El planeta gris

All Rights Reserved ©

Summary

Como cuidar el medio ambiente

Status
Complete
Chapters
1
Rating
2.0 1 review
Age Rating
16+

El planeta gris


El planeta gris, Sergio Ziernes



Cuando entraron en la

habitación, a registrarlo todo,

me vi en la obligación de

avisar a los gendarmes de la

localidad, -pero aún así-, no

pude dar con el archivo oculto

que me había revisado días

antes. Este archivo que

contenía la información de

más de mil personajes, de la

historia del arte; entre uno de

ellos estaba el abuelo del

pintor Prinx, -este era un gran

pintor de lo surreal o sea que

odiaba la realidad

contundente del mundo-.


Encontraron desperdicios en

los platos, después de la

comida principal; y es que

estaban en el vestíbulo, cerca

del espejo. Como creerían que

no hubiese nadie en la casa,

para saber la realidad : que

había entrado un intruso en

ella, para allí sabotear todos

los artilugios tecnológicos de

que disponía hasta entonces.

En un lugar, en donde no sale

el Sol, me pusieron esposas y

grilletes para no evadirme, y

yo haciendo acopio de

valentía, me dispuse a

escapar. Entre arbustos y

zancadas vi el horizonte un

nuevo amanecer, de libertad y

sosiego, que se merecía mi

cuerpo al despertar, de tan

larga caminata.


De repente se produce un desaguisado

evento; en el que, de pronto,

aparece una liebre entre los

zarzales, que turbia mi mirada

y la hace agresiva. Parece un

animal asustado y sin

intención de agredir a nadie y

menos a mí. Así que prosigo

mi camino hacia la ontananza,

allí veré el nuevo horizonte,

trémulo y apagado. Dichosos

los ojos, era: “enorme y de

gran envergadura, era como

una gacela; entonces me

dispuse a seguirla, con ánimo

de alcanzarle, pero era muy

veloz, que casi la pierdo de

vista”. El animal tenía los

ojos grandes como platos de

porcelana, y brazos que

asemejaban a un molino de

viento, - era enorme-, su boca

de gran tamaño, engullía a

barbaridades todo lo que

encontraba. Pero yo no me

podía permitir asistir a tan

semejante evento. A media

noche, con el cuerpo ya

cansado de caminar, observé

en el cielo la luna llena, que

parecía un resplandor de un

diamante pulido a la

perfección. Cansado me

dispuse a acostarme y cerrar

los ojos lánguidos que me

ofrecía este día tan agotador.


Mi mente no podía parar de

pensar, imaginaba lugares,

que al parecer de deberían de

existir; grandes lagos y

montañas afiladas al cielo gris

y nuboso, de pronto un

espasmo me abordo el

descanso y me desperté un

poco asustado, me dirigí a la

ventana y volví a ver aquel

cielo gris y giré la cabeza de

soslayo, mirando la cama en

donde había dormido horas

atrás.

A la hora del almuerzo, me

dispuse a comer algo de

“Zapeo”, como dicen por el

lugar, del que estoy muy

orgulloso de ello. El muy

ignorante me puso de patitas

en la calle, el día de Noche

Buena; gran día aquel, que

tuve el orgullo de visitar a la

familia de mi hermana.

En otras palabras, las

Navidades se me hicieron

eternas, en aquel habitáculo

de 40 metros cuadrados; no

podía ni pasear por el dichoso

pasillo, y ver por la ventana lo

que acontecía aquel día.

Eran las ocho de la mañana,

hora de despertarse, sonó el

despertador digital que estaba

sobre la mesilla, con sus

números marcando la hora

crítica, las ocho y cinco

minutos; esos cinco minutos

de descanso y asueto después

de abrir los ojos. Una vez en

pie, me dispuse a salir a la

calle, esa que tanto amaba y

solía pasear todos los días,

para ir y venir de casa,-para ir

al colegio-, eso que estaba unpoco lejos, pasadas las dos

manzanas, en frente de la

tienda de mariscos. En el

colegio, una vez sentado en el

pupitre y con mis compañeros

de aula, me arrimé los cascos

a la cabeza, ajustándolos a las

orejas, para escuchar mi

música preferida,-la de un

grupo musical muy famoso en

aquellos tiempos-. Claro

viendo todo esto, el dichoso

profesor, no tuvo más

remedio que molestarme y

regañarme, ya que había

incurrido en una falta grave.

