El beso de sangre ||KM||

Summary

Jeon Jungkook es el menor de tres hermanos, sucesor de una cadena de vampiros de la que le es imposible huir. Encerrando en la mansión familiar, hostigado por sus mayores y la nueva pareja de su hermano mayor, Namjoon, decide salir en la madrugada a tomar un poco de aire. Cuando un olor dulce y un poco nauseabundo para su gusto llama su atención, sabe que debe ir en busca del portador. Pero jamás esperó encontrarse con tal humano tan débil y bonito, con ojos brillantes ante la noche oscura. ~~~~~~~~ Advertencia. ☾One Shot. ☾Fantasía, Angst. ☾No copiar, no adap. ☾No lemon.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
Age Rating
18+

Parte Única.

Jungkook suspira mientras continúa los lentos pasos por las desoladas calles de Seúl, y remueve de sus cabellos oscuros como la misma noche para despejarlos de los copos de nieve que caen.


El invierno es algo que gusta mucho a los humanos, y ahí

estaba él, hundiendo los zapatos en medio de las gruesas capas blancas y brillantes de nieve.


A pesar de no sentir ni frío ni calor, por muy extremo que fuese, sabía que los mundanos se refugiaban en abrigos felpudos y bufandas que ocultaban casi todo el rostro.


El sólo vestía un abrigo negro largo, acompañado de unos pantalones y zapatillas del mismo color.


Maldito sean sus hermanos y todo esa creencia de que las almas de un vampiro estaban destinadas a la de un humano.


Vamos, eso tenía que ser una broma. Todos los humanos eran débiles e inútiles.


Namjoon, el mayor de los tres, había encontrado a su pareja. Cómo olvidar, un humano atractivo pero lo que tenía de atractivo lo tenía de terco y de chillón. Seokjin era su nombre, al que odiaba con toda su putrefacta e inexistente alma.


Y ni hablar de Taehyung, ese otro que se creía que los humanos eran la gran salvación de los de su raza, y junto a Hoseok, su pareja mundana, le tenían las bolas retorcidas con eso de que el karma aparecería en su vida en el instante que menos espera y de la peor forma.


Él era Jeon Jungkook, el tercer hijo de la familia Jeon, la misma reconocida por los años que sirvieron a la corona española desde siglos, aunque verdaderamente Jungkook y sus hermanos siempre decidieron dejar los apodos y reconocimientos para sus padres y abuelos.


Hacían solo algunos años que habían decidido mudarse a Seúl, e instalarse en una de las mansiones familiares y para suerte de hoy, el tiempo les ha acompañado y no han tenido ningún percance en cuanto a los mundanos.


Frunció el ceño al sentir un característico olor dulzón, algo que le hacía revolvérsele el estómago y supo que se trataba de un humano mitad vampiro, los que creía extinguidos no ser Seokjin y Hoseok.






¿De dónde viene ese olor?.







Es dulce, aunque coagulado.







Es repulsivo, ¿se deberá a alguna enfermedad?.







Doblando la esquina se vio deteniéndose ante el cuerpo que se sostenía débilmente de una de las paredes a la entrada de un callejón.


Y la tos que emanaba le hizo darse cuenta de como sospechaba, era un mundano enfermo.


Caminando hacia él, Jungkook notó que era apenas un chiquillo, uno de estatura más pequeña que la suya propia, de cuerpo delgado y desmejorado.






La enfermedad está en su corazón.






Pronto se propagará por todo su cuerpo.







Es solo cuestión de tiempo.







— ¿Te encuentras bien, chico? — se sorprendió acercándose y preguntándole al chico.


El otro se dio la vuelta, un poco lento y sosteniendo aún una mano a la altura del pecho, la boca entreabierta tomando un poco de aire.


— Yo...no, yo... — balbuceó, perdiéndose un poco en el hombre malditamente atractivo que aparecía delante suyo como si fuese una bendición.


Jungkook vio por todo el alrededor, visualizando oscuridad por todos lados, y ni un alma vagando tan siquiera.


— ¿A dónde vas en estas condiciones? — le vio, frunciendo las cejas.


El pequeño le vio con un poco de atención, perdiéndose en los oscuros orbes que le veían con curiosidad y algo de anhelo, aunque sonara extraño.


— A com...comprar un regalo para mi ma...mamá — musitó, tosiendo varias veces más.


— ¿Sabes que hora es, chico? — ironizó, consciente de que algo podría pasarle por andar vagando por las calles a esas horas.


— Si... pero es su cumpleaños —.


— ¿Y no pudiste mandar a pedirlo? — soltó, tratando de disminuir un poco de su mal humor.


— Quie...Quiero que sea especial — inhala entrecortado, apretando el cuerpo contra la pared.


Jeon se pierde en las opacas esferas avellanas que le ven con suplicio, y a pesar del brillo apagado en ellas, es capaz de ver más allá de la belleza que en ellos se oculta.


