Customize readability
Aa

Just I Love You, OS Omegaverse Larry Stylinson

Summary

En el año de 1880, los omegas eran obligados a casarse por acuerdos económicos de sus padres, por lo general, a los doce años. Harry ha podido salvarse, pero ya no hay más tiempo, y deberá someterse al alfa que lo acepte, obligándolo a vivir una vida sumisa y de temor. ¿O tal vez no? OS Omegaverse OS Participante del Fic Fest "A través del tiempo" Créditos del prompt para @melygh28hl

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

No te esperaba, pero te soñé

—¡Ya me aburrí de estar cuidando de ti! —exclamó furioso Percival Styles, dirigiéndose a su hijo Harry. —He hecho hasta lo imposible porque busques formar una familia, pero ningún alfa te parece. Ni siquiera haces el intento de portarte amable, ¿no entiendes lo difícil que es que seas un omega hombre? ¿Qué además tienes un aroma espantoso? Y no contento con eso, eres mal educado y grosero, —continuó. —Mira, conocí a un importante negociante, que tiene un hijo alfa que tampoco está comprometido, y puedo hacer buenos negocios con él. Ya es hora de que piense en los matrimonios de tus hermanas, así que te voy a hacer una advertencia: o te casas con este alfa, o te vas a la calle para ser una meretriz barata.

La cabeza de Harry daba mil vueltas y pensaba en un millón de cosas a la vez. Siempre ha rechazado a sus pretendientes porque es un omega soñador, uno que espera respeto, igualdad y amor a manos llenas, y está consciente de que es un imposible. Aceptar a cualquiera era tirarse al vacío y tener una vida miserable, pero por lo menos tendría techo y comida. Su atribulado corazón se encogía de solo pensarlo, pero ya no tenía más tiempo. Había cumplido hace ya bastante, los 17 años y si pasaba más tiempo, sería rechazado por los alfas de su edad y obligado a venderse a los más viejos. De alguna manera debía estar agradecido de no haber sido obligado a casarse a los 12, como era la tradición en esos momentos, cuando corría el año 1880.

—Está bien padre, lo voy a conocer y a aceptar, —dijo al borde del llanto.

Era normal para todos el casarse por conveniencia, y los que pensaban como él, eran tratados de locos y tontos. ¿A quién podría importarle el amor? Las historias de destinados habían sido acalladas en pos de las necesidades económicas. Las y los omegas estaban obligados a casarse con quien sus padres decidieran, no importando sus opiniones, porque, ¿qué podrían saber a los doce años de lo que era bueno para ellos? Eran los encargados de mantener, más fuerte que nunca, las tradiciones, las buenas costumbres y por sobre todo, la moral, tan importante.

—Más te vale comportarte y no hacer escándalos, ¿me escuchaste? —casi gritaba de tanta rabia.

—Sí padre, haré todo lo posible por ser un buen omega.

—Eso está mejor, lo hago por tu bien. Este alfa es joven, dicen que incluso es de buen ver y con su padre haremos grandes negocios que los beneficiarán a ustedes y a nosotros. Es más, le ha regalado a su hijo una casa en Manchester, donde tienen una fábrica de algodón. Tendrás una buena vida, no necesitarás de nada más.

—Sí padre.

—Me gustaría un poco más de entusiasmo. No vas a ir conmigo, no quiero que veas a tu futuro dueño antes de la boda y empieces con tus malas caras.

—Como usted diga padre, ¿me puedo retirar? —Preguntó con ganas de morir.

—Sí, vete de una vez, tengo que salir en una hora.

Harry llegó a su habitación completamente destrozado. Allí lo encontró su madre, que solo lo abrazó. Ella entendía su dolor, porque es una omega sensible, que también se casó por un arreglo económico de su padre. Afortunadamente, pensaba, había tenido una buena vida, por lo menos no era golpeada como algunas de sus conocidas.

—Le pido todos los días a Dios que tengas una vida tranquila, un buen matrimonio. Sé que no es lo que quieres, pero tal vez puedas ser feliz.

—Sé que no madre, siempre sufriré, no pude conocer al amor de mi vida, —murmuró desolado.

—Lo sé mi amor, pero debes resignarte. Te ayudaré a elegir tu traje para la boda que seguramente se hará rápido, debido a las circunstancias.

Una conversación parecida ocurría en la casa de los Tomlinson. Hablaba Ernest con Louis, su primogénito alfa:

—Hoy cenaré con el dueño de una compañía ferroviaria. Tiene un hijo omega, quien ya cumplió hace bastante la edad de compromiso, al igual que tú. Vas a casarte con él, no tienes más tiempo.

—Pero padre...

—No te estoy preguntando, —interrumpió. —Eres el único alfa que conozco que no ha arreglado su matrimonio, y ya me cansé de buscar alguien que te agrade. Incluso tu hermano menor va a casarse pronto. Estoy cansado y envejeciendo, los negocios deben pasar a tus manos, pero no puedo confiar en ti cuando ni siquiera puedes buscar una pareja.

—Lo sé padre, me casaré con este omega. —Sabía que lo mejor era no contradecirlo.


La mesa estaba bellamente adornada y preparada con la mejor comida, cuando Percival Styles entró a la lujosa casa. Los sirvientes tenían órdenes estrictas de atender de la mejor manera a tan distinguido invitado. Afortunadamente el día estaba soleado y pudieron aprovechar la luz del sol que entraba por las ventanas a esa hora, cuando ya pasaban las tres de la tarde. Los aromas a sándalo y pomelo estaban demasiado intensos, cosa entendible, debido a que eran dos alfas negociantes ofreciendo a sus hijos como productos. Los números, las cuentas y los acuerdos fueron el tema entre los padres, que fijaron el matrimonio para dentro de dos semanas, y al ser un compromiso excepcional, no había dote que negociar. Finalmente, estaban buscando deshacerse de ellos, no iban a entorpecer las cosas por nimiedades. Hasta ese día, no se conocerían, no habría cortejo tampoco.

