"Un encuentro espiritual"

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Summary

Rebeca fue rechazada por su padre en el mismo día de nacer, por el simple hecho de ser niña, por suerte tenía el cariño y protección de su madre. Por desgracia, unos años despues murió por una terrible enfermedad, pero este hecho no le impidió luchar por progresar en la vida.Por casualidad, se adentró en el camino de la espiritualidad para, no sólo buscar suerte en la vida, sino tambien para mejorar como persona. En ese mundo descubrio que tenía unos dones, que fue desarrollando, con los que podía ayudar a personas en este camino, y a la misma humanidad.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Primer capítulo

El nacimiento de Rebeca fue una gran alegría para Elisa, su madre. Hacía muchos meses que estaba esperando este momento, en cambio para su padre,Roberto, era todo lo contrario. Roberto provenía de una familia muy humilde, con su empuje, fuerza y su gran inteligencia, a sus treinta años tenia su propia empresa lechera, situada en un pequeño pueblo de montaña, en la misma localidad donde vivían. Era un pueblo muy antiguo donde la mayoría de las casas estaban apoyadas en unos grandes pilares. Había un gran lago en medio de un frondoso bosque que formaba un paisaje muy hermoso y digno de ver. Roberto era un hombre muy machista, convencido de que las mujeres no tenían ni el empuje, ni la fuerza ni mucho menos la inteligencia, que los hombres. Por ello, tenía la esperanza y la ilusión de que fuera un varón para enseñarle todo lo que sabía, cómo dirigir la empresa y con el tiempo traspasársela. Seria su heredero. Estos pensamientos le venían a su cabeza constantemente y no pudo contener sus palabras hacía Elisa. ----No has sabido ni darme un hijo----le dijo, sin poder disimular el mirar a Rebeca con desprecio. ---Lo importante es que haya nacido sana----respondió Elisa aun mirándolo con cierto cariño. ----¡No digas sandeces, mujer!. Lo que importa es que una mujer no sabrá llevar una empresa como un hombre----dijo Roberto. Roberto se fue de la habitación sin mediar palabra, con la intención de no volver más. Estaba muy desilusionado. Comunicó la noticia y, al mismo tiempo, su desilusión a sus padres. Ellos decidieron que irían al hospital con Elisa en lugar de él. Los padres de Roberto nunca fueron muy cariñosos ni atentos con Elisa. Ella estaba convencida de que la culpa de que Roberto tuviera ese carácter tan machista la tenían sus padres. Lo habían educado de esa manera. Rebeca no tenía abuelos maternos, murieron de cáncer cuando su madre era muy pequeña, con poca diferencia del uno del otro. La cuidó una tía, hermana de su madre, que estaba soltera y no tenía hijos. Nunca fue cariñosa con ella, pero estaba atendida y no le faltó nunca de nada. Luego, al casarse, perdió completamente el contacto y nunca supo nada más de ella. Llegó el momento de volver a casa, Roberto ni miraba a su hija; Elisa pensaba que con el tiempo cambiaría y le daría cariño, pero pasaban los días y en vez de cambiar sus ánimos, iban a peor. Elisa si iba a darle mucho cariño para que fuera una niña muy querida. Siendo modista, iba a procurar que la niña fuera vestida muy hermosa. Roberto nunca le negó nada a todo cuanto pidiera Elisa, no solo para ella, también para su hija, pero casa vez estaba más alejado de la madre, como si ella tuviera la culpa de no haberle dado un varón. Pasaron los años y nada había cambiado en el corazón de Roberto. Rebeca ya tenía cuatro años, la edad para empezar a ir a la escuela. Roberto no quería tener distinciones con ella, a pesar de estar bien económicamente creía que debería ir al colegio del pueblo como todas las demás niñas de la localidad. Iban pasando los años y se iba transformando en una niña algo tímida. No era una gran estudiante pero iba aprobando todas las asignaturas, alguna de ellas con notas muy ajustadas. Debido a su carácter, sus compañeras del colegio se metían con ella, hasta que un día sacó toda su furia y se enfrentó a ellas. Acabó por ganarse el respeto y su amistad. Elisa pensó que sería una buena idea que Roberto le enseñara la fábrica, de esta manera podría acercarse más a ella. Por entonces tenía ocho años. ----Roberto, deberías enseñarle la fábrica a tu hija----dijo Elisa. Él se quedó mirándola como si hubiera dicho alguna estupidez. ----Tu estas loca mujer----dijo