6.- Saga the Ribbon; One More Day

Summary

Cuando un hombre tiene un pasado tan oscuro y doloroso como Jeon Jungkook queda marcado, y no puede dejarlo atrás, aunque haya conocido a la única persona que da sentido a su vida, la única que le enseñó que lo que de verdad necesitaba era lo que más temía; alguien que lo amase. Ahora que Jungkook ha aprendido la lección y ha tenido que sacrificarse tanto para estar con Taehyung, no va a dejar que nada ni nadie se la arrebate. Pero las amenazas reaparecen y Jungkook sabe que sólo podrá acabar con éls para siempre alejándose de Taehyung durante un tiempo, aunque sea incapaz de sobrevivir sin su amado. El joven lo nota distante y siente que le está ocultando algo, pero el único momento en que Jungkook parece querer escucharlo y no seguir con la farsa es cuando le pide que lo ame como él necesita. La entrega más absoluta, la rendición sin límites y el amor como nunca ha existido sólo podrán tener lugar cuando Jungkook y Taehyung se pertenezcan un día más, y entonces será para siempre. CONTENIDO PARA MAYOES DE EDAD / CONTENIDO ADULTO ADAPTACION TODO LOS DERECHOS A LA AUTORA. - KOOK / V M-PREG

Status
Complete
Chapters
23
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo 1

Primera Parte

Rendición

De cómo una persona es capaz de todo cuando ama a una persona. Su pareja.

Prólogo A La Primera Parte

Jeon Jungkook

Siempre que pienso en mi padre, me lo imagino tumbado en la mesa del quirófano antes de morir. Veo su rostro cubierto de sangre y de cristales, la camisa destrozada, las manos inertes a los costados. La alianza en el dedo anular y el reloj de acero en la muñeca izquierda.

Es perturbador que la primera imagen de él que aparece en mi mente sea completamente falsa e inventada.

Yo era un niño cuando sufrimos el accidente de coche y a mí también me llevaron inconsciente al hospital, junto con mi hermana. Nuestros padres fallecieron casi al instante. No habían podido hacer nada para salvarlos. Ésa es la frase exacta que nos dijeron entonces y que nos repitieron durante mucho tiempo. El coche había volcado y se había deslizado por la carretera durante varios metros. Era un milagro que Somi y yo sobreviviéramos. Sí, sobrevivir fue lo que hicimos durante mucho tiempo, hasta que mi hermana un día se rindió. Yo, por mi parte, me convertí en un monstruo.

Tuve que hacerlo para seguir adelante y sin embargo ahora ya no tiene sentido. Pero ¿cómo puedo cambiar yo si mi pasado sigue siendo el mismo? Podría imaginarme a mi padre sentado tras su escritorio o leyendo frente a la chimenea, o discutiendo con mi madre.

Podría imaginármelo alejándose de nosotros. Pero en cambio me lo imagino cubierto de sangre y a punto de morir encima de una fría mesa de acero.

¿Qué pensó durante esos últimos instantes?

¿Sabía que el accidente había sido provocado?

¿Sabía quién lo había orquestado todo y por qué?

¿Se arrepintió de lo que había hecho?

¿Qué habría sucedido si no hubiese muerto, qué habría sucedido conmigo?

Esta última pregunta es la que de verdad me atormenta.

Aparto las sábanas con cuidado y me siento en la cama. Respiro despacio para obligar a retroceder la ira que me quema por dentro. Es una sensación nueva para mí, o tal vez una que había olvidado y que estoy empezando a recordar: la maldad avanzando por mi interior, susurrándome al oído para que vuelva a él. Antes todo era más fácil, sabía quién era, qué quería y cómo lo quería. Ahora tengo pesadillas y miedo. No por mí, yo en realidad nunca me he importado demasiado, sino por Taehyung. Maldita sea, sin duda era mucho más fácil no sentir nada.

Me levanto y salgo del dormitorio. Todavía es de noche, las luces de la ciudad entran por la ventana del salón y me acerco hacia allí. Las calles de Seúl están igual que siempre, la silueta del puente se halla en el mismo sitio, el río sigue fluyendo. Pero todo es distinto. Apoyo la frente en el cristal y suelto el aliento.