Sabían que podía ser nefasto el que más gente supiera que sus hijos seguían solteros, y lamentaban haberles aguantado tantos caprichos que habían puesto su reputación en juego. La opinión de la sociedad era muy respetada, ayudaba a mantener el camino de la rectitud.

Esas dos semanas pasaron a una velocidad impresionante y el gran día llegó. La tradición mandaba que los omegas debían usar vestido para ese día especial, pero afortunadamente para Harry, y en un gesto que lo sorprendió, Louis había pedido que se vistiera tal y como lo deseara. Desde el momento del compromiso, el omega le debía respeto y sumisión a su alfa, y eso le causaba un gran conflicto a Harry, que tenía ideales diferentes, pero sabía que debía aceptar lo que Louis quisiera darle.

Se colocó sus mejores pantalones de corte recto, de color gris oscuro, al igual que su frac. Completaba su atuendo un chaleco, camisa y un delicado corbatín. Sombrero de copa negro, al igual que sus zapatos de tacón, y una brillante cadena de reloj, sobresaliendo por su bolsillo.

El traje de Louis era bastante similar, aunque de color negro. No llevaba frac, sino que una hermosa y elegante capa.

La ceremonia se realizaría en la casa de Harry, por ser la novia y le correspondía a su familia preparar el lugar y los bocadillos. La hora indicada era al mediodía, y el lugar estaba perfumado en demasía, debido al exceso de arreglos florales y los vaporizadores con esencia de azahar. Además, los alfas dejaban su aroma aparecer de manera intensa. ¿Por qué? Para que la nueva pareja no pudiera reconocer el olor del otro, y se arriesgaran de esa manera a que alguno se arrepintiera del enlace. Además de eso, no podrían mirarse hasta que ya estuvieran casados. Colocaron una especie de cortina entre ellos, y la ceremonia comenzó, era bastante corta y solo estaban sus familiares más cercanos.

Las mentes de Harry y Louis no podían estar peor. Entre la situación, la horrorosa combinación de fuertes y apestosos olores, el desconocer el rostro de su futuro esposo, y lo más grave de todo, pensar en la noche de bodas, les hacía querer vomitar. Harry pensaba en cómo podría dejarse tocar por un alfa sucio y desagradable; Louis no se creía capaz de obligar a su omega a entregarse sin su voluntad. Lo que era más terrible, es que sí o sí debía existir una marca en el cuello a la mañana siguiente, marca que era revisada por un médico anciano al que era imposible engañar. Si no pasaba la prueba, el matrimonio quedaría nulo y serían expulsados de sus familias, no tenían escapatoria.

Inevitablemente la ceremonia terminó, y el momento de verse por primera vez había llegado. Harry tenía las manos sudorosas, parecía que se pondría a llorar en cualquier momento. Louis con mucho esfuerzo se mostraba impasible. Los dos pensaron en que quizás, tenían otra opción: la muerte. Así de desesperados se sentían.

La madre de Louis, Clare, fue la encargada de quitar la cortina. Le sonrió dulcemente a Harry y le guiñó el ojo a su hijo, un segundo antes de sacar el sedoso género.

Las miradas de los nuevos cónyuges, era de absoluta incredulidad. Alrededor de ellos todo se desvaneció cuando Harry se sonrojó y Louis le correspondió con una pequeña pero significativa sonrisa. Debían besarse, darse el primer beso en frente de todos como manera de aceptación y de sumisión del omega, que asumía su lugar en la nueva familia que debían formar.

Louis tomó la iniciativa, como un buen alfa y pasó su brazo izquierdo por la cintura de Harry, y con su mano derecha le acarició delicadamente el pelo. Harry sintió cómo su cuerpo se relajaba, y se dejó llevar. Ninguno sabía besar, pero no podía ser tan difícil, ¿verdad?

Louis no quería alargar esa demostración en público, por lo que rápidamente lo besó, cerrando sus ojos, sintiendo esos labios suaves como los pétalos de una aterciopelada flor, y sonriendo cuando logró percibir que era correspondido. Terminaron el beso al mismo tiempo, en medio de aplausos de sus familias. Ese primer día y noche, debían pasarlo en la casa del alfa para que al día siguiente marcharan hacia Manchester, a comenzar su vida juntos.

El día pasó rápido, raudo y veloz. A pesar de la buena impresión, y del beso que dieron y recibieron, los nervios de pasar la noche juntos eran más fuertes. Harry se despidió de su familia, y sobre todo de su madre, con lágrimas amargas. Tenía miedo, estaba asustado.

—Hijo, debes ser un buen omega, es por tu bien, —le dijo Agatha. —Si no lo haces, tu esposo puede enojarse, y corres el riesgo de que te maltrate o te repudie, no te arriesgues. Estaré pensando en ti, —terminó secando su propio llanto.

Harry botó un gran suspiro, y miró a su esposo, que parecía no estar mejor que él, lo que le extrañó. Se acercó el alfa y le ofreció su brazo. Necesitaban salir de ahí, poder hablar por primera vez, descubrir sus aromas, intentar conocerse antes de que las tradiciones los obligaran a entregarse a un extraño.

Tenían el sentido del olfato completamente saturado, por lo que aún, cuando salieron a la calle y caminaron por cerca de 10 minutos, no dejaban de sentirse mareados y asqueados. La casa de los Tomlinson era bastante parecida a la de los Styles, pero Harry añoraba su espacio, los aromas conocidos de su familia, su cama bastante dura, pero suya. Cuando llegaron, los enviaron a la que sería su habitación por ese día, para que se conocieran un poco antes de su noche de bodas.

