Vincent (Un amor peligroso)

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Summary

Romance Oscuro

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

—Valeria, ve a tu habitación —Fue una orden de Charles, frunció el ceño ante mi estado, no le obedecí y seguí bajando con desesperación las enormes gradas de la mansión de mi padre—. Vale, por favor, esto no te incumbe.


—¿Dónde está mi padre? —fue una pregunta llena de autoridad. Pero mi aliento se perdía cada minuto, dejándome débil, tenía un enorme nudo en la garganta—. Me incumbe mi padre, Charles, así que ya dime. ¡¿Dónde está?!


Llegue hasta la primera planta. Charles era hijo biológico de mi padre, el señor Valentino Decker, no dijo nada. Me sentía aturdida ante su silencio. Habíamos dejado a mi padre en una guerra entre sus enemigos, yo no quería, pero fui obligada a dejarlo allí, en Inglaterra; su país de origen.


—¿Charles, me escuchaste? —inquirí aturdida, tomé su abrigo en puños y lo sacudí frenéticamente para que me respondiera—. ¡¿Dónde está mi padre?! ¿Por qué no ha llegado a casa? No me ha llamado, por favor te pido que me digas algo de su paradero —Solo me miraba con pesadez, sacudí de nuevo su abrigo y luego lo solté con desesperación—: ¡Charles, dime algo, por favor!


Pero él no me respondió nada ante mi pregunta, en cambio solo balbuceaba que regresara a la habitación. Lo ignoré y en cambio le eché un vistazo al patio por la puerta principal. Yacían parqueados como diez coches, y mire uno distinto, lo conocía, era de Vincent.


Vincent también era hijo biológico de mi padre. Me dirigí hasta la sala, a buscarlo, a preguntarle sobre él, pero al intentarlo, la mano de Charles me atrapó el brazo con fuerza y me hizo que chocara con su cuerpo.


—¿Te puedes calmar un poco? —inquirió molesto, y negué con mi cabeza, suspiré con indicios de llorar. Ya sentía las lágrimas caer por la desesperación, quise soltarme, pero él me retuvo fuerte—: Vincent ahora no está para conversar. Valeria, por favor ve a tu habitación.


Me solté con fuerza de su agarre y corrí hasta la sala principal a buscar a Vincent. Él tenía que decirme algo, debía decirme algo. Charles venía detrás de mí, como si de «Corre y te atrapo» se tratase, la gran sala con puertas abiertas —para ir al inmenso patio— estaban abiertas. Las cortinas se elevaban por el viento gélido de la noche.


Y ahí estaba Vincent Decker, hijo biológico. —Sentado con su típica chaqueta negra y su temida postura—. Reunido junto con hombres que no conocía, pero que de igual manera me aturdieron, vestían formal sin embargo eran hombres tatuados con miradas malignas.


—¡Vincent! —grite angustiada y él se giró de inmediato a verme—. Podemos... podemos hablar, por favor.


Me observo. Sus ojos estaban cristalizados, rojos. Miro a Charles con enfado, con el ceño fruncido e hizo un vaivén con la mano para que nos retiráramos. De pronto quise hablarle, pero tosí, sentía que me ahogaba. Me preguntaba porque se comportaba tan gélido y, distante. Los ojos de los cuatro hombres sentados no perdieron ningún contacto con los míos, me sentí algo apenada.


Es ahí que sentí de nuevo la mano de Charles tomar mi brazo, para llevarme lejos, pero pude reaccionar.


—¡No! —forcejee.


—Valeria, vámonos —dijo, esta vez con dulzura y en susurro aparente—. Solo camina por favor, luego te hablaremos de papá ¿sí?


—Me iré si me dices. Dime que le pasó —le dije, porque los ojos de Vincent ya me había hablado de que algo malo había pasado. Y no quería aceptarlo, pero quería que me confirmaran, yo tenía derecho de saber, era mi padre, aunque no de sangre. Lo amaba como a uno—. Por favor, Charles, dímelo, tengo derecho de saber. —No me respondió e insistí—. Sabes que no parare hasta que me digan algo. Charles, te lo pido. Hazlo, dime algo.


