Capítulo 1
—Jimin, tu cliente favorito está aquí. — Everly me da un latigazo en el culo con un paño de cocina y me sonríe.
—¡Everly cállate! Te va a oír.
Vaya, ya me estoy poniendo rojo. Es Jungkook.Viene a la cafetería todos los martes por la mañana, el momento álgido de mi turno de mañana en el Aroma y Sabor. Una cafetería que está justo a las afueras del campus. Compagino el trabajo con las clases en la Universidad de Pensilvania. La ubicación de esta cafetería hace que acudan, sobre todo, trabajadores y alumnos que viven fuera del campus.
Sin duda, Jungkook pertenece a la categoría de los trabajadores. No estoy seguro de a qué se dedica, pero cuando viene a la cafetería lleva trajes con pinta de ser muy caros y corbatas elegantes. Nada que ver con los pantalones de deporte y las camisetas con diseños estampados de los universitarios. Jungkook debe de ser diez o quince años mayor que yo. No importa. Es guapo, y a mí me atrae, lo cual está mal, porque tengo novio, un novio con la edad apropiada para mí. Aunque esto es solo un flechazo inofensivo, ¿verdad?
Pero Jungkook… hace que se me mojen las bragas con solo pedir un café. Es alto
mide más de un metro ochenta, según mis cálculos— y tiene el pelo oscuro y espeso, los ojos marrones y unas pestañas por las que cualquier chica o chicomatarían. Hoy viste un
traje gris oscuro con una corbata de color ciruela. ¡Mierda, qué bueno está!
Sus manos… Estoy un poco obsesionado con ellas. Tiene unos dedos largos que terminan en unas uñas cortas e impecables. Es que tienen pinta de ser… capaces.
Tengo muchas fantasías con sus manos y mi cuerpo. Jungkook debe de ser un experto con
esas manos. Apuesto a que podría hacer que me corriera en cuestión de minutos; esos
dedos perfectos sabrían justo dónde tienen que curvarse mientras me penetra hasta mi próstata. Probablemente podría hacer que me corriera con una sola mano
mientras cuelga una llamada de teléfono con la otra.
Tengo muchas fantasías con Jungkook por el mero hecho de servirle un café todos los
martes y cobrarle. Siempre paga en efectivo. No tengo ni idea de cuál es su apellido y
ni siquiera sabría su nombre de pila de no ser porque lo escuché hablando por teléfono en una ocasión, mientras sacaba un billete de veinte de la cartera.
—Soy Jungkook. Dile a la doctora Kallan que es urgente. Sí, espero.
Por desgracia, no creo que mis fantasías sean correspondidas. Me parece que él ni siquiera sabría cómo me llamo si mi nombre no estuviera estampado en negrita en
el pin que llevo enganchado en la parte frontal del delantal.
—Jimin.
Siempre me llama por mi nombre. «Buenos días, Jimin. Me tomaré un café de
tueste italiano, Jimin. Creo que tienes un poco de nata en la nariz, Jimin». Esa cosa
salpica, ¿bien?
—¿Jimin?
Oh, Mierda. ¿Me ha estado hablando mientras fantaseaba?
—¡Lo siento! Mmm… soñaba despierto. —Me sonríe con suficiencia. Cabrón—.
¿Grande de tueste italiano?
—Por favor. — Jungkook desliza un billete de cinco dólares por el mostrador—. Que
tengas un buen día, Jimin. —Sonríe otra vez, se da la vuelta y sale tranquilamente de
la Cafetería.
Yo lo observo caminar, libre para follármelo con los ojos sin que me vea. Las puertas tintinean cuando se cierran tras él, pero yo sigo observándolo hasta que desaparece de la vista.
—Vaya, cómo ha subido la temperatura. — Everly se abanica con una bolsa de las
que usamos en los pedidos para llevar—. Qué tensión sexual. ¿No hace mucho calor
aquí?
—Para.
Le encanta molestarme. Cada semana pasamos por esto. Jungkook debe de oírla riéndose con disimulo al fondo. Además, es ella la que se asegura de que sea yo
quien lo atiende siempre. Si Everly está en el mostrador cuando llega él, enseguida
encuentra otra cosa que hacer para poder retirarse y observar cómo yo me lo como
con los ojos. Me da vergüenza lo evidente que es.
—Ya basta con el tipo bueno misterioso. ¿Vas a follarte a Mike o no? Le has hecho esperar como… ¿un mes? Eso es mucho según la percepción del tiempo de un universitario cachondo. Además, eres el virgen más grande del campus. Y no de nuestro campus, sino de todos los campus.
Le alcanzo un montón de paquetes de quinientos gramos de café etiquetados para su venta individual y me apoyo en el mostrador de enfrente.
Me muerdo el labio y desvío la mirada.
—¡Oh, por Dios! Lo decía en broma. Lo siento, Jimin. Mierda,
Everly deja caer la bolsa de café bajo el dispensador. Los granos se desperdigan por el mostrador y caen al suelo mientras me da un abrazo enorme.
—A muchos chicos les encantaría follarte, Jimin. Te lo prometo. Como a Jungkook. A ese le encantaría metértela, solo que le preocupa ser un asaltacunas. Pero igualmente deberías empezar con Mike. Jungkook es alto, fornido y guapo, así que tiene toda la pinta de tener la polla como la de un burro.