Al verse solos, en ese lugar que parecía frío, que no los cobijaba, sintieron la necesidad de aferrarse al otro. Quizás eso les ayudaría a sentirse menos solos, pero no sabían qué respuesta obtendrían. El primero en hablar fue Louis:

—Lamento esta situación como no se imagina, lamento si no soy quien deseaba para compartir su vida, lamento que tenga que estar obligado a entregarse a mí de manera tan horrible. Prometo hacer mi mayor esfuerzo para que nuestro matrimonio sea lo más tranquilo posible.

Harry, sin quererlo sonrío. —Agradezco profundamente que se preocupe, y también lamento conocerlo en estas circunstancias. Prometo, del mismo modo, hacer lo posible para que nos llevemos bien.

Louis se acercó, hasta sentarse al lado del omega. Tomando su mano, a riesgo de que se molestara, le habló:

—Me gustaría saber cuáles son sus deseos, sus ilusiones, lo que imaginaba para usted.

Y Harry, se sentía extrañamente tranquilo. Volvió a sonreír, pero estaba vez, había algo de tristeza. No quitó su mano, dejó que se quedara bajo la calidez de la piel del alfa. —Siempre he sido un omega soñador, pensé hasta el último minuto que quería una historia de amor diferente, llena de confianza, de momentos lindos, de una familia feliz. Tenía, y hasta cierto punto, aún tengo miedo de ser sometido, de que no se escuche mi voz... —Contó. Pero luego de hablar, se sobresaltó. —Lo siento si me he excedido con mi franqueza, y sé que debo obedecerlo, no va a escuchar de mí boca una sola queja, por favor, no me castigue.

—Harry, —contestó Louis, —sé que puede parecerle extraño, pero conmigo no debe temer. Me encantaría escuchar siempre sus opiniones, que se sienta libre a mi lado, que confíe. Jamás lo castigaría, cuando digo que quiero tener un matrimonio tranquilo, lo digo de corazón, que intentemos ser felices, que aprendamos del otro, que entre los dos formemos una bonita familia.

—¿Por qué, siendo un alfa tan comprensivo, no se casó hasta ahora?

—Creo que soy igual de soñador que usted. Cuando era niño conocí a un chico, un poco más joven que yo, y aunque en esa época aún no teníamos definidas nuestras castas, esperé por él todo este tiempo. ¿Y usted? ¿Por qué dilató un compromiso por tantos años?

—Mi lado más rebelde y mis circunstancias. —Al ver la cara de perplejidad de su esposo, se explicó. —Por un lado no quería ser obligado, quería elegir a mi compañero, y por otro, fui rechazado muchas veces debido a mi aroma.

—No puedo distinguirlo aún, mi nariz sigue atiborrada, pero puedo preguntar ¿cuál es?

—Mi nariz está igual. Huelo a romero, ¿y usted?

—Romero, aromático, un poco áspero y picante, dueño de mil propiedades, —suspiró, —mi condimento predilecto, que me acompaña cada día, —dijo levantándose y abriendo la cortina. Harry pudo ver un majestuoso y perfecto romero. —Yo huelo a eucalipto.

—No puede ser. —Se acercó a su maleta, y sacó algunos pergaminos con bellos bosquejos de árboles de eucalipto. —Es mi favorito, amo su aroma alcanforado, fresco, intenso, —dijo sonrojándose.

—El rubor de sus mejillas le queda hermoso.

—Gracias. ¿Siempre es tan dulce? —Preguntó a un Louis que rió de una manera hermosa.

—No, no lo soy. Soy un alfa, puedo llegar a ser muy intenso, y mal genio si algo no me parece. Pero al mismo tiempo puedo entender a los demás, nunca he estado de acuerdo con la forma de hacer las cosas de nuestros padres y antepasados. Mi padre me llevó desde los 12 años con omegas prostitutas para que me hiciera hombre y cuando llegara el día de mi matrimonio, pudiera saber cómo someter a mi pareja a mis más oscuros deseos. —Miró la cara horrorizada de Harry y sonrió una vez más. —Nunca pude hacerlo, porque entendía que esas omegas tenían suficiente con sus vidas, con vivir despreciadas y utilizadas. Terminaba conversando con ellas, escuchándolas, y dándoles un poco de alivio de ese trabajo indigno, pero que las mantenía con vida.

—Eso fue... Increíble. ¿Jamás lo descubrieron? —Preguntó Harry, sentándose otra vez en la cama.

—Sí, mi padre sospechaba, y una vez entró de manera sorpresiva, descubriendo que estaba sentado muy lejos de la omega, mientras reíamos y comíamos un pan que había llevado para compartir. Me dio una paliza horrible, pero lo que más me dolió, fue que a Mary la mató a golpes, —contó con el pecho apretado, y evitando llorar. —Ese día me juré que jamás obligaría a alguien a estar conmigo. Harry, si esta noche usted siente que no puede entregarse a mí, estoy dispuesto a recibir el castigo que quieran darme.

La mirada del omega era de admiración, de fascinación, brillante y deslumbrante.

—Estoy nervioso, pero creo que es mejor esperar ¿hasta la noche? Sólo puedo agradecerle que me tome en cuenta y realmente quisiera retribuirle su manera de ser conmigo, —volvió a sonrojarse.

Louis tomó su mano una vez más y lo miró fijamente. Algo en su interior le habló, le dio un algo, una sensación conocida que intentaba olvidar.

—Usted me recuerda a ese amigo de mi infancia, no sé por qué. ¿Serán sus ojos? ¿Será su sonrisa?

—¿Dónde lo conoció? —Preguntó Harry.

—En Liverpool, cuando tenía 10 años, y mi padre me llevó a visitar unas fábricas que tenían algo que ver con trenes. No entendía mucho, pero él estaba ahí, jugando con unos fierros, y me llamó la atención su dulzura, me cautivó su delicadeza y la forma tan bonita de sus pequeños rizos. De pronto, una gran barra de acero cayó sobre su pie, lastimándolo. El pequeño lloró con fuerza, y solo recibió un regaño, quise acercarme, pero me lo impidieron”, contestó con la mirada fija en Harry, que lentamente se había descompuesto.

