el crujir de las ramas, pero decidieron no hacer caso a lo que oían y continuaron caminando hasta que llegaron al final.


Delante de ellos se encontraba una gran torre, de unos cuantos metros de alto y con un gran edificio que lo mantenía en pie justo debajo. Ese lugar era la escuela media, el lugar donde se enseñaba lo básico de la historia, la agricultura y poco más hasta que los jóvenes conseguían o despertar su Prana o se veían mayores para ser ya graduados y convertirse a oficios más normales. Sus amigos y él eran un caso raro, la mayoría de los ocho, a excepción de Eila y Aleixer, tenían dieciséis años y ellos apenas habían conseguido despertar su Prana hacía un año ya, pero debido que no coincidieron con el año de admisión tuvieron que esperar hasta ese año para poder acceder a la escuela. Un caso distinto era el de Eila y Aleixer, ambos eran dos y un año mayor, respectivamente, ninguno de los dos quiso partir hacia la escuela antes de tiempo por lo que terminaron quedándose con ellos hasta que pudieran irse todos.


Pasado la escuela, por el camino que encaminaba hacia el norte, se encontraban sus cinco amigos esperándoles mientras conversaban entre ellos. Al verlos todos se acercaron corriendo y se abrazaron de la alegría con algo de nervios e ilusión por todo lo que les deparaba. El grupo se veía alegre a excepción de Eila que se encontraba algo distanciada del grupo, ninguno quiso decir nada ya que era una actitud habitual en la joven, pero en el fondo Eistar conocía un poco la situación y sentía lastimo por ella.


El problema con ella no era suyo, si no de su hermano Kairus, también amigo del grupo, el cual debido a su nacimiento algo extraño su Prana no se despertó como debería y aquello le generó unos problemas de control elemental que le habían causado varios problemas durante su crecimiento.


- ¿Cuánto tardaremos en llegar a la capital? – preguntó Eistar al grupo ya que lo desconocía


- Exactamente un día y medio, aunque al tener que cruzar por la montaña tal vez tardemos más. – respondió Kairus


- Vaya, es verdad... - aquella parte de la prueba era la que menos le gustaba a Eistar, tener que cruzar una montaña andando era algo que no comprendía para qué servía, pero sabiendo que debían hacerlo prefería no decirle muy en alto.


Los jóvenes comenzaron a caminar hacia la ciudad, sabiendo que no podían permitirse perder tiempo. Durante el camino la joven Meira contó cómo había descubierto que era afín al elemento fuego, aparte del agua que ya conocía, eso era algo que no mucha gente tenía y que aquellas personas con esa capacidad eran poderosas en cuanto a la escala de magia y se consideraban personas afortunadas. El tener dos elementos con afinidad permitía a cada usuario mezclarlos de maneras que no todos podían hacer y de estos se generaban nuevos movimientos o subelementos que les otorgaban una gran rama de habilidades nuevas.


El grupo enteró notó como la joven Eila estaba apartada de ellos, unos pasos por detrás y con la vista perdida a los campos por los que pasaban mientras miraba a la gente que se encontraba trabajando en ellos. Eistar quiso acercarse a hablar con ella, pero en cuanto dio un paso más lento para acercarse esta generó un tornado a su alrededor que lo empujó para atrás. El joven cayó unos pasos atrás contra el suelo y Eila se dio cuenta de ello, parando el remolino y acercándose a darle la mano. Ninguno de los dos dijo una sola palabra, por lo que cada uno se marchó hacia su posición y decidieron dejar a la joven tranquila. Pasado un rato, Aleixer se acercó a esta, sorprendiendo a todos ya que sí pudo mantener el contacto con ella sin ser rechazado, aunque Eistar conocía un poco de su situación por lo que comprendía que él pudiera acercarse.


Durante la escuela, el joven Aleixer había recibido bastante acoso al comienzo de esta, llegando a burlas por parte de sus compañeros. Esto hizo que se aislara de todos y comenzara a estar solo en la escuela, Eistar, que había escuchado historias sobre el joven, no le gustaba que nadie estuviera solo, y pensando que podría cambiarlo, decidió entablar una conversación con el joven. Aquello no le funcionó y este terminó recibiendo el acoso de su parte como forma de alejarlo. Ninguno de los dos volvió a dirigirse la palabra en mucho tiempo hasta que, durante una pelea en la escuela, Aleixer se vio acorralado por varios chicos y viendo lo injusto que aquello era decidió meterse a ayudarle. Desde ese punto su relación cambió, volviéndose algo más amigos hasta que este conoció a Eila y al pertenecer esta al grupo por tener que proteger a su hermano, este se unió a ellos.


