Capítulo 1
La música envolvía el lujoso salón cuando Amanda cruzó la entrada, con su vestido ondeando elegantemente con cada paso. Las luces parpadeaban en tonos cálidos, creando un ambiente mágico para el baile de primavera de la universidad, un evento donde se aprovecharía dar la gracias a la generosa donación que hizo una empresa de importaciones.
La universidad rebosaba de alegría y agradecimiento, y todos estaban ansiosos por celebrar un nuevo año (unos más que otros). La pista de baile estaba llena de parejas que se movían al ritmo de la música, mientras la decoración elegante daba un toque de distinción al evento.
Amanda se acercó a la mesa de aperitivos, saludando a compañeros y profesores. La energía positiva y la camaradería llenaban el gimnasio, haciendo que la noche fuera memorable.
Amanda, tras recoger algunas delicias de la mesa de aperitivos, se dirigió hacia su mesa. Sin embargo, en el camino, un encuentro inesperado cambió la dirección de su noche. Un repentino choque la hizo tambalearse, pero antes de tocar el suelo, fuertes manos se posaron en su cintura, impidiendo su caída. Al levantar la mirada, se encontró con unos ojos cafe miel que la observaban desde detrás de un elegante antifaz negro y dorado. Un breve momento de silencio se estableció entre ellos, como si el tiempo se hubiera detenido en medio del bullicio del baile.
La música seguía envolviendo el salón, pero en ese momento, todo parecía detenerse mientras sus miradas se encontraban. Él la sostuvo con firmeza, sus ojos transmitían una mezcla de sorpresa y complicidad.
— Perdona mi torpeza. —se disculpó Amanda, aún sostenida por el misterioso desconocido
— No te preocupes, la culpa fue mía por no fijarme bien por dónde iba. —respondió él con una voz cálida que se lograba perder tras la música
Amanda notó que, a pesar de no ver su rostro completo, la expresión en esos ojos cafés miel parecía amigable y ligeramente divertida.
— Gracias por evitar que pase vergüenza. —agradeció Amanda, esbozando una sonrisa
— El placer fue todo mío. Este baile tiene un inicio bastante... Animado. —añadió él con un dejo de complicidad.
Amanda se percató de que aún estaba en sus brazos y se separó ligeramente, pero la conexión entre ellos parecía resistir el paso del tiempo. El misterioso caballero le ofreció el brazo.
— ¿Me concedería el honor de tener un baile con usted? —preguntó, revelando una elegancia que encajaba perfectamente con el ambiente del baile.
Amanda, sintiéndose intrigada por la misteriosa propuesta y cautivada por esos ojos cafés miel, asintió con una sonrisa.
— Será un placer. —respondió aceptando su brazo, y juntos se dirigieron hacia la pista de baile, sumergiéndose en la elegante danza del evento. La música resonaba en el salón, creando una atmósfera envolvente que los llevó a deslizarse con gracia y armonía.
Durante el baile, los ojos cafés miel de Takeomi no se apartaban de los cautivadores ojos ámbar de Amanda, que resplandecían aún más gracias al antifaz blanco que los enmarca. La complicidad entre ellos crecía con cada giro, como si la música fuera cómplice de un encuentro que iba más allá de las palabras.
— Tus ojos son tan hipnotizantes como la danza misma. —confesó Takeomi, dejando que el elogio se deslizara entre las notas musicales.
Amanda, sonrojada pero halagada, respondió con una sonrisa.
— La música y tus ojos hacen que todo parezca mágico esta noche.
Así, entre halagos y miradas que hablaban más que las palabras, Amanda y Takeomi seguían deslizándose por la pista de baile, sumidos en un mundo donde solo existían ellos y la elegancia de un baile que marcaba el inicio de algo especial.
Mientras Amanda y Takeomi continuaban su danza, ajena a las miradas curiosas, tres hombres observaban desde la distancia.
— ¿Ese no es Takeomi? —preguntó un hombre de cabello rubio y morado.
— Eso parece. —habló un moreno.
— No pierde el tiempo. —dijo un pelinegro con una sonrisa pícara.
Los tres amigos de Takeomi compartieron una risa discreta mientras seguían observando la elegante danza de la pareja. La complicidad entre Amanda y Takeomi no pasó desapercibida para ellos, y la atmósfera del baile estaba cargada de intrigas y expectativas.
La música cambió, esta vez a un ritmo más sensual y lento. Amanda y Takeomi, en perfecta sintonía, se adaptaron al nuevo compás de la bachata. Los movimientos fluidos y cercanos crearon una conexión más íntima entre ellos, sus cuerpos siguiendo el compás de la música con una armonía que trascendía lo físico.