Sabía ya que los humanos eran hermosos, pero no como el que tenía enfrente. Era posiblemente la persona más bonita que haya visto en sus miles de años.


El chico tenía el cabello rubio como es mismo oro, brillante y parecía sedoso, acompañado de un gorro de lana color rojo con un afelpado pompón encima. Los ojos eran gatunos, rasgados con pestañas largas y onduladas, una nariz pequeña en forma de botón, mejillas un poco abultadas y sospechaba, que en su tiempo estuvieron aún más rellenas, labios rosas y pomposos.


Y sumándole a eso, Jungkook pudo reconocer que a pesar de tener alguna enfermedad lo suficientemente maliciosa para su organismo, tenía un cuerpo frágil y delicado.







Todo tan bonito y tan vulnerable.






— Verás... mi mamá... ella siempre cuida de mi, sin quejarse y no sé cuento tiempo me quede — tose de nuevo, encorvándose ante el nuevo dolor que se instaló en su pecho.


— Ustedes los humanos me desconciertan, pueden ser frágiles pero nunca se rinden — dijo, parpadeando ante la mirada de confusión que le brindó el otro — A veces tienen mucha voluntad en su corazón, eso que llaman "fe" —.


— ¿Eh? — dudó el menor, de pronto confundido con todo lo que le hombre misterioso estaba diciendo.


Park estaba lejos de sentir miedo de estar atrapado en la madrugada con algún extraño.


De seguro si fuese en otro lugar, quizás en otro momento, el hubiese sentido terror, pero entonces estaba esa extraña sensación de que nada le ocurriría estando cerca del hombre.


Era loco, muy loco si usabas un poco la lógica, pero no había nada en el mundo que Jimin hiciera más que guiarse por las emociones, porque así fue que comprendió muchas cosas.


O quizás era ese pensamiento de que nada peor podría pasarle, exactamente nada peor podría pasarle cuando sabía que pronto dejaría de existir igual.


— Eres tan tonto como hermoso — Jungkook sonrió, imaginándose ya lo sabrosa que sería probar de la sangre que se acumulaba en el cuerpo más pequeño — ¿Cómo te llamas, príncipe? — preguntó, extendido una mano grande y pálida, con venas marcadas.


— Yo.. — vio la mano, con duda creciente y temor que fue disminuyendo a los segundos — Jimin... Park Jimin — respondió, mordiéndose el labio.


— Yo soy Jungkook, y suponiendo que los niños no me gustan — alzó una ceja, sonriendo en grande cuando la mano más pequeña descansó sobre su palma, se vio a si mismo sintiendo ternura ante los dedos gorditos y pequeños que temblaban — Pero haré una excepción contigo —.


Cuando el acontecimiento próximo vino, Jimin sintió que el corazón se le salía por la boca, de manera descomunal su frecuencia cardiaca se disparó.


Él, que nunca había dado un beso a los cortos diecinueve años y siempre fue un extraño ante todos los que habían tenido la oportunidad antes, y ahí estaba él, recibiendo un beso de un hombre y lo peor, de un extraño.


A pesar de todo lo malo que podría decirse de tal situación, Jimin se vio así mismo separándose de la pared cuando los brazos grandes y fuertes le arroparon, apretándolos en un pequeño y cálido abrazo.


Los labios del pelinegro de aura oscura eran finos y deliciosos, no se mentiría, y la forma en que sus cabezas se movían en compás, al igual que sus lenguas cuando accidentalmente había abierto de su boca, era como si pusieran un montón de fuegos artificiales que explotaban en su estómago.






Considera esto como un regalo para tu mamá, Jimin.





Cuando la maravillosa sensación de estar a gusto golpea de repente al vampiro, una parte de sí cree que lo mejor es alejarse de la criatura antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse. Pero es que las cosas se le habían salido de las manos, y recordaba entonces todo lo que siempre le dijeron.






En algún momento le encontrarás, en otro siglo y puede que en un lugar remoto, pero te aseguro, que será tu entera debilidad, le había dicho Seokjin.





Cuando las manos, que no supo cuándo le habían sujetado de los costados dejan de hacerlo y el beso se desmorona como polvo, es tiempo suficiente para que tome el cuerpo que cae repentinamente inconsciente entre sus brazos.


El vampiro, aterrando ante la idea de perder al chiquillo que descansa cómodamente contra su pecho, con el respirar un poco más lento de lo normal, no puede evitar pensar en que quizás, es el sentimiento que los mundanos llaman preocupación, lo que le está poniendo histérico.


— ¿Jimin?... — lo remueve, viendo en todas direcciones por algo de ayuda — ¡Jimin, príncipe! — insiste, alejando algunos cabellos de la frente.







Jimin...






Jimin.







¡Jimin!.










Cuando el repentino grito logra hacerle despertar, abre con lentitud sus ojos avellanas, y queda un poco confundido al notar que está sobre algo cómodo y calentito.


