Chapter 1
La lluvia de la ciudad caía suavemente, dibujando patrones caprichosos en el cristal de la ventana. Cada gota susurraba, impregnando el ambiente con un ritmo sereno y reconfortante. Elizabeth, absorta en su lectura, de vez en cuando alzaba la vista para contemplar el panorama más allá del cristal. Pero unos ruidos externos comenzaron a desasosegar la calma de Elizabeth. Con zozobra, retrocedió de la ventana y se aproximó, acercándose unos metros a la puerta de su apartamento. Un escalofrío recorrió su columna mientras el miedo la invadía por completo al percatarse de que alguien intentaba ingresar a el departamento.
Sin meditarlo demasiado, la chica se
arrojó sobre la puerta intentando cerrarla, aún con temblor en las manos. Sin embargo, apenas lo había conseguido, en poco tiempo la puerta fue derribada. El grave sonido de la madera astillándose inundó la estancia, mientras la figura oscura del intruso emergía en la entrada. Su silueta apenas esbozada por la escasa luz del pasillo dificultaba distinguir sus rasgos.
La joven retrocedió, su mente giraba en pánico, buscando desesperadamente una salida. "¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?" balbuceó con una voz temblorosa. Sintiendo el frío sudor recorrer su espalda mientras su corazón martilleaba con fuerza en su pecho. Cada músculo de su cuerpo estaba tenso, preparado para cualquier eventualidad, mientras el intruso se acercaba implacablemente hacia ella.
Sin detenerse a reflexionar, Elizabeth se precipitó hacia su habitación y cerró la puerta con un estrépito, sintiendo el galope frenético de su corazón resonar ensordecedoramente en sus oídos. La madera crujía y gemía bajo la implacable presión del intruso que se acercaba con rapidez. Con manos temblorosas, giró el cerrojo con un chasquido que resonó como un eco ominoso en la habitación, mientras los pasos apresurados del intruso retumbaban en el pasillo. Un silencio denso y cargado de suspense envolvía la estancia, interrumpido únicamente por el ritmo acelerado de su respiración, mientras aguardaba, con el corazón encogido en un puño, el siguiente movimiento del desconocido al otro lado de la puerta. Elizabeth se encontraba atrapada en las garras de aquel lugar que parecía conocer sus más oscuros secretos y donde ahora se enfrentaba a un peligro desconocido y aterrador.
Los tenues rayos de la luz lunar que atravesaban las cortinas la bañaron de un tono azul plateado, como si la propia oscuridad se filtrara a través de sus ojos.
Las paredes, tapizadas con un papel de tonos suaves y flores marchitas, parecían cerrarse sobre ella, aumentando su desesperación mientras buscaba desesperadamente una salida.
Al borde del colapso, Elizabeth se esforzó por reprimir sus lágrimas que empezaban a brotar. Podía sentir su sangre fluyendo a través de sus venas, recordándole que aún seguía con vida. La necesidad de libertad se apoderó de ella; la única escapatoria era ir más allá de él, pero no era lo suficientemente rápida ni fuerte para lograrlo. La ventana tampoco era una opción viable, no tenía nada. El tiempo solo se desvanecía ante sus ojos. "Tengo que salir de aquí", se murmuró para sí misma con la voz de alguien que ha conocido en persona la verdadera desesperación. Con el corazón en la mano, Elizabeth tomó su teléfono e intentó llamar al número de emergencias rogando por ayuda. Antes de poder articular alguna palabra, la puerta de la habitación se abrió de golpe con un estruendo ensordecedor. El teléfono se le escapó de las manos a Elizabeth mientras retrocedía, sus dedos temblorosos incapaces de mantener un agarre firme. Sus ojos, llenos de pánico, vagaban de manera frenética por la habitación, buscando de una manera desesperada una salida, una solución, cualquier cosa que la ayudara a enfrentar la amenaza que se cernía sobre ella. El sonido de su respiración entrecortada llenaba el aire, mientras el tiempo parecía detenerse en un instante, cada detalle de la habitación parecía intensificarse, pero antes de que lograra hacer algo más, el intruso se abalanzó, silenciando cualquier grito proveniente. Elizabeth intentó resistir con todas sus fuerzas, pero fue inútil. El intruso la arrastró con una cruel brutalidad, con un último vistazo a la habitación que una vez fue un refugio para ella.