Le Cirque du inferno

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Summary

En las profundidades de la noche, bajo un cielo teñido de rojo sangre, emerge el Circo du Inferno de entre las sombras como un espectro surgido del abismo. Sus imponentes carpas negras y carmesí se yerguen ominosamente contra el fulgor titilante de las llamas distantes. Susurros oscuros flotan en el viento, entremezclándose con las melodías inquietantes de un siniestro órgano de feria. Dentro de los terrenos del circo, artistas retorcidos vestidos con trajes andrajosos llaman con manos esqueléticas, sus ojos ardiendo con un fuego ultraterrenal. Espectadores, atraídos por una curiosidad mórbida, avanzan con cautela sobre la tierra cenicienta, sus corazones pesados con un presentimiento de pavor. Aquí, en medio del espectáculo macabro de actos contorsionados e ilusiones espectrales, uno no puede escapar a la escalofriante realización de que han ingresado a un reino donde la línea entre la realidad y la pesadilla se desdibuja en la oscuridad

Genre
Fantasy/Horror
Author
EROX
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo #1

Albert era un escritor inglés que pasaba por un bloqueo, para aliviarlos disfrutaba viajar por el encanto de pequeños pueblos en su búsqueda de inspiración.


Viajó rumbo a Francia, por un par de pueblecillos pintorescos, pero el encanto de lumin lo atrapó, quizá fue lo rústico del pueblo, cada mañana iba a la fonda para desayunar, acompañado de su tablet para sí alguna idea aparecía tomar apuntes.


Dos días después de llegar al pueblo se le hizo una pequeña rutina, camino del hostal a la fonda saludaba a los habitantes que poco acostumbrados a las visitas tenían que saber quién era el turista, cada mañana estaba sentado afuera de su casa viejecillo que cada mañana saludaba a Albert.


Llamó su atención una tarde llegando del paseo como el Anciano le contaba a los niños pequeños que si no se comen el plato entero, o no obedecen a sus padres, viene el circo y se los lleva, uno creería que son típicos dichos para asustar a los niños, sin embargo los ancianos lo creen en realidad.


Albert al escuchar el dicho preguntó al anciano

-¿Porque el circo?, normalmente es algún vagabundo o el de la basura...-le dijo al anciano-


-Porque aquí se los lleva el circo, y no nada más aquí, en todo el mundo... ese circo se lleva a las almas descarriadas, las obsesivas y alguna que otra fanática- le respondió el anciano-


-Soy muy pequeño para creer en cuentos -respondió Albert- a mi no me va asustar con esas cosas…


El anciano sonríe y niega con la cabeza -vamos, que no lo digo por asustarte, y no son cuentos yo mismo tengo un boleto de esa función, a qué te reto a encontrar más información del circo, y si la encuentras yo mismo te pago la merienda de mañana.. -Le retó, mientras se levantaba de su asiento.



Camino rumbo dentro de su casa , el anciano llegó al cabo de un par de minutos con un pequeño y viejo boleto de circo, ya beige por los años y un poco descolorido, se lo dio a Albert, quien lo tomó para leer.


-Le cirque du inferno…-leyó en voz alta -menuda chorrada.. -sacó su teléfono y le tomo foto- ahora en internet, encontramos todo… seguro que sale algo de este circo, y mañana quiero que me invite a comer el estofado de la fonda…-


Albert sin levantar la mirada del teléfono, entregó el viejo boleto al anciano, este lo limpió y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta como la cosa más preciada y delicada que tenía.


Pasaron los minutos, y el anciano permaneció paciente sentado afuera de su casa esperando a Albert.


-Que usted lo ha hecho el boleto...-dijo Albert al anciano.

-¿yo? ¿estás viendo el año del boleto? yo era un crío, y cómo hubiera tenido acceso a los sellos o a la imprenta en este pueblo he?..- negó el anciano-


Albert después de casi una hora de buscar en su teléfono, miró al anciano, le dijo que era lo que él tenía que pagar entonces, el anciano negó y le dijo que no debía ser tan escéptico, y que si tenía suerte seguro podría ver algún día a ese circo.


El anciano le comento que si quería él podía contarle lo que vivió de pequeño, y que estaba en el creer o no.



Albert accedió, le dijo que volvería más tarde para escucharle acompañado de un par de cafés.


Cuando llegó la puesta de sol, Albert volvió con un par de cafés y llamó a la puerta del anciano, el cual abrió dejandole pasar y señalando un par de sillas frente al fuego.


-Soy Lorenzo por cierto -Le dijo a Albert, él asintió y se presentó formalmente con el anciano que solo conocía de vista y un par de saludos mientras pasaba- pensarás que soy un viejo que está entrando en la demencia, y puede que así lo sea, pero ese es el recuerdo más vívido que tengo de mi vida y que jamas olvidare, aun asi esta cabeza mía se me vaya lejos.


-Dicen que los buenos recuerdos jamas se olvidan -


El anciano negó - ¿Bueno?, es la cosa más traumática que jamás viví, y mira que he vivido casi cien años… Cuando yo era un crío de 10 años, pocas veces se te quedan los recuerdos de esos años, al igual que mi nieto yo renegaba mucho de la comida, quería algo más que un pan duro y una sopa de hace días, pero era lo único que en ese entonces mis padres podían darme.


