𝑸𝒖𝒆𝒓𝒊𝒅𝒐 𝑺𝒂𝒏𝒕𝒂🎅💋

Summary

Park Jimin planeó pasar unas navidades tranquilas en Horther Village. Lo típico: reunión familiar, cenar, beber, bailar, abrir obsequios. Era todo lo que pedía para nochebuena. Pero, la magia de la época transpiraba en cada rincón, y sin que se diera cuenta, dio con su deseo más sincero. Él era un omega que deseaba sanar su infertilidad. Jeon Jungkook era un alfa que no había recibido ninguna carta, pero aceptaba cumplir su anhelo. A él no le agradó su infelicidad en esas fechas. Después de todo, Santa no podía negarle un regalo a nadie. Menos podía resistirse a ese hombre de alma tan pura e inocente.

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

🎀


Jimin estacionó frente la vivienda de su hermano menor. Apagó el motor, retiró la llave y guardó en su abrigo de color crema. Preparándose para salir de la cómoda calidez de su auto, estiró los dedos dentro de los guantes blancos que usaba, y conservaba desde hace cinco años, e irremediablemente se le encogían a cada rato. Ajustó el gorro sobre su cabeza y apretó la bufanda en su cuello. Amaba la navidad; pero, las temperaturas gélidas propias de la temporada, nunca han sido su íntimo amigo.

En su infancia, fue incapaz de disfrutar de los días nevados como los niños de su edad. Especialmente por su condición de omega, es que Jimin era más propenso a resfriarse, por su delicado sistema de inmunodeficiencia. Más eso hacía que odiara esa parte indefensa de él.

Puso un pie en la carretera y sintió el viento como un rumor contra su mejilla, de forma desdeñosa, casi burlándose de su atuendo, gozando de que le temiera. El rubio relamió sus labios, nervioso, por la resequedad que experimentaba. Diez horas de viaje de Horther City a Horther Ville habían sido todo un sacrificio. Se abstuvo de beber agua para reducir las ganas de ir al baño, y por otro lado, la sed no era algo que experimentara con el fría atmosfera que lo acompañaba.

Presionó un botón del control que colgaba del llavero, el cual accionaba el maletero, este se abrió de inmediato. Jimin sacó su equipaje y se dirigió a la entrada de la casa. Al atravesar el jardín pudo detallar la decoración de la fachada de la casa: figuras emblemáticas de navidad clavados en el suelo, un muñeco hecho de nieve cerca de las escaleras del porche, luces de variados colores en los bordes del techo y en los arcos de las ventanas. Internamente agradeció que no hubiera tanta nieve en su camino, sabía que tendría que agradecérselo a su cuñado luego, éste era meticuloso, porque era un gran favor que sus botas no se hundieran y se arruinaran con cada pisada que daba. Llegó a la puerta, y apreció copos de nieve artificiales colgando del marco, una oleada de orgullo lo cubrió de repente, y sus labios se estiraron en una sonrisa.

Jimin recordó que de niños su hermano siempre compartió su adoración por ese tipo de accesorio, y que ahora lo usara para ambientar su propia casa lo llenaba de alegría. Se detuvo sobre la alfombra que daba la bienvenida, en cursiva y con elfos colgando de las letras. Timbró una sola vez, y el sonido de campanas rebotó en el interior. Jimin agrandó los ojos, impresionado de tal detalle. Era verdad, Taehyung pensaba en todo, era un maniático si de la navidad se trataba, justo como Yoongui se lo había advertido. ¿Qué seguía? ¿Recibirlo vestido de Santa?

—Ho, Ho, Ho! Feliz navidad, niños. —dijo Taehyung en cuanto abrió la puerta. Vestido con el traje rojo del héroe de todo niño en esas épocas decembrinas. El rubio se mantuvo boquiabierto antes de escupir una risa, sin poder creer lo que tenía enfrente. Tae se arrimó al marco de la puerta, una risilla salió de sus labios tratando de acompañar la de Jimin sin éxito, porque la de Park era de burla y la de él era más pena que otra cosa— Oh, cuñado, eres tú. —suspiró, encogido en su lugar. Rascó su nuca, incomodo por la carcajada que no cesaba— Pensé que tendríamos que ir al aeropuerto por ti.

