Capítulo 1
POESÍA OSCURA
ESPANTOS DE VERANO
Por: Gustavo Mora.
En la oscuridad del verano, donde los espantos se despiertan, las sombras danzan en silencio, mientras el terror se adentra.
En la noche estrellada y fría, los espantos susurran al viento, susurros de miedo y agonía, que paralizan hasta el más valiente.
El calor se torna sofocante, mientras los espantos se deslizan, por los rincones más ocultos, donde la luz no se atreve a entrar.
En el espanto del verano, se esconden secretos oscuros, historias de almas perdidas, que buscan un descanso seguro.
Las risas se vuelven siniestras, y las sombras se alargan sin piedad, los espantos de verano acechan, en cada esquina de la realidad.
Son los espantos del verano, los que susurran en la noche, los que nos roban el sueño, y nos llenan de temores sin derroche.
En el oscuro abismo del verano, los espantos se adueñan de la escena, y aunque intentemos huir, siempre volverán a ser nuestra condena.
G. M.
POESÍA OSCURA
ENFERMERA DE TURNO
Por: Gustavo Mora.
En la penumbra del hospital desolado, una enfermera camina en silencio, sus pasos se pierden en el eco de la noche, cargando consigo un pesar sombrío.
Su mirada cansada refleja el peso, de vidas perdidas y sufrimiento eterno, sus manos han visto la agonía y el miedo, mientras el reloj avanza lento y eterno.
En su uniforme blanco, manchado de sangre, se oculta el dolor que lleva en su interior, sus ojos reflejan la tristeza más profunda, de aquellos que ya no pueden ver el sol.
En cada habitación, un suspiro se escucha, la vida se desvanece entre sábanas frías, y ella, impotente, lucha contra la muerte, mientras su alma se desgarra en melancolía.
En su rostro se dibuja una sonrisa forzada, mientras consuela a aquellos que ya no tienen voz, sus manos acarician cuerpos desahuciados, mientras en su corazón se apaga la luz.
La noche se alarga y ella sigue su camino, brindando alivio en medio de la oscuridad, pero en su interior, sus sueños se desvanecen, como sus lágrimas en la soledad.
Enfermera de turno, guardiana de la noche, tu sacrificio no será nunca en vano, aunque la sombra te envuelva con su manto, tu labor será recordada, en cada corazón.
En cada paciente que encuentre la esperanza, en cada vida que se salve de la aflicción, tu presencia será eterna, enfermera valiente, un faro de luz en la oscuridad de la acción.
Así, en la penumbra del hospital desolado, la enfermera de turno sigue su misión, cargando en su alma el peso del sufrimiento, brindando consuelo en medio de la desolación.
G. M.
POESÍA OSCURA
ROBERTO Y EL MAR
LA MUERTE DE CARMENCITA
Por: Gustavo Mora.
En las sombras del océano, Roberto se hunde en su dolor, La tragedia lo envuelve, su alma ennegrecida por el rencor. En las profundidades del mar, sus lágrimas se mezclan con la sal, Mientras la oscuridad lo abraza, su corazón se desgarra en un final.
Carmencita, su amada, yace sin vida en la arena fría, Un destino cruel los separa, su existencia se desvanece en agonía. El mar rugiente susurra secretos macabros en cada ola, Mientras Roberto se sumerge en la desesperación que lo arrolla.
El viento aúlla con lamentos, llevando consigo el eco de su pena, El cielo se oscurece, anunciando la muerte de Carmencita con pena. Las estrellas se apagan, como testigos mudos de este trágico suceso, Mientras Roberto busca respuestas en el abismo, sumido en su propio exceso.
El mar se tiñe de rojo, reflejando el dolor de Roberto en su interior, La sangre derramada es un tributo a su amor, a su desolación sin cesar. Las olas se vuelven feroces, arrastrando consigo la vida que se ha ido, Roberto se aferra a la esperanza, pero la muerte de Carmencita es su destino.
En la oscuridad de la noche, Roberto se pierde en su tormento, El mar se convierte en su refugio, en su único lamento. La muerte de Carmencita lo consume, su alma se desvanece en el abismo, Y en las profundidades del mar, Roberto encuentra su triste final, su cataclismo.