—¿Cuántos años tenía ese niño?

—No estoy seguro, tal vez ocho o nueve.

—Me quedó una cicatriz, aquí, —respondió, mientras levantaba su pantalón y se podía ver una pequeña y rosada marca.

—Usted... ¿era usted? —Preguntó aún incrédulo.

—Siempre recuerdo ese día, porque fue de los pocos en que mi madre reaccionó molesta. A riesgo de ser golpeada, le gritó a mi padre que era un bruto, que debió cuidarme mejor. Ella me curó, me puso una venda y se preocupó de que no se me infectara, —sonrió con cariño.

—No lo puedo creer. —Y casi sin pensarlo, acarició las suaves mejillas de Harry, con tanto afecto, que el omega pudo sentirlo en lo más profundo de su corazón, provocándole un lindo sentimiento.

En ese momento los llamaron a comer una ligera merienda, sacándolos de su burbuja. Al terminar, y según la costumbre, salieron a pasear. Siempre Harry del brazo de Louis, muy cerca. Al volver los enviaron a la cama con una lámpara de aceite para iluminarse.

Decía la costumbre, una vez más, que la pareja debía usar un conjunto de dos piezas. Para el omega, una falda que cubría hasta los tobillos y una blusa manga larga. El alfa, una camisa de dormir, también cubierta, y unos pantalones holgados. ¿Por qué? Fácil, no debían mostrarse, aunque el otro fuera su esposo, era completamente inmoral, sucio y pecaminoso. En la cama que tenían que compartir, les habían dejado sus atuendos, y una muda, por si se ensuciaban.

—Use lo que más le acomode, —pidió Louis.

—Creo que me quedo con el pantalón, —contestó avergonzado, comenzaban a aflorar sus miedos.

—Voy a cambiarme en el vestidor, para que usted lo haga aquí, —dijo el alfa, tomando la ropa y caminando hacia el fondo de la habitación.

Harry lo hizo sin mayor problema, luego se acostó. Sus manos estaban aferradas a las sábanas, su cuerpo más frío de lo normal, la tensión palpable, el terror implacable. Louis no estaba mejor, se sentía una basura, no quería hacerlo, pero no existía más tiempo, tampoco más oportunidades.

—¿Desea que deje la lámpara encendida?

—No, por favor no. —No quería que Louis lo mirara, que notara su dolor.

Louis se acostó, tapándose, y pensando cuál sería la mejor manera de terminar con esa situación tan lamentable.

—Por favor, perdóneme, —susurró Louis. —Prometo ser delicado.

No tuvo respuesta, sabía que no podía ser de otra manera. Se acercó, colocándose de lado. Buscó con su brazo el cuerpo de Harry, tomándolo por la cintura, para que quedara enfrentado al suyo. Fue al encuentro de su rostro, hasta alcanzar sus mejillas, que sintió húmedas, desgarrándole un poco más su corazón. Sus labios volvieron a probar los del omega, tímido, despacio, hasta que muy lentamente, se transformaron en besos firmes, suaves siempre, pero que entregaban una parte de ellos al otro. Louis se dedicó a besarlo hasta que la tensión de Harry comenzó a desaparecer, tenía tiempo, y lo iba a ocupar. Fueron largos, muy largos minutos, en que apenas se sentían sus respiraciones, en que parecía que el sopor los envolvía, pero que, al mismo tiempo, despertaba en ellos una pequeña chispa de confianza. El omega, avergonzado aún, sintió como empezaba a lubricar, despacio, lento, como una flor al llegar la primavera. El alfa empezando a recorrer el cuerpo virginal a su lado, sin apuro, dándole espacio, siguiendo el ritmo de sus respiraciones.

—Si se siente incómodo, no dude en detenerme, ¿por favor? —Murmuró en medio de sus besos, cuando su mano llegó a su cintura, apretando la hermosa curva que se formaba en ese lugar.

Una vez más no obtuvo respuesta, pero supo que estaba todo bien. Casi sin notarlo, sus aromas aparecieron, frescos, lozanos y puros, enfundándolos en notas perfectas de romero y eucalipto. No lo notaron porque eran aromas conocidos y amados, se sentían naturales. Louis, con un poco de dificultad, se colocó encima de Harry, sin aplastarlo. Sus manos parecían deseosas que descubrir cada rincón de ese cuerpo que comenzaba a reaccionar a sus toques cálidos y respetuosos.

—Louis... —habló Harry despacio.

—Dígame, —contestó deteniéndose.

—Yo, sé que no debemos, pero... ¿podemos quitarnos la ropa? —Apenas una tímida petición.

—Intentaré siempre cumplir sus deseos, —aseguró sacándose la camisa y el pantalón, y haciendo lo mismo con el omega.

No podían verse, solo sentirse, pero el solo hecho de que sus pieles pudieran tocarse, les daba un nuevo nivel de intimidad. Temerosos y vacilantes, aparecieron los gemidos. Parecía que Harry se estaba dejando hacer, pero estaba tan impactado de lo que estaba sintiendo, que se dejaba llevar por las manos tan delicadas que lo tocaban por todas partes. Cuando Louis se sintió listo, buscó los labios de Harry nuevamente, y le dijo:

—Prometo ser cuidadoso, no tenga miedo, jamás le haría daño.

—Lo sé.

Era todo lo que necesitaba escuchar.

Como todo entre ellos, muy despacio comenzó a entrar en ese cuerpo tembloroso y ligeramente ansioso. Es imposible describir las sensaciones de un momento así. Se sentían mal por estar disfrutando de un instante que llegó obligado, que debería romper sus ilusiones más profundas. Pero era todo lo contrario, se volvió un tiempo de maravillosa entrega, de paz, de confiar todo lo que eran al otro, de llenarse de sus alientos, de abrazar su futuro, de empezar a amar eso que eran junto a esa persona especial que llegó para salvarlos de sus miedos.