—Y yo pensé que Santa no aparecía hasta pasadas las doce. —Jimin continuó burlándose y pasó por un lado del hombre sin importarle la vergüenza que parecía congelar a Taehyung en la entrada— Yoongui Park —llamó a gritos al poner un pie en la sala.

—¡Dios santo! ¿Papá Noel está mandando sus ángeles primero? ¿O qué es lo que veo? —Yoongui se levantó del sofá, estirando los labios en una sonrisa honesta— Mi dulce hermanito está aquí conmigo. —celebró, rodeándolo con sus brazos.

—Soy mayor que tú, mocoso. —se quejó por el diminutivo, más, se dejó hacer por la muestra de cariño de su hermano.

—Pero soy más alto que tú, enano. —dijo Yoongui, cerca de la oreja de Jimin, casi susurrándole un secreto. El aludido no prestó demasiada atención, recostó la cabeza en el pecho del pelinegro, este lo apretó más fraternalmente contra su cuerpo— A decir verdad, en lugar de ángel, serías un elfo.

—¡Basta! —chilló Jimin, infantilmente. Yoongui rio, acarició los dorados cabellos de su recién llegado hermano y lo miró fijamente a los ojos. La felicidad de tener un familiar de vuelta estaba reflejada en los ojos miel del menor. Jimin pudo sentirlo, por eso se atrevió a admitir primero— Te extrañé.

—Yo más, Chimin. —cerró la distancia entre ellos, nuevamente, para dejarle un beso en la frente— Estaba contando las horas para poder verte.

—Wow, tan pendiente estabas de mí que no le comentaste a tu esposo que no venía en auto, sino en avión.

—Claro que se lo dije; pero, anda tan entusiasmado con las fiestas que seguramente ni escucho.

Escucharon la puerta de entrada ser cerrada, pronto Taehyung los acompañó en la sala, esta vez siendo un santa desanimado— Perdón, amor. —dijo, sentándose en el brazo del sofá del lado de Yoongui.

—Nada de perdón. —Jimin señaló su cara con el dedo— Si no estás sirviendo, entonces Yoongui debería pedir otro alfa a Santa. —se sacó el abrigo por lo brazos y dibujó una sonrisa, planeando divertirse metiendo cizaña a la discusión.

—Podría considerarlo. —bromeó Yoongui.

Taehyung se giró a ver a su cuñado, vio con ojos acusatorios al rubio— Pensé que caía bien.

—Te amo, Taecito. —aseguró Jimin con una sonrisa encantadora. Los ojos de Taehyung destellaron de ilusión, pocas veces recibía palabras bonitas del mayor de los Park. Jimin solía ser frio, y costaba sacarle un cumplido— Pero… mi lenguaje de amor es burlarme de quienes amo, sorry. —Tae viró los ojos, dándose por vencido— Ya, hablando en serio ¿Por qué estás vestido así?

—Esperaba a los niños. Salieron con Eunwoo al centro comercial y quería sorprenderlos.

—O asustarlos. —murmuró Yoongui, divertido, Taehyung lo miró con ojos de cachorro herido ante su comentario— Perdón, amor. Es que me da mucha gracia este asunto, yo ya quiero tener la charla de que Santa Claus no existe, pero a este paso me tocará tenerla contigo.

—Tienes un niño de pareja. —dijo Jimin, quitándose el gorro con una mano y con la otra desenredó la bufanda en su cuello.

—Soy su niño favorito ¿Verdad, amor? —se defendió Taehyung, estirando los brazos hacia Yoongui, tal como lo haría un bebé que añora un abrazo.

—Después de nuestros hijos, claro que sí. —admitió Yoongui, y le concedió su deseo a Taehyung, permitiendo que lo abrazara y acurrucándose contra su pecho.

