Las Alfarias
Cada final de verano, cuando el tiempo es caluroso y los días más largos, se produce un evento en La Reserva como ningún otro, conocido como: «Las Alfarias».
¿Cuál es su inicio, hasta hace cuántos años se remonta? Los animanos, famosos por su profunda cultura oral y su memoria histórica, responden:
—No sé, de siempre, creo.
Es para ellos, una celebración de gran importancia. En esas fechas coinciden los «celos», momentos de excitación sexual y una llamada biológica por la reproducción, de ambos géneros: alfas y omegas. Las Má, chamanas y líderes espirituales de La Reserva, son las encargadas de iniciar los preparativos con un ritual de cánticos y bailes. Admiradas y respetadas por los habitantes de las Villas Omegas, todos se acercan a observarlas en una tradición cargada de simbolismo y misticismo.
—Ya está la puta Hiena Má dando por el culo.
Benny, omega-conejo, considerado en la sociedad beta como «lepórido», posee un excelente oído y los hermosos cánticos de la chamana, le despiertan de su siesta de media tarde. Con expresión molesta y frustrada, este espécimen de omega de madriguera, asciende desde su hogar en Raíces para buscar un poco de serenidad y calma en la calurosa superficie.
—Joder, qué calor —dice, abanicándose con la mano.
La proximidad del celo comienza a alterar su complejo organismo, produciendo un cambio bioquímico y hormonal que afecta a su aroma, su humor, sus necesidades y a la temperatura corporal. Benny es famoso en su villa por ser el líder de los omegas, amado y respetado guía entre los suyos. Los omegas más jóvenes y «extranjeros» ( o novis), así llamados por ser recién llegados del mundo beta, se alejan de su camino e inclinan la cabeza con respeto.
—Aparta, hostias, joder, putos omegas recién llegados. Qué asco me dais —proclama el líder Benny, abriéndose paso en dirección al Hogar, centro neurálgico de la política de la villa y residencia del Alcalde, alfa al cargo de su protección y mantenimiento.
El líder Benny asciende las escaleras para reunirse con su mejor amigo, al que considera un igual entre los suyos. El lepórido ha podido oírle murmurando gracias a su agudizado oído, percibiendo la letanía de pensamientos que el omega emparejado siempre deja escapar de forma inconsciente mientras ordena las cartas.
Al presentarse frente a él, el líder Benny se detiene, se cruza de brazos e inicia un tradicional ritual de amistad en la Comarca de Mil Lagos.
—¿Por qué vistes como un subnormal, Mentita?
—Porque me sale de la polla —responde el otro omega, conocido en toda La Reserva como «El Cartero del Pinar». Un puesto de merecido respeto por ser el encargado de hacer llegar cartas y paquetes a todas las villas del entorno. Es, además, la pareja de uno de los seres más peligrosos del mundo animano: un salvaje—. ¿Por qué vistes tú como un twink de Miami?
Benny alza la cabeza y golpea el suelo de madera con su alargado pie, parte de su fisonomía especial de lepórido. Esta señal es común en su raza para demostrar impaciencia o desaprobación.
—No sé qué es eso, pero si son reyes en el mundo beta, sí. Soy muy twink de Miami —responde.
El cartero del Pinar se vuelve hacia él y, con una ligera sonrisa, afirma:
—Son reyes para algunos, sin duda.
La vestimenta tradicional animana varía según las Comarcas, siendo, Mil Lagos, una zona de clima continental, con veranos cálidos e inviernos fríos. Durante las épocas estivales, los animanos de estos climas templados dejan atrás sus vestimentas de entretiempo (jubones, lana, cuero) para reducir su atuendo a calzones o faldas junto con ligeros chalecos.
Sin embargo, la influencia de la reciente explotación minera de los humanos y la llegada cada vez más notable de una gran comunidad de omegas criados en el exterior, ha hecho proliferar el uso de vestimentas extranjeras y menos tradicionales; como el caso del cartero, quien viste una camiseta hawaiana abierta y un bañador.
—Deberías dejar de comerciar con los betas, Mentita —le advierte Benny, preocupado por el daño que esa «influencia beta» podría causar en sus antiguas tradiciones—. No necesitas llevar su ropa. Nosotros tenemos mejor ropa de verano.