No puedo seguir así.

La imagen de mi padre reaparece en mi mente y aprieto los párpados para ahuyentarla.

Intento razonar. El fin de semana ha sido intenso, llevaba años sin visitar Amnam-dong o el cementerio. Y al lago no había vuelto desde antes del accidente.

Tendría que haber ido antes a la tumba de Somi, por mucho que intente escudarme en mi dolor, o en mi complicada agenda, tendría que haber visitado antes la tumba de mi hermana. Está enterrada junto a nuestros padres y siempre me he encargado de que tenga flores. Rosas como las que teníamos en el jardín de casa cuando éramos pequeños.

Dios, ¿por qué tengo que sentirlo ahora todo de golpe? No voy a poder soportarlo.

Cierro el puño de la mano derecha mientras con la palma de la izquierda toco el cristal. No está frío, a pesar de que fuera es de noche y de que estamos en invierno, o quizá sí lo está y yo no lo siento.

Cuando he recibido el mensaje del inspector Lee Wonho se me ha helado la sangre en las venas y una garra que todavía no me ha soltado se ha cerrado alrededor de mis pulmones.

La muerte de mis padres me cambió la vida, igual que el suicidio de Somi. Sufrí tanto que luego me negué a volver a darle a otra persona esa clase de poder, el poder de destruirme. Pero a Taehyung no se lo he dado, el me lo ha arrebatado con cada beso y con cada caricia.

—Vuelve a la cama, Jungkook.

Nada más oír su voz, el corazón me late distinto.

Suelto el aliento despacio y flexiono los dedos contra el cristal. Le he mentido a Taehyung y por eso, además de por tantas otras cosas, no puedo dormir. Y voy a seguir mintiéndole.

—Iré en seguida —le digo sin mirarlo.

No me doy la vuelta. Cierro los ojos, apoyo la frente en el cristal y suelto el aliento muy despacio. Noto su mano en la espalda y mis hombros desnudos, en vez de tensarse y apartarse, se mueven en busca de la caricia. A pesar de que he desafiado a la misma muerte para estar con Taehyung, sigo sin reconocerme y una parte de mí teme no ser yo de verdad.

¿Quién soy en realidad?

—Deberías acostarte —susurra, antes de inclinarse y depositar un beso en mi espalda—. Ha sido un fin de semana muy intenso.

—Sí, iré en seguida —repito—. Sólo quiero estar aquí un rato, he tenido una pesadilla.

—Jungkook…

—La noche antes de conocerte… —lo interrumpo y me aparto de la ventana. Cuando lo miro a los ojos, tengo que reprimirme para no abrazarlo —. La noche antes de conocerte también tuve una pesadilla. Me desperté y vine aquí mismo. —Levanto una mano y le acaricio suavemente el pelo—. Me gusta mirar la ciudad, me ayuda a pensar.

Taehyung me sostiene la mirada y, aunque le tiembla la respiración cuando lo toco, sé que está pensando, buscando la manera de convencerme o de averiguar con certeza si le estoy ocultando algo.

—Está bien. De acuerdo.

Da un paso atrás y se vuelve lentamente. Echa a andar hacia el dormitorio, el mismo donde no me atreví a dejarlo entrar durante semanas; y con cada paso que el da, alejándose, regresa la frialdad a mi interior.

Podría llamarlo, decir su nombre y pedirle que vuelva a acercarse, que me bese, pero opto por dar yo también media vuelta y fijar la vista en las calles que se entrecruzan silenciosas en medio de la oscuridad.

Taehyung se detiene, lo sé porque su respiración suena de un modo distinto. No tendré que pedirle nada, el sabrá lo que necesito.

—Creía que conmigo no tenías pesadillas. Deberías contármela.

Aprieto los dientes. Le he hablado de parte de los errores de mi pasado, el me habría abandonado de no haberlo hecho, y sin embargo no parece bastarle. Lo peor es que durante un segundo tengo que morderme la lengua para no explicarle lo que he soñado. Pero no, esa pesadilla no va a acercarse a Taehyung.

—Esta noche no.