El sol estaba ya en su parte más alta cuando quisieron darse cuenta. Tenían las provisiones para dos comidas y una cena, por lo que decidieron gastar una de ellas y descansar bajo los arboles que se encontraban por el camino. Tras disfrutar de la comida que cada uno había traído, los jóvenes quisieron probar algo que habían estado hablando entre Eistar y Himmaer antes de partir. Lo habían intentado hacer en su pueblo, pero les había resultado imposible por la altitud a la que se encontraba el poblado.


Los dos jóvenes se acercaron a un punto del terreno donde la hierba era inexistente, una zona donde podías estar en contacto directo con la tierra. El joven Himmaer, como aprendió hacía tiempo, colocó sus dos manos en el suelo, con las palmas tocando directamente la tierra. Este, según había explicado, su elemento le permitía saber lo que se encontraba debajo de sus pies a unos cuantos metros dependiendo de la cantidad de energía que la persona liberara de su Prana.


- Lo encontré – comentó Himmaer en apenas dos segundos.


El joven comenzó a mover sus manos sobre la tierra hasta que llegó a un punto en específico del suelo. Todos a excepción de Eistar estaban confundidos con lo que estaba sucediendo, desconocían sus planes y aquello les resultaba muy confuso. De repente, el suelo comenzó a temblar, como Eistar esperaba, y debajo de sus manos comenzó a surgir un agujero del mismo diámetro que el de un dedo meñique.


- Ahora Eistar, no sé si podré aguantar mucho más. – dijo Himmaer con la voz algo temblorosa del cansancio.


Entonces, Eistar comenzó a liberar su energía, controlando el viento que soplaba a su alrededor hizo que este se introdujera en el pequeño agujero hasta que llegó a la cavidad subterránea. Con sus habilidades Eistar pudo notar que esta era enorme, casi tan grande como su hogar, y con una profundidad muy similar a la que tenía el pozo de su poblado. El viento comenzó a envolverse alrededor de una porción de agua, suficiente para llenar sus cantimploras y que no fueran lo suficientemente agotador como para elevarlo.


De la tierra emergió una esfera de agua, sostenida por el propio viento. Cuando el joven Himmaer vio la esfera, este dejó de formar el agujero y su cuerpo se notó mucho más aliviado, con una sensación de cansancio, pero a la vez feliz por saber que les ha funcionado lo planeado.


- Himmaer, la botella. – exclamó el joven Eistar, tratando de mantener la forma del agua mientras esta comenzaba a vibrar de forma inestable.


Himmaer hizo caso a su amigo y de su mochila que llevaba a la espalda sacó una botella de metal, tendiéndola cerca de Eistar. Este movió el viento junto al agua hasta el contenedor y ya dentro liberó el viento, haciendo que la botella se volviera algo inestable hasta que Himmaer la sostuvo con fuerza. Los demás jóvenes estaban sorprendidos, ayudando a ambos a ponerse en pie y preguntándoles cómo lo habían hecho, algo que ellos aceptaron encantados. Los jóvenes, viendo que la hora de comida se había alargado de más, decidieron continuar con las preguntas de camino hacia su destino.


- ¿Cómo se os ocurrió eso? Se nota que es agotador – comentó Shaina a Eistar y Himmaer


Ambos iban caminando a un ritmo algo despacio, aunque se notaba que a Eistar le costaba más caminar, por el cansancio acumulado del día anterior. Eistar se encontraba algo pensativo por lo que no se dio cuenta de la pregunta, la cual terminó siendo contestada por Himmaer.


- Lo entrenamos el día anterior, vimos que no había agua suficiente en el pozo, por lo que empezamos a practicar algo que se me ocurrió hacía un tiempo. – comentaba Himmaer al grupo, sorprendiendo a la mayoría de ellos – Aunque en nuestro poblado no era posible. Eistar practicó lo del agua con el río que hay cerca del poblado, mientras que yo entrené mi parte. Es algo que supusimos que nos vendría bien en algún momento.


- Es increíble, aunque por lo que parece agota mucho. – comentó Kairus


Eistar asintió, confirmando las sospechas del joven.