El profesor, hablando en voz

alta y con un cierto sentido de

la realidad, me dijo que me

fuera del aula y no volviera

hasta mañana.

En estos momentos, como es

de esperar; me fui de allí, para

escapar del maldito elemento

ese que a todos nos

atormenta, eso que no es de

ningún lugar ni tiene un

estado definido y ninguna

forma establecida. Este

elemento es ni mas ni menos

un aturdido contenedor de

ideas, que no cesan de invadir

la mente del que nos oprime y

nos maldice, para hacernos la

vida imposible y

extremadamente misteriosa.

Como del que huye del

infernal sueño de la locura y

el mal presagio de

clarividentes y extraños

personajes de la ciencia.

¿Cómo eres?, -como un

diablo-, loco y desquiciado,

que apremia mi locura y no es

de sabios, conocer lo

sucedido en el noticiero del

día; para ello abro el

periódico, y encuentro cada

cacho noticia, que me

ruboriza y me da calor.

Noches enteras acostumbrado

a leer el periódico, -ya

atrasado del día anterior-,

pero no sufría la noche

porque no podía dormir, pero

aun así, me mantenía

despierto hasta al amanecer

con mi periódico gris y

obsoleto.


Encantado de estar contigo,

en un apartado de esta

pequeña sociedad que nos

inunda cada vez más, con

ideas bastante elocuentes y

con situaciones inesperadas,

en el transcurso de la semana.

Viendo lo dicho, con las

soluciones esperadas para una

problemática social que está

ya patente en nuestros días; la

intervención para erradicar la

explotación del medio que

nos rodea y, nos oprime en

situaciones inesperadas.

Es menester de la ciencia, la

colaboración con los entes

políticos, para la conservación

de la demanda de energía que

engloba a la ciudadanía de

este lugar. La creación de

puestos laborales, que

permitan la ejecución de los

deberes de nuestro siglo,-la

regeneración de nuestros

departamentos ambientales-.



Cuando subí las escaleras, me

vi en la obligación de

conducirme al salón; en

donde estaba ella, para poder

conversar unos minutos sobre

el tema elegido en la reunión

anterior, -sobre la tarea de

conservar el bosque de la

manzana norte de la ciudad-,.

La conversación se fijó en el

talado de los árboles que

rodean la fuente central del

parque, para así establecer

unas rutinas de conservación,

que promuevan el buen uso

del lugar. Este en el que se

desenvuelve la mayor parte de

nuestro tiempo en esta

sociedad.


En estos jardines, en donde

las flores no se marchitan tan

pronto; debido a su

continuidad en el ambiente

que les rodea, comunicándose

entre ellas, con un flujo de

conectividad

electromagnética, y algo

fluctuante, brillando en una

atmósfera radiante y llena de

vigor evolutivo. De colores

radiantes y exasperados que

permiten a la vista deleitarse

y no perderse en su marchitado estado; como si

fuera algo inherente al ser

humano. Las raíces, hacia sus

profundidades terreas mas

absortas, descubren los

entramados del alma que las

contiene, para permitirse el

lujo de saborear el húmedo

placer de la existencia erte;

que abraza a cada uno de

nuestros sentidos afectuosos,

de estas determinadas plantas.

Cuyas palabras, no se oyen ni

se ven solo se sienten en el

cielo frondoso y apaciguado,

como las palomas cuando

vuelan bajo y dejan su hedor,

en el amigable aire de la

elocuente sabiduría.


Cuando llegue a casa al

hogar de mi tía; a la cual le

tenía mucho aprecio, por la

dedicación que me daba en mi

infancia. Entré en aquella

habitación, y era como el

resoplar del candor del

pasado, una nueva idea se me

venía a la mente; para

discernir lo que me iba a

suceder en un futuro incierto.

En la cómoda estaba aquel

crucifijo, sin aún haber sido

manipulado por nadie, sobre

la base marmoleada, que le

daba un aspecto tétrico.


A las puertas del colegio. Un

lugar poco acogedor aquel

patio cerrado y lleno de

chicos y chicas, que jugaban

continuamente al balón, y en

derredor también dedicaban

su tiempo a juegos

autóctonos, originarios de sus

pueblos. Yo con libro en

mano y entusiasmado con mi

cuaderno de notas, estaba

estudiando en las escaleras de

la puerta de entrada del

susodicho colegio. Y a las

ordenes de su jefe el Director

me puse a esbozar una gran

sonrisa para deleitarme de

gusto y simpatía; en aquella

jornada de clase tan alegre y

divertida; que era la envidia

de aquellos que miraban lo

que hacía. Corrí hacia dentro,

ya que fuera comenzó a llover

de repente, cogiendo mi

cuadernillo y tapándolo para que no se mojase.