— ¡Gracias a Dios! — gira el rostro, encontrándose con la mujer de cabellos castaños verle con absoluta preocupación y temor, tomándole de las manos.


— ¿Mamá, que ha sucedido? — pregunta, dudoso y cuando observa con más atención alrededor, comprende que está en la habitación de un hospital — ¿Por qué estoy acá? — sus ojos se nublan, y la sonrisa de su madre le hace dudar aún más.


— Te desmayaste en la acera, ¿qué hacías tan tarde fuera de casa, cariño? — pregunta la mujer, acercándose y besar la frente de su hijo, acariciando las rechonchas manos y cubriendo un poco más el cuerpo sobre la cama.


Park de pronto recuerda todo lo que sucedió esa noche, todo lo que comenzó con un extraño acechándolo y terminó en un beso especial, su primer beso.


— Ma...Mamá — tartamudea, enrojeciendo al recordar todas las extrañas sensaciones que sintió cuando ese chico pálido le besó tan bonito, como nunca imaginó.


Dejando salir un poco de aire, Jimin se quedó estupefacto cuando no sintió ninguna dolencia en su cuerpo, ni la más mínima, tan siquiera una pequeña molestia en su pecho.


Y comprendió lo que verdaderamente importaba, Dios le había bendecido con un ángel pálido y de cabellos negros.


— Mamá, creo que fui tocado por un ángel — dice, mordiendo su labio cuando los ojos se le aguaron.


— ¿Qué? — pregunta confundida la fémina, abriendo los ojos — ¿Qué quieres decir? —.


— Ya nada duele mamá — sonríe, en medio de algunas lágrimas que caen y se pierden en el cremoso cuello.


— ¿El dolor se ha ido? — exclama, acercándose un poco más y descansar las manos en el pecho plano de su hijo — ¿No duele, cariño? — niegan ambos, abrazándose ambos en medio de un corto llanto y montones de emociones.






















Ver a Jungkook cabizbajo, callado y con intenciones de encerrarse en su habitación no es nada de todos los días, Namjoon está seguro de eso.


— ¿Jungkook? — pregunta preocupado, subiendo las escaleras tras su hermano menor, Taehyung se le sumó también.


— ¿Algo que comiste te sentó mal? — le pregunta Tae, adentrándose junto a sus hermanos en la habitación del pelinegro.


El pelinegro, en medio de una bruma de tormentosas sensaciones que nunca había sentido antes, se giró, dejando a la vista un par de perdidos orbes rojos.


— No puede ser... — abre la boca y los ojos Taehyung, estupefacto.


Jungkook parpadea, con el cuerpo levemente encorvado y la mente echa un lío.


— Ahora lo entiendo, encontraste a tu persona, ¿cierto? — pregunta Namjoon, acercándose y dejar una mano sobre el hombro de su hermano.


— Yo solo me recostaré un tiempo, déjenme en paz — se aleja, dejándose caer sobre la cama mullida y cerrar los ojos.


Ante la penumbra de la habitación, y la tranquilidad que surgió, supo que sus hermanos se habían retirado.


Dejando un suspiro fuera, recordó el rostro del chico más bello que tuvo la oportunidad de conocer en todos sus siglos de vida.


Jimin fue un chico que encontró en medio de una madrugada desolada, envuelto en abrigos felpudos y un gorrito coqueto de pompón, con los ojos más hermosos que vio nunca, o al menos la historia que vio en ellos.


Aún consciente de que la inmunidad era algo prohibido para dar a los mundanos, le fue imposible no brindárselo a alguien tan especial como ese chico solitario, quien tenía escrito en su mirada las ansias de conocer el mundo, de correr libremente, de explotar de todo lo que un infeliz niño con una enfermedad crónica puede imaginar y desear todas las noches antes de dormir.


Y el más que dispuesto fue capaz, y lo volvería a hacer, si se le pidiese toda su inmunidad.





Querido ángel... ¿o eres un demonio?. Bueno, lo que quiera que seas, quiero agradecerte desde el fondo de mi corazón el que hayas tomado todo el dolor en mi cuerpo. Ya no duele cuando toso, o cuando río tan fuerte.


Muchas gracias por todo, porque cuando abrí mis ojos, mi mamá estaba junto a mí, y pude desearle muchas felicidades y cosas bonitas.


Y también, gracias por darme mi primer beso. Todos decían que era un raro por no tener quien gustase de mi, porque nunca salía de casa y que siempre dolía algo en mi, ahora no.


Ahora todo estará bien.


Muchas gracias, ángel Jungkook.









Cómo mierda no sería capaz de brindarle una vida larga y llena de felicidad a alguien tan bueno como Jimin, como quitarle la esperanza de las manos a alguien que suplicaba por un poco más de tiempo.


¿Cómo negarle un poco de amor a quien se le negó de naturaleza también la propia vida?.






















Dianita los ama.