—Tienes un talento encantador para las palabras, Everly. Deberías escribir un libro o algo. —Me libero de su abrazo y cojo la escoba para barrer los granos de café del suelo.
—Entonces lo vas a intentar con Mike, ¿no? Y te quitas este asunto de encima. Mike servirá; está bueno. Yo me lo follaría.
—¡Everly!
—Pero no lo haría sin condón. La seguridad es lo primero. Dime que has pedido hora en la clínica para estudiantes de la universidad. Siempre deberías usar dos métodos anticonceptivos porque yo no estoy lista para ser abuela. — Everly se sienta
en el mostrador de atrás y me mira mientras barro—. Te has dejado unos cuantos a tu
izquierda.
— Everly tienes veintiún años y no somos parientes. No serías abuela.
—Da igual. Es el significado semántico.
—Eso no es un significado «semántico». ¿Qué carrera decías que estudiabas? —
Le echo una ojeada mientras birla una magdalena de la vitrina de bollería y le quita el
envoltorio.
—Estudio al profesor Camden —responde con la boca llena—. Que es mejor que esta magdalena. Dios, ¿quién paga por esta mierda?
—Tú no, claro. —La observo tirar la magdalena a la basura—.
Sí, hoy tengo hora en la clínica después de mi turno. Me he depilado las piernas y todo.
Me agacho y me pongo a barrer el desastre de Everly hacia el recogedor.
—¿Y la ahi abajo? ¿Te lo has depilado? — Everly vuelve a estirar el brazo hacia la vitrina y saca un bizcocho de chocolate cubierto de caramelo.
—Noooo —respondo lentamente—. No creo que el ginecólogo se espere que no tenga pelos, ¿no?
—¡Por Dios! Qué bizcocho. Esto sí que está bueno. Es orgásmico. ¿Cuánto cobramos por esto? —Supongo que no le importa porque ni deja de hablar ni comprueba el precio en la etiqueta de la vitrina—. Dios mío, ¿quieres un poco?
Digo que no con la cabeza y ella continúa—: Tengo muchísimas ganas de que tengas
un orgasmo. No un orgasmo con un bizcocho, sino un orgasmo con un pene, el cual no
tendrás este fin de semana a menos que Mike tenga mucho, mucho talento. Aunque no es lo suficientemente mayor, créeme. Pero será mejor que ese imbécil haga que te corras con la lengua o los dedos antes de metértela, porque la primera o la segunda
vez no va a ser agradable. Así que eso, puede que Mike quiera que no tengas pelos.
Te pondré en contacto con la que me lo hace a mí, Leah. Es increíble con la cera. Everly deja el bizcocho a medio comer en el mostrador y saca el móvil del bolsillo mientras yo estoy distraído con un cliente. Para cuando he terminado de hacer un café con leche, vainilla y avellanas de tamaño mediano y me giro hacia Everly, ella ya ha colgado y sigue comiéndose el bizcocho.
—Todo listo. El jueves. Te he enviado un mensaje con la dirección. De nada.
—¡Everly! En ningún momento te he dicho que estuviera de acuerdo contigo en hacerme la cera.
—No seas cobarde. Ir al ginecólogo es más incómodo que hacerte la cera. Te va a encantar, créeme. La fricción es mucho mejor durante el sexo. Dios. — Everly sonríe—. Y con los vaqueros. Te juro que estarás cachondo todo el viernes por el roce del pene depilado con los vaqueros.
Sacudo la cabeza.
—Esta conversación es del todo inapropiada.
—¿Dé qué hablan? ¿Pelea de almohadas en bolas en la residencia de estudiantes?
—Cállate, Jeff. — Everly ni siquiera levanta la vista del bizcocho.
—No puedes hablarme así, Everly. Soy tu jefe; eso es insubordinación.
Jeff es un estudiante de último curso de la universidad, como nosotros.
Su padre es el dueño de esta pequeña cadena de cafeterías y ha dejado que Jeff gestione este local.
—Tampoco puedes acosarnos sexualmente, pero lo haces. ¿Por qué no llamamos
a tu papaíto y hablamos de mi demanda por acoso sexual mientras presentas tu queja
por insubordinación?
—Bien—murmura él—. Al menos bájate del mostrador. Y escribe toda la
comida que robas en la lista de mermas. Mi inventario nunca cuadra cuando estás
trabajando. —Se da la vuelta y se mete en su despacho.
En realidad no es un despacho, sino una mesa que puso en el almacén. Lo completó con una silla de oficina que adquirió en Costco un fin de semana y que metió por la puerta trasera como si fuera a abrir un negocio para dirigir un pequeño imperio, no para gestionar una cafetería en la que trabajan universitarios. Everly se baja del mostrador de un salto, murmurando por lo bajo.
—Ese tipo tiene un futuro brillante. En puestos intermedios, donde no motivará a nadie y molestará a todo el mundo.
—No es tan malo, Everly. —Me mira para indicar que no está de acuerdo—.
Bien, sí lo es coincido.
—Cierto.
Everly continúa llenando las bolsas de medio kilo de café y, afortunadamente, deja el tema de la cera. No estoy seguro de no querer cancelar esa cita. Bastante tengo con pensar en la que tengo esta misma mañana.








