ᴄᴀᴘɪ́ᴛᴜʟᴏ ᴜɴᴏ
No recuerdo desde cuando tengo conciencia o el que pueda ver y escuchar todo a mi alrededor, solo sé que un día desperté para ver que me encontraba en el suelo, ni siquiera podía moverme mientras la nieve comenzaba a cubrirme, no sentía el frío al no tener un cuerpo humano al ser solo un simple muñeco.
Tampoco podía llorar al no contar con lágrimas, lo único que podía sentir era la terrible soledad al haber sido abandonado a mi suerte y ni siquiera pude despedirme de ti al no tener la voz para hablarte aunque tampoco te recuerdo solo sé que me dejaste y te extraño demasiado.
De pronto alguien aparece frente a mí para sacarme de la nieve que casi estaba por enterrarme, pero al verlo sé que no eras tú, me llevo hasta su casa donde me dio como un regalo para su hija, ella estaba contenta que no dejaba de sonreír mientras me abrazaba.
Su calidez ni siquiera se asemejaba a la tuya por lo que aún sentía frío, pase demasiado tiempo con ella hasta que la vi crecer e inevitablemente también me dejo, estando dentro de una oscura caja, no tenía más compañía que mis propios pensamientos, había sentido movimiento hasta que al fin es abierta mi prisión por lo que logro verte de nuevo.
No sé cuanto tiempo había pasado que por fin pude verte, no sabes cuan feliz me haces, aunque no comprendí por qué me dejaste sobre una repisa al lado de otros objetos, no le di mucha importancia al encontrarte de nuevo, por lo que cada día podía verte hasta que oscurecía donde te ibas y me dejabas de nuevo solo.
Ya me había acostumbrado a esto porque realmente sentía algo por ti, aunque solo te viera como el que escuchara tu voz era suficiente, cuando por fin te acercaste para tomarme entre tus manos, sentí de nuevo aquella calidez que hacía que me sintiera bien.
Pero el que me entregaras a alguien más mientras sonreías sentí una terrible tristeza que si tuviera un corazón seguramente se rompería en mil pedazos, el mirar como me alejaba mientras tú te despedías fue algo doloroso de ver.
Me regalaron de nuevo a alguien más, esta vez era un niño que solo me arrojaba cada que se enojaba, por suerte no era de porcelana o estaría esparcido en miles de pequeños fragmento por todo el suelo, tampoco era gratificante el que me llegaran a pisar por accidente al fin y al cabo no puedo sentir dolor físico.
Pase unos cuantos años con él antes de que me arrojara al la basura como si no fuera nada de no ser porque una mujer me encontró, aún seguiría ahí dentro, me llevo a su casa para lavarme y ponerme de nuevo sobre una repisa junto con otros muñecos.
Vi incontables veces como discutía con su pareja antes de que este decidiera irse, a lo que ella solo lloraba estando de rodillas en el suelo, realmente pensé en ayudarla, pero solo soy un muñeco que solo puede observar sin hacer nada.
El día en que ellos dos discutieron fuertemente la vi entrar a su habitación para después ya no volver a salir, no sé cuanto paso antes de que varias personas entraran y se la llevaran, a mí me bajaron de ese estante después de haber acumulado algo de polvo para de nuevo ponerme dentro de una oscura caja.
Esta vez fue poco tiempo antes de volver a salir, solo para que me entregaran en tus manos, solo que no eras quien me había entregado aquella vez, te veías diferente, tal vez sea porque pasaron muchos años y aquel que vi ya no está.
Aunque esto pasó varias veces pasaba de mano en mano hasta llegar hacia ti, cuantas veces no te había visto reír y llorar cuando te rompían el corazón, aunque tú lo has hecho muchas veces cada que me dejas.
Me sorprendí por primera vez cuando pude moverme, aunque fuera un poco no sabía por qué pasaba esto, pero aun así era fascinante por lo que comencé a caminar poco a poco a un siendo un muñeco, pero solo podía hacerlo durante la madrugada hasta que salieran los primeros rayos del sol, ahí ya dejaba de moverme y solo era de nuevo un simple muñeco.
