Amnesia.
Él abrió sus ojos y se encontró en una sala de estar decadente. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas polvorientas, pintando patrones dorados en el suelo de madera gastada. El aire olía a humedad y antigüedad.
Se incorporó, sintiendo la rigidez en sus músculos. La habitación estaba llena de muebles cubiertos por sábanas descoloridas. Un espejo en la pared reflejaba su imagen: cabello revuelto, ojos confundidos y una barba de varios días. Pero no recordaba nada. Ni su nombre, ni cómo había llegado allí.
La mansión parecía atrapada en el tiempo. Los retratos de personas desconocidas colgaban de las paredes, sus ojos seguían al hombre mientras exploraba la habitación. Un reloj de péndulo marcaba el tiempo con un tic-tac monótono.
Al acercarse a la ventana, vio el jardín exterior. Las rosas crecían salvajes, sus espinas amenazantes. Los altos pinos obstruyendo por completo la vista hacia la lejanía. Algo en la atmósfera le decía que este lugar no era normal. < ¿Por qué… estoy aquí?> pensó en su confusión.
El entorno con sensación sombría no le daba buena espina. Las paredes de madera se veían rasgadas, avejentadas por el tiempo y la soledad, el poco mantenimiento del cuarto le decía a él que el sitio tenía sus buenos años de abandono.
No podía recordar muy bien lo que había ocurrido o siquiera como había llegado ahí, todo le resultaba extraño. Llegó a notar marcas en su brazo izquierdo, se dio cuenta que había sangrado, aunque esos rasguños no parecían ser tan graves.
Él se encontraba en un lugar que no podía llegar a reconocer con facilidad. Se acercó a otra ventana, la cual conservaba su aspecto triangular y con un marco en forma de triángulo invertido. A primeras instancias, se dio cuenta de que se encontraba en una planta, luego vio los árboles altos que obstruían la vista al horizonte. No estaba en una ciudad, eso era evidente.
Un ruido crujiente y agudo proveniente desde el pasillo captó su atención. Se dio la vuelta rápidamente, fijó su mirada a la puerta entreabierta. Su respiración comenzó a apoderarse del silencio, su corazón se aceleró sin precedentes y el sudor en su frente se presentó.
Se acercó con suma precaución, dio pasos muy suaves sin hacer el más alto ruido, acercó su mirada por el espacio de la puerta para descubrir luego que del otro lado no había nada. Suspiró de alivio y se incorporó para después salir de la sala, tuvo que mirar con más detalle cada cosa, cada sillón, cada fotografía, el modular y hasta la biblioteca. Pero había algo en aquella sala que captó por completo su atención. Él no pudo apartar la mirada de allí.
Y es que, se trataba de un antiguo espejo. Él se acercó al objeto con marco de plata, sus dedos rozaron la superficie polvorienta. Las telarañas se desprendieron con un crujido, revelando el cristal manchado y opaco. En su reflejo, vio un rostro desconocido: ojos cansados, barba descuidada y una expresión de asombro y confusión.
El espejo parecía atrapar la esencia de algo más grande aún.
—Pobre de ti. ¿Cuántos han visto su propio reflejo en ti? ¿Cuántos secretos guardas?
Este hombre sintió una extraña conexión con él, como si el espejo pudiera contar historias olvidadas. Pero ¿Quién era él? ¿Por qué estaba en esta mansión? Las preguntas giraban en su mente mientras su mano temblorosa limpiaba el polvo de la superficie. El espejo no le devolvió respuestas, solo una sensación inquietante de que algo más estaba en juego.
Este antiguo espejo estaba ubicado en la pared tan solitario para que resalte su esplendor, lo ubicaron contrario al ventanal, Ian destacó fijamente sus detalles, aunque con pena debo añadir, que incluso su hermoso marco platinado estaba cubierto por la suciedad y las telarañas. Esto le decía a Ian que llevaba allí más tiempo que los muebles de la sala, como si de una reliquia se tratara. No sabía cómo describir el sentimiento que este objeto le transmitía, pero el obviaba lo muy atraído que se sentía hacia aquel espejo.
Se miró a través de él por unos instantes, tanto se quedó allí de pie frente a este, que de pronto comenzó a oír pequeños susurros provenientes de una extensa lejanía, aunque parecían estar más cerca de lo que aparentaban.
Él quedó fascinado por el suceso, estaba hipnotizado más bien. Sus ojos grandes, y su suave respiración demostraban la tranquilidad que aquel gran espejo le compartía. Levantó lentamente su mano para apreciarlo al tacto, dudó casi por un segundo justo cuando estaba por tocarlo, pero una suave voz femenina le habló
—Hazlo —dijo—. Hazlo y verás algo que no tiene comparación.
Y sin darle más espera a su hipnotizada sensación, colocó su mano completamente abierta en el centro del espejo, lo primero que sintió fue el frío del cristal, provocando que sus pelos se erizen. Sintió un escalofrío recorrer por su espalda, nada se podía comparar a aquel momento tan extraño pero llamativo a la vez.
Él cerró sus ojos por un momento, inhaló y exhaló con extensa tranquilidad, todo a su alrededor dejó de existir por un breve lapso, sintió que todo su ser se desvanecía, que su mente quedaba en completa gravedad cero, como si flotara en el espacio.
Se dejó llevar por este objeto, se dejó llevar de tal manera que al abrir sus ojos se percató de que los muebles habían cambiado de lugar, se percató de inmediato que él literalmente había desaparecido del sitio en el que se encontraba.
Incluso, ahí mismo escuchó un susurro. Giró hacia la puerta y vio la suelta de una persona. Sus ojos eran profundos, como pozos de conocimiento.
— ¿Qué? —preguntó él tragando saliva.
Aquella silueta extendió la mano hacia la ventana y señaló al pueblo que se veía en la lejanía.
—Sal de aquí —susurró aquella silueta.
Se quedó extrañado y con el ceño fruncido. ¿Quién era él realmente? Y más importante aún, ¿qué misterios le aguardaban más allá de esta mansión?
Al parecer, algo acaba de comenzar y él formaba parte de todo eso.