Sin embargo yo era un crío malcriado entrando a la adolescencia, no sabia mas del asunto que lo que yo quería, estaba en pleno otoño cuando mi madre aventó mi carro de madera al fogón donde estaba cocinando la sopa, renegué de que siempre era lo mismo y ella en reprimenda lo aventó, veía mi carro quemarse y la miré lleno de ira le exclame ¡Ojala no fueras mi madre¡ ¡ojala fuera mi madre la hija del carnicero¡ asi tendria siempre cosas ricas que comer y estaria gordo y regordete como su hijo.


La mirada de mi madre fue desoladora, casi pude escuchar como su corazón se rompió en mil pedazos, acto seguido recibí una cachetada y vi el dedo de ella señalar la puerta diciendo que me podía ir a rogar las migas del carnicero.


Salí de mi casa, mientras caía la tarde, llorando enojado pateando lo que me encontraba a mi paso rumbo al arroyo donde solía jugar y perder el tiempo cuando faltaba a las clases.


En el camino escucha como venían un par de caballos jalando una carreta, me hice aun lado del camino, mientras la carreta se acercaba yo podía escuchar como sonaban los cascabeles, campanillas y risas, voltee a ver y vi como la carreta se paraba a la entrada del pueblo, bajaban de los cabellos un par de arlequines sonriendo de oreja a oreja, traían un paquete de boletos en la mano, uno de ellos se acercó a mí y me entregó un boleto invitandome al circo que se pondría más adelante del pueblo.


Se lo regrese alegando que no tenía dinero para el boleto, el arlequín se sonrió y negó, dijo que era un regalo para gente especial y que solo la gente de la mejor clase podía asistir, me miró y dijo convencido que yo era alguien especial, ¿Como iba a decirle que no? si me habían dado el reconocimiento del cual yo carecía, y siendo un regalo lo guarde bien en mi bolsillo, les dije que estaría ahí para la función.


Los arlequines entraron al pueblo, yo curioso fui detrás de ellos, solo les entregaban boleto a ciertas personas, entre ellas el carcinero, así confirme que era verdad lo que ellos decían, sí solo gente especial podía entrar a la función.


No iba a regresar a mi casa para que mi madre me quitara el boleto, camine al arroyo otra vez entusiasmado y me quite la ropa me iba a limpiar mínimo para verme lo mejor que pudiera para la función, que perdí de vista a los caballos y a los arlequines.


Busqué a mis camaradas, un puño de niños inquietos y malcriados que igual tenían boleto, debía ser la suerte pensé, así no iba a ir solo al circo, fuimos caminando bromeando y jugando en el camino rumbo a donde se estaba poniendo el circo, entre mas nos acercabamos mas fascinados quedamos, tenían muchas cosas del mundo entero, animales que no habíamos visto jamás.


Era una gran carpa, ¿Como nadie la vio pasar?, ¿Cuando habian llegado?, muchas cosas pasaban por mi cabeza, que se quedo en blanco al ver el señor grande de sombrero de copa, en un traje elegante de color negro y chaleco color vino, tenia unos bigotes puntiaguidos y una barbilla afilada, era altisimo, tenia un monoculo en un ojo,puedo jurar que era de oro.


A su lado había un par de perros negros y grandes, nos congelamos, esa clase de perros son los que te atacan y no vives para contarlo, pero permanecían estoicos, miraron al señor, el cuál les acaricio la cabeza y se relajaron en el suelo.


Albert no quería interrumpir al nuevo amigo que había hecho, así que sacó su teléfono y comenzó a grabar el relato del anciano, la historia podía quizá escribirla.


Entonces el anciano sacó su boleto y lo miro, recordando...- Él tenía la voz profunda, casi como un cantante de ópera, la podía escuchar hacer eco en mi cabeza, preguntó si teníamos boletos, todos los sacamos y se los dimos, el les hizo la pequeña marca en un esquina, nos dejó entrar, abrió las cortinas de la carpa, y delante de nosotros habia luciernagas, y velas, nos recibieron dos mujeres descalzas, que nos pusieron un collar de flores, había un pequeño grupo tocando tambores cantando a voz baja.


Las mujeres bailaban con panderos, gitanos quizá, estábamos asombrados, era un pasillo rumbo en medio de la carpa, que mientras avanzaba parecía hacerse más oscuro, no se si era neblina lo que había, pero cuando terminó el túnel no podíamos ver claramente, sin embargo un par de manos nos jalaron acomodandonos alrededor, en unas bancas de madera.


Cuando se dispersó la neblina, vimos como había más gente en las gradas, aún veíamos entrar gente para acomodarse esperando el espectáculo, voltee asombrando mirando las luces que había en el lugar, ahora sí puedo decirte que no se como habia luz electrica en ese lugar en medio de la nada, pero había luces de colores, comenzaron a sonar los tambores, la neblina parecía salir de ellos, una neblina que olía como a dulces y flores, nos hizo reír, impacientes en nuestros asientos.