Una vez dentro me arrimé a mi

preciado radiador de la

calefacción, para no pasar

tanto frio, al igual que mis

otros compañeros.

Al salir del colegio me

apresuré a ir a la sala de

exposiciones del museo

Central, en donde se podía ver

los cuadros de Prinx; un

pintor muy famoso que

alardeaba de un estilo de otro

mundo y algo decorativo,

para los tiempos en los que

vivimos. La sala estaba llena

de obras con motivos vistosos

y alegres. De pronto saqué mi

móvil para hacerme una

fotografía, aprovechando que

veía involucrada el reflejo de

mi imagen en uno de esos

cuadros; me decidí a hacer la

foto, en la cual se podía ver

mi rostro en un fondo agrícola

de una gran plantación. Con

las luces de los focos que

aprovisionaban el techo, se

apreciaba una figura un poco

fantasmagórica y llena de

misticismo. Era una

plasmación de mi mismo en

un ambiente categórico y

lleno de cultura,-un lugar

donde ver lo más bonito, en

poco tiempo-.


Se me hizo tarde y aquellas

horas transcurrieron con

mucha paciencia. Decidí

dirigirme hacia la habitación

que tenía en aquel piso, donde

me alojaba

momentáneamente, mientras

durara mi estancia en la

ciudad.

En un triste día gris de

invierno, cuando las nubes

aparecieron oscuras, -la

tormenta estaba aquí- que

inundaban el cielo repletas de

un halo de frío intenso. Me

impidieron salir de casa, en

donde estaba trabajando en un

proyecto de arte

contemporáneo, para la

academia donde me había

inscrito meses antes. Una vez

la tranquilidad del cielo se

apareció ante mis ojos, no

pude observar cosa igual. En

las escaleras aún se apreciaba

algo de agua, en donde con precaución salí al exterior y

me encaminé hacia la

academia.

Mientras miraba el periódico

que estaba sobre la mesa, leí

una noticia bastante relevante:

Se había producido una

extinción de una especie de

mariposa, -una de las más

hermosas- ya que tenía sus

alas llenas de colores, y

predominantemente el color

azul. La destrucción de este

insecto, daba lugar a

innumerables problemas

ambientales en su ecosistema;

debido a su facilidad

funcional de reproducción de

unas flores muy peculiares,

que sólo existen en esa zona

del planeta. La aniquilación

de esta mariposa fue por

motivos, -en los que

intervenía una mezcla de

herbicida para la producción

agrícola-. Esta noticia me

causo bastante estupor; y me

produjo indignación ajena.

¡Como se podrían cometer

tantas atrocidades!. Dejé de

leer las noticias, y me empecé

a preparar un café; así estaría

despierto para la jornada del

día siguiente.

La noche se me hizo

esperadamente igual a las de

otras ocasiones, en las que me

producía un inerte insomnio,

pensar en lo que podría hacer

al amanecer, cuando me

despertara. No fue igual por la

mañana, al despertar de ese

terrible sueño: “Un alocado

día de marzo, en el que estuve

bailando en la discoteca

Calaboor, hasta terminada la

noche, -haciendo

movimientos cada vez más

extraños con mi cuerpo, como

cuando los brazos aletean

incansablemente, formando

un molino de viento”.

Y deseando tomarme otra

taza, de ese café tan lindo,

para aniquilar el despojado

sueño, que aún tenía encima.

¿Y por qué no?, si todo fuera

un mal entendido, que habría

de esperar a tan pronta

mañanada; y alterado por

tanta emotividad, que decidí salir por la puerta; paseando por la calle atendiendo a los

logos y luces de las tiendas de

ropa, para ver si, adquiría

algún articulo que necesitaba

en esos momentos.

Por fin eché el ojo a un

abrigo, que no por demasiado

caro era elegante y funcional,

ya que me hacía

desprenderme del brutal frío.

Aquella mañana volví para

casa mas contento y deseando

probármelo de nuevo, era una

compra fascinante que me

produjo gran elocuencia en mi

ánimo y saber estar.