Jimin observó a la pareja, y fácilmente pudo contagiarse del cariño sincero que profesaban sus ojos. Le dieron ganas de sacarle una foto, Yoongui y Taehyung lucían como la bella familia tradicional americana, solo hacía falta enmarcarlos en un cuadro. Tenían diez años de casados, y conservaban el mismo trato de cuando tenían veinticuatro, el mismo brillo en los ojos de cuando se conocieron. Jimin fue testigo de ello, de la forma mágica en que se enamoraron. En ese entonces, su cuñado era el vocalista de una banda de rock, muy coqueto, eso sí, pero, también era pandillero. A pesar de su buena voz, aquella agrupación local nunca trascendió; por eso, Tae se dedicaba a robar cuando era empujado a hacerlo por su economía. Su única ganancia de aquella banda fue conocer a Yoongui, quien se hizo fanático de la canción con la que debutaron. Su hermano era un chico reservado, escondido en sus libros, que amaba en secreto a los chicos complicados. Tae era todo lo que Yoongui buscaba, y Yoongui era todo lo que necesitaba Tae.

¿Cómo terminaron formando una familia estable? El poder del amor, tal vez. O eso quería pensar Jimin. Su corazón se calentaba al ver que, después de tanto tiempo, todo permaneciera igual entre ellos, y que incluso el sentimiento saltando a la vista luciera más fortalecido. Se notaba a leguas que habían crecido como personas, podía sentirse en el aire la intensidad del amor que ellos irradiaban y el orgullo de Jimin se engrandecía al presenciarlo.

—Y con respecto a lo otro, cuñado. No debemos matar las ilusiones de los niños, y menos debemos matar al niño que habita dentro de uno. —Taehyung besó la cabeza de su pareja, luego apoyó el mentón sobre la misma y miró el árbol de navidad en la esquina de la casa.

—¡Ay, Taehyung! 34 y sigues creciendo. —dijo Jimin, sin detenerse a reflexionar lo que le decía su cuñado.

Taehyung mostró una sonrisa, que fue torciéndose lentamente. Su plan era verse inafectado; pero surtió el efecto contrario. Yoongui al notarlo el gesto desanimado de su alfa se aproximó a él, besó su mejilla, con todas las ganas de hacerlo sentir mejor.

—No le hagas caso a Jimin, amor. Él siempre ha tenido ese amor odio por la Navidad. Es el Grinch de la familia. —comentó Yoongui.

—Pero ¿Qué dices?

—Esa es la verdad. —convino Tae.

—OK, si hubiera sabido que te pondrías en mi contra, no hubiera viajado desde tan lejos.

—Quizás no te portaste bien este año, y Santa te está castigando, Jimin. —dijo Taehyung, con una pizca de diversión en sus ojos, el gesto herido de Jimin, le causaba una pequeña satisfacción— Tu hermano me ama más que a ti. Y tendrás que soportar. —soltó la risotada de victoria.

—¡Ay, son como niños! Ni los gemelos se portan así. —se quejó Yoongui, fastidiado de esa absurda pelea.

—¡ESO NO ES VERDAD! —gritaron al unisonó, meneando la cabeza.

Las campanas de belén volvieron a interrumpirlos. Había alguien en la puerta. Yoongui olfateó con calma, gozando del aroma que inundaba sus fosas— Son los cachorros.

Los saltos de los niños en el recibidor, mientras sacudían la nieve de sus botas sobre la alfombra, hicieron eco por toda la casa. Una vez estuvieron limpios, los gemelos se echaron a correr por el pasillo, guiándose por el olor de sus padres dieron con que estaban en la sala. El traqueteo del piso de madera reemplazo el anterior sonido, mientras los niños corrían descalzos al encuentro de sus padres.

—Ya llegamos. —anunciaron, y se abalanzaron sobre un padre omega. Los cabellos de los pequeños, de color pardo y en corte de hongo, rebotaban en el aire ante los brincos que daban sobre el regazo del mayor. Vante y August detuvieron el tren de emoción al ver una figura alta y vestida de rojo al lado de su padre— Santa. —reconocieron, boquiabiertos. Echaron más carbón a su tren y alegres se fueron a los brazos de su padre alfa disfrazado de Papá Noel— ¡Papá es Santa! ¡Papá es Santa! ¡Papá es Santa! —celebraron, contentos.