Así, la historia de Roberto y el mar se desvanece en sombras de dolor, La muerte de Carmencita, un trágico cuento sin un resplandor. En las profundidades del océano, sus almas se entrelazan en eterna oscuridad, Y la muerte de Carmencita se convierte en leyenda, en un suspiro de crueldad.
G. M.
POESÍA OSCURA
PASAJERA DE MEDIA NOCHE
AMOR Y MUERTE EN LA MONTAÑA
Por: Gustavo Mora.
En la montaña, oscura y fría,
se encuentra una pasajera de media noche,
amor y muerte, su compañía,
en un baile macabro, en un derroche.
Sus ojos son dos luceros sin brillo,
reflejando la sombra en su mirar,
su corazón, un abismo sencillo,
donde el amor y la muerte se quiere entrelazar.
Sus pasos son silenciosos y lentos,
caminando entre la niebla y el dolor,
en busca de un destino sin cimientos,
donde el amor y la muerte sean su motor.
El amor, un suspiro envenenado,
que embriaga su alma con dulces mentiras,
la muerte, un abrazo desesperado,
que susurra promesas de eternas despedidas.
En la montaña, su espíritu se pierde,
entre sombras y susurros de agonía,
un ser atormentado, que no cede,
a la oscuridad que la envuelve día tras día.
Pasajera de media noche,
amor y muerte en su ser se dan la mano,
en una danza macabra y desgarradora,
en la montaña, donde su alma se desgrana.
Y así, en la oscuridad de su existencia,
la pasajera de media noche camina,
en busca de un amor sin resistencia,
y una muerte que le dé la paz divina.
G. M.
POESÍA OSCURA
EL ENCANTO DEL RÍO
Por: Gustavo Mora.
En la penumbra del ocaso, el río susurra su encanto, Entre sombras y misterios, fluye con un aura de espanto. Sus aguas negras como el ébano, reflejan la luna siniestra, Y en su corriente oculta secretos que el alma desconcierta.
Susurra historias olvidadas, en murmullos que el viento arrastra, Sus aguas danzan en silencio, ocultando la tristeza que castra. Sus orillas son testigos de antiguos pactos y promesas rotas, Donde los suspiros se funden con el eco de las almas rotas.
En sus profundidades ocultas, yacen los sueños desvanecidos, Como sombras que se deslizan, entre susurros desaparecidos. En el río oscuro se reflejan las almas perdidas en el abismo, Y el encanto macabro seduce, atrapando a los corazones en su mismo.
En su corriente inquietante, flotan los deseos de los desesperados, Y las lágrimas de aquellos que han sido por el mundo abandonado. El río oscuro, misterioso y letal, es un abrazo que consume, Arrastrando a los incautos hacia un destino sin luz ni perfume.
Pero en medio de su oscuridad, hay una belleza indescriptible, Un encanto oculto que cautiva, aunque sea de forma impredecible. El río negro, con su magia tenebrosa, despierta una extraña fascinación, Y aquellos que se atreven a adentrarse, encuentran en él su redención.
En cada gota de su cauce, se encuentra la esencia de la vida y la muerte, recordatorio de que en la oscuridad, también hay una belleza inerte. El encanto del río oscuro, en su misterio eterno, nos invita a explorar, Y descubrir que en lo sombrío, también hay un amor que podemos encontrar.
G. M.
POESÍA OSCURA
ENTRE DOS ALMAS
ESPÍRITU EN EL HORIZONTE
Por: Gustavo Mora.
En el horizonte se encuentran dos almas, espíritus errantes en la inmensidad, la historia de Miranda, un alma en pena, envuelta en sombras y melancolía en su caminar.
Susurros nocturnos acarician su ser, sus ojos tristes reflejan su dolor, una vida truncada, un destino incierto, en medio de la oscuridad, busca redención.
El viento suspira su nombre al pasar, los árboles danzan al compás de su llanto, susurra su historia en susurros de angustia, una vida perdida, un amor desgarrado. En noches sin estrellas y luna escondida, Miranda vaga por calles desoladas, buscando respuestas, encontrando silencio, su espíritu en pena, eternamente atormentado.