Al ver que tenía manos humanas no dude en correr hasta un espejo para verme por primera vez notando mi cabello verde y rizado, el color de mis ojos del mismo color, que incluso vi como algo caía sobre mi rostro, no sabía que eran en un principio hasta recordar que eran lágrimas, aquellas que tanto te vi derramar y ahora yo lo hacía.
Sabiendo que podía convertirme en un humano cada noche decidía salir aprovechando que podía observar mejor lo que había a mi alrededor, el hablar fue un poco complicado de aprender al no tener dicha experiencia.
Regresaba justo antes del amanecer para después volverme un muñeco de nuevo, a pesar de tener una buena vida hasta ahora, no esperaba que con la niña que estaba a su cuidado me soltara para quedar tirado en el suelo, esperaba que viniera a recogerme como tantas veces lo había hecho solo que esta vez no regreso.
Me quedé ahí hasta que un perro me tomo para comenzar a sacudirme de un lado al otro, tenía miedo de que llegara a romper mis costuras y me destrozara.
—¡Tonto perro deja de tomar cosas del suelo!— sentí de nuevo tu calidez que estaba tan feliz después de mucho tiempo sin haberte visto que tenía curiosidad de como te veías esta vez. —¡Suéltalo si te enfermas por tragar esto me lo van a descontar!— cuando por fin me liberaste de su hocico, estaba tan agradecido por haberme salvado la vida.
Por ahora solo miraba al suelo, así que aún no sabía como eras. —Mejor busco otro trabajo porque contigo no se puede— se escuchó un ladrido, al parecer el can se divertía molestándo. —Ahora que intentaste comerte— estaba tan emocionado cuando comenzaste a levantarme para verme.
Ahí pude ver tu cabello rubio y aquellos ojos de color rojo, los cuales me veían fijamente, tenías un gran atractivo y no era porque los demás que fueron antes que tú no lo eran simplemente, cada uno era diferente, pero tú eres especial, eso lo sé.
—¿Por qué un mocoso olvido su muñeco?… Argh como sea, andando costal de pulgas vamos a tu casa— tuve suerte de que me llevaras contigo, solo rogaba que no me dejaras cuando acabó de conocerte.
Katsuki después de dejar al perro con su dueño recibió su paga luego de decir que renunciaba, ya había juntado un poco de dinero, así que viviría bien durante un tiempo en el cual se dedicaría a buscar otro empleo.
Llego a su departamento mientras cerraba, recordó que aún tenía el muñeco consigo, por lo que lo alza para verlo. —¿Qué haré contigo?— Cuídame te lo pido. El pequeño muñeco esperaba que realmente se quedara con él, aunque fuera por poco tiempo, el rubio comenzó a revisar si tenía algo que lograra identificar a quién pertenecía, solo que no había nada.
—Estás en buen estado a pesar de que un perro casi te destroza, así que me quedaré contigo temporalmente para después ver a quien te regalo— te lo agradezco. Se sentía feliz que si fuera una persona no dejaría de agradecerle. —Así que como ahora me perteneces temporalmente te voy a llamar Deku— tengo un nombre, por fin me pusiste un nombre.
Camino hasta la sala para colocarlo sobre su escritorio que era el único lugar donde podía colocarlo. —Bueno, Deku ahora te toca cuidar mis cosas— aunque le hablara aún simple muñeco no tenía problemas, con ello era como si hablara con otra persona a la cual no le parecía un fastidio, aunque no se explicaba porque sentía aquella felicidad después de haber encontrado aquello que había perdido hace mucho.
En eso sonó su celular, por lo que al revisar quién era no puede evitar sonreír con cariño. —Hola Sho— hace algún tiempo ellos dos comenzaron a salir, aunque Katsuki no era de presumir su relación, aun así lo hacía cuando era necesario.