—Literalmente. —susurró Jimin, ganándose una mala mirada de Taehyung.

Yoongui no prestó atención a Jimin, estuvo atento a las preguntas que sus hijos empezaron hacerle a Santa, divirtiéndose con la curiosidad de los menores y cuán ingenioso era su esposo para darles una respuesta. Cuando Taehyung finalizó la interpretación, Yoongui acarició el sedoso cabello de los niños, alternando sus ojos entre ellos y su hermano mayor, dijo:

—Niños ¿No van a saludar a su tío Jimin?

Los chicos se giraron a ver al susodicho, sentado en el otro extremo del sofá, y sus mejillas se tiñeron de rojo, avergonzados por haberlo ignorado todo el rato.

—Claro que lo harán. —dijo Taehyung, excusándolos como siempre— Dales un segundo, están con su padre. —sonrió de lado hacia Jimin, retándolo silenciosamente. Lástima que el rubio amara los retos, y era demasiado tentador vencer a su cuñado en el juego de a quien prefieren los niños.

Vante y August abrazaron fuerte a sus padres. Tenían siete años, Jimin comprendía totalmente que se aferran a su padre, lo amaban, y más si estaba disfrazado de Santa. Sin embargo, había algo que los niños amaban mucho más que al viejo barbudo, y eran los regalos. El mayor de los Park arqueó una ceja en dirección a Taehyung, con desafío destilando en sus pupilas.

—Bueno queridos sobrinos, ese Santa no les trae regalos hasta medianoche. En cambio, Tío Jimin si los trajo ahora mismo. —estiró la mano hasta tomar la maleta a su izquierda y arrastrarla hasta su posición, a los menores le brillaron ojos, encantados con la propuesta.

Los cachorros se vieron entre sí, indecisos, y en esa conexión visual llegaron a un discreto acuerdo entre ellos. Una vez decidieron, giraron a ver la cara de su padre. Taehyung parecía comprenderlo todo; no obstante, eso nos los hizo sentir ni un poquito mal. Despidieron al falso Santa con un beso en la mejilla y bajaron de su regazo.

—Te queremos papi. —aseguraron antes de correr a la felicidad asegurada en los obsequios. Ellos extendieron los brazos y rodearon la figura delgada de su tío Jimin— ¡Eres el mejor tío Jimin!

Recibieron emocionados las bolsas de regalo, con diseño de renos, y los desenvolvieron ansiosos. Una sonrisa enorme enmarcó sus caras regordetas, asombrados, sacaron dos suéteres tejidos de lana. Se mostraron felices al estirarlo y ver un muñeco de nieve en el centro de cada suéter, y su respectivo nombre bajo aquella figura navideña.

—Papá Yoongui, mira el lindo regalo que nos dieron. —dijo, Vante, brincando de alegría.

Nada más verlo, Yoongui supo que Jimin las había tejido, su difunta madre le enseñó a hacerlo. La señora Park, que en paz descanse, les enseñó a sus hijos que ese era el regalo más especial que podían dar en fiestas. Además, era notable cuanto empeño y cariño le puso. El padre omega dedicó una sonrisa de media luna al rubio, este se la devolvió, contento de su agrado.

—Sí, está muy bonito, amor. No se olviden de agradecerle al tío.

—Muchas gracias, tío jimin. —entonaron los gemelos al unísono.

—No hay de qué, disfrútenlo, y siempre, siempre recuerden portarse bien, niños.

Vante y August sonrieron con todos los dientes, calentando el corazón de Jimin.

—El buen jimin, dando los mejores regalos como de costumbre. —dijo Eunwoo, acaparando toda la atención de los presentes; mientras sus ojos estaban puestos únicamente en el rubio.

Jimin sonrió, un poco apenado de haberlo ignorado. El hermano menor de Taehyung permaneció bajo el umbral de la sala todo el rato y ni cuenta se había dado. Eunwoo se acercó al rubio, pasando por alto a los demás, estando frente a él, se inclinó y besó suavemente su mejilla, y al alejarse, fue incluso más pausado, casi sin querer hacerlo.