Acabando de excitarme con la

cafeína; cogí el mando del

televisor y puse el programa,

que más falta me hacía, uno

de esos entretenidos y

simpáticos, para percibir el

paso del tiempo de una

manera más rápida. Después

de este concurso, apareció

una imagen que jamás

olvidaré; un anciano paseando

por el parque, sin que apenas

los árboles dieran su aliento

final, frente al viento que los

mecía. De pronto, alguien

llamó a la puerta, -y con

premura- apagué, dándole al

botón de encendido

nuevamente. Qué sorpresa la

mía, cuando apareció ella,

sonriente y alocada, pisando

ese felpudo de mi devoción. Y

me pregunté a mi mismo, si

quería estar conmigo en esos

momentos, mentalmente a

uno enturbia y aburre. Le

pedí, que si aceptaba una

comida, con mi grata

compañía, para poder

conocernos de una manera

más intensa, y acorde a

nuestras relaciones

personales, de la antigua

escuela; facilitando el entorno

al que estamos sometidos,

durante algún tiempo; y

raramente nos olvidamos de

lo que aprendemos. Para más

ahínco de los que nos quieren

ver ignorantes, en un mundo

cruel y salvaje.

Como es obvio, la vergüenza

no pasa desapercibida, ante

los ojos de la inocencia,

amándose y enorgulleciéndose de nuestros

propios actos, efectivamente

en esta sociedad.

Los compañeros de escuela,

invitáronme una tarde, a una

sesión de un juego muy

peculiar; el famoso tenis de

mesa: esas paletas y campos

con ruedas, que deleitaban mi

afán de victoria, para derrocar

de una manera misteriosa al

contrincante, que delante se

mantenía exhausto y

agotador, debido a mi euforia

correctiva. Ella, -con sus

cabellos color marrón claro, y

sus ojos, tirando a un azul

cielo-,también estaba allí;

disfrutando de un abrazo

inmenso en el tiempo e

ilusorio en el espacio. Me

dijo, que se iba a ir a ver a su

amiga del alma; yo seguí

jugando algo más.

El desgastado clima, que se

percibía en el ambiente, no

era de un tamaño

grandilocuente, sino, más

bien de algo nimio y pequeño;

un clima embravecido por el

mal estar de mucha gente. A

petición de un supuesto y

externo malabar de la

conciencia, que daña nuestro

entorno.

Después de la siesta, y del

agotador encuentro,

levantándome con un dolor en

el cuello; era el

esternocleidomastoideo;

brutal su dolor; no

arrepintiéndome de nada;

masajeandomelo dije adiós a

tan plástica dolencia,

penetrando mi fluida mano en

su superficie, para tener un

día feliz. Alcanzó el reloj sus

agujas; -las ocho y media-,

era la hora de poner fin a tan

trágica fascinación por el

buen estar. Acomodándome

en el sofá de nuevo, y en

compañía de ella, aunque sólo

fuera en sueños.

Los latigazos que algunas

gentes propinan con su boca,

hacen merecida su afamada

desdicha, que untados en

sebo, resbalan por doquier, a quien los usa. Siendo propio de una mente inquieta y

atrevida.


Se hizo la fecha, en la que nos

tuvimos que ir a ver unas

instalaciones, en las que se

imprimían todo tipo de libros

y documentos a través de

mecanismos de opresión. Una

imprenta, no era ni mas ni

menos la máquina, que nos

ponía en contacto con el

público en general; era algo

tedioso como se podía

reproducir cientos de veces en

papel, la información que les

llegaba a sus manos. Era

como un resorte apalancado a

presión sobre una pantalla de

pocos centímetros cuadrados.

Paseando por las instalaciones

y viendo todo aquello, quedé

asombrado de todo aquel

funcionamiento,-los

compañeros me increpaban

para que pusiese atención, a

lo que allí ocurría-. La tipografía utilizada para dejar huella en semejante soporte;

era de un metal muy preciado;

tanto, que valía un ojo de la

cara adquirirlo y los rollos de

papel procedentes de la

industria papelera más

cercana; no eran de mucho

coste. La visita a la imprenta

duró un buen rato; y la gente

ya cansada nos fuimos de

vuelta en el autobús. El

trayecto fue de los más

divertido; algunos se

dedicaban a cantar en voz

alta, al unísono; cuando el

chófer les ponía canciones de

los años ochenta. Y una vez

en el lugar, nos repartimos

cada uno para nuestro hogar.