Los amigos de Takeomi observaron con mayor interés, asombrados por la química palpable entre Amanda y él. El ambiente se cargaba de una energía diferente, mezcla de pasión y complicidad. Mientras tanto, la pareja continuaba su danza, sumergiéndose en la sensualidad de la bachata, ajena a las miradas curiosas que se posaban sobre ellos. La velada prometía ser inolvidable, con cada giro y cada acercamiento sellando un momento especial en sus memorias.
Mientras Amanda y Takeomi continuaban su danza envueltos en la sensualidad de la bachata, una sensación única se apoderaba de ellos. Cada paso, cada movimiento, era como un pacto silencioso entre dos almas que se encontraban por primera vez pero que, de alguna manera, parecían conocerse de toda la vida.
El salón de baile se tornaba en un escenario privado para esta conexión especial. Las miradas cómplices y los movimientos coordinados sugerían que algo más profundo estaba naciendo entre ellos. Los amigos de Takeomi, desde su posición privilegiada, notaban la intensidad de la conexión y compartían entre ellos miradas de aprobación y sorpresa.
El ritmo cadencioso de la bachata se volvía el cómplice perfecto para que Amanda y Takeomi explorarán este nuevo terreno de emociones. Cada nota musical parecía sellar la promesa de un encuentro destinado, y mientras los acordes se desvanecen, dejaban tras de sí la expectativa de lo que vendría después.
Luego de la intensa danza al compás de la bachata, la canción finalmente llegó a su fin. Amanda y Takeomi se separaron, pero la energía compartida entre ellos persistía en el aire. Con una sonrisa cómplice, Takeomi invitó a Amanda a tomar algo.
— ¿Quiere algo de tomar? —preguntó galantemente.
— Sí, suena genial —respondió Amanda, aún envuelta en la atmósfera especial que compartían.
Juntos se dirigieron hacia la zona de bebidas, llevando consigo la magia que solo una conexión espontánea en la pista de baile puede crear. La noche prometía más momentos intrigantes y emocionantes, y mientras elegían sus bebidas, el misterio de sus identidades ocultas tras los antifaces añadía un toque adicional de excitación al encuentro.
Mientras Amanda y Takeomi disfrutaban de su conversación, dos chicos se acercaron a ella con expresiones de preocupación.
— Amanda-chan, Bokuto tiene una crisis, no sabe si invitar a bailar a Akaashi —anunció uno de los chicos.
— Ve a tranquilizarlo antes de que se arranque las uñas, Kaori-chan está con él, pero no se tranquiliza —agregó el otro.
Amanda, entre risas, se disculpó con Takeomi y se despidió momentáneamente.
— Parece que debo lidiar con una pequeña emergencia. Gracias por el baile y la charla. —dijo con una sonrisa.
— No se preocupe, nos vemos señorita. —mencionó Takeomi, dejando un beso en el dorso de la mano de Amanda. Antes de retirarse, hizo una pequeña reverencia con la cabeza a los dos chicos presentes, quienes asumieron expresiones juguetonas.
Mientras se encaminaban a su mesa, uno de los chicos le preguntó a Amanda con una sonrisa juguetona.
— ¿Nos dirás quién es el hombre con el que bailaste casi toda la noche? —inquirió curioso. Amanda rió antes de responder.
— No lo sé, no sé su nombre —contestó entre risas. El otro chico, acomodando su antifaz, agregó con una expresión intrigante:
— Pues yo los vi con bastante química... Bueno, todos los vimos, excepto Bokuto —dijo con un tono de complicidad—. ¿Será ese el amor de tu vida? —concluyó, y Amanda, riendo y con un leve sonrojo, respondió:
— Basta ya, Konoha-kun. Tal parece que es mayor que yo, al menos se que no es un maestro —dijo con humor mientras continuaban hacia su destino.
Mientras Amanda acudía a tranquilizar a su mejor amigo, Bokuto, en medio de su dilema sobre invitar o no a bailar al chico que le gustaba, su mente no dejaba de divagar hacia el misterioso hombre de ojos café miel con quien había compartido una danza tan especial. Aunque se esforzaba por ser la consejera perfecta para Bokuto, su pensamiento se deslizaba continuamente hacia aquel encuentro inesperado y la química palpable que había sentido en la pista de baile. Mientras ayudaba a su amigo en su crisis amorosa, Amanda se preguntaba qué depara el destino con respecto al enigmático hombre que, sin conocer su nombre, ya había dejado una huella imborrable en su corazón.
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Primera hisotria aqui en Inkitt, todavia no le agarro la onda, pero se hace el intento:D
Espero les guste<3