HOTEL LE´ BOULEVARD

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Cuando una chica bonita te invita en un bar ten mucho cuidado te puedes sorprender...

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16+

Capítulo 1

HOTEL LE´ BOULEVARD


TU MEJOR AMIGA


Por: Gustavo Mora.


Norte del Mar Caribe Isla de Martinica, 31 de octubre día de Halloween principio de los años 80 hora 8:15 pm.


Noche estrellada e iluminada por la luna llena, aquí no existe el otoño, solo una eterna primavera como en todo el Mar Caribe. Logro a ver muchos chicos con disfraces horripilantes y su típica bolsa para dulces, corriendo por el boulevard entre la decoración de Halloween.


Puedo observar a varios turistas paseándose por el boulevard, buscando un local para beber un exclusivo ron del Caribe y degustar las delicias culinarias de La rue Saint Denis.


Tres de estos turistas se alejan del grupo Perkins (61), Lombart (41) y el Dr. Alex (37), van en busca de otro tipo de diversión. A través de una antigua leyenda local, han descubierto la existencia de un burdel abandonado llamado La Perla Rosa. Según se cuenta, esta lúgubre casa de placer solo aparece una vez al año, en la noche de Halloween. Intrigados y temerosos, deciden emprender la búsqueda.


(Música de Tensión Comienza)


Siguiendo las pistas dejadas por los antiguos pobladores, se adentran en las calles empedradas y tenebrosas. Pronto escuchan risas, gemidos y una música macabra que parece provenir de la oscuridad. Se adentran en una espesa niebla y finalmente, la casa se materializa ante ellos.


La noche avanza con susurros inquietantes mientras tres sombras se desvanecen en la oscuridad, alejándose del grupo principal de turistas. Sus nombres son casi inaudibles en medio de la atmósfera llena de una incesante niebla que recubre sus pasos.


Perkins, un hombre de edad madura con una barba poblada y ojos penetrantes, lidera esta intrépida travesía en busca de una experiencia más allá de lo convencional. Lombart, de espalda encorvada y una mirada sombría, se aferra a su bastón con recelo, cauteloso de los secretos que puedan yacer en su camino. El Dr. Alex, joven y enigmático, porta un abrigo oscuro que parece fusionarse con la oscuridad circundante.


Guiados por una antigua leyenda que flota en el aire como una maldición, los tres personajes avanzan por un sendero estrecho y tortuoso, sus pies hundiéndose en los adoquines húmedos y aferrándose a un temor expectante.


Es durante esta noche, en la tétrica víspera de Halloween, cuando este burdel abandonado de iniquidad y placer, conocido como La Perla Rosa, emerge de entre las sombras para revelarse a aquellos cuyas almas atormentadas buscan el éxtasis en lo macabro. Cruzando lo desconocido, su única guía es la voz de la leyenda susurrada por las inquietantes trabajadoras sexuales, y los testimonios susurrantes de quienes regresaron cambiados.


A medida que avanzan, el ambiente se torna cada vez más opresivo, el aire se siente cargado con una energía inquietante. Al alcance de la vista, las sombras de las calles empedradas se estiran y retuercen, danzando al compás del viento como cadáveres, bailando en una danza macabra. El olor a humedad y decadencia infesta sus fosas nasales, creando una sensación enfermiza en lo más profundo de su ser.


(Música de Tensión Disminuye)


Finalmente, llegan a una puerta rodeada de silencio sepulcral. Allí se yergue majestuosamente La Perla Rosa, su fachada decadente se alza como un testigo mudo de las vidas corruptas que alguna vez albergó.

Las ventanas, rotas y cubiertas de polvo, reflejan destellos inciertos de luz provenientes de las velas en su interior, como si de espectros atrapados en el tiempo se tratara. La puerta principal, desgastada por el paso de los años, se abre lentamente con un chirrido que parece resonar en sus almas.


(Puerta rechina)


—Chriiiiiiiiiiiiiiiiii...


(Música de Terror Comienza)


Invitándolos a cruzar el umbral hacia su propia perdición. Con el corazón en un puño y la mente en un torbellino de emociones, los tres personajes se adentran en el oscuro vientre de La Perla Rosa.

Es una casa envejecida y decrépita, sus ventanas rotas y sus paredes cubiertas de musgo y moho. El grupo entra con cautela, pero rápidamente descubren que algo infernal se esconde en su interior.


El olor a decadencia se intensifica a medida que sus pasos resuenan en el suelo de madera crujiente. Las siluetas desvaídas y misteriosas parecen moverse en las sombras, como si el aire mismo estuviera habitado por los espíritus de los placeres pasados.


A medida que se acercan a las habitaciones, los gemidos y los murmullos eróticos se deslizan por los pasillos, cortando la quietud con un escalofrío perturbador. Las paredes se sienten empapadas de historias ocultas y depravadas, como ventanas hacia un mundo que solo los solitarios y pervertidos se atreverían a explorar.