Mentita pone los ojos en blanco en muestra de exasperación o indiferencia, un gesto muy acostumbrado en él y, al parecer, común en su raza lemuriforme; de la cual todavía se sabe muy poco tras la diáspora sufrida en Madagascar tras la invasión humana y destrucción de su entorno natural.
—A mí me parece muy cómodo —responde, restando importancia al impacto que su ropa pudiera tener en las tradiciones y costumbres—. Además, ¿quieres que vaya en taparrabos a entregar cartas?
—¿Y por qué no?
—Porque me parece innecesario y desagradable —le aseguró el cartero, volviéndose de nuevo hacia su mesa de trabajo.
Su deber es de gran importancia y Mentita es un omega metódico y diligente en sus deberes; si esto es parte de su naturaleza lemuriforme o parte de su personalidad, no se podría decir.
—¿Tigro también lleva ropa beta? —pregunta el líder Benny con preocupación en su tono, normalmente, condescendiente.
Que un salvaje empezara a adaptar costumbres humanas sería un punto de inflexión para la comunidad, ya que los salvajes eran alfas con gran impacto en sus comarcas.
—No… —suspira Mentita—. Tigro lleva un taparrabos súper obsceno y ridículo.
El líder Benny sonríe con malicia y apoya el hombro en el borde de la puerta.
—¿Y te pone tan cachondo que necesitas un bañador para no tener que cambiarte todo el rato?
Tras meter un grupo de cartas con cierta violencia en su mochila, Mentita se coloca el asa al hombro y se vuelve hacia su amigo.
—Lo odio a muerte —declara con tono serio—, no para de provocarme y hacer el gilipollas y está sudado y… agggghhh —termina gruñendo, echando la cabeza atrás con frustración e impotencia—. Supera por completo mi autocontrol.
Benny pone una mueca de ojos en blanco y niega con desaprobación. El lepórido considera que toda muestra de debilidad frente a un alfa es una condena a muerte; sin embargo, su mejor amigo es un omega emparejado y, como tal, no se le aplican las mismas normas sociales que a los omegas solteros. Una vez finalizado el cortejo y cimentado la relación con un alfa, usando para ello una tradicional cuenta en la barba, el omega es libre de dejarse llevar por todos los impulsos sexuales que desee.
—¿Y tú qué? —le pregunta el cartero, pasando por su lado en dirección a la salida del Hogar—. ¿Ya estás preparándote para las alfarias?
—Yo no necesito prepararme para nada —le responde el líder Benny, siguiéndole de cerca—. Todavía nadie me ha cazado en las alfarias y te aseguro que nadie lo hará.
—Esa es la clásica cosa que se dice antes de que la vida te dé en toda la boca —le advierte Mentita.
—A mí nadie se me acerca a la boca —le deja bien claro el lepórido.
Las felaciones son, en La Reserva, un tema tabú. Benny es consciente de que su mejor amigo las ha practicado y, posiblemente, las siga practicando con su alfa, pero su estatus como omega de un salvaje le hace, a ojos de la comunidad, intocable en todos los sentidos.
—Es una expresión, Ben, relájate.
—Huh… —murmura el líder omega, alzando con orgullo su cabeza de largas orejas de conejo.
—Por cierto, ¿qué le pasa a Hiena Má? ¿Por qué lleva una hora dando gritos por la villa?
—Es la tradición.
—¿Topa también lo hacía?
—No, Topa tocaba un tambor, que era incluso peor.
El lepórido no se separa del cartero en todo el trayecto hasta el linde de la villa omega y, una vez alcanzado el espeso bosque, le acompaña a un paso más veloz a través de la hojarasca.
—¿Has visto la cantidad de nuevos omegas que han llegado? —pregunta el líder—. ¡Ya no queda nadie en la villa que haya nacido en Mil Lagos!
—Benny… —murmura el cartero, de nuevo, con un gesto de ojos en blanco—. Han llegado diez omegas nuevos esta semana, y hay doscientos sesenta omegas en El Pinar; no seas un puto exagerado.
—¡Nos están invadiendo! —continúa el lepórido, ignorando por completo a su mejor amigo.
