Capítulo 1
Jungkook
—¿Listo para irnos de aquí? —le pregunté a mi mejor amigo, Jimin.
—Claro.
Estábamos en los Hamptons, en un almuerzo que uno de mis clientes había organizado para celebrar el 4 de Julio.
—¿Qué hora es? —murmuró Jimin. Sus ojos se abrieron de par en par cuando comprobó su teléfono—. Jungkook, ya son las tres. No llegaremos a tiempo a casa de Amelia. Nos va a echar la bronca por llegar tarde.
—No si aparecemos con su postre favorito —dije. Amelia era mi tía.
Teníamos que estar en su casa de Brooklyn para la hora de la cena.
—Ya veo. Después de todo, sobornar a la gente con comida es tu estrategia favorita. —Me dedicó una sonrisa. Jimin Park, me conocía como nadie. Después de despedirnos, salimos del edificio y nos montamos en mi BMW. Durante el trayecto, nos cruzamos con un montón de neoyorquinos que acababan de llegar a los Hamptons.
Estaba contento de que pasáramos el resto del día con mi familia. A Amelia le encantaban las fiestas y el 4 de julio era una de sus favoritas. Era una oportunidad para que todos nos reuniéramos: mis cuatro primos, Jimin y yo. Ella era más que una tía para mí, prácticamente me había criado. Pensándolo bien, podría decirse que también había criado a Jimin.
Cuando cruzamos el Canal Shinnecock y nos encontramos con un atasco, me pregunté hasta qué punto había sido acertado conducir hasta los Hamptons ese día sabiendo que teníamos que llegar a la fiesta anual de mi tía a tiempo. Pero no podía rechazar el brunch. Era propietario de una de las mayores empresas inmobiliarias del país y el cliente que me había invitado estaba a punto de firmar otro acuerdo conmigo.
—Gracias por acompañarme hoy —dije.
Se acomodo el pelo hacia atrás y me dedicó otra de sus preciosas sonrisas. Siempre le pedía a Jimin que me acompañara a los eventos. Todo era diez veces más divertido cuando me acompañaba mi mejor amigo.
—No te preocupes. Ah... y si también quieres traer mi postre favorito cuando pares a comprar el de Amelia, no me importará.
—Lo haré. ¿Alguna otra petición?
—Oye, no me tientes.
Me reí, centrándome en la carretera. De reojo, noté que Jimin estaba mirando su móvil por segunda vez desde que habíamos terminado el almuerzo.
—¿Por qué compruebas tu móvil a cada rato?
—He enviado a mis padres algo para celebrar el día festivo. Es una sorpresa. Estoy deseando saber de ellos.
—¿Qué les has enviado?
—Su postre favorito.
—¿Quién soborna a quién ahora?
Se encogió de hombros y sonrió de oreja a oreja.
—Oye, ya era hora de que te robara algunos trucos, después de quince años de amistad. Además, no les estoy sobornando. Solo... espero que les motive a visitarme pronto.
Sus padres vivían en Montana.
Jimin y yo habíamos ido al mismo instituto. Nos habíamos hecho amigos luego de haberlo defendido cuando se enfrentó al matón del instituto. El tenía quince años y yo diecisiete. Desde entonces, se había pegado a mí. Al principio me molestó, como a cualquier adolescente que no quería que una chico más joven le siguiera a todas partes.
Pero Jimin me había robado el corazón y pronto fui yo quien empezó a ir detrás de el. Los problemas parecían perseguirlo a todas partes. No tenía ni la menor idea de cuándo nos habíamos convertido en mejores amigos. Tampoco sabía en qué momento mi amigo se había convertido en un hombre tan sensual, con curvas peligrosas, y unas piernas torneadas que parecían interminables. Me tentaba muchísimo, pero sabía que no debía ceder a mis instintos.
—¿Por qué no has ido a visitarlos? —pregunté.
—Estoy en medio de un caso importante y no puedo permitirme tomarme tiempo libre ahora mismo.
La entendía perfectamente. Una vez que te subías a la rueda del hámster de la empresa, o estabas dentro o estabas fuera. Jimin era un abogado exitoso, pero las horas que tenía que trabajar eran aún más exigentes que los míos. Planeaba sorprender a Jimin trayendo a su familia de vacaciones algún día. Pero sabía que tenía que ser prudente. A mi mejor amigo no le gustaban los regalos ostentosos.
—Deberíamos haber planeado ir directamente a casa de Amelia después del evento —murmuró Jimin—. Pero quiero quitarme este pantalón.