—Es un placer verte de nuevo.

—Digo lo mismo, tío estrella. —para remediar su poca cortesía, Jimin le regaló una mirada dulce y amable, que expresaba cuan encantado estaba de verlo— Cuanto tiempo sin verte. —suspiró, y sus ojos celestes recorrieron la escultural figura del hombre delante suyo.

—Dos navidades, para ser exactos. —balbuceó, lamentando el tiempo que estuvieron distanciados. Eunwoo se peinó el cabello hacia atrás, acomodándolo más por manía que porque le hiciera falta un verdadero arreglo— Es una dicha que nos volvamos a ver.

Jimin admiró la belleza y galantería que desprendía Eunwoo. No pudo evitar fantasear con el cuerpo torneado que escondía bajo aquella gabardina que usaba. Le parecía simplemente irreal que en pleno siglo XXI existiera un hombre caballeroso. Pensaba extinto a los de su clase, pero, por fortuna no había sucedido así. Jimin no hacía más que sonreír, extasiado por la imagen de un alfa excelente delante suyo. Eunwoo se sentó al lado de Jimin, ocupando el espacio que sobraba en el sofá familiar, estiró los brazos encima del respaldo, y un dulce suspiró salió de aquellos labios rosados.

—Hay que ponernos al día ¿Ya te han dado chocolate caliente?

—Ni un poco, pero me encantaría probar.

—Nosotros también. —exigieron al unísono, Vante y August, poniendo ojos de cachorrito.

Yoongui resopló, cansino.

—¡Que servicial, Eunwoo! A ver si te animas a cocinarlo tú. —reclamó Yoongui. Jimin rio por lo bajo, Eunwoo lo acompañó, pero sintiendo menos gracia que el primero. El padre omega dirigió la mirada a los cachorros— Ustedes han tenido mucho chocolate por hoy, vayan a cambiarse, quítense todos esos abrigos y pónganse ropa más cómoda. —los gemelos asintieron, levemente desanimados por la negativa de su padre—Sin quejas y sin caras. —señaló Yoongui, serio, entonces ambos cambiaron su semblante y salieron corriendo a sus cuartos, sabían del carácter de su padre omega— Y ahora, Santa es hora de hacer el almuerzo, necesito de vuelta a mi marido. —exigió, amenazante.

—Amor, sabes que no se me da la cocina como a ti. —balbuceó, quejumbroso, no lo hizo con el propósito de que su esposo escuchara, pero así fue.

—¿Cómo has dicho? —sus ojos felinos centellaron cual filosa navaja.

Tae negó con la cabeza, pasando saliva, dijo—Nada.

—Eso creí. —Yoongui relajó su expresión enfadada e hizo un ademan con la mano a su esposo para que lo siguiera— Vamos, no puedes faltar a tu primera lección de “Alfas también pueden cocinar”

Jimin y Eunwoo rieron cuando Taehyung hizo una mueca graciosa, imitando el gesto mandón de su pareja, tras la espalda del mismo.

—Y cuidado con andar imitándome. —dijo Yoongui, conociendo lo infantil que era Taehyung.

—Jamás, amor. —aseguró Taehyung, con un tono forzadamente animado. Yoongui entró a la cocina, caminando triunfante hacia la alacena, en busca de los ingredientes para el pavo que iba a preparar. Taehyung exhaló derrotado e inhaló profundo, reuniendo la fuerza y paciencia que iba necesitar en aquella tarea. Antes de embalarse en su aventura culinaria, observó a la pareja en el sofá, les sonrió amable.

—Diviértanse, chicos, mientras que a mí me torturan como a un perrito callejero. —se despidió, agitando la mano dramáticamente. Jimin viró los ojos, y Eunwoo asintió en apoyo a su hermano mayor— La navidad no implica tanta risa y alegría si eres el anfitrión.

—¡Taehyung! —llamó Yoongui, azarado porque su pareja lo ayudara.

—Ya voy, cariño.