Cuando el nudo creció fuerte, Harry movió su cabeza, dejando su cuello expuesto, y unos segundos después, la mordida llegó, causándole, en vez de dolor, placer extremo. Comenzó a llorar sin poder evitarlo. Louis lamió la herida, y luego de eso, y sin el nudo atándolos, lo llevó hasta su pecho, acariciando su pelo.

—¿Cómo se siente? ¿Fui muy brusco? —Preguntó con la preocupación presente en su voz.

—Estoy bien. Gracias por ser tan cuidadoso, nunca me imaginé que se sentía así.

—Lo sé, lo entiendo. No sé por qué es, pero se siente tan natural, usted me provoca algo especial, —dijo besando su frente. No tuvo respuesta, pero sintió como el omega, su omega, sonreía.

Minutos después dormían, tranquilos, felices, abrazados, sintiéndose parte de esto que era tan ajeno, y que ahora les mostraba un presente con luz.

Cuando Harry despertó, estaba solo en la cama. Su pesadilla más horrible se estaba haciendo realidad: Louis lo había utilizado para pasar la noche y ahora lo desecharía como a un estorbo. Se colocó su pijama y se acostó nuevamente, tal vez ahora le mostraría su verdadero rostro y sus reales intenciones. Su marca dolía, y no había manera de mejorar eso sin su alfa. Mientras estaba sumido en sus tristes pensamientos, vio entrar a Louis, elegantemente vestido y muy sonriente.

—Buenos días mi dulce omega, —dijo abrazándolo y besando su mejilla. —¿Qué pasa? ¿Por qué estás así?

—Tenía miedo, —contestó con precioso puchero. —Pensé que todo lo de ayer se había esfumado y que me habías utilizado, —confesó con pena.

—Está bien, supongo que es normal, pero Harry, no soy un mentiroso, no tengo dobles intenciones. Salí temprano a hablar con nuestros padres, que están esperando a ver la mordida y despedirse—, contó lamiendo amorosamente el cuello del omega para dejarla reluciente.

—¿Y qué hablaste con ellos? —Preguntó curioso, dejándose hacer.

—Les pedí que fueran respetuosos y que no te agobiaran con preguntas incómodas.

—¿Realmente hiciste eso?

—Lo hice, espero que me hagan caso. Debes vestirte, tu ropa está en el vestidor, ojalá te guste lo que elegí para ti, te espero.

En la mente de Harry, confusión. Su alfa, ¿qué? ¿Había elegido su traje? ¿A un omega? Jamás vio algo así. Le estaba costando un poco creer que Louis era real, que lo respetaba y lo cuidaba. Ese alfa estaba convirtiendo en realidad cada uno de sus más bellos sueños.

Del brazo llegaron al comedor, donde no estaban solo sus padres, también sus hermanos y hermanas. A todos les costaba creer que realmente había sucedido y que estaban casados.

—Es hora de revisar la marca”, habló solemne el octogenario doctor. Se acercó a Harry, que inevitablemente estaba nervioso, mirando y examinando la piel hasta que sonrió. —Es de las marcas más bellas y perfectas que he visto. Felicidades, les deseo una larga y afortunada vida juntos.

Aplaudieron los presentes, mientras Louis abrazaba tímidamente a su omega. Las demostraciones de afecto no eran bien vistas, ni dentro ni fuera de los aposentos. Se sentaron a desayunar, en medio de un ambiente alegre. Los padres de los recién casados, estaban asombrados por ver a sus hijos tan ¿felices? Esperaban malas caras, tristeza, reclamos, peticiones de que los devolvieran a casa, pero no, solo miradas cómplices y sonrisas afectuosas.

—Llegando a Manchester debes ponerte al frente de la fábrica de algodón. Tienes que tener cuidado porque hay muchos omegas flojos y aprovechados, —habló Ernest. —Nunca le des confianza, son todos iguales.

Los únicos que estaban de acuerdo con él, eran Percival y Theodore, hermano alfa de Louis. Los demás, se sintieron mal, siempre era igual, debían mantenerse callados a riesgo de ser golpeados, o castigados con encierro.

—He conocido más alfas sin vergüenzas que omegas, —dijo fuerte y claro Louis. —El que es mal trabajador, lo es independiente de su casta. Agradecería que no se hable mal de quienes forman parte primordial de nuestras vidas y nuestra sociedad, —terminó ligeramente molesto.

Harry y las demás omegas estaban pasmados, pero orgullosos. Terminaron el desayuno en silencio. La hora de despedirse llegó, mientras los sirvientes cargaban el equipaje en el carruaje.

—Hijo, te veo bien. ¿Es Louis un buen alfa? —Se notaba la angustia en la dulce voz de Agatha.

—Es... maravilloso mamá, —contestó con la mirada brillante.

—Puedo verlo, te deseo un buen viaje, y mucha felicidad. Espero nietos pronto, —dijo sonriendo, mientras Harry se ponía colorado hasta las orejas.

Por otro lado, Clare también hablaba con su hijo: —Eres un alfa increíble, estoy orgullosa de ti. ¿Estás feliz? ¿Podrás serlo con Harry?

—Soy muy feliz mamá, no pude tener más suerte, —le contestó en medio de un abrazo.

Llegarían cerca de la hora de cenar, era una distancia relativamente corta entre Sheffield y Manchester. Una vez instalados en su carruaje, emprendieron su viaje y Louis apenas la puerta fue cerrada, tomó la mano de su omega.

—Haré todo lo posible, y lo imposible también, por hacerte feliz.

—Prometo hacer lo mismo.

—¿Qué te dijo Agatha para que te pusieras tan colorado?

—Que quiere nietos pronto.

Y Louis solo sonrió. Jamás pensó en eso, los cachorros le parecían hermosos, pero convertirse en padre, era una tremenda responsabilidad. Sin embargo, miró a Harry y lo imaginó con una maravillosa barriga, y quedó sin aliento.