- Aunque agota, cuanto más lo usemos menos esfuerzo nos costará hacerlo. Al fin y al cabo, esa es la base de la magia, cuanto más entrene más podrás hacer.


Los demás jóvenes concordaron con las palabras de Eistar. Lo que acababa de comentar era una enseñanza básica que se otorgaba en la escuela, se asemejaba el Prana con los músculos, cuanto más era usado y cuanta más energía era gastada más resistencia se obtenía, al igual que con los músculos que cuanto más eran usados más resistencia se obtenía. Todos los jóvenes lo conocían por ello estos se encargaron de entrenar los días anteriores al comienzo del viaje para poder llegar con buen uso de su Prana a la academia de magia.


Un rato después, los jóvenes comenzaron a hablar sobre la prueba de admisión, esta prueba consistía en llegar hasta la academia ascendiendo por las grandes montañas que cubrían toda la ciudad y descender. Esto se había hecho desde la antigüedad ya que antiguamente era usado ese camino al no existir un túnel que atravesara toda la montaña. Además de ello, se decía que existía ya dentro de la academia una zona donde los magos podrían descubrir sus verdaderos elementos ya que muchos no conseguían despertar todos al primer momento y no era hasta momentos de peligro, o durante entrenamientos específicos, en los cuales la persona podía despertar su verdadera naturaleza y afinidad.


La tarde estaba llegando a su final, la temperatura había descendido comenzando a notarse los vientos fríos nocturnos, algo que no les gustaba a los jóvenes ya que querían guardar las ropas abrigadoras para la montaña. Cuando parecía que llegarían en medio de la noche, los jóvenes terminaron de ascender una colina cuando vieron a la distancia un gran edificio de piedra y madera, rodeado por arboles que se internaban hasta llegar a las montañas que se encontraban algo más alejados. Los jóvenes exclamaron de alegría, y con las fuerzas que les quedaban salieron corriendo, aprovechando la bajada que tenían delante de ellos.


Finalmente, llegaron a la entrada de la posada, un edificio de dos plantas con una gran chimenea de piedra y ladrillos en el tejado, este estaba compuesto de tejas rojas, algo inusual en su hogar, y con ventanas pequeñas en el segundo piso donde estarían las habitaciones. Los jóvenes, ya reunidos y algo más descansados de la carrera, se acercaron a la puerta y sin llamar entraron en el interior. La posada estaba vacía, algo común en esa época ya que solía haber más viajes durante la primavera que en invierno, una señora apareció de detrás de la barra. De estatura baja, con un cuerpo grande y con un pelo recogido de forma algo liosa. Con una gran sonrisa recibió a los jóvenes, los cuales se sintieron más tranquilos.


- Buenas jóvenes, ¿qué se os ofrece? – comentó la señora con un acento distinto al suyo.


- Venimos en busca de un par de habitaciones para todos. Queremos pasar la noche para mañana atravesar las montañas... - Eistar iba a continuar hablando, pero de repente la señora comenzó a preparar cosas e interrumpió al joven


- Ya entiendo, ya entiendo. No os preocupéis, os daré habitaciones, no es la primera vez que vienen jóvenes en vuestra misma situación. – comentaba la señora mientras entraba a una sala y salía con dos llaves. – Tengo dos habitaciones donde podréis dormir los chicos y chicas por separado, así no habrá problemas. Acompañadme.


Los jóvenes hicieron caso a la mujer y comenzaron a subir las escaleras que había en el pasillo tras el salón principal. Al llegar a la segunda planta esta contaba con cuatro habitaciones, las cuales dos fueron entregadas a ellos para dormir.


La habitación de los jóvenes era una habitación más ancha que larga, con cuatro literas donde dormirían esa noche. En el lado derecho de la habitación se encontraba una ventanita pequeña desde donde se veía el bosque que rodeaba la montaña, con una pequeña mesa de estudio justo debajo de esta. Detrás de la puerta colgaron todas sus bolsas y se prepararon para bajar a cenar.


Ya abajo apenas hablaron entre ellos ya que el hambre y el cansancio les llamaban, pidiendo que todo se terminara rápido y durmieran cuanto antes. Al finalizar la cena todos subieron a sus respectivas habitaciones, deseando buenos sueños a los demás y durmiendo finalmente en sus camas.