Corren veloces por el bosque, pero gracias a su cuerpo animano, ninguno sufre las repercusiones que un humano tendría al intentar hablar y moverse de esa manera. Como atletas de élite, incluso se permiten dar saltos y tirabuzones en el aire de la forma más espectacular. Aunque impresionantes a ojos beta, estos malabarismos resultan de lo más comunes para ellos.
—Creía que te haría sentir orgulloso que hayan elegido venir a Mil Lagos. La mayoría se están quedando en el sur.
—¡El último llegó por el aire en una de esas cosas betas que viajan a Mina Negra! ¿Te lo puedes creer? Ahora los están trayendo directamente a Cauce Rápido.
Mentita suspira y, tras dar un salto, apoyar el pie en un tronco, hacer una pirueta y caer de nuevo en el suelo para seguir corriendo; suspira.
—Venir de fuera es complicado, Ben. No seas un cabrón con ellos.
—Yo no soy un cabrón —dice el líder, apoyando las manos en un tronco caído antes de dar una voltereta, apoyar los pies en una piedra y superar de un salto el riachuelo de dos metros de largo—. Pero esos novis nos están dejando ¡en puto ridículo!
—Novis… —vuelve a suspirar el cartero.
Como aquellos omegas recién llegados, él también había sufrido el impacto cultural y ambiental que suponía mudarse a La Reserva; también había sido un «novi», palabra autóctona para designar a los extranjeros, pero ahora era un omega emparejado y uno de los pilares de Mil Lagos.
—¿Qué están haciendo que sea tan ridículo? —pregunta el lemuriforme.
—Agárrate la cola —le advierte, volviendo el rostro hacia él para que pueda distinguir su mueca de sorpresa y rabia—. Van a las villas alfa de visita… solo porque quieren.
—¿Sin ninguna excusa? —el lemuriforme finge sorpresa y se lleva una mano a los labios.
—¡NO, NINGUNA! —ruge el líder, alzando las manos en alto antes de llevárselas a la cabeza—. ¡Qué puta vergüenza me están dando! Dicen que «quieren ver a los alfas».
—Uff… —murmura Mentita, en esa ocasión, con verdadera sorpresa—. ¿Ha llegado algún texano a Mil Lagos?
—¿Qué?
—«Quieren ver a los alfas, yeehaw!» —repite el cartero, intensificando el acento sureño a la vez que imita un gesto de cowboy que el lepórido, autóctono de la Reserva, no entiende. En consecuencia, pregunta:
—¿Pero qué cojones haces, Mentita?
El cartero hace un gesto de la mano y niega con la cabeza, saltando a una rama baja para agarrarse con ambas manos y superar el cambio de altura del terreno. El lepórido solo da un casual salto de dos metros que dejaría en ridículo a cualquier atleta profesional.
—¿Sabes? Una vez hablé con Topa sobre ese tema —le dice el cartero—, sobre qué me gustaría que me hubieran dicho cuando era un recién llegado. Quizá escriba un pequeño folleto y lo mande imprimir para llevar a Altos Muros. Me dijeron que han traído a un par de omegas por transporte aéreo.
—No necesitan un folleto, lo que necesitan es tener un poco de amor propio —responde el lepórido, deteniendo la carrera en el momento en el que superan el linde del bosque y se internan en la colina.
Allí, también se repasa el pelo, las orejas y los bigotes, asegurándose de tener limpio el calzón.
—Vayamos por el viñedo —murmura de forma desinteresada.
—No voy a dar un rodeo hasta le otra punta de la villa. Tengo muchas cartas que entregar.
—¡Y yo te estoy ayudando a hacerlo! —exclama el lepórido—, pero hace muy buen día y el camino de los viñedos es muy agradable.
—Pffff —resopla el cartero, dedicando una mirada por el borde de los ojos a su amigo y líder—. Dime que quieres ir hasta allí y necesitas una excusa, pero no me mientas a la puta cara, que nos conocemos…
Benny arquea una ceja como si no supiera de lo que habla el lemuriforme y, sin más, gira en dirección a la colina.