Caminando por la acera y con

la mirada gacha, pude

apreciar en el suelo un

envoltorio de papel; en el que

ponía: -”sin azúcar”- , esto era

de lo más típico, ya que se

trataba de un producto

edulcorado. Cogiéndolo y

tirándolo a la papelera, seguí

mi camino hacia donde estaba

localizada “mi cabaña”. Lugar

donde encuentro el descanso

ansiado, era grande y

circuncidada por un por unos cuantos abetos, bueno, la techumbre no era de gran

estilismo, pero servía para su

cometido, una puerta, ni

grande ni pequeña permitía el

acceso a todo aquel que

quisiera entrar y fuera de

buen aprecio, el color de las

paredes de un pálido azul

intenso, deslumbraba a

viandantes que quisieran

observarla para ver en sus

ventanas el reflejo, de alguien

soñado.


La cima de la montaña,

perturbaba el origen inmenso

del cielo nublado

invadiéndolo todo, de un

clima abstracto y sublime,

entonces al anochecer,

permitían doblar los párpados,

del cansancio que tenía, para

renacer cada mañana como un

ser nuevo. Pasaban las horas

nocturnas y al abrigo del

sillón, en casa leyendo algún

libro de ficción.


Como consecuencia del aire

perturbador que nos abruma y

nos hace infieles a la libertad,

tenemos mal presagio de lo

que sucederá, -siguiendo la

contaminación de nuestra

propia desidia-.

Una buena idea sería el

abastecimiento de las

necesidades cotidianas a

través de medios acuíferos,

que podrían promover la

energía necesaria para

nuestras máquinas.

En jueves decidimos ir al cine

a ver una película de

aventuras tecnológicas o por

decirlo de otra manera, de

ciencia ficción, en la que se

expone la vanguardia de

nuestra civilización, para dar

un ejemplo a lo que sucedería

en un futuro próximo. Nos

sentamos en las butacas

cómodos y confortantes,

asistiendo a las imágenes

fílmicas de la película

proyectada. La gran pantalla

nos distraía a menudo de

nuestro quehacer amoroso,

pero en tanto que apareció el

inicio, la atención se nos

perpetro de manera definitiva.

La concurrencia a la que nos

estábamos sometiendo era

algo atractivo a nuestras

ideas, tratando el tema de:

-”seres aquellos, dominaban

el planeta, eran de colores

vivos y agraciados, de una

estatura elevada y de ojos

grandes, con una cola que les

llegaba hasta los pies, eran

seres de otro planeta, al cual

los nuestros, con sus naves y

artilugios les atacaban a las

ordenes de su comandante,

tenían de un inconveniente y

es que ellos tenían a la

naturaleza de su parte,

abundante con exuberancia

por todos los lugares del

lejano mundo”-.

Después de un largo beso, nos

dirigimos a nuestros

respectivos hogares, y ella se

entretuvo algo más de lo

habitual. Llegué al mio, y

encontré el ordenador

encendido,-alguien había

estado allí-,pero por las

pesquisas, el resultado fue

negativo, no dí con el

personaje que había estado

sentado en la silla mirando el

PC. En la pantalla se podía

apreciar, el explorador estaba

mostrando la carpeta, en

donde tenía el archivo. Y vi

que todo estaba correcto, para

más desesperación, la ventana

del salón estaba entreabierta,

moviéndose su cortina con la

brisa que entraba; en efecto,

alguien había merodeado mis

cosas.


Luego por la mañana, me

dirigí con el coche al taller, en

donde me esperaba el

mecánico; para revisar el

motor, -estaba fastidiado el

carburador-. Lo dejé en sus

manos un par de días, para

que siendo él, el que lo

arreglara, y me dejara el

automóvil como nuevo, pero

no fue así. Posteriormente lo

inspeccioné yo mismo y di

realmente con el fallo que

tenía oculto: el “surtidor”, era

demasiado grande, para ello

tuve que crearme otro mas

fino, de tal manera que consumiera menos

carburante. Una vez saliendo

del garaje, escuché el ruido

del motor, sonando suave y

sin apenas estrépitos.

A veces, es mejor confiar en

nosotros mismos que en la

hilarante casualidad del destino.