—¿Quieres tener hijos? —Preguntó el alfa.

—No lo sé. Supongo que es lo natural, pero creo que es muy difícil ser un buen padre o madre. Aunque tú serías un padre alfa increíble.

—¿Puedo besarte?

Harry lo miró, mientras acariciaba sus mejillas. —Nunca lo preguntes alfa, —contestó decidido, pero ruborizado hasta su alma.

El viaje fue así, entre besos, caricias y mucha conversación. Necesitaban contar las historias de sus vidas, sus miedos, sus ilusiones, su verdad. La casa en Manchester era muy, muy bonita. Tenía un lindo y pequeño jardín, tres habitaciones además de las dos que usaba el servicio. Apenas llegaron, los sirvientes se presentaron, rindiendo cuentas a sus nuevos patrones. Louis, muy tranquilo, habló con ellos.

—Espero que nos llevemos bien, que tengan la confianza de hablarnos, a Harry o a mí, de cualquier problema. Ustedes formarán parte de nuestra familia, debe haber un interés mutuo de querer hacer las cosas bien.

Los omegas que escuchaban, quedaron sin entender. ¿Dónde estaban los gritos, las humillaciones? Rápidamente les sirvieron la cena y guardaron su equipaje. Nunca habían visto una pareja así, alegre, que conversaba sin reservas, que incluso, tenían sutiles demostraciones de cariño. Demasiado perfecto, hasta que en medio de su diálogo, habló Louis:

—Mañana después del desayuno iré a visitar la fábrica para ponerme al día con los negocios.

—Me gustaría ir contigo, —pidió entusiasmado, Harry.

—No, de ninguna manera, —contestó palideciendo.

—¿Por qué? ¿Por qué soy un simple omega? ¿Por qué crees que no puedo tener grandes ideas?

—Harry no, no es eso, —dijo buscando su mano. Sin embargo, Harry la escondió, y un segundo después, se levantó de la mesa, y se fue a la habitación.

El alfa suspiró. Sabía que, aunque las cosas fueran mejor de lo que esperaba, tendría que luchar contra las inseguridades de su omega, porque la presión social, las tradiciones de sus familias, lo habían preparado para someterse y aceptar que no podía involucrarse en temas más allá de lo doméstico.

Caminó hasta llegar a su preciosa habitación. En la cama, sentado, estaba Harry, con la mirada más triste que le había visto hasta ahora.

—Amor, —llamó, sorprendiendo al omega. ¿Podemos hablar?

—No es necesario, perdón por mi atrevimiento, no debo actuar así.

—Harry, ¿no es más fácil dejarme hablar? ¿Te he demostrado que soy un mal alfa?

—Pensé que no, y lo siento, pero puedes ser lo que quieras, a ti no te humillan.

—¿Puedes escucharme? —Intentó volver a tomar su mano, y la encontró. —No quiero que me acompañes mañana, por dos motivos. El primero es que tengo demasiado que ordenar y conocer, no podré estar pendiente de ti. Y segundo, es un lugar lleno de alfas prepotentes que van a intentar sobrepasarse contigo y no quiero comenzar nuestra vida conmigo en la cárcel por matar a quien se atreva a mirarte. Espero que, en una semana más o menos, puedas acompañarme y ayudarme con los negocios, —contó acariciando las sonrojadas mejillas.

—Lo lamento alfa, debí darte tiempo de explicar, yo pensé que me ibas a dejar relegado a la casa, —explicó avergonzado.

—Mi hermoso omega, serás lo que quieras, no tengas miedo de mí, quiero que seas muy feliz, siempre.

Acortó la distancia entre ellos y lo besó con dulzura, reclamando su cintura. Harry reaccionó con un ligero temblor, necesitaba volver a estar con su alfa, su piel le quemaba, sus manos se sentían vacías, quería tocarlo, olerlo, besarlo, sacar esa fogosidad que creyó no tener ni poder demostrarla. Louis le daba el poder de ser un amante lujurioso, y lo iba a intentar.

Se besaron hasta que sus labios quedaron hinchados de tanto buscarse, se desnudaron sin vergüenza, admirando el cuerpo del otro, deleitándose con sus aromas intensos, entregándose sin reservas. Louis delineó con sus manos el cuerpo sensible, cálido y armonioso, lo marcó con sus caricias apasionadas, lo moldeó para disfrutarlo. Harry lo recibió con seguridad, devolviendo cada toque con pequeñas y tímidas mordidas y su boca recorriendo la piel dorada y tan suave de su alfa. Sus voces despedazadas, gemidos como un bosque que florece al amanecer, respiraciones alteradas, frenéticas, que intentaban recuperar el oxígeno a través de más y más besos. Sus ojos brillantes, sus miradas cómplices, sus corazones empezando a bombear algo que parecía amor por sus venas. La luz en la ventana comenzaba a desvanecerse, en medio de anaranjados tonos, afelpados, tranquilos, que contrastaban con sus figuras atadas después de desbordarse con furia.

—Eres tan precioso, —Louis fue el primero en hablar.

—Eres muy dulce alfa, —contestó Harry, suspirando.

—¿Tienes hambre?

—No, solo necesito un poco de té.

—Bien, vengo en seguida, —dijo vistiéndose y saliendo sin demora.

Harry sonrió con ternura. Desde la primera vez que sintió los labios del alfa en los suyos no ha dejado de agradecer por conocer a Louis, por su paciencia, por su forma tan respetuosa de tratarlo, por la preocupación por sus sentimientos. Solo podía sentir que su pecho se hinchaba de felicidad y que, a pesar de todos sus miedos, comenzaba a enamorarse. ¿Era rápido? Definitivamente sí, pero, ¿quién definía eso? ¿Quién podía asegurar que había un tiempo? Miraba las primeras estrellas que aparecían en el cielo, cuando vio a Louis llegar con una bandeja y dos hermosas tazas de té. No era costumbre tomar alguna bebida o comida en los aposentos, pero el alfa prefería que Harry no se esforzara.