Benny es un omega soltero y, como tal, está siempre en la búsqueda de posibles parejas. El cortejo animano es complejo y parte de un acalorado debate entre los especialistas, quienes no se ponen de acuerdo con respecto a su complejidad e importancia cultural.
—Pero mira quién ha venido a vernos con sus pantaloncitos…
—Seguro que viene a «acompañar a Lemér», qué casualidad que nunca lleve ninguna carta…
—Chicos, no seáis crueles. Benny solo quiere disfrutar de la visión de los mejores alfas de la Reserva.
Vallealto, con una población animana de caprinos y rumiantes, es el centro productor de grano, fruta y ganado de Mil Lagos. Su riqueza, alfas y posición privilegiada, la convierten en una villa muy deseada por los omegas, quienes, a menudo, buscan excusas para poder visitarles. En época veraniega, los alfas solteros prescinden de la mayor ropa posible, eligiendo atuendos minimalistas. Su exagerada desnudez cumple dos funciones: afrontar mejor el calor durante sus arduas tareas en el campo; y atraer las miradas de los omegas para los que se exhiben a la menor ocasión.
Mentita, al estar emparejado, ya no forma parte de los objetivos de esas provocaciones, pero Benny, líder de los omegas, es todavía una pareja elegible, por ello un grupo de solteros a la vera de los campos, dejan sus actividades a un lado para exhibir posturas dominantes, marcar músculo y sobresaltar sus entrepiernas apenas cubiertas.
El exhibicionismo es una parte esencial del cortejo alfa y, como tal, los machos intentan seducir a sus posibles parejas omegas con muestras de fuerza y el tamaño de sus genitales.
—Mentita, qué suerte tienes de no tener que soportar más a los puñeteros alfas de Vallealto —dice el lepórido, ignorando por completo los intentos de seducción de los machos—. Cuando tienen una excusa para quitarse la ropa, son de lo más patéticos.
El cartero del Pinar asiente en ayuda de su aliado omega y amigo, dándole la razón; aunque él sabe, como es bien conocido en todo Mil Lagos, que los alfas del valle son de los más deseados y ambicionados de la Comarca. En época estival de calor, las visitas del género omega a la villa aumentan un 37%, los expertos aún debaten si es debido a los refrescantes ríos de agua clara y fresca que cruzan el valle, o al hecho de que los alfas fueran solo en taparrabos.
—¿Necesitas que te dé un poco de aire? —pregunta Mentita. Su sonrisa es cruel y, con su mano, abanica al líder omega.
—Cierra la puta boca —responde el lepórido, muy consciente de la humedad que la visión de los alfas a causado en su entrepierna.
—Oh, no… —el cartero sonríe más y, casi con crueldad, advierte—: agárrate la colita y aprieta bien los dientes…
Benny se ofende y mira a su mejor amigo. Como omega autóctono, su desprecio hacia los alfas es siempre patente y frío, sin mostrar debilidad alguna. Nunca se humillaría como los novis, confesando su deseo y facilitando el cortejo.
—Benny…
La voz que le sorprende es masculina y grave. Benny la reconoce al instante y, con la espalda envarada, se vuelve en dirección al alfa rumiante que le ha sorprendido de espaldas. El macho se ha posicionado en la cerca del campo de viñedos, en lo alto de la colina al lado del camino. Con una pierna elevada sobre las tablas, ha dejado sus grandes muslos visibles tras las aberturas de la cortina que cubre su entrepierna y su trasero. Su musculoso cuerpo de bovino brilla por efecto del sol y la leve capa de sudor que cubre su piel chocolate. La postura, escogida para mostrar fuerza y tamaño, hace sobresaltar su metro noventa y cinco de altura y sus anchos hombros. En su cabeza, como es habitual en su especie, sobresalen unos grandes cuernos del mismo intenso negro que sus ojos y su pelo, trenzado hacia su espalda. Sus labios gruesos y llenos sonríen levemente y, bajo las amplias aletas de su nariz —las cuales expande para absorber el aroma del omega y sus feromonas—, sobresale un septum plateado.