En cada esquina, en cada rincón abandonado, su presencia se siente, su voz se escucha, la tristeza envuelve aquellos que la ven, un aura sombría, un misterio sin resolver.
Pero entre la oscuridad, un rayo de luz, un alma valiente que busca su salvación, un encuentro fortuito, dos destinos entrelazados, el espíritu de Miranda encuentra redención.
Juntos, en el horizonte, dos almas se encuentran, entrelazando sus historias, sanando heridas, el pasado se desvanece, se desvanece el dolor, y en el abrazo eterno, encuentran la paz perdida.
Así, en la eternidad, Miranda encuentra alivio, su espíritu en pena se transforma en esperanza, y en el horizonte, su historia se desvanece, dejando un legado de amor y fortaleza en su estancia.
G. M.
POESÍA OSCURA
EL ÁLBUM DE CROMOS
Por: Gustavo Mora.
En el álbum de cromos se esconde un misterio,
una falta, una sombra que llena de temor y frío.
La barajita perdida, ausente sin explicación,
despierta los susurros del alma y su desilusión.
En la oscuridad del pasillo se oculta un secreto,
donde los ojos observan, pero no hay un reflejo.
El premio prometido se esfumó en la nebulosa,
y el vacío se adueña, oscuro cuál mariposa.
Las figuras en las páginas parecen susurrar,
un eco inquietante, que no deja de acechar.
La falta de la barajita despierta la melancolía,
y en la sombra se esconde una historia sombría.
¿Qué sucede en este álbum de cromos tan extraño,
que inyecta terror en cada paso sin daño?
La falta no tiene respuesta,
solo incertidumbre, y el premio pareciera ser el miedo en su cumbre.
Así, en la penumbra de este oscuro compendio,
reina la inquietud y el vértigo del misterio.
Una poesía atemorizante que habla sin cesar,
de la barajita olvidada y del auricular sin hablar.
G. M.
POESÍA OSCURA
PUBERTAD TIEMPO ANTIGUO
Por: Gustavo Mora.
En tiempos añejos de risas y encanto, jugábamos a girar la botellita, en aquellos amores de pubertad, donde los corazones danzaban en la cita.
Impaciente esperaba el giro del destino, anhelando que señalara mi nombre, y así revelar mi primer amor secreto, entre sonrisas tímidas sin temores.
Bajo el atardecer de aquel tiempo antiguo, nuestros labios se rozaban con dulzura, susurros sutiles, palpitar apasionado, enredados en un baile de ternura.
Aquel juego inocente de juventud, guarda en mi corazón recuerdos ardientes, un tesoro escondido en el juego de la botellita, de amores nacidos en primeros amores latentes.
G. M.
POESÍA OSCURA
MALDITO BOLERO
Por: Gustavo Mora.
En las sombras de la noche me desvelo,
bajo la luna pálida y el cielo negro,
mi alma atormentada busca consuelo,
en las notas de un maldito bolero.
En el rincón oscuro de mi existencia,
se esconde el dolor que no se olvida,
mis penas se desangran con insistencia,
sintiendo el latir de una herida.
El sonido del desamor en mi pecho retumba,
como un eco distante de una triste canción,
mis lágrimas se confunden con la lluvia que derrumba,
todo lo que quedaba de mi corazón.
Las letras se escriben con la sangre de mis venas,
cada palabra es un grito de agonía y desesperación,
en cada acorde encuentro un sinfín de condenas,
que invaden mi ser y me arrastran hasta la perdición.
El bolero me envuelve en su oscura melodía,
me susurra secretos de amores perdidos,
cada nota es un recordatorio de melancolía,
donde las promesas se han convertido en olvidos.
El sonido del desamor me consume,
soy un náufrago en un mar de tristeza,
mis noches se llenan de sombras que se esfuman,
y mi alma es presa de una eterna condena.
Sigo danzando con la desdicha y el tormento,
bajo el hechizo de este maldito bolero,
mi corazón destrozado se desangra lento,
en un baile macabro que nunca será efímero.
En las notas de esta canción envenenada,
me pierdo entre susurros de desgracia y desamor,
mi existencia se consume en una eterna llamarada,
donde la oscuridad y la soledad son mi único color.
G. M.