Una semana después, Louis ya estaba al mando de la fábrica. Había hecho modificaciones a los horarios y a los pagos de sus trabajadores. Se preocupaba con énfasis en los omegas, para que ya no fueran humillados ni pasados a llevar por los alfas sucios y pervertidos. Le costó mucho, y gracias a que su voz era intimidante cuando aparecía la molestia en él, pudo equilibrar todo. Harry había ido dos veces, y aportó con excelentes ideas para producir más y mejores géneros, con gran disgusto de los socios del padre de Louis. Más de alguno lo estrelló contra la pared, para abusar de él, pero el alfa tenía una conexión especial con su omega, y llegaba a tiempo de evitar una tragedia. Todo ese acoso terminó, cuando el aroma a romero empezó a sentirse más intenso, confundiendo a los alfas, para quienes el romero era desagradable hasta el hastío.

Louis, al contrario, estaba permanentemente distraído. Sólo pensaba en su omega, en poseerlo hasta el fin de los días, en cuidarlo a cada segundo, en darle motivos para sonreír. No podía anudarlo, y eso le confirmaba que sería padre, encogiendo su corazón y luego haciéndolo estallar de felicidad. Esa noche hablaría con Harry, necesitaba tenerlo cerca, saber que estaba bien y seguro. No podía negar que era una situación difícil y compleja: eran más los cachorros que morían, que aquellos que lograban sobrevivir, pero él haría hasta lo imposible por cuidar a su omega. Había escuchado de una eminencia en medicina y gracias a la influencia de su familia, logró conseguir una cita bastante rápido.

Debido a todas las preguntas que hizo el alfa, y las explicaciones que recibió, Louis llegó más tarde de lo normal, casi al anochecer. Sin embargo, Harry le dio una hermosa sorpresa al mostrarse comprensivo y tranquilo.

—Hola amor, perdón por la tardanza, —saludó, dejando un beso suave en los labios de su omega. Cuando lo tuvo así de cerca, vio pequeños rastros de lágrimas, y sonrió.

Harry estaba intentando con todas sus fuerzas no ponerse celoso ni hacer un drama. Así lo entendió el alfa, quien lo sentó en sus piernas.

—Tengo que contarte porqué me demoré, —comenzó muy despacio. —¿Has notado que tu aroma está más intenso?

—Sí, —contestó con vergüenza. —Si es demasiado, puedo buscar alguna flor de tu agrado e intentar ocultarlo. —No podía explicar por qué estaba tan sensible, si todo iba de maravillas en su vida y en su matrimonio.

—¿Estás loco? —Preguntó riendo. —Amo, super amo tu aroma amor, me encanta. El romero apareció así de fuerte porque creo que estás embarazado, —dijo besándolo con ganas.

La cara de Harry era un pequeño desastre, no se lo esperaba, no tan rápido. —Entiendo, ¿no te parece que es muy pronto?

—Creo que es perfecto amor, —dijo abrazándolo. —Entonces, fui donde un médico muy experimentado, a pedirle algunos consejos, por eso me demoré.

—¿De verdad? Nunca dejas de sorprenderme alfa, ¿y qué dijo? —Preguntó más tranquilo.

—Que preferentemente no debes beber alcohol, ni siquiera vino, y hacer tu vida lo más normal posible. Además, no debo de ser brusco a la hora de amarte, —explicó con su voz más coqueta.

—Pero nunca lo eres alfa.

—Pero puedo ser más delicado aún, —volvió a besarlo, ahora con deseo, con ganas, con ímpetu. —Te lo voy a demostrar ahora.

Caminaron hacia la habitación de la mano, en silencio. Harry nervioso, como cada día al llegar la noche, porque Louis no podía dormir sin antes amarlo apasionadamente, y a pesar de los días, se sentía siempre como la primera vez, tan perfecta, tan hermosa, tan íntima. Y sí, Louis podía ser mucho más delicado, más suave y más cariñoso aún. ¿Qué había hecho él, para merecer un alfa que pensó no existía?

Harry lloró, después de un maravilloso orgasmo. Le dolía lo que estaba sintiendo. Una mezcla de pasado, de miedo, de angustia que dejaba atrás en los brazos de su increíble alfa, para empezar este camino hogareño, lleno de calor, de seguridad, de verdadero amor.

—¿Qué pasa mi precioso omega? —Preguntó preocupado Louis.

—Me duele alfa, me duele mucho...

—¿Qué? ¿Dónde? —Casi gritó, levantándose asustado, empezando a vestirse tontamente. Se detuvo cuando escuchó la hermosa risa de Harry. —¿Me explicas?

—Ven alfa, —dijo tocando su lado de la cama. Una vez que lo tuvo a su lado, y que se acurrucó en su pecho, pudo hablar. —Me duele el corazón, el pecho, no sé dónde... En un momento de angustia, pensé que el suicido era mi único camino, y no lo hice porque tuve un sueño. En él, me sentía en calma, así como ahora, y pensé que tal vez, el destino me tenía preparado algo bonito. Pero pasaba el tiempo, y ya no tuve más opción que casarme. Te juro que nunca, jamás, pensé que esto pasaría, ni siquiera en mis más altas expectativas había un alfa como tú. Me duele pensar que pude atentar contra mi vida y no conocerte. No poder amarte, porque te amo alfa, te amo con cada parte de mí, y me duele no poder demostrártelo como mi cuerpo y mi alma lo gritan. —Un silencio inesperado apareció. Estaba todo oscuro, y Harry se levantó para encender una lámpara de aceite. Su alfa estaba llorando en silencio, completamente pálido. —Lo siento, lo siento alfa, perdón, discúlp...