Aquella lluvia caída, no

perturbaba mi ánimo, a pesar

de haberme mojado, no pasé

mucho tiempo fuera;

renaciendo de nuevo en este

lugar, la fotosíntesis creada,

era aún mejor que la del año

pasado, llena de savia y de

agua, por cuyo tallo discurría

efímera y ligera. Peor aún

sería si esta desdicha fuera

calamidad. Y el resultado es

el fruto que encima de su

fortaleza, del que todos

ansiamos tener. Pero la

pesadilla llega a su fin, y hay

algo que comer.


Se hizo ya tarde, y antes de

irme a acostar me asomé por

la ventana de mi habitación,

por donde pude esbozar una

sonrisa y dirigir la mirada

hacia la luna, que brillaba con

un gran resplandor, como si

fuera un foco halógeno que

desencadenara una magia

misteriosa en el cielo

nocturno. Cansado me tumbé

en el colchón de aquella cama

tan maravillosa y cómoda,

para relajar la mente de

aquella jornada tan dura. Y

con demasiada sutileza cogí la

colcha y la eche para atrás,

encapsulando mi cuerpo en un

sueño duradero hasta la

mañana siguiente.

Armado de valor y con ánimo

de aprender la nueva

información derrochada en

ese sitio, la biblioteca, en la

que encontraba algún libro

teórico sobre el estado de

animo y la conciencia de la

sociedad frente a la barbarie

de la humanidad, el abandono

ecológico. Un libro muy

penetrante en la vida de las

gentes que allí habitaban.

Para desarrollar el trabajo en el colegio, que el profesor me

había ordenado hacer.

La funesta idea del gentío,

que promovía la destrucción y

deforestación del arbolado,

siendo éste un gran aliado

para nuestra salud

medioambiental, en

consecuencia de esto, las

medidas a tomar tenían que

ser inmediatamente, y

fructuosamente aceptables por

nuestros organismos.

Saliendo del centro

bibliotecario, me dirigí a ella,

que estaba muy hermosa con

su melena recién rizada y su

vestido aterciopelado,

dispuesto a hablarle de los

problemas que me había

encomendado el profesor. Nos

fuimos agarrados de la mano

hacia el parque, donde nos

esperaba la sombra del

robusto árbol, quitando los

rayos de Sol a nuestros

rostros, para conversar

amigablemente y sin alterar el

tono de nuestras voces, y así

congratularnos con el medio.

Una vez en la cabaña, estuve

probándome algunos trajes,

que había adquirido esa

misma tarde, en unos me

sobraba la manga y en otros,

quedaban cortos de hombros,

al finalizar, agarre mi

cuaderno de notas y

sentándome en la mesita de

estudio me puse a leerlo para

aprenderme la lección de

geografía. Dentro de unos

días será el examen, -y tendré

que aprobarlo-.

Y digo yo, ¿Cómo tendré que

pasar el rato, sin hablar

tanto?, pues pensando ideas

del que hacer cotidiano, que

era como los filósofos,

estudiaban a sus alumnos, ya

que al saber de ellos, sabría

que explicarles, para

ayudarles en su erudición.

Estando en el museo Central,

en donde habitaban los

famosos cuadros de Prinx, les

eché una ojeada a las paredes

en donde se hallaban colgados

de sus marcos, unos con

motivos religiosos y otros

eran manifestaciones bélicas que a nadie importaba, de colores vivos y atrevidos

como el carmín que se ponía

ella en sus labios. Prinx, un

pintor de los años ochenta y

de merecida reputación, me

otorgo la gratificación de un

autógrafo en la camisa que

llevaba puesta. Y saliendo de

la sala de exposiciones, cuyas

puertas, aún de madera de un

gótico exacerbado llena de

decoraciones,se entrecerraban

al pasar, para en otra ocasión

ver la de nuevo.

En la mochila, todavía tenía la

memoria flash, que había

extraído del ordenador, en la

que conservaba el archivo, y

también estaba en

conocimiento de ella. ¿Qué

era aquel archivo?

Las calles de la ciudad

parecían no tener fin, largas y

despreocupadas en su

distancia, de lugares no muy

remotos, que nos invitaban a

pasear detenidamente para

observar el ambiente, y sus

negocios y tiendas presentes

en los bajos de los edificios,

zapaterías, bares de copas,

cafeterías, farmacias, todo

daba igual, era una sensación

de bienestar muy agradable,

para disfrutar de una

entrañable estancia en esta

población. No le faltaban

recursos a la hora de la

diversión, también disponía

de un local, una discoteca, a

la que íbamos a bailar,

llegando los viernes por la

noche. Los porteros, uno a

cada lado de la puerta a veces,

impedían nuestro paso;

siempre nos pedían la entrada,

para agregarse al mundillo

que estaba dentro; la barra

estaba llena de personas

dispuestas a emborracharse

esa noche. Nos abrazamos en

un inmenso placer, a la vez

que bailábamos juntos; sin

importar quien nos mirará,-

hasta largas horas de la

madrugada-. El destino, ese

viernes, no fue fruto de la

casualidad, nos juntó en un

elemento único y sólido para

toda la noche.