Lloré, me temblaba el labio, mi respiración estaba acelerada, mi pecho dolía. Y Charles notó un posible desmayo. Aunque no quiso decirlo, no tubo de otra. No aguanto más de verme así tan necesitada de información, entonces con voz temblorosa y en susurro me dijo una de las palabras mas dolorosas que he escuchado:


—Valeria, padre... padre murió.


Un grito agudo salió de mi garganta combinando con llanto. Cerré mis ojos y negué con mi cabeza, mis pensamientos no me decían nada, me quedé en blanco... Un abrazo fuerte de Charles me sujeto, y lloré en su hombro como una pequeña criatura rota.


—No puede... yo...


—Sssh ya, Vale, todo estará bien.


—Yo quería quedarme con él.


Charles me consoló. En medio de todos aquellos extraños. Era un abrazo lleno de cariño. Sentí que él también quería llorar. Y lo entendía porque él había perdido a su padre.


—¿¡La puedes sacar de aquí!? —la voz ronca de Vincent se unió—. Llévatela de aquí.


—No quiero —En un ahogo de lágrimas pude decirlo.


Vincent estaba con la mirada baja, su cabeza permanecía hacia abajo, seguía sentado en el gran sofá con los demás hombres. No me miraba a los ojos. ¿No quería verme?


—Charles, sácala de aquí —volvió a decir.


—No. No quiero —conteste con enojo, estaba cansada de que tomaran decisiones por mi o de que me excluyeran—. Yo también tengo derecho de saber quién mato a mi padre. Sé que están hablando de eso.


—Charles... ¿puedes hacerlo? Mierda, solo sacala de aquí —La voz de Vincent sonó histerica, entre dientes, completamente desesperado.


—Deja de ordenar —declare furiosa. No me miro. Vincent seguía distante, de repente reposo su mano en su cabeza con cansancio, estaba demasiado tosco.


—Valeria, ve a tú habitación —Vincent, esta vez me ordeno con furia.


—No quiero, Vincent —las lágrimas no paraban de salir, mi voz era un desastre—. Ya estoy harta de tus órdenes.


—Valeria, tienes segundos para irte.


—Eres un idiota —chille de la nada, y Charles me sostuvo el brazo de inmediato, pero comencé jalar para que no me llevara—. Deja de ordenarme, Vincent. Me fastidia. Yo estaba bien con padre y tú llagaste como un idiota. ¿Por qué lo dejaste solo? Él se quedó solo. ¿Por qué...?


—Ni te atrevas a decir más, Valeria —dijo y elevo la cabeza, pero estaba de espaldas, no podía verme solo si se volteaba, pero no lo hizo—. Vete de mi presencia. No quiero escucharte.


—Llegaste tú a arruinarlo todo, estaba bien con mi padre. Yo iba a quedarme con él, ¿por qué coño apareciste? ¿Por qué me distanciaste de él? ¿Por qué me llevaste? ¡¿Por qué maldita sea?! ¡No tenías que ir! ¡No tenías que llevarme!


—Valeria, mejor vámonos —Un susurro de Charles quiso detenerme, pero jalé mi brazo y pude soltarme de él.


—¿Qué quieres decir con todo esto, Valeria? —inquirió, Vincent completamente cansado y luego carraspeó—. Espero que no sea lo que estoy pensando.


—¡Quiero decir que eres un maldito idiota! —me limpie las lágrimas que caían como cascadas—. ¡Un animal que dejó solo a papá!


—Ajá, que más —dijo, esperando más de mis insultos, su voz estaba ronca y daba miedo, porque lo otra pregunta la plateo con histeria y con cuidado—. ¿Qué más vas a decir, Valeria?