Mi respuesta no le ha gustado. Noto su decepción y su enfado como algo físico, como una especie de caricia helada deslizándose por mi espalda.

—Visitar la tumba de Somi ha sido muy difícil —digo, soltando despacio el aliento y obligándome a darle algo—. No habría podido hacerlo sin ti. Vuelve a la cama, por favor. Yo iré más tarde.

Los segundos se alargan sin sentido. Me siento la piel tirante y noto el sabor de la sangre en los labios. Me los toco y descubro que me he mordido sin darme cuenta.

Tengo ganas de vestirme y marcharme de ahí, de comportarme, aunque sólo sea durante lo que queda de noche, como el hombre que era antes; un hombre capaz de no sentir y de olvidar su pasado por completo.

No me resultaría difícil, en realidad sé que es tremendamente fácil. Un par de llamadas, una dirección y una mujer más que dispuesta a seguirme el juego. Todo volvería a ser igual. Me noto el corazón acelerado y sigo sintiendo el sabor de la sangre en los labios.

—Sí habrías podido, Jungkook, pero me alegro de que me pidieras que te

acompañase. Ha significado mucho para mí. Te espero en la cama.

Quiero ir con él. Me odio a mí mismo por quedarme ahí parado, por haber pensado durante un segundo que volver a ser el de antes era preferible a seguir luchando. Miro la ciudad. Seúl siempre ha sido mi refugio, pero hoy no me reconforta. Si vuelvo a la cama con Taehyung me perderé en su cuerpo, en sus besos, en sus caricias y me olvidaré de la pesadilla y del mensaje de Wonho.

Me quedo frente a la ventana.

La noche antes de conocerlo supe que mi vida iba a cambiar, lo presentí en todos y cada uno de los poros de mi piel. Evidentemente, no hice caso de esa premonición, o de cómo diablos pueda llamarse. Esta noche ha sido mucho peor, las imágenes de mi padre con el rostro destrozado por los cristales se han colado en mi mente y me he despertado empapado de sudor. No voy a ignorarlas, hay demasiado en juego.

Es extraño que el único accidente que me atormenta sea el que sufrí cuando tenía once años y apenas recuerde el que casi acaba con mi vida hace unos meses. De este segundo me han quedado huéls en el cuerpo y en el alma. Una larga cicatriz me recorre el muslo y la rodilla izquierda y cuando desperté del coma y vi a Taehyung a mi lado supe lo que significaba sentir dolor en el alma.

Respiro despacio y mis latidos se van calmando.

Aflojo los dedos después de flexionarlos un momento y me aparto de la ventana. Me acerco a uno de los muebles de la entrada y cojo mi móvil.

Leo de nuevo el conciso mensaje del inspector Wonho y luego lo borro.

Me espera mañana. Solo.

Miro la escalera que conduce al piso de arriba. Me siento tentado de subir y acostarme en la cama que aún sigue allí, acompañada ahora de un saco de boxeo y de los aparatos de gimnasia que me aconsejó comprar Joonki, mi fisioterapeuta, entrenador y torturador personal.

Pero no, sería una cobardía dormir en esa cama.

Cojo aire y me dirijo al dormitorio. Falta poco para que amanezca y la luz de la ciudad ha empezado a cambiar lentamente, pero todavía le quedan unos minutos a la noche. Abro la puerta y me detengo al notarme de nuevo el corazón en la garganta. Taehyung está dormido en mi lado de la cama. Mis pies reanudan la marcha casi por voluntad propia y levanto la sábana para tumbarme a su lado. Lo rodeo por la cintura y noto que mi respiración se acompasa a la suya.

Me busca con la mano y entrelaza los dedos con los míos.

No sé de dónde salen estas reacciones, pero mis labios se acercan a su cuello y le doy un beso.

Taehyung suspira y desliza un dedo de la mano que tiene libre por la cinta de cuero negro que me rodea la muñeca.

No puedo decirle nada, se me ha cerrado la garganta de tan fuerte como me late el corazón, pero me juro que por el derrotaré cualquier pesadilla y amenaza de mi pasado.

Prefiero morir antes que perderlo y volver a ser el de antes.