El amor en las distancias no

muy largas, se hace más

fuerte que el diamante pulido

y brillante, como las miradas

que se encienden, al mirarse

mutuamente a los ojos,

humedeciéndoseles de sus

correspondientes lágrimas.

Los mares y océanos inundan

de desaborido aliento

demoníaco los límites de

nuestra existencia.

En el laboratorio, se respiraba

un poco de intranquilidad, los

humanoides tenían la

capacidad de pensar hasta

tenían manos semejantes a las

nuestras con las que pudieran

asir instrumentos muy

sofisticados, como podía ser

el teclado de un computador,

reprogramarlo para fines insospechados,

pudiendo ser éstos positivos o

negativos, para los que la

humanidad no estaba

preparada. Sus cabezas eran

auténticos enjambres de

circuitos, que junto con sus

brazos y piernas daban una

misteriosa apariencia. Estaban

practicando movimientos

rutinarios y repetitivos, para

el aprendizaje de ciertas ideas

relacionadas con el tacto.

Estas, no podían ser ni mas ni

menos que programas

codificados por

desarrolladores muy

cualificados, entrenados en

escuelas de alto nivel. El

objetivo de estos

experimentos, era la

proliferación de robots

humanoides capaces de

pensar por si solos,

ubicándolos en fábricas en sus

respectivas dependencias

técnicas.

Un ambiente ameno y

distendido se produjo cuando

entró por sus puertas

acristaladas, los científicos

del proyecto que dominaban

la materia, empezándose a

llamar Inteligencia Artificial.

Abrazamos la libertad, pero y

si nos abrazan con

pensamientos dañinos; nos

veremos en la obligación de

reproducirnos más lentamente que ellos, para poder separar lo real de lo ficticio.

Cerré el libro, y coloqué mi

cabeza sobre la almohada, la

cual tenía un ligero color azul,

para descansar de la terrible

pesadilla que había sufrido.

Lo deje sobre la mesita de

noche y dando media vuelta

en la cama me puse a soñar:

“venían armados y de mal

humor, tenían mal las

conciencias en sus mentes,

¡nos querían aniquilar!, eran

monstruos de metal que nos

hacían sufrir eternamente”.

Moviéndome continuamente

durante toda la noche, hasta

bien llegada la mañana y las

sábanas en un revoltijo de tela

sudada. Ella me despertó

suavemente, tocándome la

mano, agarrada con los cinco

dedos, sintiendo su calor

afable, llenándome de ternura

el corazón que tanto ansiaba.

Puse un café, en la cafetera

eché un vaso de agua y tres

cucharadas repletas,

encendiendo posteriormente

el fuego, una vez listo, nos lo

llevamos a la boca

mutuamente degustándolo

con templanza y armonía

hasta saciar nuestro apetito

lujurioso y evocador de viejos

tiempos. Sincronizándonos en

un reajuste perenne de

nuestros cuerpos.


Los terrenos, áridos no se

podían mantener de forma

continuada, para dar frescura

a nuevos cultivos verdes y

frondosos. Esquilmados por el

traqueteo de sus tractores, con

vertederas punteadas en su

curvatura, que daban vuelco a

tierras ya insanas. Podridos

por el abuso de sustancias de

desecho orgánico y animal.

La naturaleza les haría un

flaco favor mojando con su

continuada lluvia, su suelo ya

resequido por la ola de calor,

convirtiéndolos en fructuosas

plantaciones de cereal.

Carcomido por el miedo,

aquel palitroque de gran

envergadura, casi despojable

por el tiempo; podría caerse en cualquier momento; pero

no, aún seguía enarbolando su

techumbre, tumbado sobre el

lecho de barro, que perduro

durante décadas.