Maldita sea. No quería esa imagen en mi mente. Llevaba un pantalón blanco ajustado y una camisa roja transparente que ya habían estado perturbando mis pensamientos toda la mañana.
—Lo sé. Yo también necesito quitarme este traje —respondí. No había tal cosa como un almuerzo informal con un cliente.
Tuvimos suerte y llegamos a la ciudad con tiempo de sobra. Primero dejé a Jimin. Casi saltó del coche, solamente se detuvo para mirar por encima del hombro y decir:
—No te olvides de mi postre. Sonreí.
—No me atrevería a aparecerme sin él.
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Jimin
Cuando solo me quedaban dos estaciones de metro, por fin recibí un mensaje en mi móvil. Me había puesto a toda prisa un remera holgada un pantalón de algodón de tirantes finos y unas cómodas chanclas que me permitían estirar los dedos de los pies. Aquel atuendo era perfecto para afrontar el calor de julio.
Mamá: Acabamos de recibir los dulces. ¡Están DELICIOSOS!
Mi familia siempre había tenido una debilidad por los dulces. Podía imaginarme la expresión de mi madre cuando recibió el paquete. Agarré el móvil con más fuerza y sonreí a los demás pasajeros del metro. La energía era muy distinta a la de mi trayecto diario al trabajo, en el que todo el mundo tenía prisa, o bien agarrando tazas de café o bien tecleando frenéticamente en sus portátiles.
En ese momento, todo el mundo estaba relajado, de humor festivo. Incluso vi a algunos pasajeros con banderitas en la mano. Nueva York se transformaba por completo el 4 de Julio. Algunos de los pasajeros hablaban de ir a Central Park a hacer un picnic. Otros iban a tomar el crucero de los fuegos artificiales. Pasar el festivo en casa de Amelia ya se había convertido en una tradición. Ella era como mi familia, al igual que los primos de Jungkook
En cuanto al propio Jungkook, la mejor descripción era “es complicado”. Me había enamorado de él cuando lo conocí, pero ¿quién no? Jungkook parecía un hombre incluso a los diecisiete años. Sin embargo, había reprimido ese enamoramiento hacía mucho tiempo... o, al menos, eso era lo que creía la mayor parte del tiempo. Con su pelo negro oscuro, unos ojos azules intensos y un cuerpo que me hacía babear, el hombre desprendía tanta masculinidad que a veces incluso estar en la misma habitación que él resultaba abrumador. Pero los hombres donceles como yo de treinta años no tenían enamoramientos. Salían y tenían relaciones y, si tenían suerte, encontraban a alguien de quien enamorarse, con quien casarse y tener hijos. Aún no había encontrado a esa persona especial, pero no perdía la esperanza y seguía teniendo citas.
Amelia vivía en un edificio de apartamentos de poca altura en Brooklyn con su marido, Mick. Cuando llegué, todos los primos de Jungkook ya estaban allí: Tess, Skye, Ryker y Cole.
—Hola, Jimin. ¿Dónde está Jk? Creí que se habían ido juntos a los Hamptons —dijo Tess.
—Está en camino. Tuvimos que cambiarnos primero. Por cierto, se encargará de traer el postre.
El rostro de Tess se iluminó.
—¡Eso es precisamente lo que quería escuchar!
Skye se frotó el estómago, sonriendo. Ryker y Cole me abrazaron. Los había conocido a todos en una fiesta de cumpleaños unos años antes. Yo también provenía de una familia numerosa, tenía dos hermanos y una hermana, pero los hermanos Ford eran de otro planeta.
Al instante de conocer a Ryler, le había apodado como “el ligón”. A Cole le había apodado por error “el caballero” antes de cambiarlo por “el encantador’’. Tess era “el huracán”, ya que, con su energía, a menudo marcaba el ritmo y movilizaba a todo el mundo. A decir verdad, había conocido a tanta gente que recordar nombres era más difícil que asignar apodos. Skye había sido la única de la familia que había sido tímida al principio, aunque eso había cambiado con el tiempo. Quería a toda la familia con locura.
Apenas saludé a todos, Jungkook llegó con un ramo de flores y la tarta de manzana prometida. Además, había traído mi postre favorito, panna cotta.
Me di cuenta de que algo andaba mal con Jungkook cuando lo vi fruncir el ceño antes de ir a la cocina a buscar a Amelia. Le había visto de muy buen humor cuando me había dejado en casa. ¿Qué había cambiado desde entonces?
Era hora de averiguarlo.









Jimin doncel me encantaaaaaaaa 🥰