—¡Que mi padre ahora está muerto...! ¡Que ya no lo volveré a ver! ¿Y sabes por qué, Vincent? —inquirí con enojo y le solté la respuesta—: ¡Porque lo abandonaste! ¡Lo abandónate! ¡Lo dejaste solo! ¡Él está muerto y todo por tu maldita culpa!


Fueron segundos para levantarse del sofá. Venia furioso hacia mí; sus ojos se conectaron con los míos. Mi corazón galopó. Quede estática por el miedo. Me pregunté si aquello había sido un golpe bajo entre nosotros. Pero la verdad es que lo dije desde el corazón, y no me arrepentí de haberlo hecho.


Di pasos hacia atrás. Pero el fue más rápido. Me tomo de la raíz de mi cabello, se sujetó con fuerza tanto que ahogue un grito de daño, su mano libre la utilizo para apretar mi rostro. Entre ambos comenzó el forcejeo innecesario. Todos los presentes se alarmaron ante el tremendo escándalo.


—Abre los ojos —Vincent me ordenó y no le obedecí, se fastidió tanto a modo que apretó más su agarre y esta vez sí solté un grito agudo, y con furor me volvió a retepir—. Abre los ojos, Valeria.


Entonces los abrí. Casi no podía ver por las lágrimas.


—¡Como mierda te atreves a culparme! ¡¿Quién te crees para hacerlo?! ¿Te crees una mierda importante en esta familia? ¿Crees que tienes el mismo derecho que nosotros? —Su respiración rebotaba en mis labios—. Solamente eres una pu... Tú madre era una puta criada. ¡Valentino no es tu padre! ¡Es mío! ¡Deja de mentarlo! ¡Deja de hablar. De pedir. De acusar; como si tuvieras derecho!


—Suéltame, Vincent —chillé, pero solo lo empeoré y me sujeto con más fuerza.


Un quejido más alto de malestar salió de mi boca, me dolia su agarre.


—Suéltala, Vincent —le dijo Charles con enojo.


Pero Vincent lo ignoro y conectó de nuevo conmigo.


—No eres nadie aquí —Me humillaron aquellas palabras, me sentí como nada, el me hizo sentir nada—. ¿Me escucharte? Si estás en esta familia es porque mi padre lo quiso así. Estás con vida porque él me puso a elegir. Entre llevarte a ti o a él. Se quedó solo en Inglaterra, por tu puta culpa. Y tienes razón. Fue culpa mía por hacerle caso. Mi padre tenía que venir conmigo, no tú. Porque por mi estuvieras muerta. Me importas una mierda.


—Entonces, me voy —chille. Aquellas palabras me dolieron. Sinceramente lo hicieron, lo mire con dolor sin embargo el me miro con odio, con el labio tembloroso pude decirle—: Si no me quieres, si ya no me amas, entonces me voy de tu casa —le solloce aquellas palabras, no me respondió entonces le grite—: Ya suéltame.


Y lo hizo. Me soltó. Por el movimiento brusco casi me resbaló y desplomo de culo en aquel piso de mármol. Nos mirábamos sin decir nada más, fue un silencio doloroso, su respiración estaba agitada, pero no se comparaba a la mía, yo estaba quebrada por aquellas palabras. Pero él también lo estaba por culparlo de la muerte de su padre.


—Me voy, Vincent —solloce, mientras lo miraba a los ojos.


No me respondió, espere algo, quizá un «No» o algo parecido a ello. Pero solo me miraba con las cejas fruncidas y marcadas. Su cabello negro caí en su frente empapado de sudor. Estaba muy alterado y enojado conmigo.


Pero me cansé de esperar algo más y solo me giré para irme. Lo iba hacer, iba a irme de allí. Pero de pronto me jalo del brazo, el susto me hizo ahogar otro grito.


—Te irás a tu habitación —ordeno con autoridad, se acercó a mi oído y me susurró—. Tenemos mucho de qué hablar, Valeria. Creo. Si. —Me dio un golpecito con su cabeza en mi cien y susurró cerca de mis labios—. Obedece mi orden. Y ve a cambiarte de ropa. No me gusta ese color