El alfa-toro posee una sombra de barba incipiente: distintivo inequívoco de que está comenzando a intimar con un omega. Los alfas solo producen vello facial consumiendo omegatilia de forma oral o absorbiéndola de forma cutánea a través de poros en su piel, llamadas Glándulas Alfaríparas. Dichas glándulas, presentes entre las glándulas sudoríparas y las sebáceas, son un marcado rasgo biológico y una especialización solo encontrada en la dermis de los alfas, quienes las utilizan para capturar la omegatilia y, así, oler de la misma forma que sus omegas.
El sistema olfativo juega un papel muy importante en el mundo animano y, como tal, los alfas usan este aroma «robado» como señal de advertencia para otros machos solteros. Dos alfas con el mismo olor, territoriales y enloquecidos por las hormonas, podrían ponerse muy agresivos y enzarzarse en una violenta pelea por el omega.
—No puedo creer que hayas tenido el puto valor de acercarte a mí, Tori —responde el líder omega, alzando la cabeza en señal de orgullo. Coloca sus manos en la cadera y adopta una postura estricta y distante.
—Oh, bueno… —sonríe el alfa, alzando una mano para rozarse su incipiente barba—. Digamos que no es la primera vez que me acerco mucho a ti. Ni la segunda…
—¡Ja! Por favor… no me hagas reír —murmura Benny, mostrando una visible y palpable superioridad—. Utilizas a un alfa para limpiarte por puro aburrimiento, y ya se creen con derecho a ponerse tontos —le explica a su aliado omega.
—Claro… —afirma el cartero, testigo silencioso del cortejo—. Bueno, yo tengo que ir a entregar las cartas. Te espero en el Hogar.
—Sí, iré enseguida —responde el lepórido con un gesto de cansancio—. Solo tengo que dejarle claras un par de cosas a este imbécil.
—Sí, sí… —sonríe el lemuriforme—. Encantado de verte, Tori —se despide.
—Igualmente, Lemér. Me encanta tu camiseta.
—Gracias.
Tras la marcha del cartero, el cortejo prosigue su curso.
—¿Ahora que ya no eres la perra de una traidora, te pones gallito? —pregunta Benny.
—Mmh… estás muy guapo cuando te enfadas —responde el alfa-toro, inclinándose sobre las vallas de madera para mirar más de cerca al pequeño omega—, pero ambos sabemos por qué has venido a los viñedos —añade mientras las aletas de su ancha nariz se expanden, aspirando el olor del omega, mucho más intenso desde que ha visto al alfa bovino—. Necesitas que te limpien.
—He venido a los viñedos porque Lemér quería pasar por aquí. Le gustan las vistas —le dice el omega, a lo que el bovino responde con una baja y grave carcajada.
—Claro, Lemér, el omega más eficiente y organizado que conozco, quiso perder el tiempo y dar una vuelta de veinte minutos solo por… las vistas —vuelve a sonreír, mirando al omega de arriba abajo mientras se moja su grueso labio inferior—. Me podría creer eso si ambos siguierais solteros, pero el único soltero ahora, eres tú.
—Sí, sigo soltero —reconoce el omega mientras se mira de forma desinteresada las uñas de la mano—, y eso que tengo alfas en todas las villas que se desviven por mí…
El bovino resopla produciendo un ruido denso y animal mientras agita la cabeza de grandes cuernos. La competitividad en La Reserva es muy grande entre los alfas. Siendo solo el 34% de la población omega, es muy probable terminar soltero. Incluso los enormes y deseados bovinos corren el riesgo de no conseguir pareja y no llegar a reproducirse.
—Para tener tanto alfa por ahí, huele a que estás empapado —responde el rumiante, participando en el complicado juego del cortejo—. Aunque quizá eso sea culpa mía.
El enorme bovino vuelve a levantarse, resaltando su imponente altura, cruzando los brazos paradestacar sus grandes bíceps y su poderoso pecho de vello negro. Cada especie animana posee unos componentes y detalles únicos que los diferencian de los demás, son estos detalles los que los alfas destacan frente a los omegas, con la esperanza de llamar su atención y producir un deseo sexual. En el caso de los rumiantes, esas características a destacar son: su gran volumen muscular, su robusto cuerpo, su fuerza y el tamaño de sus genitales; entre los más grandes de la raza animana.
