Prólogo
Ella comenzó su marcha teniendo cuidado por los senderos con la linterna que le regalo su padre, la poca luz que quedaba creaba un juego de sombras en el camino. El aire fresco acariciaba su rostro mientras escuchaba a los pájaros cantar, el susurro del viento entre las ramas le daban una sensación de miedo, pero no por estar en el bosque sola si no por haber encontrado ese libro entre la nada. Cada paso la acercaba más a la calidez de su hogar donde la esperaba su familia en la comodidad y seguridad.
A medida que avanzaba, pensaba en los recuerdos de cada rincón del sendero, tantas veces había caminado por este lugar. La naturaleza a su alrededor le recordaba la importancia que tenia para ella el conectar con su entorno, apreciar la belleza sencilla que le ofrecía la vida. Finalmente, al divisar su casa entre los árboles, tuvo una sensación de tranquilidad, sabiendo que ya estaba segura en casa.
En la comodidad de su cuarto ojeo el libro y decidió darle una pequeña oportunidad. En el mundo mágico de los vampiros, se despliega un universo fascinante con mucho misterio y seducción. Estas criaturas de la noche han sido mencionadas en muchas culturas a lo largo de la historia, estos hallazgos van desde leyendas europeas hasta las actualmente modernas historias de vampiros en la literatura y cine. Son conocidos como seres inmortales que se alimentan de sangre de seres vivos, humanos. Presentan poderes sobrenaturales y una belleza extraordinaria.
Desde lejos, él la observaba con admiración desde la rama de un árbol, ella no lo notaría estaba demasiado lejos de ella, sabía que su regalo le gustaría pues que seria tan bueno como un libro para una lectora. Ginevra estaba sumergida entre las páginas del libro. La escena parecía haber sido sacada de una novela romántica, la luz del cuarto de ella era cálido creando un aura de magia a su alrededor, ajena a la presencia del joven que la miraba desde su escondite.
Cada página que ella pasaba parecía transportarla al mundo de esos seres sobrenaturales, emocionante y extraño, mientras él no podía apartar la mirada de su rostro sereno y concentrado. En ese momento para el parecía que el tiempo podía detenerse, creando un instante de quietud y belleza en medio de su vida. La escena era como una pintura en movimiento, capturando la magia de la lectura y el poder del amor que rebosaba de ella por los libros.
Sin duda el eligió el regalo perfecto y él se había percatado de eso. Pero no todo es para siempre, checo el reloj de su bolsillo y se percató que ya era momento de volver.