Chapter 1
Hoy, 15 de febrero, desperté temprano en la mañana para percatarme de que ya era muy tarde, algo que suena paradójico si se medita, resulta ser que el hombre al que estuve acosando durante semanas, para venderle el viejo reloj que me regaló mi padre, había aceptado. La única condición que daba el hombre para comprar el reloj era que se lo llevase al aeropuerto este día de 6:00 am a 8:00 am, ya que a las 8:30 am despegaría su importantísimo vuelo. Podría decir que es una hora razonable, pero hay que recordar que el aeropuerto está a una hora y media de distancia, lo que me crea la obligación de despertar temprano.
Sin embargo, he despertado a las 6:00 am, me parece algo extraño, puse la alarma a las 4:00 am para llegar antes de tiempo, menos mal dormí con aquel reloj en la mano, de no ser por él, no me habría percatado del tiempo. Me detuve un momento a ver aquel viejo reloj, mi padre me lo dio para contar cuánto tardaba en dar una vuelta a la pista en su carro, yo conté el tiempo y exactamente 36 segundos después, se fue de este mundo.
Es extraño, eso pasó en solo 36 segundos, ¿Quién me creería que eso pasa en 36 segundos? me dio un reloj, me explicó que hacer con él, me dijo una frase emotiva sobre el tiempo, se subió a su carro, arrancó, alcanzó una velocidad mortal y chocó. Ni siquiera tuve que acercarme para confirmar su muerte, lo deduje al instante y miré el reloj. Eran las 4:26 pm con 48 segundos cuando murió, esa hora se repite al menos una vez al día todos los días, y diariamente vivo el aniversario de la muerte de mi padre, la mayoría de los días ni siquiera me doy cuenta, pero se repite. Constantemente aquel viejo reloj repite el patrón que simboliza la muerte de mi padre.
Me esforcé por intentar darle un significado a ese número, 4:26 pm con 48 segundos, 4, 2, 6, 4, 8. Llegué a pensar que ese era un código secreto, no parecía ser la clave de nada, los sumé en su momento, me dio 24. Yo cumplo el 24 de octubre, creí que sería una sorpresa, y él volvería para abrazarme ese día, ese cumpleaños fue la mayor decepción de mi vida, pensé que vendría otro 24 tal vez, se me arruinaron todos los 24, así entre teoría y teoría, se me arruinaron todos los 2, 4, 6 y 8. Volví a analizar ese número, 4:26 pm con 48 segundos, tal vez 4 era el mes de abril, 26 el día y 48 se refería a los meses que pasarían, lo que serían 4 años, eso sería el 26 de abril de 1996, esperé ese día, pasaron los 4 años y nada pasó, eso me hizo odiar también el día 26, mi última conclusión es que ese 48 eran años y no meses, aunque ya el tiempo me ha quitado las esperanzas. El tiempo lo quita todo.
Tendría que esperar hasta 2040 para confirmarlo, van 30 años, tendría que esperar 18 más. Ya es cosa del pasado, el tiempo lo mató, no solo a mi padre, sino al tema de la muerte de mi padre. Cuando contaba esta historia al principio generaba en la gente todo tipo de emociones, ahora solo lo ven como una pérdida de tiempo, les aburre la historia y a mi también. Así que mejor no pierdo el tiempo divagando sobre el pasado, y me concentro en llegar a tiempo para entregarle a aquel hombre este reloj. Al levantarme de la cama escucho la alarma del celular, pero no lo encuentro, uno creería que el sonido es un buen indicador de donde está algo, pero cada vez que creía acercarme sentía el ruido alejarse. Vi la hora, 6:18 am, sabía que no me podría bañar con aquel tiempo, pero no me sentía presentable, vende más uno mismo que el producto que uno vende. El reloj es lo de menos, puede ser valioso para mi, pero además es caro, aquel hombre me dará 500.000 pesos y realmente los necesito.
Hace poco perdí mi trabajo, no me acuerdo hace cuanto, no medí el tiempo, pero estoy seguro de qué pasó, llegaba tarde todos los días, faltaba de vez en cuando, sobretodo los 24 y no era el mejor trabajador. Tendría sentido que me hubiesen despedido, me lo veía venir, era solo cuestión de tiempo. Nunca pregunté si fui despedido, solo lo intuí, me dijo mi jefe un 23 no me acuerdo de que mes, “si no vienes mañana, entonces no vuelvas nunca”, y no volví, tal vez pude volver, conversarlo, pero ya fue hace mucho, ya no es momento de pedir perdón.
6:26 am, si no salgo ya, no llego. Me pongo ropa elegante, después de todo tengo que venderme, pido un taxi y espero otros 3 minutos mientras pienso, tal vez si le digo que acelere lleguemos antes y pueda entregarle a aquel hombre el reloj, entro al taxi y veo al conductor, parece de pocas palabras, le digo que voy al aeropuerto y él arranca, acelera a toda velocidad, termino diciéndole que desacelere, eso es interesante, siempre queremos apurar el tiempo, pero la velocidad nos da miedo.