—No, —interrumpió, sentándose sin dejar de mirar a su omega. —No te disculpes, yo no esperaba esas palabras, yo no sé qué decir, —explicó abrazándolo. —Te amo tanto, pero tanto que no puedes imaginarlo, y entiendo tu dolor porque yo también lo sentí, y al mismo tiempo, siento que hago tan poco por ti, que haga lo que haga nunca podré demostrarte lo que significas en mi vida.

Se abrazaron, era lo único que necesitaban, porque entendieron que su amor era el mismo, que sus miedos fueron los mismos, y que el futuro los encontraría juntos.

Los meses pasaron, uno tras otro, sin poder detenerse. Fueron tiempos difíciles, no por Harry ni por Louis, era por la gente a su alrededor. Las extrañas creencias hablaban de que los y las omegas embarazados debían ocultarse, y más que eso, vivir encerrados en una habitación oscura, a solas. Pero el hermoso matrimonio no estaba de acuerdo. Paseaban del brazo cada día, aún con la redonda y hermosa panza del omega, recibiendo miradas acusadoras por vivir en ese espantoso pecado. Todo lo agravaba el hecho de que Harry no usaba vestidos que eran necesarios para el uso del corsé, porque, ¿no se daba cuenta de que su figura era poco provocativa para su esposo? Después, decían, se molestan porque encuentran en las meretrices lo que su mujer no les entrega.

Harry alcanzó a tener un segundo de duda y de inseguridad, pensando en su cuerpo cambiado, pero Louis era excesivamente demostrativo y posesivo, tanto, que el omega no tenía dudas de lo mucho que le gustaba su barriga redondeada. A pesar de los meses y del normal abultamiento, jamás había dejado de tocarlo ni de decirle cuánto lo amaba, a él y al cachorro que venía en camino, ya en cualquier momento.

El cuidado del bebé, era también un tema complicado. La tradición decía que las madres no amamantan y una nodriza los cuidaba, porque la figura de los y las omegas, debía ser siempre de recato, de elegancia, y eso no tenía nada que ver con mostrarse en público ni embarazada, o enfermos, menos alimentando a un bebé. Estar al servicio de los alfas era lo más importante, la finalidad de vivir. Los pocos niños que sobrevivían debían ser cuidados por la servidumbre, porque, ¿cómo podrían sus madres dedicarles tiempo sin descuidar a sus esposos?

Estaba claro que Louis y Harry no pensaban así, parecía que de alguna manera estaban adelantados a su tiempo. Soñaban con ver crecer a este cachorro y a los que llegaran, enseñarles todo lo que sabían, pasar tiempo juntos, no perder ningún momento. Afortunadamente, los omegas que trabajaban en su casa habían aprendido a entenderlos y aunque al principio les costó, ahora les parecía normal y natural el silencio, las buenas palabras, los pedidos con respeto, el buen trato, la tranquilidad y el poder dormir en paz.

Un día martes mientras desayunaban, Harry se sintió extraño. Vio el desayuno, pero le provocaba náuseas. Intentó buscar la mirada de su alfa, pero lo veía nublado; sabía que le hablaba, pero no entendía lo que decía. Lentamente se desvaneció, pero apenas por unos segundos. Louis lo tenía abrazado y lo recostó en el piso, tenía miedo de moverlo. Una de las omegas, encargada de la cocina, bastante mayor, llegó a ayudarlo. Pidió mantas limpias y agua fresca.

—Si usted está de acuerdo, —le dijo a Louis, —puede tomar la mano del joven señor.

¿Sentían miedo? No, era algo más profundo, algo difícil de poner en palabras, pero que sus miradas explicaban. Hace un año, sus vidas eran tan distintas, frías, inciertas, descoloridas, angustiantes. En el presente, mientras se miraban ahí, en el suelo, volviendo a descubrirse como la primera vez, solo podían sonreír, agradecer y disfrutar de lo que habían construido, de un futuro que se veía pleno, luminoso y diáfano.

Tibias lágrimas aparecieron en sus ojos, cuando un precioso bebé fue puesto en los brazos de Harry, haciéndolos sonreír, con ganas de gritarle al mundo que eran felices, que pese a todo y todos, su historia tiene un final feliz.



OS participante del Fic Fest “A través del tiempo” ficfesttimes en Wattpad

Créditos del prompt para @melygh28hl

“Harry se casa con Louis porque su padre así lo decidió, esperaba una vida llena de desamor pero terminó siendo todo o contrario, teniendo una familia amorosa y plena.

Let Kintsukuroi know what you thought about this chapter!
Love this

12

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

1

Good Writing

Compelling Plot

1

Compelling Plot

Great Character

1

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

 Mehrfach zurückgewiesene Gefährtin

Silvia: Sehr schön geschrieben, mit Spannung von Anfang bis Ende. Tolle Geschichte .

Read Now
Milky Treasures on a Healing Love

Ren selka: It was absolutely AMAZING I think I liked this story a little too much..! Haha..!

Read Now
Death's Shadow MC Book 1

dariwhon: Loved reading this book. Engaging plot, great characters and good writing.

Read Now
An Irish Match

jeannie2244: This is without a doubt one of the sweetest stories I've read in a very long time. It's a delightfully different story from the usual stuff out there. I couldn't put it down. I highly recommend giving this a read.

Read Now
Fated to My Ex- Best Friend

MaybeInACentury: This is probably the best book I've ever read in a really really long time. I couldn't stop once I started. Golden find. Though I do wish the story was written in present tense rather than in past tense, or had an epilogue about what is happening now, it is a masterpiece.

Read Now
Buried Alive

Tamalar Burton: I was overwhelmed with feeling when the story started. Everything she went through at early pregnancy was a little scary but it seemed to work out really well. There were even some funny moments. It was a very romantic story.

Read Now
Mystic Wolf

Missy: Love this story. Please write more about Dev and Mira. Can't wait to hear about their life.as a couple

Read Now