—No, por supuesto que no es culpa tuya —le aclara el omega, sin dejar de mirarse las uñas—. He estado muy ocupado ayudando a los omegas recién llegados del exterior. Los pobres no saben ni lo que hacen.
—Mmh… —murmura el alfa. Se puede apreciar su mugido, característico de su especie: profundo y cavernoso—. Me alegra que les ayudes. Es bastante jodido llegar a La Reserva después de vivir entre los betas. Yo estaba completamente acojonado.
—Lo sé —suspira Benny—. Lemér no para de pedirme que les ayude. Dice que, como líder del Pinar, es mi responsabilidad guiarles.
Tori, el imponente bovino, pone los ojos en blanco y vuelve a resoplar.
—Pues no vas a guiarles estando sucio —le dice.
—Eso es… verdad, por desgracia —responde el omega con una mueca pensativa y lejana—. Necesito que me crean y que confíen en mi cuando les digo que no vengan a Vallealto a ver a los patéticos bovinos. Presa de Arce es, sin duda, mil veces mejor…
Tori cruza la valla que separa el camino de tierra de la colina de altos viñedos y, parándose frente al omega, aproxima suavemente su enorme mano manchada de tierra hacia la del omega.
—Ven, te llevo a casa y te limpio… Tengo dulces de almendra.
—Pfff… dulces de almendra, ¿en verano? —se queja el omega, sin embargo, no aparta la mano cuando el alfa empieza a jugar con sus dedos y a acariciarle la palma.
—También tengo té frío de melocotón —añade el bovino, acercándose un paso más—. Te vendrá bien con este calor.
—Sí, bueno —empieza a ceder el líder omega, sin ningún temor al tamaño del alfa, incluso con una diferencia de poco menos de medio metro de altura—. Quizá un té frío no me vendría mal. Esta vuelta que me obligó a dar Lemér me ha dado bastante sed.
—Claro… —sonríe el bovino, cerrando su mano alrededor de la del omega para llevarle con él en dirección a su casa.
El cortejo animano es, a día de hoy, uno de los temas que más curiosidad y fascinación producen, sobre todo, debido al constante intercambio de fluidos que se produce. Descrito como «sucio» o «desagradable» por algunos; «excitante» y «morboso» por otros; no hay que olvidar que la biología animana —aunque en apariencia muy cercana y próxima a la beta—, es, en realidad, muy diferente. Sus cuerpos, sus órganos sexuales y sus necesidades, así como su evolución y especialización, han llevado a los animanos a desarrollar mecánicas que, a nuestros ojos, podrían resultar extrañas o sorprendentes.
Tori, el bovino, ha empezado a absorber omegatilia desde el comienzo del encuentro con Benny. Lo ha hecho a través de un sistema respiratorio especializado, con un olfato capaz de distinguir el aroma del omega a kilómetros de distancia. Las feromonas han pasado de sus pulmones a su sangre, activando receptores que han aumentado su ritmo cardiaco, sus instintos y su libido sexual.
Su incipiente barba también ha jugado un papel muy importante en el encuentro, ya que, al tratarse de un vello producido por la misma omegatilia a la que se ha visto expuesto, su cuerpo ha reaccionado con mayor rapidez; cada vez más y más adaptado a una sola clase de feromona: la del lepórido Benny.
El cuerpo de Benny, por el contrario, no está especializado en la absorción, sino en la emisión. Su glándula omegática, un pequeño órgano situado en su abdomen, es el principal productor de estas hormonas capaces de provocar complejos cambios bioquímicos y metabólicos.
Estas feromonas recorren todo su cuerpo y son expulsadas al exterior junto con una dulce aroma, diferente e identificativo para cada omega. También se encuentran en gran cantidad en su sistema reproductor, concentradas en un líquido cálido y sedoso llamado «líquido omega», «baba omega» o «fluido biológico omegático».
Este fluido recubre sus genitales y ano y cumple dos funciones: ser un lubricante natural y provocar cambios bioquímicos y metabólicos en los alfas. Estos cambios básicos se cumplen en todas las especies animanas: producción de vello facial, testosterona, adrenalina y los desencadenantes instintivos que les llevaran a convertirse en machos protectores y territoriales. Por otro lado, se producen cambios raciales específicos que difieren entre especies.