El problema es que el viaje al aeropuerto es largo y a mi no me gusta perder el tiempo, busco en mi bolsillo el celular para avisar al hombre que ya le traigo su reloj y me percato de que nunca encontré el celular, debe seguir en la casa haciendo sonar la alarma, ese sonido perturbaría mucho a mis gatos, si no los hubiera vendido para pagar las cuentas del agua del mes pasado, no se imaginan cómo puede llegar la cuenta de alguien que toma baños de dos horas, aveces más de una vez al día, y mucho menos se imaginan ustedes lo que puede llegar a pagar un idiota por un gato.
Aún recuerdo el día en que engañé a ese hombre para venderle mis gatos, no diré el precio, sería humillante para él, pero estoy muy seguro de que al llegar a casa su esposa lo debió de recibir como mínimo con un chancletazo, llevaba el traje con el que me casé, más elegante todavía que lo que llevo hoy, claramente lo persuadí con mis pintas, nadie desconfía de la gente que viste bien, lo que es raro, ya que estos suelen ser los más peligrosos. Mafiosos, políticos o embaucadores como yo. El punto es que le hice creer que no necesitaba engañarle, y cuando le dije que los gatos eran de raza pura (cosa que no se que significa), el hombre accedió a pagar lo que fuera necesario para tenerlos.
Esa es la peor táctica de negocios, mostrar interés en que suceda el intercambio, el hombre se entusiasmó cuando le dije que eran “de rasa pura”. Solo por esa reacción le dupliqué el precio que tenía pensado darles al principio. De la misma manera, como vendedor, le hablaba de cómo estaba yo inundado de gente queriendo comprar mis gatos (eso sin poder mencionar una sola persona que los quisiera), al final funcionó y ya no tengo gatos, lo que es un alivio, les habría irritado el ruido del celular.
Miro el reloj y son las 6:43 am, el tiempo pasa rápido cuando quieres que se detenga, pero aún es posible llegar a tiempo, mientras me miro al espejo del carro noto que tengo peores problemas, me he colocado la camisa alrevez y encima de esta tengo el saco y la corbata, no puedo presentarme así ante aquel hombre, no si pienso que me pague el reloj, pero demoraría mucho cambiándome, no perderé el tiempo, tal vez no lo note, me quedaré así, ya hicimos el trato, no puede bajarme el precio. Aunque yo si tenía el interés de subirlo, después de todo este malnacido taxista me cobrará mínimo 35.000 y de regreso serán otros 35.000 más, le subiré a 600.000 así todos ganamos, los taxistas tienen sus 35.000, yo gano 30.000 más y aquel hombre tendrá por 600.000 un reloj el cual cree que su precio original es de 1.000.000 de pesos. Sin duda todos ganamos.
7:11 am, cada vez miro el reloj más seguido, si no lo miro siento que se me escapa el tiempo, me estoy dando cuenta de algo que empieza a preocuparme, el taxista no tiene bolsillos, usa un pantalón sin bolsillos, ¿Qué clase de psicópata usa pantalones sin bolsillos? Es como llevar zapatos sin suela, ¿Por qué no se compra pantalones con bolsillos? Con lo útiles que son. Pero no es un tema de moda ni de ser práctico lo que me preocupa, es que llevo billetes de 50.000, no va a tener cambio en billetes, solo veo una caja enorme repleta de monedas en el puesto de adelante, se va a tardar una eternidad dándome el cambio, tengo que agilizar.
—Disculpe señor, cuánto va a costar el viaje hasta el aeropuerto.
—45.000 pesos señor.
No puedo creerlo, malnacido viejo de mierda, me va a cobrar 45.000, me lo hubiera dicho al principio y me iba caminando, como puede ser este hombre tan embaucador, ya no hay respeto en esta sociedad. Si no tuviera la cara de amargado que tiene ese hombre, le reclamaría, tiene pintas de ser capaz de sacarme del carro, y de verdad necesito el tiempo. Debo admitirlo, este hombre es muy bueno vendiendo su servicio, ni siquiera lleva traje elegante, ni pone música, y aún así es capaz de robarme tanto dinero. Seguramente vio que yo estaba desesperado y subió el precio, eso mismo haría yo.
7:42 am, llevamos 15 minutos sin movernos de nuestro puesto en el tráfico, supongo que se puede aprovechar este momento para pagarle y que me de su vuelto, así que saco el billete y se lo entrego para llevarme la completamente esperada “sorpresa” de ver que empieza a darme monedas como vuelto, son solo 5.000 los que me tiene que entregar, pero veo cómo el maldito se está desaciendo de las monedas de 100, está agarrando la mitad del vuelto en monedas de 100.
—Señor, desde acá veo las monedas de 1000.
—Ah, disculpe, no las vi.
Si, claro, viejo mentiroso, desde acá te creo, solo quieres dejarme tu basura, al menos me quedo con 5 monedas, este tipo me quería clavar 50 moneditas. Me pregunto si llegaré a tiempo, ya este tráfico me está preocupando, siento que podría llegar antes si saliera del carro y fuera caminando hasta el aeropuerto, pero ya le pagué a este tacaño, no le voy a dar el gusto de ahorrarse parte del viaje, es lo que quiere que yo haga y no dejaré que se burle así de mi, así que esperaré.