La Perla Rosa se convierte en un laberinto de placeres prohibidos y secretos oscuros, donde las almas incautas son sumergidas en un torbellino de lujuria y tormento.

Cada paso les lleva más adentro, más cerca del abismo que anhelan y temen. Las sombras distorsionan sus rostros, sus rasgos se desvanecen bajo un velo de misterio y sus ojos despiertan un fuego primitivo, embrujados por la promesa de satisfacción que aguarda en las profundidades de esta casa encantada.

En esta noche siniestra de Halloween, el destino de estos tres turistas se entrelaza con el espíritu infame de La Perla Rosa, una cruzada temeraria en busca de lo desconocido, dispuestos a pagar cualquier precio por un atisbo de la verdad que se oculta tras la leyenda.

Sus vidas, ahora suspendidas en un equilibrio incierto, están a punto de caer en un abismo de placer y perdición, donde la línea entre la realidad y la fantasía se desdibuja irremediablemente.

(Música de Terror se Detiene)

(Yo Flashback)

—Recuerdo que una hermosa chica se acerca a mí en el boulevard de las rosas, La rue Saint Denis. Calle olvidada entre los arrabales de la isla de Martinica. Ella es alta, pelirroja, con un vestido gris ceñido al cuerpo con cartera de mano y tacones a juego también una llamativa y preciosa bufanda de seda azul, con un agradable perfume que aquí en esta isla caribeña todos conocemos y se llama: Vol de Nuit.

Me mira desde la otra acera del boulevard al lado del hotel del mismo nombre, me hace una seña con la bufanda para que me acerque a ella, volteo hacia ambos lados para cerciorarme que la insinuación es para mí. Al no ver a nadie me lanzo rápidamente para conocer a esa espectacular chica que no pudo resistir a este perfecto adonis.

Con una agradable sonrisa me hice el 007 y le guiñé un ojo, a lo que ella sonriendo me devolvió el guiño. Yo pensé para mis adentros:

(Voz en Off)

—Esta chica es mía, la tengo comiendo en mi mano y eso que no le he dicho nada, ahora viene lo bueno. La miro y le digo:


Yo (Haciéndome el Pacha)


—Hola, preciosa porque tan sola, quieres tomar algo.


A lo que ella me responde:


—¿Soy tu mejor amiga, me quieres conocer?


Intente decirle algo.


—Bueno yo...


Ella coloca su dedo índice en medio de sus lindos labios carmesí para que haga silencio.


—Shiht…


—No digas nada. Soy tu mejor amiga, créeme. Tranquilo yo invito. ¿Quieres un trago?


Yo (impresionado y Galante)


—De ti lo que quieras y más.


Eso me dijo después de darme un beso y guiñarme el ojo derecho de nuevo. Ella saca de su cartera de mano una elegante caneca de metal con bordes dorados, me da de beber un líquido dulce como la sangre de los dioses, toca mi cabello, mis manos, me revisa el cuello y los ojos al momento que me pregunta:


—¿Fumas?


—No, para nada odio ese olor daña mi ropa y mi perfume.


—Eres lo que ando buscando, lindo y perfecto.


Mis ojos se iluminan, mi ego no cabe en mí. De esta chica me estoy enamorado o simplemente me hechizo que sé yo.


Yo (Con Aires de Galán)


Pregunto su nombre.


—¿Cómo te llamas preciosa?


—¿Qué ganas sabiendo mi nombre?


—Siempre tengo uno distinto, busco a un hombre que me quiera a perderme el respeto. ¿Vienes o no?


Salimos con rumbo al hotel Le Boulevard que está en la esquina de La rue Saint Denis. Quedamos en una habitación de una cama con solo un lavamanos, comencé a marearme y caí de espaldas en la pequeña cama, el bombillo de la habitación comenzó a dar vueltas solo escucho su dulce y agradable voz que me recita:


—Soy tu mejor amiga, llégame a conocer, en mí puedes creer.


Me dijo que en ella podía creer.


Al día siguiente desperté solo en mi habitación, sin saber lo que estaba pasando a mi alrededor, adolorido y con mucha sed pensando.


Yo (Voz en Off)


—Pero qué noche tan salvaje, me duele hasta las pestañas.


(Música de Terror Comienza)


Trato de incorporarme sin fuerzas, abro solo mi ojo izquierdo para darme cuenta de que estoy conectado a una manguerita que da a una botella de suero. Sin un riñón, medio hígado y sin la córnea del ojo derecho.


(Grito, Jadeo y Gimo Asustado)


—AGHRRRR… ¿PERO Y ESTO QUÉ ES? AUXILIOOO…


En medio de la desolación y la oscuridad, me encuentro sumergido en la incertidumbre de mi propia realidad. En mi habitación, las paredes desnudas y desconchadas parecen cerrarse sobre mí, como garras heladas que rasgan mi piel con cada movimiento.