Roberto. ----De esta manera le explicas todo lo que haces, y que sepa cómo funciona todo----respondió Elisa cariñosamente, a ver si podía ablandar algo su corazón. ----No tengo tiempo, tengo mucha faena. Si lo deseas tanto, enséñasela tú ----dijo Roberto mirándola enfadado. Una mañana, Elisa se levantó muy temprano con la intención de llevar a su hija para que viera la fábrica. Rebeca no estaba por la labor, no quería levantarse pronto porque era sábado.No había colegio y quería dormir. ----Levántate, cariño. Quiero darte una sorpresa----le dijo Elisa cariñosamente. ----Déjame dormir, mamá. Iremos otro día, hoy tengo mucho sueño -----respondió la niña, acurrucándose en la cama, intentando volverse a dormir. ----Venga cariño, te va a gustar. Elisa acabo convenciendo a Rebeca y le puso la ropa encima la cama, que eligió con mucho esmero----. Vistete rápido cariño, te espero en la cocina, voy a prepararte el desayuno. De camino a la fábrica, Rebeca le hacía muchas preguntas a su madre, estaba muy intrigada, no paraba de preguntarse donde la llevaría. Cuando ya se iban acercando, Rebeca reconoció la fábrica. La había visto varias veces, de pasada, pero siempre cuando iba dentro del automóvil. No podía disimular en su rostro su descontento, pero su madre la tranquilizó diciéndole que su padre se pondría muy contento con su visita. Roberto, en cuanto las vio entrar por la puerta, no salió de su asombro. No entendía qué hacían allí. Bajó las escaleras de dos en dos muy enfurecido. ----¿Qué hacéis aquí?----preguntó Roberto sin disimular su enfado. ----Traigo a Rebeca para que vea la fábrica lechera ----respondió Elisa, con una amplia sonrisa que le suplicaba que fuera algo cariñoso con su hija. ----No tengo tiempo mujer, enséñasela tú----dijo él. Lo que tenía muy claro Elisa era que no se iba a rendir tan pronto. La acompañaría para que viera todas las instalaciones y se encargaría de darle todas las explicaciones. Roberto no les quitaba ojo a todos sus movimientos, tenía el despacho en la planta alta, con amplios ventanales, desde donde se divisaba todo lo que pasaba en la fábrica. Nunca sospechó Elisa, ni por un momento, el desenlace que iba a tener esta ocurrencia suya. Rebeca, cuando vio todas esas vacas atadas, sin espacio para moverse, se entristeció. Nunca sosoechó nada parecido. A su tierna edad nunca había visto nada así. Siempre había visto en la televisión y revistas las vacas en los prados, moviéndose en libertad y contentas. ----Quiero irme de aquí, no aguanto ver las vacas así mamá.----dijo Rebeca suplicando con su mirada. Elisa quedó sin habla, no pensó que su hija pudiera reaccionar de esta manera. Sabía que era una niña sensible, pero su intención era que su padre viera que ponía interés en su trabajo, que podría enseñarla y confiar en ella. Roberto las vio irse a toda prisa y no se detuvo a pensar el porqué de esta marcha tan rápida. Se sintió aliviado, su presencia le incomodaba. Ya fuera de la fábrica, Rebeca le suplicó a su madre que no la llevara nunca más. Elisa asintió con la cabeza, sin mediar palabra. En su interior aún guardaba algo de esperanza, creía que cuando fuera más mayor, y más aún con su mayoría de edad, vería las cosas de otra manera. Cuando regresó Roberto a casa le preguntó a su mujer la razón de irse tan rápido. Elisa le explicó el motivo y él no pudo evitar decir lo que pensaba. ----Ya te decía yo que las niñas eran diferentes a los varones. Son más sensibles, con menos capacidad de tomar decisiones ----dijo Roberto, muy orgulloso, dando a entender que llevaba toda la razón. ----Dale tiempo, es muy pequeña ----respondió Elisa, con la voz entrecortada y algo desilusionada. Rebeca escuchó la conversación pero no le dolió en absoluto. Sabía, a pesar de su corta edad, que nunca trabajaría en la fábrica, que estudiaría alguna carrera y trabajaría de ello. No podía soportar ver el sufrimiento de esos animales. Elisa, en el fondo, sabía que algo de cierto tenía su hija, pero es de lo que vivían, y no tenían otro medio de vida. Rebeca se tomaba los estudios con mucho más interés que hasta ahora, estaba mucho tiempo encerrada en su habitación estudiando, haciendo sus deberes. Iba a esforzarse en aprobar todas las asignaturas. Elisa estaba preocupada por el cambio de actitud de su hija, no porque estudiara y pusiera empeño; porque no la veía tan alegre y con ganas de jugar como hasta ahora.