8:17 am, finalmente llegué y vi al hombre en la sala de espera con su boleto en una mano y la maleta en la otra, quise pasar a darle el reloj pero un guardia me detuvo.
—Si no compras un boleto no puedes pasar a la sala de espera —me dice.
—¿Y cuánto cuesta el boleto?
Mejor omito esta parte, es denigrante mi aspecto al escuchar el precio de un mísero boleto, que ni necesito y que únicamente quiero para hablar con el señor que tengo prácticamente al frente. Intenté llamar su atención, pero había olvidado su nombre, así que empecé a gritar, “ey”, “tú”, “el reloj”, “llévatelo”, antes que aquel hombre reaccionara, el guardia me empujó y me intentó sacar del lugar, llamó refuerzos y entre 3 guardias me agarraron y me llevaron a fuera a la fuerza. Entre este escándalo todos colocaron sus ojos en mi, incluyendo al hombre al cual debía darle el reloj.
En ese patético espectáculo se hicieron las 8:46 am, había llegado tarde, ya aquel hombre se fue y no le di mi reloj, había perdido el tiempo, miré mi reloj un buen rato, y pensé en mi padre mientras lloraba, ¿Que sentiría él si supiera que estoy esforzándome tanto por deshacerme de lo único que me ata todavía a él? Estaría decepcionado de mi muy seguramente, aún no era 2040 para estar completamente seguro de que nunca volverá, ¿Y pienso vender lo último de esperanza que me queda?
No, debo aceptarlo, papá nunca volverá, y este reloj es solo una tortura con la que me castigo a mi mismo por ser tan ingenuo, quizás si hubiera disfrutado más del tiempo con él no sentiría que me hace daño el tiempo, quizás no es culpa de las horas, puede que a mi no me haya interesado el tiempo, y ahora que lo perdí me doy cuenta de que este no retrocede, solo avanza, y nunca recuperaré nada de él. Maldito sea el tiempo, lo infravaloré.
Se hacen las 9:00 am y pienso que es hora de ir a mi casa, en eso siento una mano en mi hombro. Creo saber quien es, al verlo, mis lagrimas de tristeza se secan y son intercambiadas por lagrimas de felicidad, me levanto del suelo y me acomodo la ropa mientras lo miro.
—Creí que era muy tarde —le digo.
—No, de hecho, el tiempo es perfecto.
No entendía cómo era posible, no parecía tener sentido, algunos dirían que violaría las leyes de la naturaleza o de la lógica (aunque me parece que estos últimos serían unos exagerados). Era él, el hombre al que le quería vender el reloj, me mostró los 500.000 pesos, le dije que otros clientes me ofrecieron 600.000 y me ofreció 700.000 pesos sin dudarlo un segundo, le pregunté si abandonó el vuelo solo para comprar el reloj, y me miró extrañado.
—¿Qué dices? Si mi vuelo sale como en hora y media.
—¿Cómo? ¿Se retrasó?
—Claro que no, es a las 8:30, son las 6:50 y pico.
—Eso es imposible, muéstrame tu reloj.
Al compararlos me di cuenta, mientras mi reloj decía 9:02 am, con 33 segundos, el viejo y reemplazable reloj del hombre decía 6:53 am, con 15 segundos. Mi reloj estaba adelantado 2 horas, 9 minutos y 18 segundos, en ese momento solo reí, tanto estrés, y tantas complicaciones resultaron ser una pérdida de tiempo, y el reloj me recompensa devolviéndome más de 2 horas al pasado, es tiempo suficiente para volver a casa, es más, volveré y tendré tiempo extra de sobra. Cambié de opinión sobre la venta del reloj, es mío, es de mi padre, vale más de lo que costó el tiempo que perdí acá con este sujeto, así que me voy a casa.
Al tomar el taxi me despido del hombre el cual por la ventana me va diciendo que ofrece 1.000.000, pero lo ignoro, el viaje de regreso se siente más corto, el chofer era amigable, fue echando chistes todo el camino, sentí que fueron 20 minutos para llegar a casa, al mirar el reloj eran las 10:04 am, fue más o menos una hora de viaje, le pregunto por el precio y me dice 50.000 pesos, se los doy gustosamente y salgo del carro, me encuentro al lado de la puerta y mi mente empieza a analizar el pasado, si el reloj estaba adelantado significa que no eran las 4:26 pm, con 48 segundos, eran las 2:15 pm, con 30 segundos, bajo la misma lógica que usé antes, sería el 15 de febrero de 2022, ese día es hoy.
Abro la puerta emocionado —¡Sorpresa! —grita mi padre, es él, volvió, nunca lo dudé, yo tenía razón, lo abracé entre llantos y él me correspondió.
—Veo que guardaste el reloj, hijo.
—Conté cada segundo, papá.
—¿Entendiste el mensaje que te di?
—Si papá, jamás volveré a perder el tiempo.