Salieron tres mujeres de un pálido color, su piel era muy blanca y su cabello muy rubio, sus ojos eran violetas, salieron bailando al ritmo de la música, sacaron un par de machetes cada una para bailar, la música comenzó a hacerse más animada, jalaron algunas personas para que bailaran con ellas.


Yo estaba asombrado, apenas empezaba pero todo mundo parecía estar demasiado feliz, salieron los arlequines para bailar, los saludé y ellos a mi, uno me tomó de la mano pero me negué, me daba vergüenza pasar hacer el ridículo enmedio.


Comenzaron a jugar, sacaron unas cuerdas y las encendieron de fuego mientras las hacían girar, y sonar cuando tocaban el suelo, la música de fondo parecía ir a la par de la danza de las cuerdas.


Mi mirada paso a las chicas de cabello muy rubio, ahora les llaman albinas, ellas salieron de entre las cortinas, subieron por las escaleras de cuerda, la música cambió, recuerdo que comenzó a sonar como si fuese una caja musical, de niño no me pregunte nada, todo me parecia magico pero ahora de viejo no me explico como tenían en esos años esa clase de instrumentos, las chicas parecían un par de muñecas, que al subir, se sentaron cada una en un columpio, balanceándose por los aires sus movimientos eran gráciles, delicados y gentiles, un par de personas pequeñas con rostro adulto pasaron entre las bancas regalandonos dulces, galletitas de azúcar, traían unas curiosas máscaras en la frente, que después usaron.


Le di un par de mordidas a las galletas, los morones de estas cayeron al suelo, me agache a agarrarlas, debajo de una de las bancas había una niña de ojos muy grandes, echada con el vientre al suelo, tapándose los oídos mirando hacia otro lado, me saco la lengua, recuerdo haberle hecho algún gesto y seguir mirando a las chicas volar por los aires, vi como la niña se fue debajo de mi banca para tomarme el pie, molesto le avente y me agache para decirle que me soltara, que se fuera con su madre, la niña solo me hacia señas para que me agachaba a escucharla.


-no molestes...-le dije inclinandome-


- Las flores son de colores, pero solo son dos los que ves, una vez el algodón probarás jamás saldrás - me dijo la niña al oído, el sonido de un aplauso me hizo voltear hacia arriba, para descubrir que la niña se había esfumado.


-Tonterias…-murmure para seguir asombrado, comiendo lo que me habían dado.


Realmente no le puse más atención a aquella niña, mi atención se la robaron aquellas pequeñas personas que ahora traen unas máscaras chistosas, con sonrisas exageradas, los arlequines jugueteando y tonteando entre la gente, no se si fue el humo, o el baño que me di antes en el río, pero estornude tan fuerte que le eche la culpa a las flores de mi cuello, me las quite y mire a mis compinches de esa noche, riendo frenéticamente.


Compartí sus risas, sin embargo me extrañó porque no había porque reír de esa manera, miraba los actos, después sentí un mareo y mi cabeza comenzó a dar vueltas.


El olor a el incienso se hizo presente en mi nariz, ahora miraba la velas parpadeantes que iluminaban las siluetas de los artistas, pero las sombras parecían tener su vida y ritmo propio, sus movimientos eran bruscos y descontrolados, las máscaras parecían ser grotescas.


Froté mi rostro, dudando de lo que veía, voltee a ver a las albinas y sus movimientos seguían siendo delicados cual movimiento de una flor movido por una brisa de viento, pero sus sombras… sus sombras parecían zafarse de los brazos, juro haber visto alguna de ellas salir del reflejo de la cortina, y venir hacia a mi en movimientos erráticos, cai de mi banca para meterme debajo de ella algo asustado, camine a gatas bajo las bancas hacia las de mis amigos no lejos de la mía, subí y les moví, les dije lo que veía pero parecía no escucharme, ni verme, estaban tan sumidos en el espectáculo y su risa en frenesí que pensé haberme quedado loco, volví a frotar mi rostro, ahora mire mis manos las cuales estaban manchadas de rojo, ¿era sangre?...


Vi mis manos en busca de cortadas, seguro algo del suelo me habra cortado, pero estaban intactas, me toque el rostro, pero no… la sangre no era mía, mire el suelo mientras me limpiaba las manos, era todo el suelo… todo este estaba lleno de sangre carmesí, lo que antes creía que era una mullida alfombra ahora era sangre, mi estómago se revolvió, salí a gatas sosteniendome el estómago con una mano por un costado de la carpa para que me diese el aire.


La brisa de esa noche se sentía tan relajante que aminoro mis ascos, pero no pude evitar devolver lo que había consumido esa noche, cuando los mareos cesaron la curiosidad de todo muchacho se hizo presente, quería ver si lo que vi era verdad, volver por mis camaradas pero mis manos no dejaban de temblar.


¿Que era yo?¿un gallina?, tome valor y volví a asomarme dentro de la carpa….¿Por qué las máscaras de los enanos eran tan grotescas? ¿Las flores del cuello eran las que nos hacían ver las cosas como no eran?... mi estómago dio otro vuelco, ahora lo soporte pero el circo era muy diferente…


K.