En una fase tan inicial del cortejo, el bovino todavía está empezando a sufrir los efectos de estos cambios, pero el tamaño de sus testículos ya ha empezado a aumentar junto con la producción de testosterona y esperma. Si el cortejo continúa, el bovino necesitará coitos regulares con los que liberar esta sobre-producción.
—Estás increíble con esos pantaloncitos… —murmura el bovino.
Al conseguir llevar al omega a su hogar, Tori pueda dar ya por concluido el cortejo inicial. Una vez asegurada la privacidad, se produce la segunda fase: la «limpieza», o absorción oral del líquido omegático. La dinámica entre la pareja cambia ligeramente, siendo el alfa el que está al mando ahora de la iniciativa.
—Yo estoy increíble siempre —responde el líder omega.
—Sí… —el bovino resopla y agita la cabeza, tomando al pequeño omega en brazos para llevárselo a la cama.
Allí, lo deposita tumbado boca arriba y le acomoda con el uso de almohadas, asegurándose de que esté lo más cómodo posible durante la limpieza, periodo que se puede alargar entre cinco a quince minutos. Después, el alfa se pone de rodillas entre las piernas del omega y, relamiéndose, empieza a quitarle el calzón.
Con un profundo mugido, el alfa observa la humedad del omega y los hilos de viscosidad que se han quedado pegados contra la tela de su pantalón corto y ajustado. Cuando se lo termina de sacar, mira la prenda de ropa, le da la vuelta para alcanzar el interior y empieza a lamer el liquido omegático que mancha la entrepierna, metiéndose parte de la prenda entre los labios para chupar y olerla.
—No hagas esa mierda tan rara —le ordena el omega, mirándole con expresión molesta—. Ningún alfa hace eso.
—Porque no saben lo que es bueno —resopla Tori, apartando el rostro humedecido antes de volver a acercarse el pequeño pantalón a la nariz—. Joder… qué bien hueles.
—Esa raro, Tori. Muy raro —insiste Benny, ahora, de brazos cruzados.
—No es raro de donde yo vengo.
El líder omega entrecierra los ojos y le da una seca dvertencia:
—No me obligues a preguntarle a Lemér si eso es verdad.
El bovino responde a su mirada y, en una pequeña provocación, saca su enorme lengua para terminar de lamer el pantalón antes de dejarlo a un lado. Después, mete los brazos por debajo de las piernas del omega y los cierra sobre sus muslos, atrayéndole un poco más al borde mientras le aprieta las rodillas contra el abdomen, facilitando así el acceso a su escroto y ano.
Sin dejar de mirar por el borde superior de los ojos la expresión molesta del omega, extiende la lengua de rumiante y empieza a acariciarle la entrepierna húmeda. Benny aprieta los dientes y cierra los ojos por un instante, resistiéndose, como es su deber, a mostrar debilidad ante el alfa.
Esta dinámica de rechazo e indiferencia constante, solo termina cuando el omega decide emparejarse. En cualquier otro caso, las únicas interrupciones son producidas debido a explosiones de placer o excitación. Esta pérdida de control y necesidad por excitar y dar placer a sus parejas, es el principal objetivo de los alfas. Ya que, en dichos momentos, el cuerpo del omega reacciona produciendo una mayor cantidad de líquido omegático o baba; y cuanta mayor cantidad de omegatilia consumiera el macho, más rápido desarrollaría el cambio metabólico e instintivo.
Por ello, el proceso de aprendizaje y exploración por descubrir qué es lo que más excita al omega, es esencial. Por suerte para Tori, Benny y él ya habían mantenido una relación previa, lo que convierte al bovino en un alfa «virulento».
Este término, aunque no aceptado por todos, es el más comúnmente utilizado para describir el proceso, ya que, al contrario que la exposición a un germen y posterior inmunización a él, el cuerpo de un alfa produce el efecto contrario; es decir: habiendo ya sido expuesto a una clase de feromonas omegas con anterioridad, posee una memoria metabólica que le permite desarrollar un cambio mucho más rápido que con un omega desconocido, uno que no le hubiera ya «infectado».
