1 (Prólogo)
Aquellos pies corrían descompasados, querían llegar lo más rápido posible hacia el jardín para avisar sobre su tragedia. Buscaba ayuda por cada persona que se topaba, con su mirada pedía desesperadamente esperanza y consuelo para calmar su dolor. Sus gritos eran altos y las personas lo miraban de manera desaprobatoria, murmuraban entre ellos y criticaban en alta voz. Apuntaban al hombre dolido queriéndose burlar, se decían entre sí que ese tipo de situaciones solo les pasaban a las familias estúpidas y sin moral. Cuando al fin el hombre llegó al jardín, su voz se quebró y al fin sus piernas cedieron al cansancio. Poso su cabeza sobre los pies de un hombre viejo y de mirada irritable.
— ¡Por favor! ¡Ayúdeme!
— ¿Qué quieres? ¿Acaso no ves que estás haciendo el ridículo? — Las personas de alrededor se empezaron a carcajadas sobre el dolor del hombre — Estamos celebrando por los próximos cien años de abundancia ¿Porque vienes arruinar el ambiente?
— ¡Mi hijo ha desaparecido! ¡Ayúdeme a encontrarlo!
—No seas dramático, de seguro se fue por ahí con sus amigos
—¡Él nunca se iría así! ¡Yo sé que fue secuestrado!
—¡No digas tonterías! —El hombre quiso quitar su túnica de las manos del hombre suplicante, pero fue en vano —De seguro tu hijo se escapó con alguien, supéralo
— ¡Mi hijo solo tiene tres años! ¿¡Como puede decir eso!?
—Aun a esa edad los niños son unos cualquieras ¿No es así? —El anciano volteo a los lados y esperó a que toda la gente le diera su aprobación —¿Lo ves? Todo el mundo lo piensa —Al fin el hombre suelta la túnica del anciano — Ya deja de hacer el ridículo, das pena — El rostro del anciano se dirige hacia el oído del hombre dolido —Si tu hijo es abusado o asesinado, debes entender que a todos aquí nos da igual — La risa burlona del anciano hizo que el hombre quedara en shock —Ya vámonos, aquí solo apesta
El hombre solo cubrió su rostro mientras su dolor seguía saliendo abruptamente de él. Buscaba una manera de superar la pérdida de su pequeño hijo.
Mientras tanto, por otro lado, un hombre mayor cargaba al pequeño mientras trataba de evitar sus débiles golpes y de vez en cuando le tapaba la boca para que dejara de lastimarse tanto su voz. Entre más bajaban los escalones de aquel sótano desconocido, el niño empezaba a sentirse más nervioso. Los gritos del pequeño niño no se podían escuchar por más alto que gritara, la casa era demasiado grande y cualquier que pidiera ayuda nunca seria escuchado.
— ¡Deja de gritar! — El pequeño niño logró salir de los brazos del hombre y corre desesperadamente a la esquina de ese cuarto obscuro — Agh... Será mejor que te acostumbres a esto, aquí vivirás hasta el último día de tu vida
— ¡Quiero volver a mi casa! ¡Por favor! —El hombre se le acerca rápidamente y agarra el tobillo — ¡No me toques!
—Quédate quieto, no haré algo que te lastime — Sin ningún tipo de lástima, encadena al pequeño niño de su tobillo — Me tengo que ir
— ¡No me dejes solo! ¡Llévame con mi padre! — El hombre da un gran suspiro y se agacha para estar de frente al pequeño —.
— Debes hacerte la idea de que nunca más lo verás — El pequeño niño empieza a lloriquear — Aunque no lo creas, te estoy salvando la vida — Sin importar lo que dijera, el pequeño solo lloraba y en ocasiones su llanto era ahogado — Mas tarde te traeré algo de comer — Antes de subir las escaleras voltea hacia atrás y su ceño se frunce — Espero que un día tu familia pueda perdonarme por esto...








