Capítulo I: El Jardín Olvidado
En un pequeño rincón de un pueblo lejano se encuentra Clara, una anciana de ochenta años. Sus cabellos plateados se mueven melódicamente con la brisa mientras que sus arrugadas manos tocan tierra fértil y hojas marchitas. Para muchos, Clara es una figura enigmática, que está aferrada en el pasado cuando el jardín era un brote de vida, pero, actualmente, es un lugar muerto y marchito. Más, a pesar de las murmuraciones y el escepticismo que anda a su alrededor, ella persiste. Para Clara, ese jardín no es solo flores o plantas marchistas, es más como un santuario de vida, una afirmación de esperanza y renacimiento en un mundo en donde descuidan de su belleza.
Cuando el alba pinta el cielo, al abrir los ojos, la de cabellos blancos se dirige al jardín comunitario olvidado.
Cada amanecer da paso a un nuevo día, y el jardín más solitario se vuelve junto a Clara. Aunque solo tenga la compañía de su amado jardín, esta situación no entristece a Clara; por el contrario, el solo ver que el jardín está presente le llena de gran alegría y ternura.
Un forastero ha llegado al pueblo. Andrés Ramos, un hombre de negocios ocupado, ha llegado de visita temporal, y mientras avanza en su costoso auto, divisa a una anciana en un banco de piedra contemplando unas flores color turquesa marchitas; esta escena le causa intriga y se dirige hacia ella.
ー Buenos días, señora. Disculpe la molestia, pero me pregunta el por qué usted está sola en este jardín muerto.
ー Jaja, hola, muchacho. Este jardín no está muerto. Solo está triste porque lo han olvidado. He tratado de levantarle los ánimos pero parece que conmigo no es suficiente.
ー ¿Y por qué sigue tratado? ー Pregunta Andrés intrigado.
ー Aunque no lo creas, en tiempos anteriores, este jardín era el lugar más hermoso de este pueblo. Vivía como un rey, jeje. Hasta tenía sus propios cuidadores. Pero con el tiempo, las personas se aburrieron de él, se alejaron y ahora está triste. ¿Que no ves su estado?
La perspectiva de la anciana conmovió profundamente a Andrés, Tanto, que decidió dedicar parte de su tiempo libre para ayudar a Clara a revivir y mantener el jardín.