En la humeante chimenea,

desplazábanse sus entrañas

mal olientes, perfumando

todo ambiente de la ciudad

necesitando de un respiro lo

antes posible, allá en la

lejanía un tubo de unos

veinticinco metros de altura,

derrocaba los tejados

presentes y enturbiaba el aire

que respiramos con un olor a

azufre, que nuestros pulmones

no podían soportar, postrado

en la barandilla de aquel

jardín de rosas con la

compañía de mis fieles

seguidores. El humo salía de

esa factoría tan fatídica:

tuberías, contenedores,

escaleras y departamentos de

carga, la producción se hacía

escalonadamente y costosa

para un servicio de lo más

contaminante.

Se aprovisionaban sus

almacenes, de una materia

prima enraizada en la tierra de

sus orígenes. ¿Qué sería de la

dulzura?, un cuento mal

intencionado o una historia

por contar.

Apearse a la fuente de un

agua cristalina y beber hasta

saciarse del reseco, que el

ovino tenía en su larga

crianza. En el matadero, las

paredes temblaban al son del

aliento, esforzado y mal

hallado, clavadas como un

cristo en su cruz, fueron

puramente ensambladas, para

formar parte de este local, que

terrorificamente apuntaban

con pistolas de clavos a

presión.

¡A la tardanza!, ¡A la

tardanza!, extremadamente

puntual al lugar de trabajar;

siempre minutos antes del

sonido estruendoso de la

alarma que nos indicaba la

hora de entrar a fichar por la

mañana después de

desayunar Hicimos las maletas y las

pusimos a rodar saliendo del

colegio para al autobús llegar,

sin prisa esperar a su llegada

para el destino, que nos había

unido confiadamente hasta

bien entrada la pubertad. La

cual no perdonó los abalorios

y decoros, -pulseras,

colgantes, anillos o demás-.

que en mi cuerpo no están,

debido a una caprichosa

voluntad.


Huésped de mi desdicha,

afortunadamente encontré el

hábito de la perfección, en el

juego del “tenis de mesa”, que

para mí era una devoción

diaria y entusiasta, -en aquel

patio salvaje y olvidado-.

Ella admirada de mi pasión,

nos besábamos sin timidez

alguna.


Para combatir el aburrimiento

ensordecedor, me leía libros

en mi interior, así satisfacía la

elocuencia que debía transigir.

Embriagado de un ánimo

voluntarioso hacia esta

disciplina, transcendían:

lugares, personajes, viajes,

aventuras…


Nos abrazamos con ternura,

en un eterno sin fin de

afectividad mutua,

mesándonos los cabellos a la

brisa que nos daba este cielo

inmenso lleno de agradable

olor. En un hito de nuestros

deseos, la conversación versó

sobre la posible salida del

colegio, en el que no estaba a

gusto, debido a problemas

con un compañero,-no dejaba

de pedirme salir de copas-.

Una tarde salimos a tomar un

refresco, en el disco-bar mas

frecuentado de la ciudad,

aquella Fanta me supo

deliciosa, era una manera de

refrescarse entre aquel

bullicio de personas, haciendo

todas lo mismo. La

consumición en un vaso de

tubo bastante grande, no daba

mi paladar a tan sabía

creación,-de un color

anaranjado y vistoso-, que

daba la tentación a seguir

bebiendo el resto de la tarde.

La gente bailaba muy apelotonada unos con otros, rozando sus cuerpos a veces,

con lo que se provocaba algún

atisbo de ilusión afectiva. Era

una música moderna y de

estilo “machacón”, -esta si

que sería buena para hacer

deporte-. Salí a la puerta con

mi bebida, -aun por la mitad-,

miraba el lujurioso ambiente

que se desarrollaba en la

entrada del local. De pronto

me asusté; creí haber perdido

el “pen-drive”, palpé bien en

el bolsillo del pantalón, y si,

estaba allí. La memoria flash

perduraba el el tiempo y con

el archivo, era una copia de

seguridad de algo que me

importaba mucho.

El ordenador seguía en la

mesa escritorio, sin el estado

de hibernación, lo tenía

desactivado, para que no

hubiera problemas a la hora

de encenderlo, ya que su

misterio más intimo se

encerraba en el sistema. El PC

de dieciséis gigas de ram

funcionaba a la maravilla,

más los periféricos que tenía

acoplados, daban una

sensación de equipo moderno

y potente. Instalándolo en el

equipo nos daría funcionalidad para aprovechar

todas las características de

éste y así diseñar proyectos de

gran envergadura. El progreso

de la ciencia, se hace cada vez

más coherente y satisfactorio,

siendo una de las grandes

ventajas de esta sociedad.