[—Lo siento Kats, pero esta vez no puedo ir a tu departamento para cenar—] la sonrisa se le borró de inmediato al sentirse desanimado de haber oído eso.
—Está bien, no te preocupes, al fin no era nada importante— se sentó frente al escritorio mientras Deku lo observaba, el cual solo quería ayudarlo para animarlo.
[—Gracias Kats y en verdad lo lamento te lo compensaré la próxima vez, te quiero.]
—Yo igual— finalizo la llamada antes de que dijera siquiera esas últimas palabras que sonaron como un leve susurro, dejo su celular sobre el escritorio antes de colocar su brazo sobre la superficie para después seguir su cabeza, se quedó un momento de esta forma antes de poner total atención al muñeco. —Al menos te tengo a ti para festejar mi cumpleaños— con su dedo índice toco su mejilla antes de levantarse e ir a su habitación.
Que bueno que pude encontrarte y más en tu cumpleaños. En la noche tomo a Deku para colocarlo en la mesa, a lo que él se sienta para comenzar a comer estando en cierta forma solo. —Desearía que estuvieras aquí— soplo las velas que tenía aquel pastel. Pero yo estoy contigo, así que no estés triste.
Cuando vio al muñeco lo tomo para abrazarlo, sintiéndose mejor por ello, realmente no se explicaba porque pasaba eso cuando nunca apreciaba algún objeto, aun así estaba contento por haberlo encontrado. Pasaron los días donde el rubio cada que despertaba encontraba a Deku en el suelo cuando siempre recordaba que lo dejaba en el escritorio.
No le dio mucha importancia a eso al estar más preocupado por la relación que tenía con Shoto el cual se estaba distanciado de él, un día Katsuki regreso molesto que comenzó a lanzar cualquier cosa al suelo sin importarle que se rompiera.
—¡Maldito Shoto, quien te dio el derecho de terminar conmigo solo porque te enamoraste de alguien más!— cuando lo había citado para hablar no iba a negar que se sentía feliz después de mucho tiempo que no se veían y el que le dijera que terminaban más que destrozarlo lo hizo enfurecer que simplemente se fue sin decir nada.
—¡Muérete maldito bastardo!— no dejaba de arrojar las cosas haciendo un desastre por todo su departamento. —¡Porque demonios me enamore de ti!— fue hasta su escritorio donde tomo al muñeco al cual iba a arrojar, pero se detuvo antes de hacerlo.
—Soy un estúpido— bajo el brazo donde tenía a Deku antes de sentarse en el suelo. —Nunca debí dejar que entraras a mi vida— ahora que se sentía derrotado por fin dejo que sus lágrimas cayeran mientras sentía una opresión en el pecho. Por favor no llores.
Las lágrimas caían sobre él mojando la tela con la que estaba hecho. No me gusta verte de esta forma Kacchan. Su apodo lo invento después de conocer su nombre, aunque nunca llego a decírselo. Al verlo tan devastado solo quería convertirse en una persona para abrazarlo y reconfortarlo, aunque era imposible al ser aún de día.
—Lo odio… odio haberme enamorado— su voz sonaba algo distorsionada al sentir un nudo en su garganta, realmente creía que fue un iluso al enamorarse de aquel que con mucho esfuerzo había aceptado sus sentimientos a pesar de haberlo rechazado incontables veces.
—No te preocupes Kacchan yo aún seguiré contigo— susurro mientras acariciaba con delicadeza el cabello del rubio, era de madrugada por lo que ahora era una persona así podía consolarlo aunque este estuviera dormido, Katsuki había llegado hasta el sofá donde siguió llorando hasta quedarse dormido.
Cuando el muñeco podía moverse se bajó para convertirse en un humano y así quedarse a su lado al no querer apartarse de él y así lo hizo hasta que se volvió de nuevo en muñeco al amanecer. En verdad comprendía todo por lo que estaba pasando al haber experimentado eso tantas veces, aunque aún no se acostumbraba a sufrir por ello.