El ambiente está cargado de un silencio opresivo, solo roto por el eco de mis pensamientos y los susurros ininteligibles de los otros pacientes que comparten este oscuro y tétrico espacio conmigo.


La penumbra envuelve cada rincón de esta lúgubre habitación, apenas iluminada por un débil resplandor proveniente de una lámpara en la esquina. Los hilos de luz que luchan por filtrarse a través de las rendijas de las persianas añaden una tristeza y melancolía aún mayor a mi existencia. Me siento aprisionado en esta celda sombría, con la certeza de que es aquí donde mi alma se marchita y se desvanece en los rincones más oscuros de mi ser.


Las sábanas desgastadas y descuidadas se aferran a mi cuerpo como garras ansiosas, recordándome constantemente mi fragilidad y mi inocencia. La almohada, endurecida por el paso del tiempo y la soledad, no logra brindar el mínimo confort que mi fatigado ser necesita.


Cierro el ojo izquierdo en un intento por escapar de esta realidad abrumadora, pero el mismo acto parece desencadenar un vendaval de mareos y vértigo que me abofetean sin piedad.


Un letargo siniestro me invade y me desvanezco en la inconsciencia, solo para despertar en el infernal escenario del dispensario para indigentes de La rue Saint Denis.


La habitación da vueltas de nuevo cierro el ojo izquierdo, me desmayo de la impresión y al abrirlo estoy en. L’Hôpital Pitie-Salpêtrière de Martinica, recluido en una habitación con varios pacientes, todos solos en su soledad.


Las escasas luces fluorescentes iluminan el camino hacia una habitación tan lúgubre como la que dejé atrás, pero esta vez estoy acompañado de otros seres desamparados y solitarios. En sus miradas vacías y apagadas puedo ver el reflejo de mi propia desesperación, una herida abierta que nunca cicatriza.


El olor a desinfectante y enfermedad impregna el aire, recordándome la fragilidad de mi existencia y la inevitable cercanía de la muerte. El sonido de máquinas y respiradores se fusiona con los lamentos ahogados de los enfermos, creando una sinfonía macabra que acompaña nuestras vidas en este lúgubre lugar. Aquí, en la penumbra de la soledad compartida, cada día se funde con el siguiente en una amalgama de dolor, sufrimiento y desesperanza.


(Música de Terror se Detiene)


En este sombrío escenario, me veo atrapado entre las paredes grises y la compañía indeseada de aquellos que llevan la carga de su propia desdicha. En cada rostro demacrado, en cada quejido ahogado, encuentro el reflejo de mi propia desolación.


En esta habitación giratoria de penumbras y pesadillas, mi vida se desvanece en un eterno ciclo de soledad y desesperación, con la certeza de que solo la muerte podrá poner fin a esta tragedia.


(Música Emotiva Comienza)


Luego de tres años por casualidad llego de nuevo a La rue Saint Denis, no voy yo. Es solo parte de mí que se mueve con ayuda de un bastón caminando hacia las rosas, donde un día perdí media vida en manos de la chica del boulevard.


La brisa fresca del boulevard me trajo de nuevo ese agradable e imperceptible olor a Volde Nuit, ese perfume por el cual perdí media vida.


(Música Emotiva se Detiene)


Me hallo sentado en uno de los bancos descansando para continuar mi diligencia. Un escalofrío recorre todo mi cuerpo al mirar a una chica. Alta, pelirroja, con un vestido gris ceñido al cuerpo con cartera de mano y tacones a juego también una llamativa y preciosa bufanda de seda azul.


(Susurro Aterrado)


Es ella, la chica sin nombre. “Mi mejor amiga”


(Voz en Off)


—Ha. Si claro... “Qué sarcástico soy conmigo mismo”.


La llamo, pero no sé su nombre, al voltear me sonríe y me da un par de billetes con una agradable sonrisa.


Con su hermosa y hechizante voz me susurra al oído:


Chica Misteriosa (Susurrando)


—Toma para el desayuno.


Yo (En Off)


—No me lo puedo creer, es ella, está aquí, dándome dinero, no me recuerda, pero allí está ese perturbador perfume que me persigue en mis peores pesadillas.


Al llegar, un joven guapo y atlético que ella está esperando le mira a los ojos y le dice:


Chica Misteriosa (Susurrando)


—Soy tu mejor amiga, me quieres conocer.


—Shiht…


—No digas nada Soy tu mejor amiga, créeme.


—Tranquilo yo invito. ¿Quieres un trago?


Eso le dijo después de darle un beso y guiñarle el ojo derecho. Ella saca de su cartera de mano una elegante caneca de metal con bordes dorados, le da de beber un líquido dulce como la sangre de los dioses, le toca su cabello, sus manos, le revisa el cuello y los ojos al momento que le recita:


—Soy tu mejor amiga, llégame a conocer, Soy tu mejor amiga, en mí puedes creer.


Salieron con rumbo al hotel Le Boulevard.


Otro incauto que perderá media o tal vez toda su vida…


Fin...