Tori posee un conocimiento previo sobre las zonas erógenas de Benny, así como un metabolismo ya habituado a utilizar las hormonas del omega lepórido. Con ambas herramientas, cumplirá su objetivo de desarrollar la mayor barba posible, lo que le aportara beneficios y privilegios sobre los demás alfas.
Mientras tanto, Benny se esforzará por evitarlo.
Mordiendo el puño con fuerza, el líder omega hace todo lo posible para no gemir, sintiendo la gruesa y cálida lengua del bovino entre sus nalgas, limpiando todo el espacio desde su ano hasta su escroto en una húmeda y lenta pasada. Tras cada recorrido, Tori se relame, muge y vuelve a empezar.
Cuando considera que está limpio y ha estimulado suficiente la glándula omegática, asegurándose de que no vuelva a producir humedad de forma descontrolada, el alfa se levanta y empieza a quitarse el taparrabos: una simple cuerda que sostiene los trozos de tela que cubren su entrepierna y su trasero. Su erección es más que evidente, así como sus intenciones.
—No, no, no, ¿quién te has creído, Tori? —dice Benny, sudado, acalorado y con la garganta seca y los labios rosados de tanto apretarse el puño para no gemir.
—Benny… —murmura el enorme e imponente alfa, dejando a un lado su taparrabos.
Su piel chocolate resplandece con el sudor que la cubre, resaltando sus grandes músculos y haciendo brillar su vello negro. Su miembro, totalmente erecto, alcanza los veintiocho centímetros de largo y los doce de grosor.
—Ya nos conocemos de antes —le dice, inclinándose sobre la cama, la cual se hunde ligeramente bajo su peso—. Sabes que tienes que darme ciertos… privilegios.
—Oh, y te he dado privilegios —le asegura el omega, retrocediendo un poco entre las mantas finas—. Te he permitido limpiarme incluso después de haberte pasado un año con esa puta del Abrevadero.
Tori muge y sigue avanzando, colocándose con cuidado por encima del pequeño omega.
—Cuando volviste y aceptaste que te limpiara, sabías que ibas a tener que darme privilegios —le recuerda, frenándose en el momento en el que consigue dejar las piernas entre la cadera de Benny, con su imponente miembro descansando en su vientre—. Soy Tori de Vallealto —le dije, levantando los brazos para mostrar sus grandes bíceps, resplandecientes y con piel de coco—, y ya me has sacado barba, así que…
—¿Crees que eso es una barba? —le interrumpe el omega, tratando de ignorar con todas sus fuerzas el enorme miembro del alfa, su musculoso cuerpo y el increíble atractivo de su rostro—. Si dices algo así en la villa, se van a reír de ti, Tori.
El bovino baja una mano y se acaricia la sombra negra y áspera de su marcado mentón.
—Es una barba más que suficiente para empezar a oler a ti… y si huelo a ti, significa que merezco un trato especial.
—Cada vez que no te doy una patada en la boca, te estoy dando un trato especial —responde el omega.
Tori resopla abriendo las anchas aletas de su nariz y sonríe.
—No sería la primera vez que lo haces —le recuerda.
—Pues eso —concluye Benny, agitando una mano para que se aleje—. Dame mi té y mis dulces y déjame en paz.
Pero Tori insiste. Los alfas, por definición, no suelen rendirse sin luchar. Se inclina sobre el omega, cubriendo su pequeño cuerpo, pero sin llegar a apoyar ningún peso encima. Aunque intimidantes y robustos, los bovinos son muy cuidadosos para no dañar a los omegas, ya que su peso de más de cien kilos podría resultar mortal. El objetivo de Tori al acercar su rostro al de Benny, es que el lepórido pueda percibir el intenso olor de sus feromonas en el rostro del alfa, confundiendo así sus instintos.
—Esta es la segunda vez que estamos juntos —le recuerda en un bajo murmullo—. Sabías que las cosas serían más rápidas y que no iba a tardar mucho en querer follar. Ya me has sacado la barba, ahora tienes que hacerte cargo de mis necesidades.
—¿Qué yo, me tengo que hacer cargo de tus necesidades? —exclamó el omega antes de reírse de forma escandalosa—. No me hagas reír.
Y, subiéndose los pantalones, se fue de casa del bovino.